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Che Guevara, Poesía completa (página 3)




Enviado por Carlos Arturo



Partes: 1, 2, 3

  1. Una lágrima hacia
    ti

    Ay, Guatemala

    yo preparé mi sangre en
    batallones rojos

    para regarla entera sobre la tierra
    santa.

    ¡La conservo intacta

    en mi purpúrea alcurnia de soldado
    ileso!

    Silencios de derrota atisban mis
    insomnios.

    Los siento, en resabios de miel amarga,

    pringando mis acciones
    de recelo.

    Haz caído, Guatemala.

    Guía, esperanza, ejemplo de América, haz caído.

    ¡Titán de cenizas!

    ¡Desintegrada imagen de la
    fe vencida!

    El polvo que la ruina anuncia

    en los aires grises va formando nubes.

    Allá en los horizontes, se
    confunden

    con las nubes negras que provocan cascos

    de centauros-pulpos de prosapia rubia.

    Vienen sedientos a tu fresca savia;

    la tomarán a sorbos, "por la democracia"

    Mis ojos no pueden seguir siempre secos

    cuando están tan húmedos los de tu
    pueblo.

    El pueblo llora, Guatemala, pero cree.

    Llora pero sabe que el porvenir es fiel.

    Por aquel que no murió en la hora del
    combate

    (ese mismo que ahora muere sin cielo por
    testigo);

    por el que escapó a la muerte
    y la encontró de nuevo;

    por el dolor de dejarte y el de haberte
    perdido;

    por la enorme lágrima que llora el
    pueblo;

    por el porvenir;

    por ti y por mí;

    Guatemala, hoy que me alejo,

    envío esta lágrima esperanzada y
    doliente

    a dialogar futuros con tu pueblo inerme.

    M.I.O.

    Septiembre 1954

    Invitación al
    camino

    Para Helena Leiva de
    Holst

    Hermana, falta mucho para llegar al
    triunfo

    Hermana, falta mucho para llegar al
    triunfo.

    El camino es largo y el presente
    incierto;

    ¡el mañana es nuestro!

    No te quedes a la vera del camino.

    Sacia tus pies en este polvo eterno.

    Conozco tu cansancio y tu desazón tan
    grandes;

    sé que en el combate se opondrá tu
    sangre

    y sé que morirías antes que
    dañarla.

    A la reconquista ven, no a la matanza.

    Si desdeñas el fusil, empuña la
    fe;

    si la fe te falla, lanza un sollozo;

    si no puedes llorar, no llores,

    pero avanza, compañera,

    aunque no tengas armas y se
    niegue el norte.

    No te invito a regiones de
    ilusión,

    no habrá dioses, paraísos, ni
    demonios

    —tal vez la muerte
    oscura sin que una cruz la marque—.

    Ayúdanos hermana, que no te frene el
    miedo,

    ¡vamos a poner en el infierno el
    cielo!

    No mires a las nubes, los pájaros o el
    viento;

    nuestros castillos tienen raíces en el
    suelo.

    Mira el polvo, la tierra
    tiene

    la injusticia hambrienta de la esencia
    humana.

    Aquí este mismo infierno es la
    esperanza.

    No te digo allí, detrás de esa
    colina;

    no te digo allá, donde se pierde el
    polvo;

    no te digo, de hoy, a tantos días
    visto…

    Te digo: ven, dame tu mano cálida

    —esa que conocen mis enjugadas
    lágrimas—.

    Hermana, madre, compañera…
    ¡Camarada!

    este camino conduce a la batalla.

    Deja tu cansancio, deja tus temores,

    deja tus pequeñas angustias
    cotidianas.

    ¿Qué importa el polvo acre?,
    ¿qué importan los escollos?

    ¿Qué importa que tus hijos no escuchen
    el llamado?

    A su cárcel de green-backs vamos a
    buscarlos.

    Camarada, sígueme; es la hora de
    marchar…

    Diciembre del 54

  2. Canto General

    Cuando el tiempo
    haya tamizado un poco los andares políticos y al mismo
    tiempo —ineluctablemente— haya dado al pueblo su
    triunfo definitivo, surgirá este libro de
    Neruda como el más vasto poema sinfónico de
    América.

    Es poesía que muestra un
    hito y quizás una cumbre. Todo en ella, hasta los
    pocos (e inferiores) versos personales del final, respiran
    trascendencia. El poeta cristaliza esa media vuelta que dio,
    cuando abandonara su diálogo consigo mismo y descendiera (o
    subiera) a dialogar con nosotros, los simples mortales, los
    integrantes del pueblo.

    Es un canto general de América que da un
    repaso a todo lo nuestro desde los gigantes
    geográficos hasta las pobres bestezuelas del
    señor monopolio.

    El primer capítulo se llama "La
    lámpara en la tierra", y entre otros suena su saludo
    para el gigantesco Amazonas:

    Amazonas

    Capital de las sílabas del agua,

    padre patriarca…

    Al exacto colorido une la metáfora justa, da
    el ambiente,
    muestra su impacto en él, paya ya no como vagabundo
    alambicado, sino como hombre.

    Y precisamente el primer capítulo de su
    descripción que pudiéramos
    llamar "precolombina" se cierra con "Los hombres", nuestros
    abuelos lejanos:

    Como la copa de arcilla era

    la raza minera, el hombre

    hecho de piedras y de atmósfera,

    limpio como los cántaros, sonoro.

    Luego el poeta encuentra la síntesis de lo que era la
    América nuestra, su símbolo más grande,
    y canta entonces a las "Alturas de Macchu-Picchu".

    Es que Macchu-Picchu es la obra de ingeniería aborígen que llega
    más a nosotros; por su simpleza elegante, por su
    tristeza gris, por el maravilloso panorama circundante, por
    el Urumbamba aullando abajo. La síntesis de
    Macchu-Picchu es hecha por tres versos que son tres
    definiciones de una categoría casi
    goethiana:

    Madre de piedra, espuma de los
    cóndores.

    Alto arrecife de la aurora humana

    Pala perdida en la primera arena

    Pero no se conforma con definirla e historiarla, y
    en un arranque de locura poética echa todo su saco de
    metáforas deslumbrantes y a veces herméticas
    sobre la ciudad símbolo y después invoca su
    ayuda:

    Dadme el silencio, el agua,
    la esperanza

    Dadme la lucha, el hierro,
    los volcanes

    ¿Qué ha sucedido? Todos conocen la
    secuencia de la historia: en
    el horizonte aparecieron "Los conquistadores".

    Los carniceros desolaron las islas

    Guahananí fue la primera

    en esa historia de martirios.

    Y van pasando Cortés, Alvarado, Balboa,
    Ximénez de Quesada, Pizarro, Valdivia. Todos son
    lacerados sin piedad por su canto detonante como un
    pistoletazo. Para el único que tiene palabras de
    cariño es para Ercilla, el cantor de la gesta
    Araucana:

    Hombre, Ercilla sonoro, oigo el pulso del
    agua

    de tu primer amanecer, un frenesí de
    pájaros

    y un trueno en el follaje

    Deja, deja tu huella

    de águila rubia, destroza

    tu mejilla contra el maíz
    salvaje,

    todo será en la tierra devorado.

    Sin embargo, la conquista seguirá y
    dará lo suyo a América, por eso dice Neruda, "A
    pesar de la ira":

    Pero a través del juego y la
    herradura

    domo de un manantial iluminado

    por la sangre sombría,

    con el metal hundido en el tormento

    se derramó una luz sobre la
    tierra:

    número, nombre, línea y estructura.

    Así con el sangriento

    titán de piedra,

    halcón encarnizado

    no sólo llegó sangre sino
    trigo.

    La luz vino a pesar de los
    puñales.

    Pero la noche de España
    acaba y la noche del monopolio es amenazada. Todos los
    grandes de América tienen su sitio en el canto, desde
    los viejos libertadores hasta los nuevos, los Prestes, los
    que lucha con el pueblo codo a codo.

