Cuentos Andinos
El Caso Julio Zimes
El Campeon de la muerte
El Hombre de la bandera
El Licenciado Aponte
3 Jircas
Cachorro de Tigre
Ushana Jampi
La mula de Taita Ramun
Como habla la coca
"La soberbia del piojo"
Con todo respeto estiré la mano y cogí de la celeste tela de la señora Linares un insecto rubio. Lo arrojé al suelo, le pasé por encima varias veces el pie. La señora Linares le pregunto que era y el le dijo que solo se trataba de un pequeño insecto que se quedo mirando su belleza. Entro por la puerta el hombre mas viejo Don Melchor y la señora Linares esclamo que era muy indiscreto. Entonces empezaron a hablar sobre la amistad que tuvo una …ver más…
Hasta se le creyó un misógino. Su castidad se deslizaba serena por entre los escollos de la vida solteril. Fue un tranquilo, un honesto, un impasible. Pero como supongo que usted no le han de interesar estos pormenores, señora, hágale gracias de ellos, y, de un salto, paso al período en que aparece Julio Zimens convertido en hombre de estado. ¡Un hombre de estado Julio Zimens! Parece inverosímil… ¿Qué es lo que había pasado en la vida de este hombre? Otro desvío de lo que un buen burgués llamaría el riel de la normalidad. Otra equivocación, que diría un hombre práctico. Se había casado de repente allá lejos, en las montañas, entre las cuatro chozas de una aldea perdida, para después ir a establecerse con su mujer en la soledad neurastenizadora de un fundo. Naturalmente la noticia conmovió a Huánuco entero, y todos en esta palabra la comprendo a usted también, señora, todos se apresuraron a averiguar por la feliz mujer que había logrado quebrantar, en el breve espacio de unos días, la indiferencia del desdeñoso germano. Lo que no tardó en saberse. ¿Recuerda usted, señora, de la inmensa carcajada con que Huánuco recibió el nombre de la elegida? Vaya si recuerdo. Como que fui yo una de las que reía también. ¡Qué mujer la que había ido a escoger Zimens a la montaña, válgame Dios! ¡A la Martina Pinquiray! Una india, que no tenía más mérito que una carita aceptable. Una india de pata al suelo, que, a la primera intención, se dejó quitar la manta por el gringo y lo