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Inmigración y literatura (página 8)



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Salta

En Salta se establecían alemanes. El historiador
salteño Atilio Cornejo destacaba la actitud de
estos inmigrantes: "Es digno de observar el ejemplo que nos dan
estos alemanes al arraigarse tan hondamente en la sociedad
salteña, casándose con mujeres de esta tierra,
formando aquí su hogar con sus hijos y nietos, sin pensar
y aún olvidándose de la patria lejana,
atraídos por estas montañas y alejados del mar,
contrariamente a tanto criollo, sobre todo nuevo rico, que mira
hacia Europa, que se
europeiza, que se extranjeriza, como digo, aquí el
extranjero se acriollaba, se argentinizaba" (1).

Otto Von Klickx (Magdeburgo, 1826; Salta, 1894), "Luego
de obtener la Licenciatura en Filosofía y Letras en la
Universidad de
Leipzig, perfeccionó sus estudios en París. Con la
idea de redactar una historia
universal, se trasladó a la Argentina. Tras permanecer
en Buenos Aires,
viajó a Córdoba, pero la galera que lo llevaba fue
atacada por los indios y perdió todos sus materiales de
trabajo.
Finalmente fijó su residencia en Salta, donde
comenzó a fabricar cerveza y a
ejercer la docencia y el
periodismo.
Publicó artículos históricos y sobre temas
religiosos". (2).

Un británico protagoniza "Mister Meaney", de Juan
Carlos Dávalos. Al gringo le tocó "por una pesada
chanza de su destino, anclar un día en la vetusta y
aburrida Salta, y quedarse aquí, como profesor de
inglés,
a lidiar con las anuales hornadas de aldeanos cachafaces que se
renovaban en el colegio y que veían en el talentoso
gentleman, no un profesor, ni menos un amigo, sino un tipo
exótico y singular, una verdadera golosina para el
descomedido afán de titeo que hormigueaba en aquellas
juveniles almas semibárbaras" (3).

En "Un sepelio atmosfèrico (Crònica de
1891)", Dàvalos relata el destino que un astrònomo
inglès radicado en Salta eligiò para sus restos: "A
toque de clarines, la ceremonia dio comienzo a las 3, hora en que
el globo, totalmente hinchado, cernìase por encima de la
muchedumbre apeñuscada. Debajo del globo, sobre una mesa,
notàbase un bulto largo, especie de tùmulo cubierto
por un amplio trapo negro: ahì estaba el cadàver de
Mr. Stop (4).

Notas

1 Rosenthal, Carlos Federico: "La feliz aventura
americana", en El Tiempo, Azul,
4 de mayo de 1986.

2 Varios autores: Enciclopedia Visual de la Argentina.
Buenos Aires, Clarìn, 2002

3 Dávalos, Juan Carlos: "Mister Meaney", en Los
buscadores de
oro. Incluido
en Dávalos, Juan Carlos: La muerte de
Sarapura Antología. Buenos Aires, CEAL, 1980. Págs.
102 a 106. (Capítulo, vol. 66).

4 Dávalos, Juan Carlos: "Un sepelio
atmosférico", en Capítulo, CEAL, 1980.

San Juan

Mary Olstine Graham fue una "educadora norteamericana
llegada al país para la
organización de la escuelas normales. Nació en
Saint Louis, Missouri, el 13 de agosto de 1842 y cursó
allí el magisterio. Se embarcó para Buenos Aires en
1879 con un grupo de
maestras y, a su llegada, fue enviada a la Escuela Normal de
Paraná para familiarizarse con el idioma. Tras seis meses
de práctica se la designó vicedirectora de la
Escuela Normal de San Juan, en la que dictó varias
asignaturas, ascendiendo a directora tres años más
tarde. En 1883, bajo su dirección, se graduó el primer grupo
de maestras. Luego de ocho años de labor constructiva en
San Juan se le confió la misión de
organizar la Escuela Normal de La Plata, que quedó fundada
el 13 de agosto de 1888 y en la que dejó recuerdos
imborrables. La primera promoción egresó en 1891 y estaba
formada por ocho maestras. La acompañaba su hermana
Martha, profesora de la escuela. El 10 de marzo de 1902, primer
día de clases, falleció Mary O. Graham, que
habitaba el psio superior del edificio. Por iniciativa de sus
alumnas, en 1906 fue fundado un centro cultural al que se le dio
el nombre de la prestigiosa educadora, como se hizo más
tarde con la propia escuela normal" (1).

El médico, abogado e ingeniero Juan Bialet
Massé (1846; Córdoba, 1907) "Llegó al
país en 1873, fue vicerrector del Colegio Nacional de
Mendoza y rector del de San Juan y la Rioja. Junto con el
ingeniero Carlos Cassafoust construyó el dique San Roque
(Córdoba), inaugurado en 1891. Sufrió catorce meses
de prisión por una falsa acusación sobre la
construcción defectuosa del dique, pero
volvió reivindicado a la vida pública. En 1904 fue
comisionado para relevar la situación de los trabajadores
en el país. De este estudio surgió el Informe sobre
el estado de
las clases obreras en el interior de la República"
(2).

