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Historia de la esclavitud (página 2)



Partes: 1, 2, 3, 4

A gran escala de la esclavitud griega surgió entre
los siglos VI y IV a.C. Principales mercados de esclavos
desarrollado en las ciudades-estado más grande (Atenas,
Rodas, Corinto, Delos, y otros). Hasta un millar de esclavos
podrían ser vendidos en un solo día. Esto fue en gran
medida de- terminada por la acción militar. Después de
un compromiso importante, una ciudad-estado griega como Atenas
podría tener hasta 20.000 cautivos a tratar.
En Atenas los esclavos eran muchos, se puede decir que
eran la tercera parte de la población. Los ciudadanos
tenían tiempo de dedicarse a sus ocupaciones, porque todos
los trabajos penosos los realizaban los esclavos, como la
explotación de las minas, también trabajaban en los
talleres junto con sus amos, o sea que participaban en todos los
quehaceres de la vida doméstica. La muy floreciente
industria de Atenas no se habría desarrollado; de
no ser por la mano de obra de los esclavos. Muchos de ellos se
dedicaban a las artes,eran muy ilustrados obteniendo de sus amos
el favor de que se los dejara libres, a muchos los amos los
emancipaban, se convertían así en hombres libres,pero
quedaban al margen de la ciudadanía.

La institución de la esclavitud, sin embargo,
varían mucho entre las ciudades-estados. En Atenas y otras
ciudades-estado había la esclavitud es- taba regulada.
Esparta era sustancialmente diferente. La economía espar-
tana estaba basada en el trabajo realizado por los ilotas.
Algunos autores sugieren que es más correcto referirse a
ellos como siervos. Eran un pueblo conquistado, lo hicieron
trabajar en fincas dirigidas por los espartanos, pero vivían
en grupos familiares en las tierras hereditarias. Estaban obliga-
dos a entregar la mayor parte de su cosecha a su amo espartano
que era un terrateniente ausente. Los derechos de los esclavos
griegos variaban de ciudad-estado a ciudad-estado. Estas variaban
dependiendo de quien fuera su titular y las tareas asignadas. Los
esclavos eran propiedad tanto del Esta- do como de particulares.
Las condiciones para ser esclavo variaban de for- ma
significativa. Las minas de propiedad del Estado eran trabajadas
por es- clavos. En las minas arrendadas a propietarios privados
suelen llevar a los esclavos salvajemente para maximizar las
ganancias. Otros esclavos eran tratados mejor. El mejor
tratamiento era para los 300 arqueros escitas que servían
como fuerza de policía en Atenas. La mayoría de los
esclavos ate- nienses eran de propiedad privada y se dedicaban al
servicio doméstico. Las condiciones de esclavitud para los
esclavos de propiedad privada fue determinada principalmente por
la relación desarrollada con sus amos. En ese ámbito se
podían producir estrechas relaciones. Las mujeres
podían ser utilizadas para cuidar a los niños y pasar a
tener de confianza de la fami- lia. También podrían ser
utilizadas como concubinas y los esclavos varones asumir el papel
de un mayordomo y, de hecho, ocuparse del hogar.

En donde sí la esclavitud cobró una
importancia crucial, resultando una justificación
filosófica de la misma, fue en la Grecia Clásica (ya en
los poemas épicos de Homero, la esclavitud es el destino
lógico de los prisio- neros de guerra y, además un acto
humanitario ya que evitaba tener que matarlos). Tan importante
fue su papel en la economía de las ciudades-estados que sin
ella la historia y cultura griega hubieran sido completa- mente
diferentes. El vocabulario griego tenía nada menos que siete
palabras para definir los esclavos según su tipo de
propiedad (estatal o privada) y funciones. Aristóteles
(siempre él para aportar su granito de arena) defen-
dió la esclavitud como producto de la naturaleza, y apto
para las personas de inteligencia y capacidad inferior, lo que
apuntaba directamente a los "bárbaros". Esta "teoría"
no solamente era un justificante, sino además daba a los
griegos un auténtico complejo de superioridad frente a los
demás pueblos. Si no fueron los elegidos por Dios como los
judíos, lo fueron – más importante todavía-
gracias a su (supuesta) "superioridad intelectual". Mientras que
esta filosofía coincidía muy bien con la exagerada
opinión de los griegos sobre sí mismos, no cuajaba con
la esclavización de griegos por griegos lo que fue el caso
en Esparta (Laconia).

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Escena que representa a un grupo de
esclavos.

La vida cotidiana de
los esclavos en Roma

En la antigua Roma, la esclavitud era considerada como
algo perfecta- mente normal, se le consideraba un inferior pero
se respetaba sin embargo su "humanidad", era un integrante
más de la familia donde cada uno tenía un rol
preestablecido, por eso se le quería o castigaba
paternalmente, o se le mandaba y favorecía. Los esclavos
eran considerados como niños, sin mucho uso de razón, y
a quienes debía hacérsele obedecer los mandatos. Sin
embargo los romanos siempre padecieron un controlado temor de
insurrección por parte de los esclavos, y son frecuentes los
relatos en que se describen tales insurrecciones donde incluso el
amo llegaba a ser asesinado. Eran considerados como hombres y no
como cosas o animales porque se les inculcaban deberes morales:
"servir con entrega y fidelidad". Aunque por otra parte los
esclavos eran considerados un bien más del patrimonio, junto
a los animales, la tierras y las construcciones; en ello radicaba
su inferioridad, en ser la posesión de un amo, y como tal,
su poder sobre él no obedece a ningún reglamento que no
sea su propia voluntad. También la esclavitud, como dijimos,
daba lugar a sentimientos afectivos, y la posición general
con respecto a ella estaba fundamentada en la muy arraigada
creencia en el destino: a aquel le tocó ser amo, a tal otro,
ser esclavo.

El origen de la masa esclava provenía
mínimamente de las guerras o de su trata en las fronteras,
se incrementaba más bien por la reproducción entre
ellos mismos: todo hijo de esclava, sea quien fuere el padre, es
propiedad del amo; también eran esclavizados los niños
abandonados y la venta de hombres libres que no podían
demostrar su condición de libertad. Así mismo, debido a
la pobreza, los propios esclavos vendían a sus hijos a los
tratantes (quienes los compraban recién nacidos,
sanguinolentos), o algunos pobres libres se vendían incluso
a sí mismos para asegurarse el pan y el abrigo a la sombra
de algún amo; otros inclusive, más ambiciosos, se
vendían como esclavos para asegurarse alguna buena
posición de admi- nistrador de algún noble, o como
tesoreros imperiales; se dice que tal fue el caso de Pallas,
descendiente de una noble familia de Arcadia, que se vendió
como esclavo a una dama de la familia imperial, llegando
posteriormente a ser ministro de finanzas muy cercano al
emperador Claudio.

El origen de la esclavitud romana se remonta
también al principio de la existencia de la polis, pero
cobró su verdadera importancia a partir de la "guerra de
Aníbal", cuando este cruzó los Alpes en 218 a.C. al
mando de un ejercito de 60.000 hombres (el 90% fueron infantes
íberos). Durante 16 años arrasaron la Italia
meridional, expulsando a los pequeños campesinos
independientes (la verdadera columna dorsal de la República)
de sus, hasta entonces, fértiles tierras, y sembrando
así la semilla del futuro ocaso de Roma. Una vez derrotado y
expulsado Aníbal, estas tierras se convirtieron en
latifundios y, para trabajarlas, sus nuevos propietarios
empezaron la importación masiva de esclavos extranjeros. La
principal fuente de esclavos era la guerra: decenas de miles de
prisioneros púnicos y después macedonios, helenos e
íberos fueron llevados a Roma como esclavos; además,
todas aquellas personas convictas de crímenes graves y los
deudores, que se vendían a sí mismos o vendían a
miembros de su familia para pagar sus deudas, pasaban a ser
esclavos. A la larga, este cambio social convirtió Roma de
una república democrática en una autoritaria e
"imperial" y, con el tiempo, el Mediodía en la región
más pobre y atrasada de Italia. El pequeño campesinado
que se había refugiado en Roma se convirtió en el
"lumpen" de entonces, que había que mantener quieto y
contento con "pan y circo" y con la compra de sus votos. Este
mismo lumpen fue también la principal fuente de
reclutamiento para las legiones. De esta forma ciudadanos romanos
supuestamente libres entraban en una especie de "esclavitud
militar" (de 20 años de duración) bastante más
dura que la esclavitud real de la mayoría de los esclavos.
El destino más dura dentro de la esclavitud romana fueron
las minas y las galeras, reservadas en general para criminales
convictos y esclavos revoltosos y peligrosos.

Dentro de la clase esclava existían subclases,
así, prácticamente todos los funcionarios del imperio
eran esclavos del emperador, algunos de ellos bastante exitosos.
En contraste, en lo más bajo de la escala se encontraban los
esclavos rurales, siendo sin embargo característicos no de
todo el imperio sino más bien de ciertas regiones como
Sicilia y el sur de Italia; fuera de aquellas regiones la
esclavitud es parte del conjunto de relaciones de
producción, junto al asalariado rural y a la aparcería,
e incluso en algunas regiones del Imperio, como el Egipto, la
esclavitud rural no existió; hay casos, entre los
pequeños terratenientes, en que se negaban a tener esclavos
y se decidían a cultivar la tierra por su cuenta porque sus
esclavos le resultaban muy caros. Pero la jerarquía de la
clase esclava no termina allí, también los
administradores solían ser esclavos del amo, y era su mujer
quien cocinaba para todos; se dice que la gran mayoría del
artesanado residente en las ciudades eran esclavos, mientras que
la agricultura parece haber estado compuesta sobretodo por
pequeños campesinos independientes o aparceros que
trabajaban para grandes terratenientes, por hombres libres de
condición pobre que trabajaban en jornales y esclavos de
cadena, malos esclavos, que cumplían algún tipo de
condena. De manera que "los esclavos constituían la cuarta
parte de la mano de obra rural en Italia".

