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Cantar de Túpac Amaru (página 2)




Enviado por Juan Gonzalez Soto



Partes: 1, 2

 

Señor Inca…

[…]

El indio te mostró la espalda

en que las nuevas mordeduras

brillaban en las cicatrices

[…]

Era un sollozo y otro sollozo.

Hasta que armaste la jornada

de los pueblos color de tierra,

recogiste el llanto en tu copa

y endureciste los senderos.

[…]

y Túpac es una semilla,

[…]

y Túpac se guarda en el surco,

[…]

y Túpac germina en la
tierra.

"Túpac Amaru (1781)" vv.
8-55

Pero conviene volver a la poesía
peruana. En 1962, José María Arguedas publica
"Tupac Amaru Kamaq Taytanchisman. Haylli-taki. A nuestro padre
creador Túpac Amaru. Himno-canción". Se trata de un
texto
bilingüe que traduce al castellano el
propio José María Arguedas. Según sostiene
Mario Vargas
Llosa, éste es el primero de sus poemas escrito
directamente en quechua (escribiría cinco
más).

La composición va precedida por una emotiva
dedicatoria:

Lucanas india, mamay
Doña Caytanaman, Auqa wasipi, wakcha warmalla kasiaqtiy,
pay, urpi sonqonwan, khuyay weqenwan uywallawarqa. Tawantin
Puquio ayllukunaq allin qarinkunaman. paykunapin qawarqani warma
sonqoywan comunerupa kallpanta, imay mana ruway
atisqanta.

A doña Cayetana, mi madre india, que me
protegió con sus lágrimas y su ternura cuando yo
era un niño huérfano alojado en una casa hostil y
ajena. A los comuneros de los cuatro ayllus de Puquio en quienes
sentí por vez primera la fuerza y la
esperanza.

El poema, recientemente reeditado por la revista
Anthropos, es un largo y hermoso poema de aliento
épico con intermedios líricos. Una voz plural, la
del pueblo indio contemporáneo, exalta la memoria del
hijo del Dios Serpiente, Túpac Amaru, y la angustia
alejada de toda resignación:

Qaparisianin, llaqtaykin kani, runayki; qanpa
mosoqmanta ruwasqaykin nunay, weqey, mana tanisqa kiriy.
Qan rimasqaykimanta, yawar mikuqjierroespañolwan
maqanakusqaykimantan, uyanta toqasqaykimantan, yawarniki
timpuq allpapi timpusqanmqntan manaña sonqoypi
qasilla kanñachu. Rupayllañan kan, amaru
cheqniyllañan kan, supay weraqochakunapaq,
sonqoypi
.

(v. 3)

Estoy gritando, soy tu pueblo; tú
hiciste de nuevo mi alma;
mis lágrimas las hiciste de nuevo; mi herida
ordenaste que no se cerrara, que doliera cada vez
más. Desde el día en que tú
hablaste, desde el tiempo
en que luchaste con el acerado y sanguinario español, desde el instante en que
le escupiste a la cara; desde cuando tu hirviente
sangre
se derramó sobre la hirviente tierra, en mi
corazón se apagó la paz y la
resignación. No hay sino fuego, no hay sino odio
de serpiente contra los demonios, nuestros
amos
.

(v. 3)

El poeta también pone de relieve la
comunión entre el mundo andino y la naturaleza:

Mayun takisian,

tuyan waqasian,

wayran muyusian,

ichun, tuta punchay
sukasian.

Wamanikunaq, apukunaq kirunpi, riti
sutusian.

hatun mayunchijmi
qaparisian.

¡Maypitaq kantu ñoqayku rayku
wañusqaykimanta!

(vv. 4-10)

Está cansado el
río,

está llorando la
calandria,

está dando vueltas el
viento;

día y noche la paja de la estepa
vibra;

nuestro río sagrado está
bramando;

en las crestas de nuestros Wamanis
montañas, en sus dientes, la nieve gotea y
brilla.

¿En dónde estás desde
que te mataron por nosotros?

(vv. 4-10)

Y convoca al Dios Serpiente. Le convoca a escuchar la
violencia y la
opresión desatadas que recorren el continente.
También nombra Cerro de Pasco que vivía, en los
años de publicación del poema, las revueltas que
posteriormente se novelan en La guerra
silenciosa:

Uyariy, papay, Amaruy,
uyarikuy:

balan sipisian,

metrallan yawarta
toqyachisian,

jierro cichullun runaq aychanta
kuchuchkan,

cawallun, irrajinwan, upa, llasaq chakinwan
umayta, wiksaykuta ñitisian,

kaypipas maypipas:

chiri wasa Cerro de Pasco
orqokunapi,

riti pampa allpaykipi,

rupaq, chin niq yunka, qomer kanchariy
yunkakunapi.