Alfonsina Storni (Cantón Ticino, Suiza, 1892; Mar
del Plata, 1938. "Desde muy niña vivió en la
Argentina, pasando su infancia en
San Juan y su adolescencia
en Rosario, donde se vinculó con actores y autores de
teatro. En 1910
se recibió de maestra rural en la Escuela Normal Mixta de
Coronda y comenzó a publicar sus primeros poemas. Ya en
1912, afincada en Buenos Aires, comenzó a publicar notas y
colaboraciones en Caras y Caretas, tarea que más tarde
continuó en Nosotros y La Nación,
entre otros medios
gráficos. Encuadrada en la
generación posmodernista, a partir de su obra, muy
difundida y de gran éxito
en el país, América
y Europa, surgió una tradición de ‘poesía
femenina’. Su influencia se extendió al
ámbito teatral, por lo que se creó una
cátedra para ella en el Teatro Infantil Lavardén.
El 9 de noviembre de 1920, obtuvo Carta de Ciudadanía expresando que lo hacía
‘por voluntad y gratitud a esta nación’. En 1923 fue nombrada
profesora de declamación de la Escuela Normal de Lenguas
Vivas y ejerció similar cátedra en el Conservatorio
Nacional de Música y
Declamación. Su poesía evoluciona desde el romanticismo
inicial a un vanguardismo
de tono personal, en el
que está presente la denuncia de la condición
social y afectiva de la mujer de su
tiempo. Su obra poética abarca La inquietud del rosal
(1916), El dulce daño
(1918), Irremediablemente (1919), Languidez (1920, Primer Premio
Municipal y Segundo Premio Nacional de Literatura), Ocre (1925),
Poemas de amor (1926),
Mundo de siete pozos (1934) y Mascarilla y trébol (1938).
Además, escribió las obras teatrales El amo del
mundo (1927), Dos farsas pirotécnicas (1932). Obras como
Desovillando la raíz porteña (1936), Teatro
infantil y Cinco cartas y una
golondrina, fueron publicadas póstumamente".
(3).

En esa provincia vivie Giorgio Bortot, autor del
libro EL
GENOCIDIO IGNORADO Acuerdo comercial y financiero entre las
Repúblicas Argentina e Italiana, publicado por la Facultad
de Ciencias
Sociales de la Universidad Nacional de San Juan. Bortot es,
además, presidente de ANIME -Asociación Nacional
Italiana de Menores Expatriados/Associazione Nazionale Italiana
di Minorenni Espatriati-. En un reportaje, él
expresó:que los objetivos de
ANIME son, entre otros, "hacer conocer al mundo que el "tratado
Miranda – Arpesani" fue el mayor pacto migratorio comercial
similar a la trata humana que registra la historia de la humanidad";
"instituir el 5 de junio, como el ‘Día del
Desagravio’ "; "levantar, en agradecimiento de estos
emigrantes, un monumento en la ciudad de Génova, puerto
exclusivo de embarco de aquellos trabajadores –
garantía" (4).

Notas

1 Sosa de Newton, Lily:
Diccionario
Biográfico de Mujeres Argentinas. Buenos Aires, Plus
Ultra, 1986.

2 Varios autores: Enciclopedia Visual de la Argentina.
Buenos Aires, Clarìn, 2002.

3 ibidem

4 Prebble, Carlos: Entrevista en
El Tiempo, Azul.

 