Los esclavos urbanos, por vivir cerca de sus amos,
gozaban de ciertos privilegios inexistentes para un esclavo
rural. Eran "criados", y cumplían las más variadas
funciones, desde desvestir y vestir a su amo en los baños
termales (como los del gramático Galieno) hasta espiar a los
amigos y sirvientes de condición libre del amo o la
señora de la casa. Los romanos muy ricos podían llegar
a tener decenas de esclavos, mientras que los no tan ricos (pero
de situación económica que les permitiera no trabajar)
tenían de uno a tres esclavos en sus hogares. Pero eran
tales los privilegios de los esclavos domésticos que incluso
muchos hombres libres e instruidos, gramáticos, arquitectos,
poetas o comediantes, preferían esclavizarse a ser
asalariados, pues gozarían de una intimidad capaz de
otorgarles mayor provecho que siendo lejanos asalariados, con
esperanza cierta además, de ser liberados algún
días. En el artesanado y las distintas profesiones
existentes ocurría algo similar, pues todos ellos trabajaban
con esclavos, siendo bastante frecuente que aquellos sucedieran a
su amo en el cargo, una vez muertos los últimos o liberados
los primeros. Por eso la condición asalariada era más
bien rehusada, porque no se basaba en una relación
personal.

Aún considerando la variedad de clases esclavas,
había algo común a todas ellas: el poder sin
límites del amo sobre ellos y el trato paternal o superior
sobre los esclavos, a quienes consideraban como niños (pais,
puer) grandes o al menos como inferiores; el esclavo era
considerado inferior no solo en el trato diario sino que
también lo era jurídicamente. El esclavo, como dijimos,
podía gozar de algunos beneficios de los que no gozaban los
hombres libres pero pobres, podía por ejemplo ser destinado
a encargarse de algunos negocios del amo y reunir patrimonio, lo
que en la época se denominaba como Peculio, pero seguía
sin embargo atado, en su condición de esclavo, a la voluntad
de su amo, que podía venderlo o incluso matarlo, posibilidad
de la que se hallaba libre, todo liberto o ciudadano; al esclavo
se le podía torturar a fin de que confesara los
crímenes de su amo mientras que el resto quedaba protegido
de los tormentos.

En la antigua Roma se consideraba indecente cuestionar
la libertad o la condición esclava de tal o cual persona,
pero en los casos judiciales siempre estuvo la libertad
favorecida, pues en caso de duda o de empate en un fallo, se
decidía por la libertad, de modo que la balanza de la
justicia estuviese siempre levemente inclinada hacia el lado de
la libertad, lo cual únicamente era humanitario en los casos
de duda. Así mismo la liberación de un esclavo era
irrevocable, el antiguo amo perdía todos sus derechos sobre
el esclavo liberado. Pero si el esclavo seguía siéndolo
se sometía al tribunal doméstico regido por el padre,
el amo de la casa.

Socialmente, el esclavo no tenía derecho a la
familia pues ésta era derecho exclusivo de los ciudadanos
libres, vivían como un rebaño, y el amo no tenía
más que alegrarse cuando su rebaño se multiplicaba. Los
nombres propios que les asignaban solían ser de origen
griego, nombres que los mismos griegos no usaban entre ellos:
Mirza, Melania, Medoro, Sidonia,…frecuentemente deformaciones
romanas de los originales griegos. Sin embargo no es que los
esclavos no tuviesen vida privada, pues tenían libre acceso
a la religión y podían, si era su deseo, ordenarse
sacerdote de alguna de ellas, inclusive de la cristiana que
"jamás pensó en abolir la esclavitud". Los días
festivos todos libraban: esclavos, funcionarios y rebaños, e
iban frecuentemente a las arenas, a los teatros o al
circo.

Habían también malos esclavos, delincuentes o
mal criados, que por lo general debían llevar cadenas toda
su vida; incluso podía demandarse a terceros por haber
pervertido a su esclavo, constituía un delito dar asilo a un
fugitivo o haberlo estimulado a desobedecer o escapar; se
decía que los esclavos no tenían autonomía y que
por lo tanto eran una especie de reflejo del amo, si el
último era gandul, también lo sería su esclavo,
por eso, el padre, que por lo general era el amo de la domus,
debía dar siempre el ejemplo.

Los esclavos tomaban su condición con
resignación, sometiéndose al destino, y puesto que
siempre había sido así y "más valía servir
que ser libre pero morirse de hambre", no quedaba más que
agradar al amo, quien siempre tenía el poder de liberarlo, a
él y a su futura descendencia; entonces las luchas y trampas
entre esclavos eran frecuentes, lo mismo que las adulaciones y el
constante miramiento hacia los amos, a quienes llamaban entre
ellos el "mismísimo" (ipsimus, ipsisimus). Aunque hay que
reconocer que también hubo un par de famosas revueltas, como
la de Espartaco o la de Sicilia; lo curioso es que ninguna de las
dos tenía por finalidad abolir la esclavitud sino más
bien fundar una propia jurisdicción dentro del imperio para
gozar de los mismos privilegios que los ciudadanos
romanos.

El otorgar la libertad a un esclavo probaba la bondad
del amo, pero el esclavo no tenía ningún derecho a
pedir y mucho menos a exigir su libertad; otorgarla era un acto
meritorio pero en ningún caso era un deber del amo, un acto
meritorio no solo ante los esclavos sino también ante los
hombres libres. Los únicos que podían interceder a
favor de los esclavos eran otros hombres libres que pedían
al amo o lo aconsejaban para que otorgara la preciada libertad;
de hecho el esclavo que se refugiaba en casa de un amigo libre de
su amo no era considerado fugitivo. Leamos las palabras de
Trimalción: "Amigos míos, los esclavos son también
hombres y han mamado la misma leche que nosotros, aunque la
Fatalidad los haya postrado; pero no van a saborear menos el agua
de la libertad antes de que sea demasiado tarde (si bien no hemos
de tentar a la mala suerte hablando de estas cosas, porque yo
quiero seguir viviendo); en una palabra, les doy a todos la
libertad en mi testamento".

La crueldad para con los esclavos era bastante
común en Roma, incluso por parte de las esposas que mandaban
azotar a sus esclavas en sus ataques de celos. Como dijimos,
muchos vivían miserablemente, con hambre y sin derechos
particulares, eran simplemente una posesión del amo. Sin
embargo, también se observa una paulatina suavización
del trato con el cambio que se produjo en Roma con el acento, al
parecer espontáneo, que se puso sobre la pareja. El autor
recalca que dicha suavización no fue producto del miedo a la
rebelión, ni de una toma de conciencia vis a vis de la
esclavitud sino que fue el producto "autónomo" del cambio
sucedido en las relaciones de pareja. Vemos, en efecto, como los
esclavos adquieren el derecho al matrimonio, que antes hubiese
sido inconcebible, el derecho a la familia, el esfuerzo de los
amos por vender paquetes de esclavos (para no amputar a los
miembros de la familia), y ciertos cambios legales de todas
maneras crueles: el amo debe ir preso si y solo si no justifica
ante los tribunales el asesinato del esclavo. Así mismo, los
esclavos tuvieron derecho, sobretodo con la llegada del
cristianismo y el estoicismo, a sepultar a sus seres queridos. Se
produjo una especie de atribución de deberes morales al
esclavo, se aceptó que los esclavos podían poseer y
cumplir ciertas reglas morales, y así, tuvo deberes para con
su mujer y sus hijos. Pero siguió viviendo en la miseria, y
su vida y libertad siguieron dependiendo del amo.

    Igual que los espartanos, los romanos
tenían auténtico temor a sus esclavos que a través
de los siglos llegaron a ser mayoría absoluta dentro de la
población en la península itálica. Por esta
razón la legislación romana concerniente a la
esclavitud fue enormemente dura y daba a los amos derecho
absoluta sobre la vida o muerte de su "propiedad mobiliaria",
equiparando sus esclavos con sus caballos, vacas o otro tipo de
ganado. Es siempre difícil establecer relaciones
causa-efecto y por esto no sabemos con certeza si la
legislación fue el resultado de los muchas rebeliones y
revueltas de esclavos que hubo en la historia romana (solamente
en los 120 años anteriores a la famosa rebelión de los
Gladiadores de Espartaco, hubo 5 grandes rebeliones y miles de
revueltas locales) o que, al revés, fue la legislación
y su aplicación exagerada lo que provocó las
rebeliones. De todas formas ya hubo críticos (Cicerone y
otros muchos) que señalaron la total ineficacia del sistema.
El continuo sabotaje de baja intensidad por parte de los esclavos
bajó el rendimiento del campo itálico a un tercio de lo
que había sido antes de la introducción del latifundio.
A largo plazo, la esclavitud tuvo un curioso efecto sobre la
composición étnica de la población. A partir del
siglo II a.C. se introdujeron esclavos de todas las etnias y
tribus conocidas, un total de casi 100, desde el Sur subsahariano
al Norte Germánico, desde el Occidente Celta hasta el
Oriente Persa. Entre todos llegaron a constituir el 70% de la
población itálica antes de la caída del Imperio;
si a este número añadimos la masa de invasores
bárbaros, habrá que llegar a la conclusión que la
población de la Italia actual es probablemente la más
mestiza, o mejor "plurimestiza", de la Historia- exceptuando
quizás Grecia – en donde los genes romanos han virtualmente
desaparecidos. Una Justicia poética, ya que la verdadera
Historia de Roma es más que otra cosa la historia de sus
esclavos; los arquitectos que diseñaron sus edificios y
monumentos fueron esclavos griegos, y también fueron
esclavos los que con su sudor los construyeron.

    Por mucho que la gran mayoría de
los esclavos eran extranjeros ya hemos visto que tampoco los
ciudadanos romanos se liberaron completamente; muchos fueron
esclavizados por deudas o vendieron sus hijos por esta
razón. Pero también los demás pudieron convertirse
en esclavos, especialmente los viajeros, comerciantes y marineros
que cubrieron las rutas del Mediterráneo, coto de caza de
los piratas que operaban desde el Norte de África
(Berbería) y, por mucho que fueran destruidos con
regularidad, resurgieron con igual regularidad a través de
los siglos, y hasta milenios. En el mundo clásico no
había seguridad para nadie, o casi nadie.  