    Ahora la detonación desaparece y un gran
    canto de alegría y esperanza salpica al lector. Pero
    suena especialmente la gesta de su tierra. Lautaro y sus
    guerreros y Caupolicán el empalado.

    "Lautaro contra el centauro (1554)" da la idea
    justa.

    La fatiga y la muerte conducían

    la tropa de Valdivia en el follaje.

    Se acercaban las lanzas de Lautaro.

    Entre los muertos y las hojas iba

    Como en un túnel Pedro de
    Valdivia.

    En las tinieblas llegaba Lautaro.

    Pensó en Extremadura pedregosa,

    en el dorado aceite, en
    la cocina,

    en el jazmín dejado en ultramar.

    Reconoció el aullido de Lautaro.

    Valdivia vio venir la luz, la aurora,

    tal vez la vida, el mar.

    Era Lautaro.

    No podía faltar en su canto la reunión
    misteriosa de Guayaquil, y en las líneas de la
    entrevista política palpita el espíritu de
    los dos grandes generales.

    Pero no todo fue lucha heroica y limpia de los
    libertadores, también hubo traiciones, verdugos,
    carceleros, asesinos. "La arena traicionada" se abre con "Los
    verdugos":

    Sauria, escamosa América enrollada

    al crecimiento
    vegetal, al mástil

    erigido en la ciénaga:

    amamantaste hijos terribles

    con venenosa leche de
    serpiente,

    tórridas cunas encubaron

    y cubrieron con barro amarillo

    una progenie encarnizada.

    El gato y la escorpiona fornicaron

    En la patria selvática

    Y aparecen y desfilan los Rosas,
    Francias, García Morenos, etc., y no sólo
    nombres, instituciones, castas, grupos.

    A sus colegas "Los poetas celestes" les
    pregunta:

    Qué hicisteis vosotros gidistas,

    intelectualistas, rilkistas,

    misterizantes, falsos brujos

    existenciales, amapolas

    surrealistas encendidas

    en una tumba, europeizados

    cadáveres de la moda,

    pálidas lombrices del queso

    capitalista…

    Y cuando llega a las compañías
    norteamericanas, su poderosa voz respira piedad por las
    víctimas y asco y odio hacia los pulpos, hacia todos
    los que fraccionan y degluten nuestra
    América:

    Cuando sonó la trompeta, estuvo

    Todo preparado en la tierra,

    y Jehová repartió el mundo

    a Coca-Cola
    Inc., Anaconda,

    Ford Motors, y otras entidades:

    la Compañía Frutera Inc.

    se reservó lo más jugoso,

    la costa central de mi tierra,

    la dulce cintura de América.

    A González Videla, el presidente que lo
    envía al exilio, le grita:

    Triste clown, miserable

    mezcla de mono y rata, cuyo rabo

    peinan en Wall Street con pomada de oro.

    Pero no todo ha muerto tampoco, y de la esperanza
    brota su grito:

    América, no invoco tu nombre en
    vano.

    Se concentra luego en su patria dando el "Canto
    general de Chile" donde después de describirlo y
    cantarlo da su "Oda de invierno al río
    Mapocho".

    Oh, sí, nieve imprecisa,

    oh, sí, templando en plena flor de
    nieve,

    párpado boreal, pequeño rayo
    helado

    ¿quién, quién te llamó
    hacia el ceniciento valle,

    quién, quién le arrastró desde
    el pico del águila

    hasta donde tus aguas puras tocan

    los terribles harapos de mi patria?

    Y entonces viene la tierra, "La tierra se llama
    Juan", y entre el canto inhábil que cada obrero da se
    oye el de Margarita Naranjo, que desgarra con su patetismo
    desnudo:

    Estoy muerta. Soy de María Elena.

    Y después se vuelve furioso contra los
    principales culpables, contra los monopolios, y le dedica a
    un soldado yanqui su poema "Que despierte el
    leñador":

    Al oeste de Colorado River

    hay un sitio que amo

    Y le advierte:

    Será implacable el mundo para
    vosotros.

    No sólo serán las islas despobladas,
    sino el aire

    que ya conoce las palabras que les son
    queridas.

    Y desde el laboratorio cubierto de enredaderas

    Saldrá también el átomo
    desencadenado

    Hacia vuestras ciudades orgullosas.

    González Videla desata la persecución
    contra él y lo convirtió en "El fugitivo",
    desde aquí su canto cae algo, parece como si la
    improvisación campeara desde ese momento en su canto y
    pierde entonces la altura de su metáfora y el delicado
    ritmo de su idea. Luego siguen "Las flores de Punitaqui" y
    luego saluda a sus colegas de habla
    hispánica.

    En "Coral de año nuevo para mi patria en
    tinieblas", polemiza con el gobierno
    de Chile y después recuerda "El gran océano"
    con su Rapa Nui:

    Tepito-Te-Henúa, ombligo del mar
    grande,

    taller del mar, extinguida diadema.

    Y acaba el libro con su "Yo soy", donde hace su
    testamento luego de repasarse a sí mismo:

    Dejo a los sindicatos

    del cobre, del
    carbón y del salitre

    mi casa junto al mar de Isla Negra.

    Quiero que allí reposen los maltratados
    hijos

    de mi patria, saqueada por hachas y
    traidores,

    desbaratada en su sagrada sangre,

    consumida en volcánicos harapos.

    Dejo mis viejos libros,
    recogidos

    en rincones del mundo, venerados

    en su tipografía majestuosa,

    a los nuevos poetas de América,

    a los que un día

    hilarán en el ronco telar
    interrumpido

    las significaciones de mañana.

    Y finalmente grita:

    Aquí termino:

    y nacerá de nuevo esta palabra,

    tal vez en otro tiempo sin dolores,

    sin las impuras hebras que adhirieron

    negras vegetaciones en mi canto,

    y otra vez en la altura estará
    ardiendo

    mi corazón quemante y
    estrellado.

    Así termina este libro, aquí
    dejo

    mi Canto General escrito

    en la persecución cantando, bajo

    las olas clandestinas de mi patria.

    Hoy 5 de febrero, en este año

    de 1949, en Chile, en "Godomar

    de Chena", algunos meses antes

    de los cuarenta y cinco años de mi
    edad.

    Y con este final de François Villon acaba el
    libro más alto de América poética. La
    épica de nuestro tiempo de tocar con sus alas curiosas
    todo lo bueno y lo malo de la gran patria.

    No hay espacio para otra cosa que la lucha; como en
    La araucana de su antecesor genial, todo es combate continuo,
    y su caricia es la caricia desmañada del soldado, no
    por eso menos amorosa pero cargada de fuerzas de la
    tierra.

  3. Ernesto Che Guevara

  4. [Ernesto Che
    Guevara. Los dejo ahora conmigo mismo: el que fui. Ocean
    Press y Centro de Estudios Che Guevara. Melbourne, Nueva Cork
    y La Habana, 2004, págs. 252-258.]

    Poemas a
    Che Guevara

  5. (Selección)

    Nació en 1902, en la provincia de
    Camagüey, Cuba. Su
    producción poética gira
    alrededor de dos grandes motivos: la situación social
    y la cultura
    mulata. A la par de composiciones que imitan el ritmo de las
    danzas negras se encuentran las de compromiso con los
    desposeídos, convirtiéndose en un representante
    genuino de la poesía negra o afroantillana. Su
    militancia comunista, iniciada en 1937, le valió la
    cárcel y el destierro. Tras el triunfo de la Revolución cubana en 1959,
    desempeñó cargos y misiones diplomáticas
    de relieve.

    Entre sus principales obras poéticas se
    encuentran "Sóngoro cosongo" (1930), "West Indies,
    Ltd." (1934), España (1937), "Sones para turistas y
    cantos para soldados" (1937) y el "Son entero" (1947). Su
    júbilo ante la Cuba revolucionaria lo expresó
    en "Tengo" (1964) y "El diario que a diario"
    (1972).

    Falleció en La Habana, en 1989.

    Che Comandante

    No porque hayas caído

    tu luz es menos alta.