(vv. 23-31)

Escucha, padre mío, mi Dios
Serpiente, escucha:

las balas están
matando,

las ametralladoras están reventando
las venas,

los sables de hierro están cortando carne
humana;

los caballos, con sus herrajes, con sus
locos y pesados cascos, mi cabeza, mi estómago
están reventando,

aquí y en todas
partes;

sobre el lomo de las colinas de Cerro de
Pasco,

en las llanuras frías, en los
caldeados valles de la costa,

sobre la gran yerba viva, entre los
desiertos.

(vv. 23-31)

También debe tenerse en cuenta como antecedente
del "Cantar de Túpac Amaru" de Manuel Scorza el poema que
Alejandro Romualdo publica el año 1958 en la obra
Edición extraordinaria.

Los treinta y nueve versos de "Canto coral a
Túpac Amaru, que es la libertad", sus
efectos de simetría y sus reiteraciones confieren al
conjunto un ritmo y una sonoridad vivamente entroncados con la
letanía. El poema va precedido de una cita: "Yo ya no
tengo paciencia para aguantar esto" (Micaela
Bastidas).

A continuación se trancribe el poema de Alejandro
Romualdo:

Lo harán volar

con dinamita. En masa,

lo cargarán, lo arrastrarán. A
golpes

le llenarán de pólvora la
boca.

Lo volarán:

¡y no podrán matarlo!

Lo pondrán de cabeza.
Arrancarán

sus deseos, sus dientes y sus gritos.

Lo patearán a toda furia. Luego

lo sangrarán:

¡y no podrán matarlo!

Coronarán con sangre su cabeza;

sus pómulos, con golpes. Y con
clavos

sus costillas. Le harán morder el
polvo.

Lo golpearán:

¡y no podrán matarlo!

Le sacarán los sueños y los
ojos.

Querrán descuartizarlo grito a
grito.

Lo escupirán. Y a golpe de
matanza

lo clavarán:

¡y no podrán matarlo!

Lo pondrán en el centro de la
plaza,

boca arriba, mirando al infinito.

Le amarrarán los miembros. A la
mala

tirarán:

¡y no podrán matarlo!

Querrán volarlo y no podrán
volarlo.

Querrán romperlo y no podrán
romperlo.

Querrán matarlo y no podrán
matarlo.

Querrán descuartizarlo,
triturarlo,

mancharlo, pisotearlo, desalmarlo.

Querrán volarlo y no podrán
volarlo.

Querrán romperlo y no podrán
romperlo.

Querrán matarlo y no podrán
matarlo.

Al tercer día de los
sufrimientos,

cuando se crea todo consumado,

gritando ¡libertad! sobre la
tierra,

ha de volver.

Y no podrán matarlo.

El poema, transparente en apariencia, alude a dos
símbolos y en ellos se sustenta. Por un
lado, Cristo y el sacrificio; por otro, la tradición
incaica, la tortura de Túpac Amaru a manos de sus verdugos
en la plaza del Cuzco. Más allá del tenso
dramatismo y de la desgarrada violencia con que es contemplada y
se expresa la tortura y el aniquilamiento del líder
rebelde, un verso repite un único y pertinaz son de
bordón: ¡y no podrán matarlo!
Obstinadamente, se repite, tras cada estrofa, un anuncio de
esperanza.

Según la opinión del crítico
Antonio Melis, que prologa la edición
de Poesía íntegra, la obra poética
completa de Alejandro Romualdo, en un momento de crisis y
cambio este
texto representa la asimilación creativa de la
lección vallejiana. Romualdo intuye la solución
para una poesía política que no sea
celebración del presente o lamentación sobre el
pasado, sino proyección utópica hacia el
provenir.

El poema de Manuel Scorza apenas nombra a Túpac
Amaru más que en el título; sin embargo, su
espíritu es invocado como la fuerza que empuja a las
comunidades indias a levantarse contra la opresión. Se
inspira en la figura de José Gabriel Condorcanki Noguera
(1738-1781). Cacique de Pampamarca, Tuangasuca y Surinama,
tenía un origen ilustre: descendía en línea
recta de doña Juana Pilcowaco, hija del último inca
Túpac Amaru, ajusticiado por el virrey de Toledo en la
plaza del Cusco el año 1572.

Según afirma Joseph Pérez, gestionó
y consiguió, ante la Audiencia de Lima, ser reconocido por
la corona heredero de los señores que fueron de estos
reinos. Adopta,
así, ante la historia, el nombre con el
que entre los suyos ya era reconocido, Túpac
Amaru.