    Cuando a partir del año 312 d.C.
el cristianismo fue penetrado por la alta burguesía romana y
terminó fusionándose con el Mitraísmo formando la
Iglesia Apostólica Católica Romana, se olvidó por
completo de su temprana inclinación a favor de mujeres y
esclavos y se puso – como nunca ha cambiado desde entonces-
firmemente al lado del poder. Hasta el siglo XIX los cristianos
en general han justificado su defensa de la esclavitud
principalmente en muchos versículos del Antiguo Testamento
en donde la esclavitud ha sido regulada con todo detalle. Para
los que tienen interés en estudiarlos doy aquí una
relación pormenorizada:

Génesis16:1-2,17:13,17:27,21:1-4,21:7-8,30:3-4,30:9-10;Éxodo20:17,21:20-21,21:26-27;Deuteronomio5:21,15,12-18,20:14,21:10-14,23:15-16;Levítico19:20-22,25:39,25:44-46,25:48-53;Números
31:28-47 etc.

Desde mediados del siglo XIX la Iglesia se ha opuesto a
la esclavitud adoptando los argumentos humanísticos sobre su
inmoralidad y a partir de allí, con su inimitable capacidad
para la manipulación histórica, ha manifestado que el
cristianismo siempre ha estado opuesto a la esclavitud y, por lo
tanto, nunca ha cambiado de idea. La verdad es bien diferente: en
los Evangelios no hay ninguna mención en contra y Pablo de
cierta forma lo condonó. En el Concilio de Gangra (340 d.C.)
se aprobó la siguiente resolución: "Si alguien, usando
la fe como pretexto, enseña a un esclavo ajeno a escaparse y
no servir a su amo con total entrega y respeto, será
anatema". Esta resolución fue incorporada a la
Legislación Canónica y aceptada como verdadera hasta
finales del siglo XVIII. Alrededor del año 600 el Papa
Gregorio I escribió: "Los esclavos ………deben aceptar
que no son nada más que esclavos". En 655 el IX Concilio de
Toledo, tratando de imponer el celibato a los clérigos,
legalizó que " todos los hijos de clérigos serán
automáticamente esclavizados" (sic!). la masa esclava
provenía mínimamente de las guerras o de su trata en
las fronteras, se incrementaba más bien por la
reproducción entre ellos mismos: todo hijo de esclava, sea
quien fuere el padre, es propiedad del amo; también eran
esclavizados los niños abandonados y la venta de hombres
libres que no podían demostrar su condición de
libertad. Así mismo, debido a la pobreza, los propios
esclavos vendían a sus hijos a los tratantes (quienes los
compraban recién nacidos, sanguinolentos), o algunos pobres
libres se vendían incluso a sí mismos para asegurarse
el pan y el abrigo a la sombra de algún amo; otros
inclusive, más ambiciosos, se vendían como esclavos
para asegurarse alguna buena posición de administrador de
algún noble, o como tesoreros imperiales; se dice que tal
fue el caso de Pallas, descendiente de una noble familia de
Arcadia, que se vendió como esclavo a una dama de la familia
imperial, llegando posteriormente a ser ministro de finanzas muy
cercano al emperador Claudio.

Recordemos, para terminar con el tema, que la esclavitud
era considerada una fatalidad del destino, que sin embargo se
debía respetar; el propio Séneca lo tomaba de esta
manera, afirmando que incluso los nobles podían caer en la
esclavitud si perdían alguna guerra, como de hecho
sucedió después.

LAS REVUELTAS DE LOS ESCLAVOS
ROMANOS.

En diverso grado a lo largo de la historia de Roma, la
existencia de una fuente de trabajo barato en forma de esclavos
fue un factor importante en su economía, que se definió
por Marx como un modo de producción esclavista. Los esclavos
se adquirían de varias formas diferentes, entre ellas la
compra a mercaderes extranjeros y la esclavización de
poblaciones extranjeras tras la conquista militar. Con la gran
implicación de Roma en guerras de conquista en el primer y
segundo siglos a.C., se importaban a la economía romana
decenas o cientos de miles de esclavos de una vez. Aunque el uso
de esclavos como sirvientes, artesanos y asistentes personales
fue limitado, un enorme número de esclavos trabajaba en las
minas y en las tierras agrícolas de Sicilia y el sur de
Italia.

En general, los esclavos fueron tratados con crueldad y
opresión durante el periodo republicano. Bajo el Derecho
romano, un esclavo no era considerado una persona sino una
propiedad. Los amos podían abusar, herir o incluso matar a
sus esclavos sin consecuencias legales. Aunque había muchos
grados y tipos de esclavos, los grados inferiores —y
más numerosos—, que trabajaban en los campos y las
minas, estaban sujetos a una vida de duro trabajo
físico.

Esta gran concentración de la población de
esclavos y el trato opresivo al que eran sometidos dieron como
resultado varias revueltas. En 135 a. C. y
104 a. C. estallaron en Sicilia la Primera y la Segunda
Guerras Serviles, respectivamente, en las que pequeñas
bandas rebeldes encontraron decenas de miles de seguidores
voluntariosos que deseaban escapar de la vida opresiva del
esclavo romano. Aunque el Senado las consideró como serios
disturbios civiles, y fueron necesarios varios años de
intervenciones mili-tares directas para sofocarlos, nunca se
consideró que fueran una amenaza seria para la
República. El centro de los dominios de Roma, la provincia
de Italia, nunca había presenciado un levantamiento de
esclavos, ni tampoco estos habían sido nunca una amenaza
potencial a la ciudad de Roma. Esto cambiaría con la Tercera
Guerra Servil.

Primera guerra contra los esclavos (134-132 a.C)

La primera tuvo lugar 134 al 132 a. J. c. en Sicilia y
en ella los esclavos deseando una libertad que se les negaba
eligieron como jefe a Euno y armados con utensilios
agrícolas, bastones y otras armas entraron en la ciudad de
Euna hoy Castrogiovani que fueron bien recibidos por los esclavos
de allí saqueando casas y acabando con la vida de personas
no sujetas a su condición de esclavos.

Cogieron como prisioneros a Damófilo y a su mujer
Megálida que se habían caracterizado por su despiadado
trato a los esclavos y los llevaron encadenados al teatro de la
asamblea por ordenes de Euno para ser juzgados y cuando
Damófilo intentaba defenderse delante de aquella asambles
dos esclavos a los que había tratado muy cruelmente
Hermesías y Zeuxis lo asesinaron. Su esposa Megalida fue
entregada a las esclavas sufriendo todo tipo de tormentos y
después la arrojaron a un acantilado.

Los amos viendo que sus campos eran quemados y sus casas
saqueadas pidieron ayuda al ejercito romano que a las ordenes del
pretor Manilio con una legión romana que se enfrentó a
los esclavos sublevados pero fue vencido y tuvo que darse a la
fuga. En los dos años siguientes el Senado de Roma
envió tres ejércitos más de romanos a las ordenes
de los pretorios P. C. Lentulo y C. pisón pero también
fueron derrotados. Los esclavos sublevados a las ordenes de Euno
cogieron fama y un tal Cleón de Cilicia le entregó 5000
hombres para aumentar sus filas.

Roma envió después al pretor L. P. Ipseo se
encontró con un ejercito de 60000 esclavos armados que
pudiera a llegar a 200000 con otros esclavos de la isla pero en
el primer enfrentamiento los sublevados dispersaron al ejercito
romano compuesto de 8000 legionarios y sitiaron y tomaron la
ciudad de Taurominium. Posteriormente Roma envió al
cónsul C. Fulvio pero que no consiguió vencer a los
sublevados.

El siguiente cónsul L. C. Pisón logró
levantar el sitio de Messana plaza fuerte de los sublevados y
acabó con la vida de 6.000 esclavos pero no acabó con
esta guerra de esclavos a pesar de la vistoria que estaba
reservada esta victoria definitiva contra los esclavos sublevados
a P. Rupilio que comenzó sitiando por hambre Taurominium que
situada en una altura inaccesible era inexpugnable solo
utilizando a las legiones y los sitiados decidieron morir antes
que rendirse llegando al extremo de comerse unos a
otros.

No obstante esto debido a la traición de un esclavo
llamado Serapión la plaza fue tomada por las legiones
romanas y el cónsul mandó precipitar desde lo alto de
la fortaleza al gobernador y a la guarnición de esclavos que
había.

Luego fue a sitiar la ciudad de Ennua donde estaban
Eunno y los suyos intentando Cleón una salida contra los
romanos de gran valor pero fueron rechazados y Cleón
murió al cabo de unos días. El cadáver fue
expuesto por el cónsul romano para inspirarles temor y
muchos de aquellos esclavos se acobardaron y entregaron la plaza
a los romanos que pasaron a cuchillo a todos lo esclavos que
encontraron. Rupilio al acabar la guerra se quedó algún
tiempo más como procónsul e hizo lo
siguiente:

  • Sitió y tomó otras ciudades
    en manos de los rebeldes

  • Los amos recobraron a sus esclavos
    fugitivos

  • Devolvió orden y paz a la
    isla

  • Escribió un nuevo código de
    leyes para Sicilia.

Segunda guerra contra los esclavos (102-99 a.C)

La segunda tuvo lugar entre el 102 a. J. c. al 99 a. J.
c. en Sicilia ya que las victimas de la primera dejaron en la
conciencia de los esclavos la lucha armada para conseguir la
libertad y los sufrimientos por ser esclavos era cada vez
más evidentes y como anécdota histórica ya hubo en
el 104 a. J. c. un caballero que armando a sus esclavos se
proclamó rey pero se dio muerte.

La segunda guerra la inició la actitud del pretor
Nerva que si dio la libertad de pleno derecho a 800 esclavos se
negó a hacer lo mismo con los demás y dos adivinos
Salvio y Atenion se proclamaron reyes presentándose con la
purpura y la diadema delante de los esclavos iniciando la guerra
pero Atenión abdicó y Salvio que se apellidaba El rey
Trifón se hizo dueño cuatro años de Triocala. El
cónsul Aquilio derrotó a Atenión y en el 99a. J.
c. fue derrotado Salvio.

Posteriormente quedaron unos numero de insurrectos al
mando de Satiro que sitiaron Lilibea pero al fin fueron
exterminados por las legiones romanas al mando de Aquilio. El
numero de muertos en esta guerra fue la de un millón de
esclavos recobrando la isla la calma.