    Un caballo de fuego

    sostiene tu escultura guerrillera

    entre el viento y las nubes de la Sierra.

    No por callado eres silencio.

    Y no porque te quemen,

    porque te disimulen bajo tierra,

    porque te escondan

    en cementerios, bosques, páramos,

    van a impedir que te encontremos,

    Che Comandante,

    amigo.

    Con sus dientes de júbilo

    Norteamérica ríe. Más de
    pronto

    revuélvese en su lecho

    de dólares. Se le cuaja

    la risa en una máscara,

    y tu gran cuerpo de metal

    sube, se disemina

    en las guerrillas, como tábanos,

    y tu ancho nombre herido por soldados

    ilumina la noche americana

    como una estrella súbita,
    caída

    en medio de una orgía.

    Tú lo sabías, Guevara,

    pero no lo dijiste por modestia,

    por no hablar de ti mismo,

    Che Comandante,

    amigo.

    Estás en todas partes. En el indio

    hecho de sueño y cobre. Y en el
    negro

    revuelto en espumosa muchedumbre,

    y en el ser petrolero y salitrero,

    y en el terrible desamparo

    de la banana, y en la gran pampa de las
    pieles,

    y en el azúcar y en la sal y en los
    cafetos,

    tú, móvil estatua de tu sangre como te
    derribaron,

    vivo, como no te querían,

    Che Comandante,

    amigo.

    Cuba te sabe de memoria.
    Rostro

    de barbas que clarean. Y marfil

    y aceituna en la piel de
    santo joven.

    Firme la voz que ordena sin mandar,

    que manda compañera, ordena amiga,

    tierna y dura de jefe camarada.

    Te vemos cada día ministro,

    cada día soldado, cada día

    gente llana y difícil

    cada día.

    Y puro como un niño

    o como un hombre puro,

    Che Comandante,

    amigo.

    Pasas en tu descolorido, roto, agujereado

    traje de campaña.

    El de la selva, como antes

    fue el de la Sierra. Semidesnudo

    el poderoso pecho de fusil y palabra,

    de ardiente vendaval y lenta rosa.

    No hay descanso.

    ¡Salud,
    Guevara!

    O mejor todavía desde el hondón
    americano:

    Espéranos. Partiremos contigo.
    Queremos

    morir para vivir como tú has
    muerto,

    para vivir como tú vives,

    Che Comandante,

    amigo.

    Che Guevara

    Como si San Martín la mano pura

    a Martí familiar tendido
    hubiera,

    como si el Plata vegetal viniera

    con el Cauto a juntar agua y ternura,

    así Guevara, el gaucho de voz
    dura,

    brindó a Fidel su sangre
    guerrillera

    y su ancha mano fue más
    compañera

    cuando fue nuestra noche más
    oscura.

    Huyó la muerte. De su sombra
    impura,

    del puñal, del veneno, de la
    fiera,

    solo el recuerdo bárbaro perdura.

    Hecha de dos un alma
    brilla entera,

    como si San Martín la mano pura

    a Martí familiar tendido
    hubiera.

    Guitarra en duelo
    mayor

    Soldadito de Bolivia,

    Soldadito Boliviano,

    Armado vas de tu rifle

    Que es un rifle americano.

    Que es un rifle americano

    Soldadito de Bolivia,

    Que es un rifle americano.

    Te lo dio el señor Barrientos,

    Soldadito Boliviano.

    Regalo de Mr. Johnson

    Para matar a tu hermano.

    Para matar a tu hermano

    Soldadito de Bolivia,

    Para matar a tu hermano.

    No sabes quien es el muerto,

    Soldadito Boliviano.

    El muerto es el Che Guevara

    Y era argentino y cubano.

    Y era argentino y cubano

    Soldadito de Bolivia,

    Y el argentino y cubano.

    El fue tu mejor amigo,

    Soldadito Boliviano.

    El fue amigo del pobre

    Del oriente al altiplano.

    Del oriente al altiplano

    Soldadito de Bolivia,

    Del oriente al altiplano.

    Está mi guitarra entera,

    Soldadito Boliviano,

    De luto, pero no llora

    Aunque llorar es humano.

    Aunque llorar es humano

    Soldadito de Bolivia,

    Aunque llorar es humano.

    No llora porque la hora,

    Soldadito Boliviano

    No es de lagrima y pañuelo,

    Sino de machete en mano.

    Sino de machete en mano

    Soldadito de Bolivia,

    Sino de machete en mano.

    Con el cobre que te paga,

    Soldadito Boliviano,

    Que te vendes, que te compras,

    Es lo que piensa el tirano.

    Es lo que piensa el tirano

    Soldadito de Bolivia,

    Es lo que piensa el tirano.

    Pero aprenderás seguro,

    Soldadito Boliviano,

    Que a un hermano no se mata

    Que no se mata a un hermano

    Que no se mata a un hermano.

    Soldadito de Bolivia,

    Que no se mata a un hermano

    ¡Que no se mata a un hermano!

    Lectura de domingo

    He leído acostado

    todo un blando domingo.

    Yo en mi lecho tranquilo,

    mi suave cabezal,

    mi cobertor bien limpio,

    tocando piedra, lodo, sangre,

    garrapata, sed,

    orines, asma:

    indios callados que no entienden,

    soldados que no entienden,

    señores teorizantes que no
    entienden,

    obreros, campesinos que no entienden

    soldados teorizantes que no entienden.

    Terminas de leer,

    quedan tus ojos fijos

    ¿en qué sitio del viento?

    El libro ardió en mis manos,

    lo he puesto luego abierto,

    como una brasa pura,

    sobre mi pecho.

    Siento las últimas palabras

    subir desde un gran hoyo negro.

    Inti, Pablito, el Chino y Aniceto.

    El cinturón del cerco.

    La radio del
    ejército

    mintiendo.

    Aquella luna pequeñita

    colgando suspendida

    a una legua de Higueras

    y dos de Pucará.

    Después silencio.

    No hay más páginas.

    Esto se pone serio.

    Esto se acaba pronto

    termina.

    Va a encenderse.

    Se apaga.

    Va a nacer.

    [Obra poética de Nicolás
    Guillén. Edit. Letras Cubanas, 2002. Dos
    vols.]

  6. Nicolás Guillén

    Nació en Chile, en 1904. Se dio a conocer con
    "20 poemas de
    amor y una
    canción desesperada" (1924). Su tono es turbulento y
    oscuro con "Residencia en la tierra" (1925-1935). La lucha de
    los republicanos inspiró "España en el
    corazón" (1937). Nombrado senador (1945), la
    persecución ideológica lo obligó a
    exiliarse. En 1950, publicó "Canto general" (1950), su
    obra más ambiciosa y que acompañó a Che
    en su mochila de la guerrilla boliviana. Guevara
    escribió un comentario desconocido sobre ese libro
    exuberante.

    Entre la vasta nerudalia, destacan: "Tercera
    residencia" (1947), "Odas elementales" (1954), "Tercer libro
    de odas" (1957); "Navegaciones y regresos" y "Cien sonetos de
    amor" (1959); "Memorial de Isla Negra" (1964), "Arte de
    pájaros" (1966), "Las manos del día" (1968),
    "Aún" (1969) y "Fin del mundo" (1970).

    Recibió el Premio Nobel de Literatura en
    1971. Murió en 1973, pocos días después
    del golpe militar y de la trágica muerte del
    presidente Salvador Allende

    Tristeza en la muerte de un
    Héroe

    Los que vivimos esta historia, esta muerte y
    resurrección de nuestra esperanza enlutada,

    los que escogimos el combate y vimos crecer las
    banderas, supimos que los más callados

    fueron nuestros únicos héroes y que
    después de las victorias llegaron los
    vociferantes

    llena la boca de jactancia y de proezas
    salivares.

    El pueblo movió la cabeza:

    y volvió el héroe a su
    silencio.

    Pero el silencio se enlutó hasta ahogarnos en
    el luto cuando moría en las montañas

    el fuego ilustre de Guevara.

