resumen el rastro e dios
Se llamaba «Rastro de Dios». Así lo había anotado san Miguel, capitán de todos los ángeles, al final de su lista. Porque san Miguel tuvo que hacer una lista con los ángeles fieles y ajustar las filas de su ejército para que no se notara el hueco que habían dejado los ángeles malos.
A cada uno le había dado su nombre, comenzando por Gabriel, el ángel que Dios había creado para anunciar al mundo la noticia más importante; luego señaló a Rafael, que debía acompañar a Tobías en aquel viaje, y que desde entonces se sabe que es el encargado de conducir sano y salvo a todo viajero.
Y así fue poniendo a cada uno un nombre propio hasta que no quedó sino uno, un ángel pequeño que casi no sabía volar.
San …ver más…
«Rastro de Dios» estaba asombrado y pensaba qué otra cosa podría crear Dios en los días siguientes, pues veía que las cosas hechas ya eran cosas bellas. Y volaba impaciente esperando que comenzase el cuarto día.
Dios dijo: «Que se hagan las estrellas en el firmamento del cielo para distinguir el día de la noche y sirvan como signo al tiempo, los días y los años. Luzcan en el cielo e iluminen la Tierra».
«Rastro de Dios» captaba todo esto muy bien, dado que en el día anterior había aprendido la palabra, por eso sabía qué cosas eran la Tierra, el cielo, el día y la noche. Vio cómo Dios creó el sol, tan grande y luminoso que sólo Dios podía guardarlo sin deslumbrarse y tocarlo sin quemarse.
Cuando creó la luna, muy pequeña, blanca y juguetona como una pelota, le pareció que se divertía en cada vuelta escondiéndose de la noche. Dios hizo también millares de estrellas que lucían bellísimas en su mano plena de luz. Algunas eran blancas, muy blancas y pequeñas. Otras, coloradas.
Todos los ángeles trabajaban colocando las estrellas donde Dios les indicaba. Todos volaban de un punto a otro y, si podían, seguían su vuelo por la misma estela luminosa que dejaban las estrellas de la noche. Las luces llenaban el cielo haciéndolo parecer la Gran Plaza en una noche de fuegos artificiales.
Todos los ángeles volaban colocando las estrellas, menos «Rastro de Dios», porque san Miguel le había dicho que no se moviera, ya que se