Tercera guerra contra los esclavos (73-71
a.C)

En la República de Roma del siglo
I a. C., los juegos de gladiadores eran una de las
formas de entretenimiento más populares. Con el fin de
suministrar gladiadores para los combates, se establecieron
varias escuelas de entrenamiento, o ludi, por toda Italia. En
estas escuelas, los prisioneros de guerra y los criminales
convictos —que eran considerados como esclavos— eran
entrenados en las habilidades necesarias para luchar hasta la
muerte en los juegos de gladiadores. En 73 a. C., un
grupo de unos 200 gladiadores de la escuela de Capua,
pertenecientes a Lentulus Batiatus, planearon una fuga. Cuando se
reveló su plan, una fuerza de unos 70 hombres se armaron con
utensilios de cocina (hachuelas y espetones), lucharon hasta
escapar de la escuela y se apoderaron de varios carros de armas y
armaduras de gladiador.

Una vez libres, los gladiadores fugados eligieron
líderes, seleccionando a dos esclavos galos —Criso y
Enomao— y a Espartaco, que se dice que era o bien un
antiguo auxiliar tracio de la legión romana, condenado
posteriormente a la esclavitud, o bien un prisionero capturado
por las legiones.8 Sin embargo, hay ciertas dudas sobre la
nacionalidad de Espartaco, ya que "tracio" era un tipo de
gladiador romano.

Estos esclavos huidos consiguieron vencer a una
pequeña fuerza de tropas enviada tras ellos desde Capua y
equiparse con el material militar que capturaron, además de
con sus armas de gladiador.10 Las fuentes son un tanto
contradictorias sobre el orden de los acontecimientos que
siguieron inmediatamente después a la huida, pero en general
están de acuerdo en que esta banda de gladiadores se
dedicó al pillaje en la región de los alrededores de
Capua, reclutando a muchos otros esclavos en sus filas, y que
finalmente se retiró a una posición más defendible
en el Monte Vesubio.

Derrota de los ejércitos
pretorianos.

La revuelta y los asaltos en Campania —que era una
región vacacional para la gente rica e influyente de Roma y
en la que se localizaban muchas fincas—, llamaron
rápidamente la atención de las autoridades romanas. A
Roma le llevó cierto tiempo darse cuenta de las escala del
problema, ya que percibían que la revuelta de esclavos era
más una ola de crímenes que una rebelión
armada.

Sin embargo, en 73 a. C., Roma envió una
fuerza militar bajo mando pretoriano para terminar con la
revuelta. Un pretor romano, Clodio Glabro, reunió un cuerpo
de 3.000 hombres, no como legiones sino como milicias "escogidas
con prisa y azar, porque los romanos todavía no consideraban
esto como una guerra, sino como un asalto, algo parecido a un
ataque de robo". Las fuerzas de Glabro asediaron a los esclavos
en el Monte Vesubio, bloqueando el único camino conocido que
descendía de la montaña. Con los esclavos contenidos de
esa manera, Glabro estaba dispuesto a esperar hasta que el hambre
forzara a los esclavos a rendirse.

Como los esclavos carecían de entrenamiento
militar, las fuerzas de Espartaco mostraron cierto ingenio en su
uso de los materiales locales disponibles, que a su vez
resultó en un uso de tácticas inventivas y poco
ortodoxas, al enfrentarse a la disciplina de los ejércitos
romanos.En respuesta al asedio de Glabro, los hombres de
Espartaco hicieron cuerdas y escalas a partir de las parras y los
árboles que crecían en las laderas del Vesubio y las
usaron para descolgarse por los precipicios del lado de la
montaña opuesto al de las fuerzas de Glabro. Se desplazaron
alrededor de la base del Vesubio, atacaron al ejército por
el flanco y aniquilaron a los hombres de Glabro.

Tras esto se envió contra Espartaco una segunda
expedición bajo el mando del pretor Publio Varinio. Por
alguna razón, parece que Varinio dividió sus fuerzas
poniéndolas al mando de sus subordinados Furio y Cosinio.
Plutarco menciona que Furio comandaba a unos 2.000 hombres, pero
no se conoce la fuerza numérica de las tropas restantes, ni
si la expedición estaba compuesta de milicias o legiones.
Estas fuerzas también fueron derrotadas por el ejército
de esclavos: Cosinio murió, Varinio casi fue capturado y los
esclavos se apoderaron del equipamiento de los ejércitos.
Gracias a estos éxitos, más y más esclavos se
unieron a las fuerzas de Espartaco, al igual que "muchos de los
arrieros y pastores de la región", engrosando sus filas
hasta unos 70.000 hombres.Los esclavos rebeldes pasaron el
invierno de 73 a. C. armando y equipando a sus nuevos
reclutas y expandiendo su territorio de pillaje para incluir las
ciudades de Nola, Nuceria, Turios y Metaponto.

Sin embargo, las victorias de los esclavos rebeldes no
se obtuvieron sin coste. En algún momento de estos sucesos,
o posiblemente durante los asaltos del invierno a finales de
73 a. C., perdieron a su líder Enomao
—quizás en batalla— y no se menciona más en
las historias.

Motivaciones y liderazgo de los esclavos
fugados.

A finales de 73 a. C., Espartaco y Criso
comandaban un gran grupo de hombres armados con demostrada
habilidad para resistir a los ejércitos romanos. Lo que
pretendían hacer con esta fuerza es algo difícil de
determinar para los lectores modernos. Como la Tercera Guerra
Servil fue finalmente una rebelión sin éxito, no existe
un relato de primera mano sobre los motivos y objetivos de los
esclavos, y los historiadores que escriben sobre la guerra
proponen teorías contradictorias.

Muchos relatos populares modernos de la guerra afirman
que existía una división en dos facciones de los
esclavos fugados: los que comandaba Espartaco, que querían
escapar por los Alpes hacia la libertad, y los de Criso, que
deseaban permanecer en el sur de Italia para seguir asaltando y
saqueando. Esto parece una interpretación de los eventos
basada en lo siguiente: las regiones que Floro lista como las que
estaban siendo atacadas por los esclavos incluyen Turios y
Metaponto, que están geográficamente distantes de Nola
y Nuceria. Esto indica la existencia de dos grupos: Lucio Gelio
Publícola atacó finalmente a Criso y a un grupo de unos
30.000 seguidores que fueron descritos como separados del grupo
principal de Espartaco. Plutarco describe el deseo de algunos de
los esclavos fugados de saquear Italia en lugar de escapar por
los Alpes.Aunque esta división en facciones no se contradice
con las fuentes clásicas, no parece que exista ninguna
evidencia directa que la apoye.

A veces, los relatos ficticios —como la
película Espartaco de Stanley Kubrick, 1960— retratan
a Espartaco como un libertador que lucha para cambiar una
sociedad romana corrupta y para terminar con la institución
romana del esclavismo. De igual manera, esto no se contradice con
los historiadores clásicos, pero ningún relato
histórico menciona que el objetivo de los esclavos rebeldes
fuera terminar con la esclavitud en la República, ni ninguna
de las acciones de Espartaco parece específicamente dirigida
a terminar con la esclavitud.

Incluso entre los historiadores clásicos, que
escribieron sus relatos solo unos años después de los
propios sucesos, parecía haber división sobre
cuáles eran las motivaciones de Espartaco. Apiano y Floro
escriben que pretendía marchar sobre la misma Roma, aunque
esto puede no haber sido más que el reflejo de los miedos de
Roma. Si Espartaco pretendió realmente marchar sobre Roma,
debió de ser un objetivo que abandonó más tarde.
Plutarco escribe que Espartaco simplemente deseaba escapar hacia
el norte a la Galia Cisalpina y dispersar a sus hombres de vuelta
a sus hogares.

No está claro si los esclavos fueran un grupo
homogéneo bajo el lide- razgo de Espartaco. Aunque es una
suposición tácita de los historiadores romanos, puede
que los romanos estuvieran proyectando su propia visión
jerárquica del poder militar y la responsabilidad sobre la
organización ad hoc de los esclavos. De hecho, se mencionan
otros líderes esclavos- Criso, Enemao, Cánico y Casto-
y no podemos saber, a partir de la evidencia his-
toriográfica, si fueron ayudantes, subordinados o incluso
iguales que lide- raban grupos propios y viajaban en convoy con
la gente de Espartaco.

Derrota de los ejércitos consulares
(72 a. C.)

En la primavera de 72 a. C., los esclavos
fugados abandonaron sus campamentos de invierno y empezaron a
moverse al norte hacia la Galia Cisalpina. El Senado, alarmado
por el tamaño de la revuelta y la derrota de los
ejércitos pretorianos de Glabro y Varinio, envió un par
de legiones consulares bajo el mando de Lucio Gelio
Publícola y Cneo Cornelio Léntulo Clodiano.

En un principio, los ejércitos consulares tuvieron
éxito. El ayudante de Gelio, el propretor Arrio, atacó
a un grupo de unos 30.000 esclavos, bajo el mando de Criso, cerca
del Monte Gargano, y mató a dos tercios de los rebeldes,
incluyendo a Criso, con solo una legión. Según cuentan
los histo- riadores los esclavos rechazaron el ataque de la
legión y tras la victoria se embriagaron bebiendo vino
celebrando, cuando los romanos volvieron los encontraron ebrios y
los masacraron.

En este punto de la historia existe una divergencia en
las fuentes clá- sicas sobre el curso de los sucesos que no
se puede reconciliar hasta la entrada de Marco Licinio Craso en
la guerra. Las dos historias más deta- lladas (existentes)
de la guerra, de Apiano y Plutarco, detallan sucesos muy
distintos. Sin embargo, ninguno de los relatos contradice
directamente al otro, sino que simplemente informa de sucesos
distintos, ignorando algunos sucesos del otro relato y ofreciendo
sucesos que son únicos de ese relato.

De acuerdo con Apiano,la batalla entre las legiones de
Gelio y los hom- bres de Criso cerca del Monte Gargano fue el
inicio de una larga y com- pleja serie de maniobras militares que
casi tuvieron como resultado que las fuerzas de Espartaco
asaltaran la misma ciudad de Roma.