Según afirma Antonio Cornejo Polar, la
rebelión que promovió es la manifestación
mayor de cuantos movimientos son genéricamente
reconocibles por sus raíces indígena y campesina.
Pero no sólo eso, en palabras de Carlos Daniel
Valcárcel, una de las voces más autorizadas sobre
el levantamiento de Túpac Amaru según
opinión de Antonio Urrello, la rebelión de
Túpac Amaru es el movimiento
anticolonialista, reivindicador y precursor de justicia
social e independencia
política más importante que haya tenido el
Perú.

Puede decirse que comienza con una protesta contra la
tiranía colonial. Le sigue la gestión
pacífica dentro del marco de la ley. Cuando los
cauces administrativos han sido agotados, Túpac Amaru
ensaya la reclamación judicial. Silencio, ineficacia,
desinterés son los sucesivos encubrimientos de una doble
respuesta: mal gobierno e
injusticia. El sábado 4 de noviembre de 1780
estalló la gran rebelión.

Según opinión de Arturo Andrés
Roig, la lectura de
los documentos del
levantamiento muestra dos
facetas en el pensamiento y
la acción
de José Gabriel Condorcanqui Noguera. Por un lado, los
documentos exponen, de manera minuciosa, la injusta
explotación a que está sometida la población indígena, sobre todo en
las minas y en los obrajes textiles. Por otro lado, propone la
primera gran utopía de la unidad continental, la idea de
una Sudamérica; lo hace a través de un texto
solemne.

Alberto Flores Galindo opina, por su parte, que el
movimiento de Túpac Amaru reunió una serie de
rasgos y características muy diversas, incluso
antagónicas. Contenía un programa
antifiscal, un propósito integrador, la lucha
anticolonial, una base mesiánica y, también, un
germen de revolución
social. A su parecer, la sublevación de 1780, aun a pesar
de los propósitos conscientes y originales de sus
líderes, terminó siendo, con la destrucción
de iglesias, haciendas y obrajes, con el papel protagónico
y violento de las masas campesinas, una "revolución
social".

Ya se ha dicho que el "Cantar de Túpac Amaru" que
compuso Manuel Scorza nunca se ha publicado en su integridad, tan
sólo pueden leerse ocho de sus divisiones poéticas
numeradas. Cuanto pueda decirse sobre esta obra es, pues,
provisional. Pero hay aspectos muy concretos que pueden ser
comentados.

El poema se abre con una invocación a las
comunidades indias, a los hombres que las integran, a los
peruanos que viven bajo la injusticia. Son convocados al canto, a
escucharlo:

¡Reuníos,
reuníos!

¡Hombres del Perú, hombres
perseguidos como piojos, hombres pisoteados, hombres
tallados a sablazos, hombres que tienen una sola
camisa!

¡Escuchad el cantar de la Guerra de los
Pobres, oíd el cantar de Túpac
Amaru!

(I, vv. 30-32)

Este aspecto, el imperativo con que el poeta desea
reunir ante sí a quienes convoca, no ya a un auditorio en
su mero valor
retórico, sino al lector, es una clara muestra de que el
poema podría ser inscrito dentro de una poesía de
sentido político. Antonio Melis, que ha estudiado los
rasgos de que participa este tipo de poesía en el
Perú, opina que la profusión de imperativos
establece una relación unilineal con el lector. Otro de
los rasgos de la poesía política es el empleo de un
repertorio metafórico en el que predominan las imágenes
convencionales. Éstas, en su alternancia con las
provenientes de ámbitos surrealistas, redundan aún
más en la anulación de la participación
activa del lector. He aquí un ejemplo, la breve
división poética III:

Era invierno.

Era invierno,

en los pasos

aullaba el año
famélico.

¡Sólo encontraba
carroña!

Era invierno cuando chisporroteó la
Rabia.

¿Y dónde humeó la
pelea?

¿En Lima, la Tapada?

¿En Huamanga, la Beata?

¿En Trujillo, la Florida?

¿En el Cuzco, por sus tesoros
famosa?

¡En Tungasuca, la Mendiga, empolló su
flamígero huevo la Revuelta!

Manuel Scorza no quedó satisfecho con esta obra
que –quizá– quedara incompleta. Lo cierto es
que el poema, en contra de lo que el poeta pretendía,
avanza por una vertiente de índole política y no
épica. Es en verdad significativo que el poema no llegara
a ser incluido por Manuel Scorza en la reunión
poética Poesía incompleta. En 1978, le
decía a Josep Sarret: No sé si lo voy a publicar
[…] tengo ciertas vacilaciones; no estoy seguro de haber
logrado dar la auténtica dimensión de Túpac
Amaru.

 

Juan Gonzalez Soto

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