San Luis

"Don Justo Daract decide fundar hacia el 1 de diciembre
de 1856 un nuevo pueblo de tinte cívico militar a
unos 90 kilómetros hacia el este de la ciudad capital de San
Luis. Se le dio el nombre de Fuerte Constitucional, hecho que
llevó a muchos historiadores de épocas ya superadas
a considerar que esto se hizo en base a un supuesto Fuerte que
habría existido antaño en este lugar que era
llamado Las Pulgas. Hoy está completamente descartada la
existencia de este fortín, ya que no hay ningún
documento o testimonio que lo avale. La nueva ciudad se
asentó sobre la margen izquierda del río Quinto (el
antiguo río Popopis, como lo llamaban los indios) y uno de
los objetivos de la presencia de ella fue fortalecer la frontera
contra los indios ranqueles. Su demarcación se hizo con
reminiscencias de las viejas fundaciones indianas, con una Plaza
(hoy Lafinur) alrededor de la cual de instalaron precariamente
las instituciones
fundamentales, las autoridades comunales, y la Iglesia. A los
pocos años se le cambió el nombre por el de Villa
de Mercedes, en homenaje a la Virgen de las Mercedes. Fue una
ciudad que tuvo un crecimiento muy dinamizado a partir de la
década del 70. Durante los primeros años del 70 se
duplica la población que en 1869 era de 1569
habitantes. Cuando llega la primera línea del Ferrocarril
en 1875 (el Central Oeste Argentino), se construyó una
estación de trenes a unos cuatro kilómetros hacia
el norte de la ciudad. Se intentaba en un acto de federalismo unir
por un ferrocarril Rosario llegando hasta Córdoba, y
haciendo un desvío en Villa María, pasando por
Río Cuarto llegar a Cuyo para absorber la producción de esta región. De este
modo Villa mercedes se convirtió en punta de rieles. Con
él llegaron los inmigrantes, que con sus aportes fueron
dando un giro en la identidad que
tenía la ciudad en sus primeros años. Se
concretó la conquista del Desierto que exterminó
las etnias indias, y quienes se salvaron de las grandes matanzas
sigilosamente se fueron mimetizando asentandosé en los
barrios más alejados de Villa Mercedes, (entre otros),
sembrando sus semillas en casamientos, que luego de generaciones
disimularon y silenciaron el mestizaje producido. Luego fueron
llegando otras vías férreas. La presencia
ferroviaria dibujó el perfil de ciudad que
tendríamos. Una ciudad larga con un extremo
histórico (el centro) y otro puramente comercial (la
estación). Con el tiempo se construyó sobre la
actual avenida Mitre el Hotel de
Inmigrantes, que luego de otros usos terminó siendo el
edificio municipal. Así se fue construyendo urbanamente
esta ciudad, llegando un momento en que los dos extremos quedaron
unidos, cuando se levantaron casas de familias a lo largo de
estos hitos. En las zonas marginales, se levantaron las quintas,
generalmente de propiedad de
los inmigrantes, que se fortalecieron tanto en su
producción que esta resultó no sólo
autosuficiente para los vecinos sino que quedó un
importante remanente que comenzó a comercializarse en la
región llegando hasta Córdoba y Mendoza, entre
otros lugares, lo cual fue posible por la existencia de las
vías férreas. (..) El boliche más importante
fue el don Cándido Miranda pero también hubo otros
como el de don Manuel, que tenía también cancha de
bochas, el de don José Orozco y el del "Turco" Abrahan.
(…)" (1).

El protagonista de "Unisex", de Francisco Montes
expresa: "Yo, Tufic Farjat Gurruchaga (hijo de libanés y
catalana) funcionario municipal de la noble San Luis de la Punta
de los Dos Venados, mercedino de nacimiento, categoría 22
en el escalafón municipal, con tres años de
filosofía (que no me sirven para nada) y tres de
francés en la Alianza Francesa (que de algo me sirven
ahora), tomé la excursión a Europa con mi mujer y dos
parientes, antes de jubilarme y quedar anclado por secula
seculorun" (2).

Notas

1 Videla Tello, Norma: "Algunos datos
históricos sobre la Ciudad de Villa Mercedes (Prov. de San
Luis)", en www.villamercedes.gov.ar.

2 Montes, Francisco: "Unisex", en Unisex. Buenos Aires,
Bruguera Libro Amigo, 163 pp.

Santa Cruz

María Brunswig de Bamberg es la autora de
Allá en la Patagonia (1),
obra en la que evoca la inmigración alemana a través de las
cartas que su madre enviaba a su abuela, que había quedado
en la tierra
natal. "El 3 de febrero de 1923, después de una
travesía de treinta días desde Hamburgo, Ella
Hoffman llega con sus tres hijas a Buenos Aires, rumbo a la
Patagonia, donde Hermann Brunswig, su marido y padre de las
niñas, trabaja como administrador de
una estancia y espera ansioso el reencuentro con su familia
después de tres años y medio de separación.
Esta es una selección
de las cartas intercambiadas hasta 1930 entre Ella y Mutti, su
madre, y que fueron recuperadas setenta años
después por María Brunswig, la hija mayor. Pero no
se trata de una simple recopilación, sino de un juego de
tiempos y voces, pleno de agilidad y riqueza, en el que
intervienen tres generaciones de mujeres: Mutti, Ella y la propia
María. Algunas cartas de Hermann incorporan, por su parte,
una visión masculina y un toque de humor. El diálogo
epistolar le otorga a la obra una intensidad inusual,
además de una visión europea del sur argentino en
los años veinte. Ella habla a su madre del mundo nuevo que
está descubriendo y se revela como una gran luchadora.
Educada para ir a la Ópera, aprender francés y
tocar el piano, ahora lava ropa en el arroyo, friega, zurce,
remienda, come huevos de avestruz e incluso carnea zapones. En
síntesis, una sensible crónica
familiar que abre distintos horizontes sobre una región
inhóspita y al mismo tiempo generosa" (2).