Tras su victoria sobre Criso, Gelio se desplazó
hacia el norte siguiendo al grupo principal de esclavos de
Espartaco, que se dirigía a la Galia Cisalpina.Se
desplegó el ejército de Léntulo para obstruir el
paso de Espar- taco, y los cónsules esperaban encerrar a los
esclavos rebeldes entre ellos. El ejército de Espartaco se
enfrentó a la legión de Léntulo, la
derrotó,se dio la vuelta y destruyó el ejército de
Gelio, forzando a las legiones romanas a retirarse
desbaratadas.Apiano afirma que Espartaco ejecutó a unos 300
soldados romanos capturados para vengar la muerte de Criso,
forzándoles a luchar entre ellos hasta la muerte como los
gladiadores.Tras esta victoria, Espartaco avanzó hacia el
norte con sus seguidores (unos 120.000) tan rápido como
pudo, "después de haber quemado todo su material
inútil, matado a todos sus prisioneros y masacrado a sus
bestias de carga para acelerar su movimiento".

Los ejércitos consulares derrotados regresaron a
Roma para reagruparse mientras los seguidores de Espartaco se
movían hacia el norte. Los cónsules volvieron a atacar
a Espartaco en algún lugar de la región del Piceno, y
de nuevo fueron derrotados.

Apiano afirma que en este momento Espartaco cambió
su intención de marchar sobre Roma -dando a entender que ese
era el objetivo de Espartaco tras la confrontación de
Piceno-porque "no se consideraba preparado todavía para ese
tipo de lucha, ya que su fuerza no estaba armada adecuadamente,
porque ninguna ciudad se le había unido, solo esclavos,
desertores y chusma", y decidió retirarse al sur de Italia
de nuevo. Asedia-ron la ciudad de Turios y la campiña de los
alrededores armándose,asal- tando los territorios
circundantes, cambiando los botines por bronce y hie- rro con
mercaderes (con los que manufacturar más armas) y
enfrentándose ocasionalmente con fuerzas romanas, que
siempre acababan derrotadas.

De acuerdo con Plutarco, tras la batalla entre las
legiones de Gelio y los hombres de Criso (a quienes Plutarco
describe como germanos ) cerca del Monte Gargano, los hombres de
Espartaco atacaron a la legión comandada por Léntulo,
la derrotaron, se apoderaron de sus suministros y equipa-miento,
y avanzaron directamente hacia el norte de Italia. Tras esta
derrota, ambos cónsules fueron relevados del mando de sus
ejércitos por el Senado Romano y regresaron a Roma. Plutarco
no menciona en absoluto el ataque de Espartaco a las legiones de
Gelio, ni que Espartaco se enfrentara a las legiones combinadas
consulares en el Piceno.

Luego Plutarco detalla un conflicto no mencionado en la
historia de Apiano. De acuerdo con Plutarco, el ejército de
Espartaco prosiguió hacia el norte hasta la región de
los alrededores de Mutina (la actual Módena). Allí, un
ejército de unos 10.000 soldados comandados por el
gobernador de la Galia Cisalpina, Cayo Casio Longino,
intentó bloquear el avance de Espartaco y también fue
derrotado.

Plutarco no hace mención de ningún otro suceso
hasta la confrontación inicial entre Marco Licinio Craso y
Espartaco en la primavera de 71 a. C., omitiendo la
marcha sobre Roma y la retirada hacia Turios descritas por
Apiano. Sin embargo, como Plutarco describe que las fuerzas de
Craso forzaron a las de Espartaco a retirarse hacia el sur desde
el Piceno, uno podría inferir que los esclavos rebeldes se
acercaron a Piceno desde el sur a principios de
71 a. C., implicando que se retiraron hacia el sur
desde Mutina para pasar el invierno en el sur o el centro de
Italia.

Por qué harían algo así, cuando
aparentemente no había razón para no escapar por los
Alpes -el objetivo de Espartaco según Plutarco -, es algo
que no se explica.

Los sucesos de principios de 71 a. C. Marco
Licinio Craso recibe el mando de las legiones romanas, se
enfrenta a Espartaco y fuerza a los esclavos rebeldes a retirarse
a través de Lucania hacia los estrechos cercanos a Mesina.
Plutarco afirma que esto ocurrió en la región del
Piceno, mientras que Apiano sitúa las batallas iniciales
entre Craso y Espartaco en la región del Samnio.

A pesar de las contradicciones de las fuentes
clásicas con respecto a los sucesos de 72 a. C.,
parece haber un consenso general sobre que Espartaco y sus
seguidores estaban en el sur de Italia a principios de
71 a. C.

El Senado, alarmado ya por la aparentemente imparable
revuelta del sur de Italia, le encomendó a Marco Licinio
Craso la tarea de sofocar la rebelión. Craso había sido
pretor en 73 a. C. y, aunque era conocido por sus
conexiones políticas y su familia, no tenía ninguna
reputación como comandante militar.

Le fueron asignadas seis nuevas legiones además de
las dos anteriores legiones consulares de Gelio y Léntulo,
sumando un ejército de unos 40.000 soldados romanos
entrenados.Craso trató a sus legiones con una disciplina
férrea, incluso brutal, recuperando el castigo de la
decimatio (castigo mediante el cual se diezma a un grupo de
soldados, matando a 1 de cada 10 de ellos en castigo por su
cobardía). Apiano no tiene claro si aplicó la decimatio
a las dos legiones consulares por cobardía cuando fue
nombrado su comandante, o si se la aplicó a todo el
ejército por alguna derrota posterior (un suceso en el que
hasta 4.000 legionarios habrían sido ejecutados). Plutarco
sólo menciona la decimatio de 50 legionarios de una cohorte
como castigo tras la derrota de Mimio en la primera
confrontación entre Craso y Espartaco. Al margen de lo que
sucediera realmente, el trato de Craso a sus legiones
demostró que "era más peligroso para ellos que el
enemigo" y los espoleó para lograr la victoria y no correr
el riesgo de disgustar a su comandante.

Cuando las fuerzas de Espartaco se desplazaron hacia el
norte de nuevo, Craso desplegó seis de sus legiones en las
fronteras de la región (Plutarco afirma que la batalla
inicial entre las legiones de Craso y Espar- taco se dio cerca de
la región del Piceno, Apiano afirma que sucedió cerca
de la región del Samnio )y destacó a dos legiones bajo
el mando de Mumio, su legado, para que maniobrara por la
retaguardia de Espartaco, pero le dio la orden de no atacar a los
rebeldes. Cuando se le presentó la oportunidad, Mumio
desobedeció a Craso y atacó a las fuerzas de Espartaco,
pero fue derrotado. A pesar de esta derrota inicial, Craso
atacó a Espartaco y le derrotó, matando a unos 6.000
rebeldes.

La marea de la guerra parecía haber cambiado de
dirección. Las legio- nes de Craso salieron victoriosas en
varios enfrentamientos, matando a miles de esclavos rebeldes y
forzando a Espartaco a retirarse al sur a través de Lucania
hacia los estrechos de Mesina. Según Plutarco, Espartaco
hizo un trato con piratas cilicios para transportarle a él y
a unos 2.000 hombres a Sicilia, donde pretendía incitar una
revuelta de esclavos y conseguir refuer- zos. Sin embargo, fue
traicionado por los piratas, que recibieron el pago pero
abandonaron a los esclavos rebeldes. Fuentes menores mencionan
que hubo algunos intentos de construir barcos y balsas entre los
rebeldes como medio de escape, pero que Craso adoptó medidas
sin especificar para asegurar que los rebeldes no pudieran cruzar
a Sicilia, y como consecuen-cia de esto abandonaron sus
esfuerzos.

Entonces las fuerzas de Espartaco se retiraron hacia
Rhegium. Las legiones de Craso las persiguieron y al llegar
construyeron fortificaciones a lo largo del istmo de Rhegium, a
pesar del hostigamiento de los esclavos rebeldes. Los rebeldes
fueron asediados y aislados de todo suministro.

Los últimos sucesos de la guerra en
71 a. C., en los que el ejército de Espartaco
rompió el asedio de las legiones de Craso y se retiró
hacia las montañas cercanas a Petelia. Muestra las
escaramuzas iniciales entre ele- mentos de ambos bandos, el giro
de las fuerzas de Espartaco para la confrontación
final.Nótense las legiones de Pompeyo incorporándose
desde el norte para capturar a los supervivientes.

En este momento, las legiones de Pompeyo volvían a
Italia tras haber sofocado la rebelión de Quinto Sertorio en
Hispania. Las fuentes discrepan sobre si Craso había
solicitado refuerzos o si el Senado simplemente se aprovechó
del regreso de Pompeyo a Italia, pero se le ordenó esquivar
Ro- ma y dirigirse al sur para ayudar a Craso.El Senado
también envió refuer- zos bajo el mando de
"Lúculo", que Apiano confundió con Lucio Licinio
Lúculo, comandante de las fuerzas implicadas en la Tercera
Guerra Mitri- dática en aquel momento, pero aparentemente se
trataba del procónsul de Marco Tenterio Varro Lúculo,
el hermano pequeño del anterior.Con las le- giones de
Pompeyo marchando desde el norte y las tropas de Lúculo
desde Brundisium, Craso se dio cuenta de que si no ponía fin
a la revuelta con ra- pidez,el mérito de la guerra iría
para el general que llegara con los refuer- zos, y por tanto
espoleó a sus legiones para que dieran rápidamente fin
al conflicto.

Al parecer el plan romano era cercar a los esclavos
desde tres frentes: noroeste (Pompeyo con 7 legiones), suroeste
(Craso con 8 legiones) y este (Lúculo con 5 legiones) En
total, los romanos sumarían unas 20 legiones (alrededor de
120.000 hombres).

Tras saber del acercamiento de Pompeyo, Espartaco
intentó negociar con Craso para dar fin al conflicto antes
de que llegaran los refuerzos romanos. Cuando Craso se negó,
una parte de las fuerzas de Espartaco rompieron el confinamiento
y huyeron hacia las montañas al oeste de Petelia (la actual
Strongoli) en Bruttium, con las legiones de Craso en
persecución. Las legiones consiguieron alcanzar a una parte
de los rebeldes –bajo el mando de Cánico y Casto-
separada del ejército principal, matando a 12.300 de ellos.
Sin embargo, las legiones de Craso también sufrieron
pérdidas, ya que algunos de los esclavos en huida se dieron
la vuelta para enfrentarse a las fuerzas romanas bajo el mando de
un oficial de caballería llamado Lucio Quicio y el cuestor
Cneo Tremelio Escrofa, derrotándolas. En cualquier caso, los
esclavos rebeldes no constituían un ejército
profesional y habían llegado a su límite. No
querían huir más y varios grupos de hombres se
separaron de la fuerza principal para atacar de manera
independiente a las legiones de Craso. Con la disciplina
echándose a perder, Espartaco dio la vuelta a sus fuerzas y
empleó toda su potencia para aguantar a las legiones
vinientes. En esta última batalla, las fuerzas de Espartaco
fueron derrotadas completamente, y la gran mayoría de sus
hombres murieron en el campo de batalla. Se desconoce el destino
final del propio Espartaco, ya que nunca se halló su cuerpo,
pero los historiadores cuentan que pereció en batalla junto
a sus hombres.