    El comandante terminó asesinado en un
    barranco.

    Nadie dijo esta boca es mía.

    Nadie lloró en los pueblos indios.

    Nadie subió a los campanarios.

    Nadie levantó los fusiles, y cobraron la
    recompensa aquellos que vino a salvar

    el comandante asesinado.

    ¿Qué pasó, medita el contrito,
    con estos acontecimientos?

    Y no se dice la verdad pero se cubre con papel esta
    desdicha de metal.

    Recién se abría el derrotero y cuando
    llegó la derrota fue como un hacha que
    cayó

    en la cisterna del silencio.

    Bolivia volvió a su rencor, a sus oxidados
    gorilas, a su miseria intransigente,

    y como brujos asustados los sargentos de la
    deshonra, los generalitos del crimen,

    escondieron con eficiencia el
    cadáver del guerrillero como si el muerto los
    quemara.

    La selva amarga se tragó los movimientos, los
    caminos, y donde pasaron los pies

    de la milicia exterminada hoy las lianas aconsejaron
    una voz verde de raíces

    y el ciervo salvaje volvió al follaje sin
    estampidos.

     

    [Fin del mundo. Santiago, Edición de la Sociedad
    de Arte Contemporáneo, 1969.]

  7. Pablo Neruda

    Nació en Cuba, en 1910. Dirigió varias
    revistas literarias, entre ellas "Orígenes"
    (1944-1956). Su poesía, rica en imágenes y en parte hermética,
    se basa en un conocimiento profundo de Góngora,
    Platón, los poetas órficos y los
    filósofos gnósticos.

    Entre sus obras destacan "Muerte de Narciso" (1937),
    "Enemigo rumor" (1941), "Aventuras sigilosas" (1945), "La
    fijeza" (1949) y "Dador" (1960). Son notables sus ensayos de
    interpretación estética "Analecta del reloj" (1953),
    "La expresión americana" (1957) y "Tratados
    en La Habana" (1959). En 1966 publicó su
    "Antología de la poesía
    cubana".

    Su novela
    "Paradiso" (1966) lo situó a la vanguardia
    de la novelística hispanoamericana
    contemporánea. "Oppiano Licario" es una novela
    inconclusa, que apareció póstumamente en 1977,
    y en 1978 la recopilación poética "Fragmentos a
    su imán".

    Murió el 9 de agosto de 1976.

    Ernesto Guevara, comandante
    nuestro

    Ceñido por la última prueba, piedra
    pelada de los comienzos para oír las inauguraciones
    del verbo, la muerte lo fue a buscar. Saltaba de chamusquina
    para árbol, de alquileida caballo hablador para hamaca
    donde la india, con
    su cántaro que coagula los sueños, lo trae y lo
    lleva. Hombre de todos los comienzos, de la última,
    del quedarse con una sola muerte, de particularizarse con la
    muerte, piedra sobre piedra, piedra creciendo el
    fuego.

    Las citas con Tupac Amaru, las charreteras
    bolivarianas sobre la plata del Potosí, le despertaron
    los comienzos, la fiebre,
    los secretos de ir quedándose para siempre. Quiso
    hacer de los Andes deshabitados, la casa de los secretos. El
    huso del transcurso, el aceite amaneciendo, el carbunclo
    trocándose en la sopa mágica. Lo que se
    ocultaba y se dejaba ver era nada menos que el sol,
    rodeado de medialunas incaicas, de sirenas del
    quito de
    Viracocha, sirenas con sus grandes guitarras. El medialunero
    Viracocha transformando las piedras en guerreros y los
    guerreros en piedras. Levantando por el sueño y las
    invocaciones la ciudad de las murallas y las armaduras. Nuevo
    Viracocha, de él se esperaban todas las saetas de la
    posibilidad y ahora se esperaban todas las saetas de la
    posibilidad y ahora se esperan todos los prodigios en la
    ensoñación.

    Como Anfiareo, la muerte no interrumpe sus
    recuerdos. La aristía, la protección en el
    combate, la tuvo siempre a la hora de los gritos y la
    arreciada del cuello, pero también la areteia, el
    sacrificio, el afán de holocausto. El sacrificarse en la
    pirámide funeral, pero antes dio las pruebas
    terribles de su tamaño para la transfiguración.
    Donde quiera que hay una piedra, decía Nietzsche,
    hay una imagen. Y su imagen es uno de los comienzos de los
    prodigios, del sembradío en la piedra, es decir, el
    crecimiento tal como aparece en las primeras
    teogonías, depositando la región de la fuerza en
    el espacio vacío.

    [Casa de las Américas, La Habana, Año
    VIII, No. 46, enero-febrero 1968.]

  8. José Lezama Lima

  9. Nació en La Habana, en 1912. Fue la primera
    mujer en
    incorporarse al Partido Comunista de Cuba, en 1932. Durante
    la dictadura
    de Gerardo Machado se exilió en México.

    Su primer libro de poesía, "Presencia
    interior", se publicó en 1938. Sus ensayos fueron
    galardonados: "Influencia de la mujer
    en Iberoamérica" (1947), "Un hombre a través de
    su obra: Miguel de Cervantes
    Saavedra" (1948), "Del encausto a la sangre: Sor Juana
    Inés de la Cruz" (1974). En 1970 publicó
    "Canción Antigua a Che Guevara".

    Es autora de la "Introducción" a la edición
    cubana de "El ingenioso hidalgo Don Quijote de la
    Mancha" (1972). Dirigió el Instituto de Literatura
    y Lingüística de la Academia de
    Ciencias
    de Cuba, cargo desde el cual dirigió la
    publicación del Diccionario de Literatura
    Cubana. En 1980, en el año de su fallecimiento,
    publicó "Ayer de hoy", selección de ensayos,
    artículos y poemas inéditos.

    Canción Antigua a Che
    Guevara

    —Dónde estás, caballero
    Bayardo,

    caballero sin miedo y sin tacha?.

    —En el viento, señora, en la
    racha

    que aciclona la llama en que ardo.

    —Dónde estás, caballero
    gallardo,

    caballero sin tacha y sin miedo?

    —En la flor que a mi vida concedo:

    en el cardo, señora, en el cardo.

    —Dónde estás, caballero
    seguro,

    caballero del cierto destino?

    —Con la espada aclarando camino

    al futuro, señora, al futuro.

    —Dónde estás, caballero el
    más puro,

    caballero el mejor caballero?

    —Encendiendo el hachón
    guerrillero

    en lo oscuro, señora, en lo
    oscuro.

    —Dónde estás, caballero el
    más fuerte,

    caballero del alba
    encendida?

    —En la sangre, en el polvo, en la
    herida,

    en la muerte, señora, en la
    muerte.

    —Dónde estás, caballero ya
    inerte,

    caballero ya inmóvil, y andante?

    —En aquel que haga suyos mi guante

    y mi suerte, señora, mi suerte.

    —Dónde estás, caballero de
    gloria,

    caballero entre tantos primero?

    —Hecho saga en la muerte que muero;

    hecho historia, señora, hecho
    historia.

    [Instituto Cubano del Libro, 1 pp., pleg., La
    Habana, 1970. García Marruz, Fina. Sobre
    Canción Antigua a Che Guevara. Unión, No. 2,
    págs. 129-134, La Habana, junio, 1975.]

  10. Mirta Aguirre

    Nació en Bruselas en 1914. A partir de los
    cuatro años vivió en la Argentina, a la que
    pertenece por sangre, formación y lenguaje.
    Se incorporó al movimiento
    literario argentino con el libro de sonetos "Presencia"
    (1938).

    De 1949 es su obra dramática "Los reyes". En
    1951, publicó "Bestiario". En los años sesenta
    se difundieron las novelas que
    le dieron renombre internacional: "Los premios" (1960),
    "Rayuela" (1963), "62/Modelo
    para armar" (1968) y "Libro de Manuel" (1973).