Con la autora y su familia viajó una mucama.
Pedro Dobrée relata: "Mucho tiempo después, en la
década de 1980, en Berlín, María Brunswig de
Bamberg -una de aquellas pequeñas con las cuales Berta
llegó a la Argentina austral y que luego fue autora de ese
muy simpático libro llamado Allá en la Patagonia,
editado por Vergara – asistía a una conferencia de
Osvaldo Bayer. Al finalizar le preguntó si en sus trabajos
de investigación sobre la vida
patagónica había tomado conocimiento
de Berta Freytag. ‘Cómo no -le contestó
Bayer- Berta Freytag fue amante del comisario del pueblo durante
muchos años, hasta que un día éste la
ultimó de dos tiros, por celos’ " (3).

"En La Patagonia rebelde (1974), Héctor Olivera
dramatiza las huelgas de los trabajadores anarquistas, en el sur
de la Argentina, durante 1920 y 1921, según la
investigación realizada por Osvaldo Bayer en Los
vengadores de la Patagonia trágica. Rodada en momentos de
gran tensión política, intenta una
lectura
aleccionadora de la historia. Para eso, el film se constituye en
un vasto flash back, que
protagonizan los cabecillas Soto, Facón Grande y el
alemán Schultze, seguido de la secuencia que marca el presente
de la narración, con la muerte del
teniente coronel Zabala (Varela, en la realidad). Completando
este juego de tiempos, sobre el final, un plano detalle de la
mirada desconcertada del militar, mientras le hacen oír
una canción en inglés, envía al espectador a
una reflexión sobre el futuro" (4).

A la Patagonia viajó en barco el asturiano
Nicanor Fernández Montes, luego de un tiempo en el Hotel
de Inmigrantes: "en una travesía marcada por olas de
veinte metros… (…) Su primer destino fue Río Gallegos,
donde no había ni veinte casas, y de ahí lo
mandaron de puestero a una estancia. (…) En la Patagonia no
había nada de lo que él sabía hacer, de modo
que tuvo que improvisar, como todos los integrantes de una
sociedad pionera. (…) Una vez, llegó a estar catorce
meses solo en un puesto… catorce meses…. Desayunaba,
comía, merendaba y cenaba cordero… no había otra
cosa; lo notable es que le gustaba" (5).

Eduardo Morley, quien sobrevivió a treinta y
cinco misiones sobre cielo alemán, "nació en
Río Gallegos. Su padre era escocés y su madre
inglesa. A los diez años fue a estudiar a las islas
británicas y volvió con la edad justa para el
servicio
militar. Una vez concluido, se incorporó a la RAF. (…)
Todavía conserva la libreta en la que dejó
constancia de todos los vuelos y destinos" (6).

En "El cura y el cowboy" se recuerda a un bandido, que
vivió en Santa Cruz: "Por la zona había un malvado
y muy conocido bandolero… era ‘El Norteamericano’,
el cual hablaba inglés y un poco de castellano
bastante mal, por cierto. Este era de esos que donde ponía
el ojo ponía la bala y hasta la policía le
tenía terror a enfrentársele. Era "yankee" en
serio. Era común que cuando eran buscados por la justicia del
país del norte y ya no había muchas chances por
allá; se subían a algún barco en la zona de
California para bajar en Punta Arenas… y seguir "ejerciendo" en
la Patagonia. Tal era el caso de este auténtico cowboy"
(7).

María Sonia Cristoff señala que el
dinamarqués Andreas Madsen "llegó a la Argentina
como marinero buscavidas y a la Patagonia como parte de la
Comisión de Límites
que lideraba Francisco Moreno. Fue después el primero en
asentarse en la zona del Lago Viedma y uno de los pocos
pequeños propietarios que resistieron a las ofertas
tentadoras –seguidas de estrategias
amenazantes- de las grandes compañías que empezaron
a adquirir enormes extensiones estratégicas de la
Patagonia a partir de la primera mitad del siglo XX. Fue
también uno de los propietarios de tierras que, durante
los levantamientos obreros de 1921, logró acuerdos de no
agresión mutua con los huelguistas, basados
fundamentalmente en el
conocimiento y en el respeto previo
que se tenían. Volvió a Dinamarca únicamente
para buscar a la novia de la infancia y defendió su
decisión de radicarse en la Patagonia a pesar de las
oportunidades que le ofrecían en otros lugares, con una
epifanía de tinte darwiniano: ‘los desiertos campos
patagónicos me llamaban con voz irresistible. La
Patagonia, con sus tormentas de arena sobre las pampa desiertas
en verano, y con el frío y la nieve en invierno, donde
pasé tres inviernos con el mínimo de alimentación… y
seis meses sin ver persona alguna,
completamente solo entre los Andes. La mayoría dirá
que no es gran cosa para extrañar; pero así es la
naturaleza
humana. A mí esa soledad me llamaba’ "
(8).