Consecuencias de la revuelta de
Espartaco.

La revuelta de la Tercera Guerra Servil había
quedado aniquilada a manos de Craso. Las fuerzas de Pompeyo no
atacaron directamente a las de Espartaco en ningún momento,
pero sus legiones, acercándose desde el norte, consiguieron
capturar a unos 5.000 rebeldes que huían de la batalla, "a
los que dio muerte". A causa de esto, Pompeyo envió un
mensaje al Senado diciendo que, aunque fue ciertamente Craso
quien había vencido a los esclavos en batalla abierta,
él había terminado la guerra, reclamando así una
gran parte del mérito y ganándose la enemistad de
Craso.

Aunque la mayor parte de los esclavos rebeldes murieron
en el campo de batalla, las legiones de Craso capturaron a unos
6.000 supervivientes. Todos ellos fueron crucificados a lo largo
de la carretera de Roma a Capua.

Pompeyo y Craso obtuvieron beneficios políticos por
haber sofocado la rebelión. Ambos volvieron a Roma con sus
legiones y se negaron a disolverlas, acampándolas fuera de
la ciudad en su lugar. Ambos se presentaron a cónsul en
70 a. C., aunque Pompeyo no tenía derecho a ello
por su edad y por no haber servido como pretor o cuestor.No
obstante, ambos hombres fueron elegidos cónsules ese
año,en parte por la amenaza implícita de sus legiones
acampadas fuera de la ciudad.

Los efectos de la Tercera Guerra Servil sobre la actitud
de los romanos hacia la esclavitud y la institución de la
esclavitud en Roma son difíciles de determinar. Desde luego,
la revuelta había conmocionado al pueblo romano, que "a
partir de un miedo absoluto parecían haber empezado a tratar
a sus esclavos con menos dureza que antes". Los ricos dueños
de los latifundia empezaron a reducir el número de esclavos
agrícolas, optando por emplear al gran conjunto de hombres
libres desposeídos en contratos de mediería. Con el fin
de la Guerra de las Galias de Julio César en
52 a. C., las grandes guerras de conquista romanas
cesarían hasta el reinado del emperador Trajano (que
reinó del 98 d. C. al 117 d. C.), y con
ellas el abundante y económico suministro de esclavos
provenientes de la conquis- ta militar, promoviendo el uso de
trabajadores libres en las fincas agrícolas.

El estatus y los derechos legales de los esclavos
romanos también empe- zaron a cambiar. Durante la época
del emperador Claudio (que reinó del 41 d. C. al
54 d. C.) se promulgó una constitución que
convertía el hecho de matar a un esclavo viejo o enfermizo
en un acto de asesinato y decretaba que si esos esclavos eran
abandonados por sus amos, se convertían en hombres libres.
Con Antonino Pío (que reinó del 138 d. C. al
161 d. C.) se extendieron más los derechos legales
de los esclavos, haciendo responsa- bles a los amos del asesinato
de sus esclavos,forzando la venta de los escla- vos cuando se
podía demostrar que estaban siendo maltratados, y propor-
cionando una autoridad tercera (teóricamente) neutral a la
que podía apelar un esclavo. Aunque estos cambios legales se
dieron muy tarde como para que fueran resultado directo de la
Tercera Guerra Servil, representan la codificación legal de
unos cambios en la actitud de los romanos hacia los esclavos que
habían evolucionado durante décadas.

Es difícil determinar en qué medida
contribuyeron los sucesos de esta guerra a los cambios en el uso
y los derechos legales de los esclavos romanos. Parece que el fin
de las Guerras Serviles coincidió con el fin del periodo
más importante del uso de esclavos en Roma, y el comienzo de
una nueva percepción del esclavo dentro de la sociedad y el
derecho. La Tercera Guerra Servil fue la última de las
Guerras Serviles y Roma no vería nunca más un
levantamiento de esclavos de este tipo.

Monografias.com

Mosaico que representa a dos esclavos
trabajando en el campo.

La trata de esclavos
en la
Edad Moderna y Contemporánea

    Hasta ahora me he limitado a la
esclavitud de nuestro propio entorno cultural/religioso, pero en
otros partes del mundo la situación era, si no exactamente
igual, por lo menos muy parecida. El mundo Islámico se
adelantó en muchos siglos al cristiano en prohibir
esclavizar a sus propios correligionarios, prohibición
cumplida a medias. Por otra parte la esclavi- tud tuvo poca
importancia entre los nómadas que, en general, prefirieron
matar a sus enemigos sin más, quizás porque
suponían una carga en sus constantes desplazamientos. Cuando
tribus nómadas se asentaron en otras culturas crearon formas
de esclavitud sorprendentes por su originalidad. Dos de los
ejemplos más relevantes son el Imperio Otomano y los
Mamelucos en Egipto.

    Cuando los turcos otomanos ocuparon
Anatolia después del hundimiento de los Seleúcidas de
Rum, los sucesivos sultanes se encontraban con una situación
nueva e imprevista: ¿cómo podría una pequeña
minoría islámica dominante de origen nómada
controlar una gran mayoría de cristianos ortodoxos
sometidos, dedicarse al mismo tiempo a la expansión
territorial, y, además, apartar sus indisciplinados
súbditos turcos de los quehaceres del Estado? Para lograr
esto último convirtió a sus seguidores en los terrate-
nientes y propietarios agrícolas del país,
convirtiéndoles en una nueva aris- tocracia. Para lograr lo
demás adaptaron sus viejos conocimientos nómadas de
control de manadas de ganado a la nueva situación.
Necesitaban por lo tanto "perros pastores", fieles solamente a su
amo. A este fin crearon una administración del Estado y un
ejército (los famosos jenízaros= "tropa nueva")
constituidos solo y exclusivamente por esclavos. Compraron,rap-
taron y secuestraron niños cristianos en Rusia y los
Balcanes, les convirtie- ron al Islam, y después de un largo
proceso de educación y entrenamiento, les incorporaron a la
administración y al ejército. Jurídicamente todos
eran esclavos personales del Sultán y hacían carrera a
base de sus méritos; hasta el gran visir, el segundo poder
del Estado, era técnicamente esclavo de su señor. Todos
estos "esclavos" tuvieron, para atender sus necesidades, sus
propios esclavos domésticos. Pero hay más, como los
sultanes, excepto los primeros dos, no se casaban formalmente
pero procreaban con sus concubi- nas/esclavas, los sultanes
posteriores fueron, ellos mismos, hijos, nietos y bisnietos de
esclavas. Para evitar cualquier forma de nepotismo, los hijos de
todos estos esclavos fueron automáticamente libres, y
solamente podían heredar los bienes materiales de sus
padres. Algo parecido ocurrió en Egipto con los Mamelucos
(lit. "esclavos blancos"). Estos fueron un cuerpo militar creado
en el siglo XII por Saladín, a partir de esclavos
georgianos, teniendo este pueblo de origen muy antiguo la
reputación de ser el más resistente y guerrero de todos
los tiempos. Este cuerpo se convirtió en me- nos de un siglo
en una auténtica casta militar dominante, eligiendo de entre
ellos el Sultán de turno y limitando el poder del Califa a
los asuntos religio- sos. Fueron una sociedad de esclavos auto
propagadora, manteniendo su fuerza numérica con la compra
y/o secuestro de niños de su mismo origen étnico.
Tenemos aquí el concepto de esclavos que se pertenecen
mutua- mente. Tan fuerte fue su agarro étnico que
mantuvieron su lengua georgia- na a través de los 6 siglos
de su existencia y muchos de sus componentes nunca aprendieron el
árabe. Como fuerza militar formaban el ejército
más temido de Oriente, salvaron al Islam derrotando a los
mongoles, los turco- manos de Timur y  todos los que se les
pusieron delante.Cuando finalmente sucumbieron ante Bonaparte no
fue por falta de valor o ferocidad, sino simplemente por atraso
tecnológico. Estarán de acuerdo que estos dos ejemplos
demuestran un aspecto muy diferente y poco conocido del
término "esclavitud". 

    Al empezar el siglo XV el
tráfico de esclavos negros ya tenía una larga
tradición, 3000 años antes los egipcios ya importaban
esclavos nubios, y en el siglo VI a.C. Cartago ya incorporaba
esclavos sudaneses (los subsaha- rianos actuales) a sus
plantaciones. La era moderna del tráfico de esclavos
africanos empezó a partir de la conquista de Ceuta (1415)
por parte de los portugueses. Usando esta ciudad como punto de
partida, Portugal empezó sus viajes de descubrimiento
navegando por la costa africana occidental, llegando a Cabo
Verde(1444), Sierra Leona(1460), Ghana(1482) y Angola (1483),
abriendo a la influencia europea todas las tierras que en el
futuro iban a figurar de forma significativa en el tráfico
de esclavos. A mediados del siglo anterior todo el continente
Eurasiático sufrió la famosa epidemia de la Peste
Negra, en la cual Portugal perdió aproximadamente el 40% de
su población; si a esto añadimos la guerra civil y la
guerra contra Castilla de la década de los ochenta(1385),
además de la expansión ultramar poste- rior, no es de
sorprender que a Portugal le seguía faltando mano de obra
agrícola seis décadas después y que aprovechó
su expansión por las costas africanas para adquirir
esclavos.

La esclavitud de masas organizada que más debate a
generado ha sido la que perpetraron las naciones europeas desde
el descubrimiento del Nuevo Mundo.Se estima que un mínimo de
15 millones de personas fueron secuestradas, muertas por
inanición, asesinadas, afectadas por enferme- dades, …
desde los inicios del siglo XV principalmente africanos pero
muchos indígenas también, sobre todo en los comienzos.
Para todos ellos, nadie construyó un museo del
holocausto.