    Otros libros que incluyen relatos, cuentos y
    géneros híbridos, son: "Final de juego"(1956),
    "Las armas secretas" (1959), "Historias de cronopios y famas"
    (1962), "Todos los fuegos el fuego" (1966), "La vuelta al
    día en ochenta mundos" (1967), "Último round"
    (1968), "Octaedro" (1974), "Alguien que anda por ahí"
    (1977), "Un tal Lucas" (1979), "Queremos tanto a Glenda"
    (1980), "Deshoras" (1982).

    Murió en París, el 12 de febrero de
    1984. Ese año, en México se publicó el
    poemario "Salvo el crepúsculo".

    Carta a Roberto Fernández
    Retamar

    París, 29 de octubre de 1967.

    Roberto, Adelaida, mis muy queridos:

    Anoche volví a París desde Argel. Solo
    ahora, en mi casa, soy capaz de escribirles coherentemente;
    allá, metido en un mundo donde sólo contaba
    el
    trabajo, dejé irse los días como en una
    pesadilla, comprando periódico tras periódico, sin
    querer convencerme, mirando esas fotos que
    todos hemos mirado, leyendo los mismos cables y entrando hora
    a hora en la más dura de las aceptaciones. Entonces me
    llegó telefónicamente tu mensaje, Roberto, y
    entregué ese texto que
    debiste recibir y que vuelvo a enviarte aquí por si
    hay tiempo de que lo veas otra vez antes de que se imprima,
    pues sé lo que son los mecanismos del télex y
    lo que pasa con las palabras y las frases. Quiero decirte
    esto: no sé escribir cuando algo me duele tanto, no
    soy, no seré nunca el escritor profesional listo a
    producir lo que se espera de él, lo que le piden o lo
    que él mismo se pide desesperadamente. La verdad es
    que la escritura,
    hoy y frente a esto, me parece la más banal de las
    artes, una especie de refugio, de disimulo casi, la
    sustitución de lo insustituible. El Che ha muerto y a
    mí no me queda más que silencio, hasta
    quién sabe cuándo; si te envié este
    texto fue porque eras tú quien me lo pedía, y
    porque sé cuánto querías al Che y lo que
    él significaba para ti. Aquí en París
    encontré un cable de Lisandro Otero pidiéndome
    ciento cincuenta palabras para Cuba. Así, ciento
    cincuenta palabras, como sin uno pudiera sacarse las palabras
    del bolsillo como monedas. No creo que pueda escribirlas,
    estoy vacío y seco, y caería en la
    retórica. Y eso no, sobre todo eso no. Lisandro me
    perdonará mi silencio, o lo entenderá mal, no
    me importa; en todo caso tu sabrás lo que siento.
    Mira, allá en Argel, rodeado de imbéciles
    burócratas, en una oficina donde
    se seguía con la rutina de siempre, me encerré
    una y otra vez en el baño para llorar; había
    que estar en un baño, comprendes, para estar solo,
    para poder
    desahogarse sin violar las sacrosantas reglas del buen vivir
    en una organización internacional. Y todo esto
    que te cuento
    también me avergüenza porque hablo de mí,
    la eterna primera persona del
    singular, y en cambio me
    siento incapaz de decir nada de él. Me callo entonces.
    Recibiste, espero, el cable que te envié antes de tu
    mensaje. Era mi única manera de abrazarte, a ti y a
    Adelaida, a todos los amigos de la Casa. Y para ti
    también es esto, lo único que fui capaz de
    hacer en esas primeras horas, esto que nació como un
    poema y que quiero que tengas y que guardes para que estemos
    más juntos.

    Che

    Yo tuve un hermano.

    No nos vimos nunca

    pero no importaba.

    Yo tuve un hermano

    que iba por los montes

    mientras yo dormía.

    Lo quise a mi modo,

    le tomé su voz

    libre como el agua,

    caminé de a ratos

    cerca de su sombra.

    No nos vimos nunca

    pero no importaba,

    mi hermano despierto

    mientras yo dormía,

    mi hermano mostrándome

    detrás de la noche

    su estrella elegida.

    Ya nos escribiremos. Abraza mucho a Adelaida. Hasta
    siempre,

    Julio

    Mensaje al hermano

    Ahora serán las palabras, las más
    inútiles o las más elocuentes, las que brotan
    de las lágrimas o de la cólera; ahora leeremos bellas
    imágenes sobre el fénix que renace de las
    cenizas, en poemas y discursos
    se irá fijando para siempre la imagen del Che.
    También éstas que escribo son palabras, pero no
    las quiero así, no quiero yo ser quien hable de
    él. Pido lo imposible, lo más inmerecido, lo
    que me atreví a hacer una vez, cuando él
    vivía: pido que sea su voz la que se asome
    aquí, que sea su mano la que escriba estas
    líneas. Sé que es absurdo y que es imposible, y
    por eso mismo creo que él escribe esto conmigo, porque
    nadie supo mejor hasta qué punto lo absurdo y lo
    imposible serán un día la realidad de los
    hombres, el futuro por cuya conquista dio su joven, su
    maravillosa vida. Usa entonces mi mano una vez más,
    hermano mío, de nada les habrá valido cortarte
    los dedos, de nada les habrá valido matarte y
    esconderte con sus torpes astucias. Toma, escribe: lo que me
    quede por decir y por hacer lo diré y lo haré
    siempre contigo a mi lado. Sólo así
    tendrá sentido seguir viviendo.

    [Fervor de la Argentina, Ediciones del Sol, Buenos Aires,
    1993.]

  11. Julio Cortázar

    Nació en 1915, en Prades, Francia,
    de padres estadounidenses. Tras licenciarse dos veces,
    trabajó en un centro católico en Harlem, Nueva
    York. Combatió como soldado en la Segunda
    Guerra Mundial. Se convirtió al catolicismo en
    1941 e ingresó en el monasterio trapense de Nuestra
    Señora de Getsemaní, en Kentucky. Se
    ordenó sacerdote en 1949 y adoptó el nombre de
    Padre Luis. "La montaña de siete círculos"
    (1948) es el relato de su conversión.

    Además de sus libros sobre meditación,
    escribió las obras de poesía "Figuras para un
    Apocalipsis" (1948), "Las lágrimas de los leones
    ciegos" (1949) y "Las islas extranjeras" (1957).

    Merton y Robert Lowell, otro converso al
    catolicismo, son considerados los dos poetas jóvenes
    más importantes de los Estados Unidos.

    Falleció en 1968.

    Letters to Che: Canto
    bilingüe

    Te escribo cartas,
    Che,

    En la sazón de lluvias

    Envenenadas.

    They came without faces

    Found you with eyeless rays

    The tin grasshoppers

    With five-cornered magic

    Wanting to feed you

    To the man-eating computer

    Te escribo cartas, Guerrero,

    Vestido de hojas y lunas

    But you won and became

    The rarest jungle tree

    A lost leopard

    Out of metal’s way

    Te escribo cartas

    Hermano invisible

    Gato de la noche lejana

    Cat of far nights

    Whisper of a Bolivian kettle

    Cry

    Of an Inca hill

    Te escribo cartas, Niño

    De la música
    callada.

    [Tomado de: Poemas al Che. Ed. Instituto del Libro,
    La Habana, Cuba, 1969.]

  12. Thomas Merton

    Nació en Uruguay en
    1920. Su obra narrativa breve la ha reunido en dos ocasiones
    (1970 y 1994) con el título "Cuentos
    completos".

    Sus novelas son "La Tregua" (1960), "Gracias por el
    fuego" (1965), "Con y sin nostalgia" (1977), "Primavera con
    una esquina rota" (1982), "La borra del café (1993) y "Andamios"
    (1997).

    También es autor de libros de ensayo. En
    "El ejercicio del criterio" (1995), seleccionó
    artículos críticos publicados a lo largo de
    medio siglo. Ha cultivado también el teatro:
    "Dos comedias" (1969) y "Pedro y el rey" (1977).

    Su obra poética está congregada en
    "Inventario"
    (1963) y en "Inventario dos" (1994). Otras obras
    poéticas son "El olvido está lleno de memoria"
    (1995), "La vida ese paréntesis" (1998), Rincón
    de haikus" (1999), "El mundo que respiro" (2001) e "Insomnios
    y duermevelas" (2002).