En El Calafate, alrededor del 1900, los inmigrantes
llevaban una dura vida: "Las madres, por aquel entonces, no
tenían otra posibilidad que dar a luz a sus hijos
sobre un cuero de
oveja, quizás totalmente solas, sin ningún tipo de
asistencia médica. La educación de los
chicos corría por cuenta de la familia,
muchas veces en aislación total del resto del mundo. Cada
cosa debía ser hecha con las manos con muchísimo
esfuerzo y con pocas herramientas
que a su vez eran caras y difíciles de obtener. (…) esta
gente, no estaba en la zona sólo cuando brillaba el sol,
también estaban en medio de la nieve, quizás
aislados por varios meses. Por ejemplo, frutas y verduras frescas
eran objeto de lujo ya que las mismas debían ser
cultivadas en los meses de verano haciendo alambrados para evitar
el robo de comida por los zorros u otros animales libres.
Luchar contra pumas también era algo normal ya que la
pérdida de un caballo por el ataque de un felino
significaba un problema grandísimo! (9).

"Los inmigrantes fueron, y siguen siendo, héroes
ignorados –afirma Julián Ripa-, artífices
oscuros de este sur lejano" (10).

Notas

1 Brunswig de Bamberg, María: Allá en la
Patagonia. Buenos Aires, Vergara, 1995.

2 S/F: en Brunswig de Bamberg, María: Allá
en la Patagonia. Buenos Aires, Vergara, 1995.

3 Dobrée, Pedro: "La emperatriz de San
Julián", en Río Negro on line, General Roca, 19 de
julio de 2003.

4 Kriger, Clara: "La Patagonia rebelde", en Cien
años de cine. Buenos
Aires, La Nación Revista, Tomo
II.

1. Ceratto, Virginia: "Gris de ausencia", en La Capital,
Mar del Plata.

2. Malamud, Luciana: "Para ir a combatir hay que ponerse
un corazón de
mármol", en La Nación, Buenos Aires, 7 de marzo de
2004.

3. S/F: "El cura y el cowboy", en
www.mision.org.ar.

4. Cristoff, María Sonia: "Los surcos de un
pionero", en La Nación, Buenos Aires, 19 de octubre de
2003.

5. S/F: Albergue & Hostal del
Glaciar.info.htm

6. Ripa, Julián: Inmigrantes en la Patagonia.
Buenos Aires, Marymar, 1987.

Santa Fe

"En 1881, bajo la inspiración de Carlos Calvo, el
Presidente Roca –gran benefactor de los judíos
dictó un decreto específico, designando un agente
de inmigración para que alentara la venida a nuestro
suelo de los
israelitas radicados en el territorio del imperio ruso. Enterados
de esta buena predisposición argentina, los primeros
colonos llegaron en 1888, por decisión espontánea;
y nuevos grupos se les
sumaron en los años siguientes. El 14 de agosto de 1889,
824 inmigrantes judíos de Rusia fundaron
Moisésville, en Santa Fe, primera colonia agrícola
judía. Llegaban de Ucrania, asesorados en París"
(1).

"De aquellos años pioneros se conservan templos
de principios de
siglo y las sedes de la Biblioteca
Popular Barón Hirsch, fundada en 1913, y de la Sociedad
Kadima (1909). El patrimonio
cultural y arquitectónico que guarda la ciudad la
convirtió en poblado histórico. Además, la
sinagoga Brener, fundada en 1905 y aún en pie con todo su
mobiliario original, fue declarada monumento histórico
nacional" (2).

Mijl Hacohen Sinay vivió en esa localidad: "En
1894 la familia Sinay emigró a la Argentina por la JCA y
se instaló en Moisés Ville. Allí Mijl fue
maestro en la primera escuela de esa colonia. (3).

En su "Autobiografía", Alberto Gerchunoff relata
que, luego de estar unos días en el Hotel de Inmigrantes,
se dirigieron a la colonia santafesina, de la que guarda un
terrible recuerdo (4).

No acompañó la suerte a los personajes de
La logia del umbral, de Ricardo Feierstein. Cuando fueron al
campo, pasaron "Días y días sin masticar. Los
niños
enfermaban…". Se refiere a Moisésville, donde se
trasladaron desde el Hotel. Allí comprobaron que no
tenían alimento ni dónde guarecerse. En la obra,
Feierstein presenta el proyecto de
cuatro generaciones de una familia, que se propone llegar a
caballo desde Moisesville, provincia de Santa Fe, mediante postas
de dos jinetes por vez, con una caja de madera de
cerezo que contiene tierra de la primera colonia judìa en
la Argentina y ‘una mezuzà, estuche de hueso con un
trozo de papel escrito con letras hebreas’, hasta la Plaza
de Mayo, donde la enterraràn bajo la Piràmide.
Cuando el miembro màs joven de este grupo està por
concretar la iniciativa de su familia y de èl mismo, al
pasar frente a la AMIA, una terrible explosiòn lo "revolea
por el aire. Todo se
vuelve negro –rememora-, el rugido ensordecedor parece
indicar que, con la oscuridad de un eclipse gigante, ha llegado
el fin del mundo. En ese instante, cien años de vida
familiar y comunitaria se atropellan para desfilar ante los ojos
desorbitados de mi conciencia en
fuga" (5).