Portugal fue uno de los países comerciantes y
navegantes más impor- tante de todos los tiempo. Ya a
principios del siglo XIV, Portugal había llevado adelante
varias expediciones en busca de nuevas regiones que le
suministraran recursos para su desarrollo económico y
comercial.

Una de aquellas expediciones estaba al mando de
Lanzarote de Freitas que regreso a Portugal, ya en 1444, con 235
esclavos. Este hito se conside- ra como el inicio de la etapa
"moderna" en la trata de esclavos negros en la Península
Ibérica y poco tiempo después en
América.

Una vez se corrió la voz y las autoridades se
dieran cuenta del beneficio que les suponía disponer de mano
de obra gratuita, se dispuso regularizar aquel nuevo "comercio".
Esta regularización quedo especificada cuando en 1473 se
presentó un proyecto de ley por el cual todos los esclavos
que se obtuviesen de África deberían ser llevados en
primera instancia a Portugal.

Siguiendo estas especificaciones, en 1486, se funda en
Portugal la Casa dos Escravos, con el fin de normalizar la
concesión de licencias y grabar con impuestos dichos
intercambios "comerciales". En tan sólo tres años, los
que van entre 1493 y 1495, se registran en en la Casa dos
Escravos de Lisboa tres mil seiscientos esclavos.

España no tarda en enterarse del lucrativo negocio
y en 1479, establece el Tratado de Alcaçovas a través
del cual se autoriza la venta de esclavos en España. El
principal centro de venta se sitúa en Sevilla. Los primeros
esclavos que arriban al Nuevo Mundo lo hacen al Caribe,
concretamente a la isla de La Española hacia
1502.

Ya en el año 1510, se daban síntomas
alarmantes de una rápida despo- blación en la isla
Española y puesto que la avaricia colonizadora iba en
aumento, era más necesario que nunca un mayor volumen de
mano de obra tanto para trabajar las minas, como la
construcción de fortalezas y cual- quier tipo de trabajo que
necesitara esfuerzo físico. Así a partir de estas
fechas, se lleva a cabo un rápido aumento de la
población negra esclava.

Fernando el Católico autorizará, el 22 de
enero de 1510 en Valladolid, el envío de 50 esclavos negros
a la isla de La Española para ser vendidos allí y
trabajar en las minas. Fernando dejaba bien claro que los
esclavos debían de ser "los mejores y los más fuertes
disponibles". Al mes siguiente la Casa de la Contratación
solicitó un nuevo envío de doscientos esclavos, para
ser enviados a Santo Domingo.

En este preciso periodo se inician las plantaciones de
azúcar que han caracterizado la actividad económica de
ciertas islas del Caribe desde entonces hasta nuestros días.
Pero poco tiempo después, se produce una epidemia de viruela
en el Caribe (entre 1518 y 1519) que se extiende causando una
gran devastación y que afecta principalmente a la
población indígena.

La primera rebelión de esclavos de la que se
tenemos conocimiento, es a través de Gonzalo Fernández
de Oviedo. El acontecimiento ocurre en el navio del gobernador
Diego Colón que los transportaba a su destino, hacia 1522, y
en las siguientes décadas del siglo XVI se registran
documental- mente numerosas rebeliones. Entre ellas caben
destacar la sublevación de esclavos en la ciudad
panameña de Acla, los motines de esclavos africanos de 1532
en Venezuela, de 1533 en Cuba y en Panamá hacia aquella
fecha.

En 1547 se produce una prolongada rebelión que
acaeció en La Española liderada por Sebastián
Lemba y tres años después otra que protagonizó
Juan Criollo y que se prolongó durante varios años.
Como este caso, hubo al menos algún otro caso increible en
el que los esclavos consi- guieron la libertad colectiva firmando
un tratado de paz con los colonos españoles. Actos de este
tipo están documentados como es el caso de los negros
rebeldes en Portobelo (Panamá) hacia 1579.

Aunque estas rebeliones fueron excepcionales si las
comparamos pro- porcionalmente con la cantidad de esclavos y las
explotaciones existentes así como las condiciones que
soportaban, estas pudieron ser llevadas a cabo gracias al enorme
aumento de la población negra en todo la región del
Caribe. El ejemplo de Puerto Rico, que contaba con 327 blancos y
2292 esclavos hacia 1530, viene a poner de relieve este caldo de
cultivo para el fomento de rebeliones.

Los grandes olvidados de esta historia suelen ser los
habitantes indígenas de la zona, que recibieron en su
mayoría a Colón y al resto de "comerciantes –
guerreros" amable y pacíficamente. Para el año 1600, la
población original de la zona prácticamente había
desaparecido del Caribe.

Con el aumento de afluencia de colonos europeos al Nuevo
Mundo y más concretamente a la zona del norte de
América,la introducción de escla- vos no se hace
esperar. Un barco holandés arriva a las costas de la colonia
de Jamestown y se ve obligado a cambiar los esclavos que
transporta por provisiones, teniendo lugar de esta manera la
primera entrada de trabaja- dores forzados en la "Tierra de las
Oportunidades".Hasta los inicios de 1680, no quedará
regulada la situación de los esclavos del norte de
América.

El empleo de mano de obra esclava era importante en la
acuñación de monedas de oro y plata. Se
constituían cuatro hornazas para el proceso técnico de
acuñación, había "cuatro esclavos" en cada uno de
ellas a cargo de un capataz como afirma Cañete (1952:161).
Sin embargo, Burzio menciona que eran "indios esclavos". Lo
cierto es que la Casa de Moneda contaba con esclavos en sus
locales y eran negros y no indios que traba- jaban en las
hornazas, donde el individuo estaba bajo el dominio de un
hornacero.

Como mano de obra, la Casa de Moneda dependía de
los esclavos ne- gros. En una Provisión Real de 30 de agosto
de 1575, expedida en Arequi- pa, encontramos a los primeros doce
esclavos negros que trabajaron en las tres hornazas que se
habilitaron a cargo de los capataces siguientes:

A cargo de Pedro Real cuatro
esclavos llamados

A cargo de Pedro de Salazar
otros cuatro esclavos de los nombres
siguientes

A cargo de Lucas Martín
capataz otros cuatro esclavos de los nombres
siguientes

Cristóbal Sape

Lorenzo Negro

Juan Congo Portugues

Martín

Martín Sape

Miguel Sape

Domingo Sape

Cristóbal Congo

Antón Congo

Antón Sape

Salvador Tolofo

Pedro Tolofo

Esclavos negros que fueron dotados con fondos de la Real
Hacienda para fundar la Casa de Moneda a riesgo de los capataces
y vayan pagando a la corona del braceaje por el precio y costo de
los esclavos a la real caja. En el mismo documento se autorizaba
la compra de otros esclavos negros para la habilitación de
una cuarta hornaza. Durante los últimos años del siglo
XVI, del XVII y principios del XVIII, la trata de esclavos negros
para la Casa de Moneda era frecuente.

Encontramos testimonios sobre el tráfico legal de
esclavos negros, el 23 de octubre de 1577, cuando el clérigo
Gonzalo García Garzón, a través de su apoderado
Francisco Palomino de Cárdenas, vende al capataz Juan
Rodríguez, un negro en 350 pesos de plata ensayada y
marcada, con las siguientes características: "de edad de
veinte años pocos más o menos… sujeto a servidumbre,
habido de buena guerra por borracho, huidor enfermo y por
facineroso y revoltoso y por tener las demás tachas y
defectos y enfermedades".

Por lo que los tratantes negreros llegaban a la Villa
Imperial de Potosí trayendo gente negra desde Guinea por
vía Brasil. En 1601 ingresó un lote de 50 piezas de
esclavos negros internados por Manuel Enrriquez en
representación del AdministradorGeneral de la
Contratación de los Negros, don Pedro Gómez Remel;
adquiriendo el Tesorero Luis de Izunsa seis piezas de ambos
sexos: " Juan de edad de 17 a 18 años, Pedro de la misma
edad, Lorenzo de la misma edad, María de 16 años,
Catalina de la misma edad y Violante de 14 años de
edad".

Al ser la ceca un establecimiento muy rústico, el
espacio donde se fabricaba la moneda macuquina era
básicamente un taller artesanal donde casi todo el proceso
de la fabricación de la moneda se llevaba a cabo con un
mínimo de herramientas y en un único local, que se
llamaba la hornaza. Esta sala era relativamente pequeña y
dirigida por un hornacero, o capataz de hornaza, que era una
especie de empresario autónomo que aportaba operarios y
herramientas, recibiendo un porcentaje sobre el volumen de
acuñaciones para cubrir sus gastos y ganancias.

Para el funcionamiento de la Casa de Moneda, Toledo
dispone inicial- mente la construcción de tres hornazas,
cada uno con cuatro esclavos ne- gros. Esto se debió a las
bases económicas y a la disponibilidad de mano de obra
barata. La compra de gente negra para las hornazas era con el
propósi- to de abaratar costos de producción en el
proceso técnico de acuñación de la moneda
macuquina. Además la mano de obra indígena que
existía en estos lugares fue afectada por la "mita",
situación que obligó a la utiliza- ción de
esclavos negros para que trabajen en la ceca potosina.

El local de la hornaza donde trabajaban los esclavos, se
dividía en cuatro espacios contiguos pero bien
diferenciados, que por orden de tamaño eran los
siguientes:

1. La hornaza propiamente dicha, donde se hacía la
fundición del metal, el aplanamiento del metal con
martillos, recorte de cospeles con tijeras y
reconocimiento.

2. El portal,donde se llevaba a cabo la
acuñación de los cospeles con marti- llos, o sea la
amonedación.

3. Recinto de blanquición, donde se daba un lavado
químico a los cospeles antes de ser
acuñados.

4. Oficina de talla, donde se producían los
punzones y se grababan los cuños o troqueles necesarios para
acuñar la moneda.

Resulta obvio que a lo largo de los años, el
esclavo negro encerrado en cuatro paredes de la hornaza, se
convirtiera en un ser muy hostil o renega- do.Las riñas o
peleas entre ellos eran constantes y autoridades que adminis-
traban la Casa de Moneda, regulaban la relación entre el
esclavo y los hor- naceros (capataces de hornaza) emitiendo
órdenes para intervenir en la administración y evitar
peleas; ratificando así, que el esclavo negro era en un ser
antagónico en el escenario de la vida colonial
potosina.