    Consternados,
    rabiosos

    Así estamos.

    Consternados, rabiosos.

    Aunque esta muerte sea uno de los absurdos
    previsibles.

    Da vergüenza mirar los cuadros, los sillones,
    las alfombras.

    Sacar una botella del refrigerador.

    Teclear las tres letras mundiales de tu nombre en la
    rígida máquina que nunca, nunca, estuvo con la
    cinta tan pálida.

    Vergüenza tener frío y arrimarse a la
    estufa como siempre.

    Tener hambre y comer, esa cosa tan
    simple.

    Abrir el tocadiscos y escuchar en silencio sobre
    todo si es un cuarteto de Mozart.

    Da vergüenza el confort y el asma da
    vergüenza.

    Cuando tú comandante, estás cayendo,
    ametrallado, fabuloso, nítido, eres nuestra conciencia
    acribillada.

    Dicen que te quemaron.

    Con qué fuego van a quemar las buenas, buenas
    nuevas.

    La irascible ternura que trajiste y llevaste con tu
    tos, con tu barro.

    Dicen que incineraron toda tu vocación, menos
    un dedo.

    Basta para mostrarnos el camino, para acusar al
    monstruo y sus tizones, para apretar de nuevo los
    gatillos.

    Así estamos, consternados,
    rabiosos.

    Claro que con el tiempo la plomiza
    consternación se nos irá pasando.

    La rabia quedará, se hará más
    limpia.

    Estás muerto, estás vivo, estás
    cayendo, estás nube, estás lluvia, estás
    estrella.

    Donde estés si es que estás, si
    estás llegando, aprovecha por fin a respirar
    tranquilo, a llenarte de cielo los pulmones.

    Donde estés, si es que estás, si
    estás llegando, será una pena que no exista
    Dios, pero habrá otros, claro que habrá otros,
    dignos de recibirte, comandante.

    Che

    Lo han cubierto de afiches / de pancartas

    de voces en los muros

    de agravios retroactivos

    de honores a destiempo

    lo han transformado en pieza de consumo

    en memoria trivial

    en ayer sin retorno

    en rabia embalsamada

    han decidido usarlo como epilogo

    como última thule de la inocencia
    vana

    como anejo arquetipo de santo o
    satanás

    y quizás han resuelto que la única
    forma

    de desprenderse de Él

    o dejarlo al garete

    es vaciarlo de lumbre

    convertirlo en un héroe

    de mármol o de yeso

    y por lo tanto inmóvil

    o mejor como mito

    o silueta o fantasma

    del pasado pisado

    sin embargo los ojos incerrables del Che

    miran como si no pudieran no mirar

    asombrados tal vez de que el mundo no
    entienda

    que treinta años después siga
    bregando

    dulce y tenaz por la dicha del hombre.

    Señas del
    Che

    Todo campo

    es el nuestro

    por ejemplo está éste

    verde dispuesto verde

    los surcos y los surcos

    las nubes con sus gordas

    pantorrillas de lluvia

    está también el otro

    campo de pronto abismo

    recién nacidos muertos

    sin haberse atrevido

    a estrenar sus pavores

    está el amor de
    siempre

    el corazón del tacto

    la noche de la piel

    los poros y los poros

    y la gloria y el beso

    está la llamarada

    la hoguera de la piel

    el cuerpo brasa infame

    el hombre que no sabe

    por qué lo incendia el hombre

    verde dispuesto verde

    campo de pronto abismo

    los surcos y los surcos

    las nubes con sus gordas

    pantorrillas de lluvia

    recién nacidos muertos

    sin haberse atrevido

    a estrenar sus pavores

    está el amor de siempre

    está la llamarada

    el corazón del tacto

    la hoguera de la piel

    la noche de la piel

    el cuerpo brasa infame

    los poros y los poros

    y el hombre
    que no sabe

    y la gloria y el beso

    por qué lo incendia el hombre

    desde un sitio cualquiera

    montaña o selva o sótano

    hay alguien que hace señas

    agitando su vida

    todo campo

    es el nuestro.

    [Inventario uno: poesía completa: 1950-1985.
    Seix Barral, Buenos Aires, 1996. Inventario dos:
    poesía completa: 1986-1991. Visor, Madrid,
    1995.]

  13. Mario Benedetti

    Nació en Portugal, en 1922. Autor de obras
    líricas, teatrales y crónicas, es reconocido
    por sus labores narrativas caracterizadas por un estilo pleno
    de ironía. Su militancia en el Partido Comunista
    Portugués le valió censura y persecución
    durante los años de dictadura en su país. En
    1977 publicó "Manual de
    pintura y
    caligrafía". "Alzado del suelo" (1980) fue la novela que
    lo reveló como gran escritor.

    Otras obras de gran interés son "Memorial del convento"
    (1983), "El año de la muerte de Ricardo Reis" (1984),
    "La balsa de piedra" (1986), "Historia del cerco de Lisboa"
    (1989), "El evangelio según Jesucristo" (1991),
    "Ensayo sobre la ceguera" (1995), "Todos los nombres" (1998),
    "La caverna" (2000), "El hombre duplicado" (2003), "Ensayo
    sobre la lucidez" (2004), "Las intermitencias de la muerte"
    (2005) y "Las pequeñas memorias"
    (2006). Publicó el diario "Cuadernos de Lanzarote"
    (1997) y "Poesía completa" (2005).

    En 1998 fue distinguido con el Premio Nobel de
    Literatura.

    Breve meditación sobre un
    retrato de Che Guevara

    No importa qué retrato. Uno cualquiera:
    serio, sonriendo, arma en mano, con Fidel o sin Fidel,
    diciendo un discurso
    en las Naciones Unidas, o muerto, con el torso desnudo y ojos
    entreabiertos, como si del otro lado de la vida
    todavía quisiera acompañar el rastro del mundo
    que tuvo que dejar, como si no se resignase a ignorar para
    siempre los caminos de las infinitas criaturas que estaban
    por nacer.

    Sobre cada una de estas imágenes se
    podría reflexionar profusamente, de un modo
    lírico o de un modo dramático, con la
    objetividad prosaica del historiador o simplemente como quien
    se dispone a hablar del amigo que descubre haber perdido
    porque no lo llegó a conocer…

    Al Portugal infeliz y amordazado de Salazar y de
    Caetano llegó un día el retrato clandestino de
    Ernesto Che Guevara, el más célebre de todos,
    aquel hecho con manchas fuertes de negro y rojo, que se
    convirtió en la imagen universal de los sueños
    revolucionarios del mundo, promesa de victorias a tal punto
    fértiles que nunca habrían de degenerar en
    rutinas ni en escepticismos, antes darían lugar a
    muchos otros triunfos, el del bien sobre el mal, el de lo
    justo sobre lo inicuo, el de la libertad
    sobre la necesidad. Enmarcado o fijo a la pared por medios
    precarios, ese retrato estuvo presente en debates
    políticos apasionados en la tierra portuguesa,
    exaltó argumentos, atenuó desánimos,
    arrulló esperanzas. Fue visto como un Cristo que
    hubiese descendido de la cruz para descrucificar a la
    humanidad, como un ser dotado de poderes absolutos que fuera
    capaz de extraer de una piedra el agua con que se
    mataría toda la sed, y de transformar esa misma agua
    en el vino con que se bebería el esplendor de la vida.
    Y todo eso era cierto porque el retrato de Che Guevara fue, a
    los ojos de millones de personas, el retrato de la dignidad
    suprema del ser humano.