Noé Cociovich se refiere a la historia de los
pioneros que Feierstein noveló: "Los podolier (como se
conoció a esos primeros extranjeros oriundos de Podolia)
fueron abandonados por Palacios en un galpón de
ferrocarril, sin cumplir con ninguna de sus promesas de ayuda.
Fue el médico higienista Wilhelm Loewenthal –un
científico que estaba de paso por el país, en una
misión de estudio encargada por el gobierno
nacional- el primero que se conmovió por la
desesperación de esos extranjeros humillados por el hambre
y las enfermedades"
(6).

Jonas Kovensky, "uno de los fundadores, y por muchos
años presidente, de las Escuelas Zwischo-Schólem
Aléijem ", "nació a principios de 1900 en
Slónim (Bielorusia), en un hogar de judíos humildes
y devotos. El padre, Itzkjok, era herrero, y la madre, Beile
Résnik, se ocupaba de las tareas domésticas y de
los niños. Hasta los 8 años, Ioine (Jonas)
estudió en el "jéider" (escuela hebrea elemental):
Torá con los comentarios de Rashi y "Guemará"
(Talmud). En 1908, la familia Kovensky emigró a la
Argentina, adonde años atrás había llegado
el abuelo materno, Résnik, pionero de la colonia
Moisés Ville, en la llanura santafecina. Precisamente
allí se instalaron. (…)" (7).

Chaim Mordka Fersztenberg, padre de Felipe Fistemberg
Adler y suegro de Jaime Barylko, "nacido en Wohanov, Provincia de
Radum, Polonia, partió del puerto de Cherburgo, al sur de
Francia. Su
destino: América. Tenía apenas 17 años el 29
de octubre de 1926 cuando subió a las bodegas de Tercera
Clase del
barco B.M.S.P. "Arlanza" para arribar al puerto de Buenos Aires
22 días después, el 17 de noviembre del mismo
año. Al descender del barco, el funcionario lo
anotó como Jaime Marcos Fistenberg, y los empleados de la
J:C:A:, Jewish Colonization Asociation, inmediatamente lo
acoplaron a un grupo que iba a Moisés Ville con la
esperanza de encontrar trabajo para su sustento. Su primer
trabajo, como el de muchos inmigrantes que no estaban habilitados
para ser agricultores, por edad y por ser solteros, fue en las
cuadrillas de la Comuna, dedicándose a la limpieza de los
canales de desagüe de las calles del pueblo. Más
tarde consigue ingresar como aprendiz en una panadería y
poco a poco adquiere el oficio de panadero, al que se
dedicó toda su vida. Con sus ahorros contribuye a traer de
Polonia a sus padres, Salomón y Sara Berta y a su hermana
Lea" (8).

"Dina Dolinsky nació en Santa Fe, Argentina.
Médica diplomada en la Universidad del Litoral, se
especializó en psiquiatría. Residió en
Chile, México,
Brasil,
Francia y Argelia. Desde la década del ’60 tiene su
hogar permanente en Cuba.
Pasó largos momentos de su infancia en Moisés Ville
(la primera colonia judía del país) y en las
‘Doce Casas’, como descendiente de los primeros
inmigrantes provenientes de Lituania que arribaron al país
en 1893, en el marco de la experiencia colonizadora del
Barón Hirsch y la JCA. Colabora desde hace tiempo con
crónicas y reportajes, en revistas y periódicos de
habla castellana. En 1995 publicó un primer volumen de
relatos breves y humorísticos titulados Entre mates y
mojitos. Tiene dos hijos y una nieta, Gabriela, quien fue el
origen de la escritura de
su segundo libro, Las Doce Casas, (…) ‘Rebobinando la
madeja volví a las memorias de la
infancia y pude escribir Las Doce Casas, historia de familias de
inmigrantes en la Argentina a fines del siglo XIX’ (…)"
(9).

En abril de 2001 se estrenó Un amor en
Moisésville (10), film dirigido por Antonio Ottone
–que también escribió el guión- y
protagonizado por Víctor Laplace y Cipe
Lincovsky. Sobre esa película se afirmó: "Antonio
Ottone regresa al cine de la mano de una historia ambientada en
tiempos en los que un contingente de la colectividad judía
procedente de Europa desembarcaba a principios de siglo en la
provincia de Santa Fe. Víctor Laplace y Cipe Lincovsky
hacen un homenaje desde sus personajes" (11).

Mandel Krupnik llegó "desde la fría
Yeckhaterinoslav a Moisés Ville, desde los trineos tirados
por perros
fortachones y casas con paredes dobles, a los gauchos de
Gerchunoff y las semillitas de girasol, tostadas y saladas, de la
tarde" (12).

En uno de los poemas reunidos en Monsieur Jaquin,
José Pedroni canta, a partir del relato de una
colonizadora, la muerte de Ana Esser en el litoral, al
desembarcar: "Por bajar mirando al cielo/ cayóse de la
planchada/ con todo el pelo rubio,/ con toda su carne blanca./ El
Paraná, boca arriba,/tres días que la miraba,/ los
ojos llenos de peces,/
ofreciéndole naranjas".