Recogiendo testimonios de los manuscritos coloniales,
localizamos al Alcalde Mayor don Domingo de Asterrica el 6 de
septiembre de 1640, ordenando se encierren en sus hornazas a los
esclavos negros después de oír misa los días
domingos y de fiesta, justamente para evitar peleas entre ellos,
justificando que "resultan ordinariamente entre los negros de
alboro- tos y de ellos muertes y heridos que se dan los de las
unas hornasas contra los otros como sucedió el domingo
pasado que hubo alboroto grande entre todos los negros los unos
con los otros y los otros contra los otros de que resultó
salir heridos cinco o seis negros".

El 4 de enero de 1649, se prohíbe a los esclavos
negros salir los días domingos o de fiesta, para precautelar
y evitar peleas, disponiendo la pena de 200 azotes en la calle
pública, si infringieran dicha orden, en el enten- dido de
que los "negros alborotan la billa con pendenzias que tienen con
otros negros y negras con quien tratan de los qual resulta grande
escándalo y alboroto". En 17 de diciembre de 1649, a
través de un Auto, el Goberna- dor don Diego Manuel
Manrrique, inicia proceso contra Juan de Santama- ría,
portero merino, porque sin motivo "avia dado quatro o cinco
puñaladas a Juan Franco berberisco esclavo de don Barme de
Yebra".

El 3 de noviembre de 1653, como era de costumbre los
domingos y fiestas los esclavos salían al patio, y en esta
ocasión existió cierta pelea "y alboroto entre los dhos
negros los unos contra los otros de que resulto que saliesen
malcridos los negros de la hornaça de don Gabriel de
Cárdenas que fueron siete los descalabrados y heridos y
algunos de riesgo de la vida y otros dos de la hornaça de
Agustín de Ortega otros dos otros y par que se castiguen",
ordenando averiguar las consecuencias de pelea. El 22 de febre-
ro de 1661, hubo un disgusto entre Francisco, esclavo del
capitán Sebastián Camacho y un indio, donde el
último salió "descalabrado en la cabeza o rostro de que
le a salido sangre", emitiéndose una orden "para que se
aberigue la verdad y la causa del disgusto". Y el domingo 18 de
febrero de 1663, Martín de César libre mulato, con
riesgo de perder la vida, de una puñalada de cuchillo que
recibió del esclavo Jacinto Congo moreno, perte- neciente de
la hornaza de don Gabriel de Cárdenas.

 En una sociedad donde la plata era el principal
objeto de mercancía, era sujeto a tentaciones para
descompensar su aleación legal, falta de peso o de ley en el
proceso técnico de acuñación de la moneda,
llamándose moneda feble. Pues el esclavo negro procedía
a la alteración de la moneda, falsificando o acuñando
moneda feble. El 29 de octubre de 1641, son condenados los
esclavos Juan de Santana y Pedro de la Daga, por el delito de
acuñar moneda feble en la hornaza de Santiago de la Vega,
con "doçientos açotes a cada uno. y en diez años
de galeras a cada uno que los cumpla en el puerto del Callao al
remo y sin sueldo a orden del Excelen- tísimo Sr
Marqués de Mansera Virrey de estos reinos.".

Los documentos testimonian que como consecuencia de los
robos de plata y moneda sellada, la fuga de esclavos negros de
las hornazas de la Casa de Moneda eran frecuentes. El 6 de marzo
de 1642, se inicia proceso para investigar el robo de marcos de
plata y posterior fuga de esclavos negros de la hornaza de Juan
Bautista Rodríguez. El 19 de septiembre de 1651, esclavos
negros escalando paredes, roban del aposento del Ensaye "seis
rieles de plata y dos talegas de escobillas y cortaduras"
quitando palos de los techos de la oficina de Ensaye y de la
hornaza de Diego Moro. El 21 de junio de 1660, se investiga el
robo de plata y posterior fuga de esclavos negros de la hornaza
de Antonio García Cantero, haciendo "un agujero y barreno
por la pared de dicha hornaza" donde se tenía cantidad de
plata en cizalla y en otros géneros de plata. El 26 de
febrero de 1674, se fugan cua- tro esclavos negros mulatos y un
indio de la hornaza de Pedro Ponce, rompiendo la pared y subiendo
al tejado para saltar a la calle.

Es posible que el lector tenga una idea mítica y
lejana de la esclavitud en la Villa Imperia de Potosí.
Quizá por eso le sorprenda que la trata de esclavos se dio
en el periodo colonial, donde la esclavitud era legal
especialmente en la Casa de Moneda por imposición del Virrey
Toledo.

La trata de esclavos y el comercio negrero fue
acompañado, en la mayo- ría de los casos, por una
fuerte ideología racista, los negros eran conside- rados
seres inferiores, asimilados frecuentemente a animales, sin ni
siquiera poder ser considerados sujetos de derecho y por lo tanto
considerados,jurí- dicamente, como cosas. En el caso de los
indígenas se había decidido que tenían alma por lo
que no se les podía esclavizar.

Los esclavos permanecían años en las hornazas,
siendo trágicos prota-gonistas de la vida social potosina.
Sabemos que Fray Bartolomé de las Casas, luchó por la
dignidad de los indios, y que sin embargo no incluyó a los
negros en esa lucha. Peor aún: propugnó la
importación de esclavos africanos para liberar a los indios
de trabajos pesados. En 1517, pide a Carlos V que sustituya a los
indios por negros en el trabajo de las minas y en 1518 se
autoriza a Lorenzo de Garrevod a pasar 4.000 negros a
América.

Ahora sabemos que en la Villa Imperial existió la
esclavitud de gente negra traída del África, que a lo
largo del siglo XVII, se sintió con mayor impacto en la
sociedad colonial, donde el esclavo se convirtió en un
muerto viviente o fantasma, que se sentía separado de su
tierra, de su lengua,de sus costumbres y de su cultura. De
ahí que se convirtió en un ser hostil y rene- gado, por
el trabajo duro que desarrollaba y el trato que recibía en
las hor- nazas de la Casa de Moneda, donde el individuo estaba
bajo el dominio de un hornacero, perdiendo la capacidad de
disponer libremente de sí mismo.

En 1562, John Hawkins, un navegador inglés,debido a
la falta de esclavos en las Indias Occidentales, decidió
entrar en el tráfico de la pira- tería. Varios
caballeros de Londres contribuyeron con fondos generosamen- te
para la empresa. Hawkins con tres barcos y 100 hombres
navegó hasta la costa de Guinea, donde, por el soborno, el
engaño, la traición, y la fuerza, se procuró por
lo menos 300 negros y los vendió a los españoles en La
Española o Santo Domingo, regresando a Inglaterra con una
rica carga de perlas, azúcar y jengibre.

Los esclavos negros ya había sido introducido por
los españoles en las Indias Occidentales. Primero
esclavizaron a los nativos, pero éstos no soportaban el duro
trabajo,y pronto estuvieron casi extinguido por el trabajo duro y
la crueldad. Carlos V de España había concedido una
licencia a un negrero flamenco para importar 4.000 negros cada
año en las Indias Occidentales. Éste vendió su
licencia a los comerciantes geno- veses, quienes comenzaron un
comercio regular de seres humanos entre África y las
Antillas. Se determinó que continuara la trata de esclavos
negros ya que eran más fuertes que los nativos indios. El
dominico P. Las Casas y otros estuvieron a favor del sistema como
un medio para salvar a las tribus indias de su extinción.
Los ingleses entran en este comercio de seres humanos con fuerza,
desde mediados del siglo XVI. Se sabe que los reyes de Inglaterra
de la dinastía Stuart colaboraban con compañías
privilegiadas para este comercio, e incluso Carlos II y su
hermano James eran miembros de una de ellas.

Después de la revolución de 1688 el comercio
se abrió, y en 1713 una compañía de inglesa va a
obtener el privilegio de abastecer las colonias españolas en
América Central y del Sur, durante treinta años,
estipulando entregar 144.000 esclavos negros dentro de ese plazo.
Una cuarta parte de las acciones de la compañía fue
absorbida por el rey Felipe V de España, y la reina Ana de
Inglaterra se reservó para sí la cuarta parte restante.
Así que los dos monarcas se convirtieron en grandes
traficantes de esclavos.

LA ESCLAVITUD EN NORTEAMÉRICA.

Los primeros esclavos fueron introducidos en las
colonias americanas por un comerciante neerlandés, que, en
1619, vendió veinte de ellos a los colonos de Jamestown,
Virginia. Después de que el comercio entre América del
Norte y África se realizó de forma bastante vigorosa,
algunas colonias protestaron, y en el Congreso Continental, y
también en la mente del público, hubo un fuerte deseo
evidenciado la abolición de la trata de esclavos. Lawrence y
Southwick Cassandra fueron expulsados de la colo- nia de
Massachusetts, en 1658, bajo pena de muerte si vuellven. Su
crimen fue abrazar los principios y el modo de culto de los
cuáqueros. Sus dos hi- jos se quedaron en la pobreza
extrema. Ellos fueron multados por no asistir a la adoración
pública llevada a cabo por sus perseguidores. Los magistra-
dos insistieron en que la multa debe ser pagada, y aprobado el
orden si- guiente:"Considerando que, Southwick Daniel y Southwick
Disponiéndose, hijo e hija de Lawrence Southwick, ausentarse
de las ordenanzas públicas, después de haber sido
multados por los tribunales de Salem y de Ipswich, fingiendo que
no tienen propiedades, y la resolución de no trabajar, el
tribunal, da lectura previa de una ley que se hizo por cuenta de
las deudas, en lo que debe hacerse para la satisfacción de
las multas, se resuelve, que los tesoreros de varios condados son
y estarán plenamente facultados para vender dichas personas
a cualquiera de los nativos de Inglés en Virginia o Barbados
a responder a las multas" . Endicott, se dice, instó a la
ejecución de la medida con vehemencia, pero para el honor
del servicio marítimo, ningún capitán de barco en
el puerto de Boston podría ser inducido a convertirse en un
tratante de esclavos a favor del Tribunal General. Ellos se
salvaron de la brutal medida.

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