    Pero fue también usado como adorno
    incongruente en muchas casas de la pequeña y de la
    media burguesía intelectual portuguesa, para cuyos
    integrantes las ideologías políticas de afirmación
    socialista no pasaban de un mero capricho coyuntural, forma
    supuestamente arriesgada de ocupar ocios mentales, frivolidad
    mundana que no pudo resistir el primer choque de la realidad,
    cuando los hechos vinieron a exigir el cumplimiento de las
    palabras. Entonces, el retrato del Che Guevara, testimonio,
    primero, de tantos inflamados anuncios de compromiso y de
    acción futura, juez, ahora, del miedo
    encubierto, de la renuncia cobarde o de la traición
    abierta, fue retirado de las paredes, escondido, en la mejor
    hipótesis, en el fondo de un armario, o
    radicalmente destruido, como se quisiera hacer con algo que
    hubiese sido motivo de vergüenza.

    Una de las lecciones políticas más
    instructivas, en los tiempos de hoy, sería saber lo
    que piensan de sí mismos esos millares de hombres y
    mujeres que en todo el mundo tuvieron algún día
    el retrato de Che Guevara a la cabecera de la cama, o en
    frente de la mesa de trabajo, o
    en la sala donde recibían a los amigos, y que ahora
    sonríen por haber creído o fingido creer.
    Algunos dirían que la vida cambió, que Che
    Guevara, al perder su guerra,
    nos hizo perder la nuestra, y por tanto era inútil
    echarse a llorar, como un niño a quien se le ha
    derramado la leche. Otros confesarían que se dejaron
    envolver por una moda del tiempo, la misma que hizo crecer
    barbas y alargar las melenas, como si la revolución fuera una cuestión de
    peluqueros. Los más honestos reconocerían que
    el corazón les duele, que sienten en él el
    movimiento perpetuo de un remordimiento, como si su verdadera
    vida hubiese suspendido el curso y ahora les preguntase,
    obsesivamente, adónde piensan ir sin ideales ni
    esperanza, sin una idea de futuro que dé algún
    sentido al presente.

    Che Guevara, si tal se puede decir, ya
    existía antes de haber nacido, Che Guevara, si tal se
    puede afirmar, continuó existiendo después de
    haber muerto. Porque Che Guevara es sólo el otro
    nombre de lo que hay de más justo y digno en el
    espíritu humano. Lo que tantas veces vive adormecido
    dentro de nosotros. Lo que debemos despertar para conocer y
    conocernos, para agregar el paso humilde de cada uno al
    camino de todos.

    [Traducción del portugués por
    Dominica Diez. Tomado de El Latinoamericano, 9 de octubre de
    2003. www.ellatinoamericano.cjb.net]

  14. José Saramago

    Nació en El Salvador, en 1935. Debido a su
    militancia política fue encarcelado y vivió en
    el exilio en Guatemala, México, Cuba, Checoslovaquia,
    Corea y Vietnam del Norte. Obtuvo en tres ocasiones el Premio
    Centroamericano de Poesía, el Premio Casa de las
    Américas y otros galardones en certámenes
    nacionales y centroamericanos.

    De su vasta obra poética, iniciada en 1956,
    destaca: "Mía junto a los pájaros" (1957), "La
    Ventana en el rostro" (1961), "El Mar" (1962), "El turno del
    ofendido" (1963), "Los Testimonios" (1964), "Poemas" (1968),
    "Taberna y otros lugares" (1969) y "Los pequeños
    Infiernos" (1970).

    Fue asesinado en 1975, luego de regresar a su
    país para luchar por su liberación.

    Credo al Che

    El Che Jesucristo

    fue hecho prisionero

    después de concluir su sermón en la
    montaña

    (con fondo de tableteo de ametralladoras)

    por rangers bolivianos y judíos

    comandados por jefes yankees-romanos.

    Lo condenaron los escribas y fariseos
    revisionistas

    cuyo portavoz fue Caifás Monje

    mientras Poncio Barrientos trataba de lavarse las
    manos

    hablando en inglés militar

    sobre las espaldas del pueblo que mascaba hojas de
    coca

    sin siquiera tener la alternativa de un
    Barrabás

    (Judas Iscariote fue de los que desertaron de la
    guerrilla

    y enseñaron el camino a los
    rangers).

    Después le colocaron a Cristo
    Guevara

    una corona de espinas y una túnica de
    loco

    y le colgaron un rótulo del pescuezo en son
    de burla

    INRI: Instigador Natural de la Rebelión de
    los Infelices

    Luego lo hicieron cargar su cruz encima de su
    asma

    y lo crucificaron con ráfagas de
    M-2

    y le cortaron la cabeza y las manos

    y quemaron todo lo demás para que la
    ceniza

    desapareciera con el viento.

    En vista de lo cual no le ha quedado al Che otro
    camino

    que el de resucitar

    y quedarse a la izquierda de los hombres

    exigiéndoles que apresuren el paso

    por los siglos de los siglos.

    Amén.

    [Poemas Clandestinos. Editorial Universitaria
    Centroamericana, EDUCA, 1982, 2ª.
    Edición.]

    Cronología

    [Elaboración
    propia]

    1928

    14 de junio. Ernesto Guevara de la Serna nace en
    Rosario, Argentina. Es el primogénito de Ernesto
    Guevara Lynch y Celia de la Serna.

    1929

    Residen en la provincia de Misiones. Nace su hermana
    Celia.

    1930

    Diagnostican que padece de afección
    asmática severa.

    1932

    La familia
    Guevara se traslada a Buenos Aires. Nace su hermano
    Roberto.

    1933

    Radican en Alta Gracia, en las sierras
    cordobesas.

    1934

    Nace su hermana Ana María.

    1936

    Ernesto experimenta sus iniciales apreciaciones
    políticas, relacionadas con la Guerra Civil
    Española, de las que recibe informaciones de su
    tío Córdova Iturburu, como corresponsal del
    diario Crítica.

    1942

    Se emplea como trabajador en la vendimia.

    1943

    Concluye la escuela
    secundaria en Córdoba. Inicia su amistad
    con los hermanos Granado y los hermanos Ferrer. Nace su
    hermano Juan Martín.

    1944

    Alterna los estudios con el trabajo.

    1945

    Ingresa en la Facultad de Medicina.

    1947

    Muere su abuela.

    1950

    Recorre más de 4,500 kilómetros del
    norte argentino en una bicicleta, a la que le adapta un
    pequeño motor.
    Hace una etapa en el leprosario del Chañar. Trabaja en
    Vialidad y en un barco mercante. Conoce a Chichina Ferreyra,
    joven de aires aristocráticos.

    1951

    A bordo de una motocicleta, emprende su primer viaje
    por Latinoamérica, acompañado por
    Alberto Granado. Recorre Chile, Bolivia y Perú (donde
    se detiene en el leprosario de San Pablo). A bordo de la
    balsa Mambo-Tango,
    navega por el Amazonas hacia Colombia y
    Venezuela.

    1952

    Retorna a Argentina para culminar su carrera de
    medicina.

    1953

    Se gradúa de médico. Viaja en tren
    hacia Bolivia. En La Paz toma contacto con un ambiente de
    agitación social. Viaja por Perú y Ecuador.
    Desiste de su propósito de encaminarse hacia Venezuela
    para encontrarse con su amigo Alberto Granado. Arriba a la
    ciudad de Guatemala, con tres dólares en el bolsillo.
    Permaneció en nuestro país del 24 de diciembre
    de 1953 al 16 de septiembre de 1954. Presencia el ambiente
    recalentado por los enfrentamientos entre los gobiernos de
    Arbenz y Eisenhower. Conoce a Hilda Gadea, quien le presenta
    a exiliados cubanos del Movimiento 26 de Julio. Durante su
    etapa guatemalteca, Ñico López lo bautiza como
    Che.

    1954

    Invasión mercenaria patrocinada por Estados
    Unidos. Derrocamiento del régimen de Arbenz. Busca
    refugio en la embajada de Argentina. En el viaje hacia
    México, entabla amistad con el joven Julio Roberto
    Cáceres Valle, "el Patojo", quien después
    sería uno de los desconocidos iniciadores de la lucha
    insurgente en Guatemala. Luego de morir en un enfrentamiento
    con el ejército, Che le dedicó un emotivo texto
    a Cáceres en "Verde Olivo", el 19 de agosto de
    1962.