A los catorce días de arribar a Colonia
Esperanza, muere uno de los pioneros. Su mujer no tiene
dónde enterrarlo: "No hay una caja para Peter Zimmermann/
muerto en la madrugada./ -‘Los ataúdes de
Hintertiefenbach/ eran de pino y haya’-./ Anna Elisabeth
Leiser/ está vaciando el arca./ Sin hablar, sus tres
hijos/ míranla arrodillada./ Por el suelo la ropa, los
retratos,/ la Biblia deshojada" (13).

Después de viajar durante cuatro años, los
húngaros Horogh llegaron al Hotel de Inmigrantes
porteño. "Por fortuna apareció allí un
señor descendiente de suizos –propietario de un
molino harinero- que buscaba emplear a un técnico
electricista, la profesión de Béla. Así fue
que de inmediato consiguió trabajo y la familia se
trasladó a Estación Matilde, un pequeño
pueblo del interior de la provincia de Santa Fe" (14).

A Santa Fe llegaron asimismo los italianos. Escribe
Girolamo Bonesso, en Colonia Esperanza, en 1888: "Aquí,
del más rico al más pobre, todos viven de carne,
pan y minestra todos los días, y los días de fiesta
todos beben alegremente y hasta el más pobre tiene
cincuenta liras en el bolsillo. Nadie se descubre delante de los
ricos y se puede hablar con cualquiera. Son muy afables y
repetuosos, y tienen mejor corazón que ciertos canallas de
Italia. A mi
parecer, es bueno emigrar" (15).

Alfredo Coasollo "había nacido en 1875, en la
provincia de Torino, comuna del Monasterio de Cantalupa. (…) A
la edad de 15 años se embarcó en Génova
rumbo a Buenos Aires, completamente solo, empleando 48
días en el viaje con el vapor ‘Manila’. El
pasaje le costó 163 liras, y arribó al puerto de
Buenos Aires con un capital de 7 liras y un inmenso entusiasmo de
trabajar. El director del hotel de inmigrantes le entregó
un pan de 4 kilos ya cortado y lo puso sobre el tren rumbo a
estación Aurelia, en la provincia de Santa Fe"
(16).

Los Vairoleto, emigrados desde el Piamonte, "siguieron
hasta Rosario remontando el gran río Paraná. Al
bajar en los muelles con sus bultos, mientras la sirena de la
nave seguía anunciando el arribo, los emigrantes de
tercera clase se encontraron con una cantidad de gente que les
hablaba en piamontés, ofreciéndoles los más
variados destinos y trabajos a cambio de
alojamiento y comida. Todo les resultaba asombroso y no era
fácil saber qué les convenía, pero
tenían que hacer la prueba. Vittorio comenzó
trabajando en la cosecha de esa temporada, y emprendieron un
largo itinerario buscando un pedazo de tierra donde afincarse"
(17).

En La gran inmigración (18), de Ema Wolf y
Cristina Patriarca, se incluyen algunas "Cartas de recién
venidos". Una de ellas es la que envía Luigi Basso, desde
Rosario, en 1878, en la que escribe: "He pensado en marcharme a
Montevideo, y si no hay trabajo me voy al Brasil, que allí
hay más trabajo y al menos tienen buena moneda, no como
aquí, en la Argentina, que el billete siempre pierde
más del veinte (por ciento) y no se ve ni oro ni
plata".

Guillermo House evoca, en "El mangrullo", a un hijo de
italianos: "El conscripto Colombo (un hijo de gringos de la
provincia de Santa Fe) es regular tirador, pero flojazo para las
penurias" (19).

Hacia América parte un hombre desde
Italia. Por amor al marido emigrado tiempo antes, la madre
abandona a sus hijas, llevando al hijo varón, en el
cuento "El
tren de medianoche" de Syria Poletti. La escritora recuerda
así este episodio: "En ese instante, momento en que mi
madre me dejó para reunirse con mi padre en tierras de
América, nacen el drama y la rebeldía, pero
también la revelación de la soledad y su misterio.
Fue como si de pronto se hubiesen abierto las compuertas de la
vida adulta, y, al mismo tiempo, asomara la certeza de otro
llamado. Al irse, mi madre respondía a un llamado
ineludible. Yo también, con el tiempo, respondería
a un llamado" (20).

"Mi padre –escribe a La Nación Enrique
Bieganski-, llegado circunstancialmente a estas pampas (fue
tripulante del acorazado alemán Graf Spee), siempre me
decía que se había enamorado de Rosario a primera
vista y amaba nuestro querido Paraná" (21).

A criterio de Alberto Abriata, la historia de Rosario
"nos relata los grandes esfuerzos que inmigrantes italianos,
españoles, judíos, sirios, alemanes, ingleses,
paraguayos y de otras nacionalidades aportaron con sus
conocimientos artesanales, científicos, artísticos
y humanísticos, que se evidencian hoy en la mejorada y
perfectible, sin duda, calidad de
vida de los rosarinos" (22).