    1955

    Se casa con Hilda Gadea. Sobrevive como
    fotógrafo callejero y trabaja como cronista de los
    Juegos
    Panamericanos. Participa en las actividades del grupo de
    revolucionarios cubanos dirigidos por Fidel
    Castro.

    1956

    Nace su primera hija, Hilda Beatriz. Inicia su
    entrenamiento
    militar con los cubanos. Fidel y Che son detenidos y
    liberados poco tiempo después. Junto con 82 hombres,
    zarpan en el pequeño yate Granma, con destino
    hacia Cuba.

    1957

    El 17 de enero es el primer triunfo del
    Ejército Rebelde. Castro lo asciende a Comandante,
    primer combatiente que obtiene ese grado. Se instala en el
    Hombrito (Sierra Maestra). 17 de septiembre: bajo su mando el
    Ejército Rebelde alcanza la victoria en la Batalla de
    Pino del Agua. 3 de diciembre: traslado del campamento a La
    Mesa (Sierra Maestra). Funda el
    periódico El Cubano Libre.

    1958

    24 de febrero: crea Radio Rebelde. En agosto,
    las columnas de Guevara y Camilo Cienfuegos invaden la parte
    occidental de la isla. Recorre 554 kilómetros en 47
    días. Octubre: unifica los grupos opositores a Batista
    en el Escambray. Che inicia la ofensiva decisiva mientras
    Fidel avanza sobre Santiago de Cuba. 31 de diciembre: Che
    toma Santa Clara, lo que precipita la caída de la
    dictadura batistiana.

    1959

    2 de enero: Se traslada desde Las Villas a La
    Habana. Ocupa la fortaleza militar de La Cabaña. 7 de
    febrero: obtiene la ciudadanía cubana. Marzo: participa en
    la redacción de la Ley de
    Reforma
    Agraria. Junio: principia un periplo por Egipto,
    India, Ceilán, Yugoslavia, Birmania, Japón, Pakistán, Sudán y
    Marruecos. 7 de octubre: es nombrado jefe del Departamento de
    Industria
    del Instituto Nacional de Reforma Agraria. 25 de noviembre:
    designado como presidente del Banco
    Nacional de Cuba.

    1960

    28 de enero: presenta el primer acto público
    de la Sección Juvenil del Ejército Rebelde. 24
    de febrero: discurso en la entrega de diplomas del Centro
    Escolar, "Oscar Lucero", en Holguín. 5 de marzo:
    Alberto Korda toma la célebre fotografía de Che en el homenaje a las
    víctimas del atentado del barco La Coubre.
    Abril: dirige el Departamento de Instrucción de las
    Fuerzas Armadas Revolucionarias. Publica "La guerra de
    guerrillas". 21 de octubre: inicia el viaje por la
    Unión Soviética, Checoslovaquia,
    República Democrática Alemana, Hungría,
    China y
    Corea. 24 de noviembre: nace Aleida, su primera hija con
    Aleida March.

    1961

    23 de febrero: se crea el Ministerio de Industria,
    que centraliza centenares de empresas
    nacionalizadas y es dirigido por Che. 17 de abril: frustrada
    la invasión en Playa Girón (Bahía de los
    Cochinos). 1 de junio: suscribe el contrato de
    asistencia técnica de la URSS para el desarrollo
    de las plantas
    industriales de níquel. 8 de agosto: Interviene en la
    quinta sesión plenaria del Consejo Interamericano
    Económico Social (CIES), celebrado en Uruguay. Critica
    la Alianza para el Progreso.

    1962

    20 de mayo: nace su hijo Camilo. Junio: Castro
    acuerda con la Unión Soviética la
    instalación de misiles nucleares en Cuba. 26 de
    agosto: segundo viaje a la URSS. 31 de agosto: en Crimea,
    Guevara suscribe con Kruschev el acuerdo sobre los misiles.
    29 de septiembre: Encuentro Internacional de Profesores y
    Estudiantes de Arquitectura.
    Che interviene para criticar el apoliticismo con el que se
    definía su convocatoria. Octubre: "Crisis de
    los misiles" que se resuelve con un acuerdo entre Kruschev y
    Kennedy sin tomar en cuenta a Cuba, lo que agudiza el
    distanciamiento de Che del bloque
    soviético.

    1963

    Abril: Celia de la Serna es encarcelada por su apoyo
    a la causa cubana. 14 de junio: nace su tercera hija, Celia.
    Julio: visita Argelia.

    1964

    25 de marzo: Che interviene en la Conferencia
    de Naciones Unidas sobre Comercio y
    Desarrollo en Ginebra. Abril: viaja a Argelia. Noviembre:
    cumple una misión
    diplomática en Moscú. 11 de diciembre: al
    frente de la delegación cubana, da un discurso
    anticolonialista ante la Asamblea General de las Naciones
    Unidas. Diciembre de 1964 al 15 de marzo de 1965: realiza
    una gran gira por Malí, Congo, Conakry (Guinea),
    Ghana, Porto Novo (Dahomey), Argelia, China, Dar Es Salaam
    (Tanzania), República Árabe Unida y
    Argelia.

    1965

    24 de febrero: nace su hijo Ernesto, mientras vuela
    de El Cairo a Argelia. 25 de febrero: en Argel ataca a los
    países del bloque soviético por no
    acompañar la lucha de liberación de los
    pueblos. 15 de marzo: en Cuba debe dar explicaciones por el
    discurso en Argel. Ha decidido que abandonará Cuba
    para luchar en el Congo, a donde arriba el 24 de abril. El
    contingente cubano llega a contar con cien voluntarios. 19 de
    mayo: muere su madre Celia de la Serna. 3 de octubre: Fidel
    lee la carta de
    despedida del Che, fechada el 1 de abril. Che escribe en su
    diario que esto lo convierte en un extranjero ante los
    cubanos. 22 de noviembre: la misión cubana abandona el
    Congo.

    1966

    Enero: Aleida visita a Che en Tanzania, donde se
    encuentra clandestino. Marzo: llega de incógnito a
    Praga. Julio: retorna a Cuba en secreto para preparar la
    campaña en Bolivia. 3 de noviembre: ingresa en Bolivia
    con una credencial de observador de la OEA. 7 de
    noviembre: Llega a Ñancahuazú. Inicia su
    Diario. Diciembre: el Partido Comunista Boliviano no apoya su
    campaña guerrillera.

    1967

    Abril: la guerrilla obtiene sus únicas
    victorias significativas frente al ejército.
    Publicación del célebre "Mensaje a los Pueblos
    del Mundo" en la Revista
    Tricontinental del OSPAAL (Conferencia de los Pueblos de
    Asia,
    África y América
    Latina). "Crear dos, tres… muchos Vietnam, es la
    consigna". 8 de octubre: herido en combate, con el fusil
    inutilizado y sin balas, cae prisionero en la Quebrada del
    Yuro, cerca del poblado de La Higuera. 9 de octubre: es
    asesinado en la escuelita de La Higuera (Bolivia), por orden
    del gobierno boliviano en connivencia con la CIA. Sus restos
    permanecen en secreto durante tres décadas. 18 de
    octubre: un millón de cubanos asiste a la Velada
    Solemne de Homenaje en La Habana.

    1997

    12 de julio: sus restos son identificados en
    Vallegrande. El mismo día son repatriados a La
    Habana.

  15. Roque Dalton
  16. Bibliografía

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Canto General:

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Los dejo ahora conmigo mismo: el que fui". Selección y
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2004.

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• De la presentación y Poesía al
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Varios autores. "Che", número especial de Casa de
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Aires, Latinas, 1986.

Zito Lema, Vicente. "La Palabra en acción de
Ernesto Che Guevara", poemas, relatos y cartas. Editorial El
Tornillo y la Zorra, 1997.

A René Arturo Villegas Lara

Hombre cabal y escritor singular

 

Enviado por:

Carlos Arturo

 

 

Autor:

Marco Vinicio Mejía

2007

 

Partes: 1, 2, 3
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