En "Los Fernández invaden Argentina", el español
José Luis Entrala Fernández recuerda a algunos de
sus antepasados, que se establecieron en Santa Fe: "Antonio
Fernández Osuna nació el 25 de febrero de 1841 en
Encinas Reales (…) había salido del hogar paterno, para
graduarse como maestro de enseñanza primaria tras unos estudios que
probablemente haría en una Escuela privada de Maestros de
Antequera y revalidaría en la Escuela Normal de Magisterio
de Granada, o en la de Málaga. Antonio ejerció su
profesión en Antequera, pueblo grande y rico en la
provincia de Málaga. No hemos conseguido, hasta ahora,
saber que clase de actividad desarrolló aunque lo
más corriente en aquellos años era que los maestros
impartieran clases en su propia casa. Seguramente Antonio
trabajó así pero no podemos descartar que fuera
profesor en alguna Escuela antequerana. Lo que sí sabemos
es que se casó, apenas cumplidos los 20 años, con
una sevillana de Gilena conocida por Gracia Hidalgo Cisneros
(…) Gracia y Antonio pusieron casa en la Antequera de 1861
(…) No hay unanimidad de criterios sobre la economía de los
Fernández Hidalgo pero no podemos ignorar que los sueldos
de los maestros en aquellos años apenas llegaban para ir
alimentando y vistiendo a la creciente prole que llenaba la casa
(…) Seguían viviendo en Antequera hasta que la menor,
Carmen, cumplió los 15 años. Fue entonces cuando
desde Argentina se pidieron maestros españoles para
trabajar "en la campiña" de la provincia de Santa Fe, con
contratos por
tres años y un sueldo de 60 pesos mensuales cuyo valor
adquisitivo no acierto a fijar. Pero debía ser bastante
porque Antonio, que ya tenía 48 años y cinco hijos
en casa (todos menos la mayor, Pepa, ya casada, y Fernando,
fallecido en la infancia) no dudó en emigrar hacia el
Dorado que entonces representaba la Argentina para los
españoles. Antonio, Gracia y sus cinco hijos se embarcaron
en el trasatlántico "Provence" seguramente en Gibraltar,
aunque la travesía se había originado en Barcelona,
y se marcharon para no volver jamás a la Madre Patria.
(…) En Argentina hacían falta maestros para
enseñar en los pueblos. La ley de Educación
Común de 1884, mediante la cual el gobierno de
Juárez Celman quiso elevar el nivel de la enseñanza
primaria en el país, había concluido su primera
fase con la construcción de numerosas escuelas en
pequeños núcleos rurales de todo el territorio
argentino. Y entonces surgió un grave problema por la
falta de maestros que las regentaran. Los escasos titulados de
nacionalidad
argentina no querían dejar las grandes ciudades.
Así que el gobernador de la provincia de Santa Fe, Manuel
Gálvez, cortó por lo sano y resolvió
contratar 60 maestros trayéndolos de España por
razones de "idioma, raza y religión". Para ello
se constituyó en Madrid una
comisión encargada de buscar candidatos que, eso si,
debían superar una larga serie de requisitos tales como
"celo por su trabajo, cumplimiento del deber, cumplimiento de la
Fe Católica y resultados comprobados de eficiencia en la
labor docente". Antonio, cumplía todos los requisitos con
su larga experiencia antequerana, y fue uno de los 60
seleccionados que viajaron entre febrero y junio de 1889.
Concretamente llegó a tierras argentinas el 7 de abril de
1889 para incorporarse a la escuela de San Carlos Centro, pueblo
muy cercano a Santa Fe de la Vera Cruz, capital de la provincia
de su nombre donde tomó posesión el 13 de abril del
mismo año. En el Archivo General
de la provincia de Santa Fe (página 202 del "Registro Oficial
de la Provincia de Santa Fe") se guarda el "decreto sobre varios
nombramientos escolares" con la cita expresa de Antonio Fernandez
Osuna como "profesor de la graduada de varones de San Carlos
Centro". Está firmado, por el gobernador Gálvez y
por Juan M. Caffarata, el 7 de junio de 1889 pero con efectos
retroactivos desde el anterior 13 de abril. Esto significa que
Antonio comenzó a trabajar y a generar sus 60 pesos
mensuales de sueldo seis días después de su llegada
a tierras de América. (…)".

Gladys Onega evoca en Cuando el tiempo era otro, un
conflicto
bélico relacionado con la vida cotidiana de los
inmigrantes y sus hijos: "nunca he dudado de que la Guerra Civil
también se libró en mi casa. El día del
cumpleaños de mi hermana Chichita, el 17 de julio de 1936,
Franco declaró el estado de
guerra en las Canarias y ésa fue la señal para que
el 18 se extendiera a toda España. El 1° de abril de
1939, a los veinte días de mudarnos a Rosario,
terminó. En esos tres años, mientras yo estaba viva
en Acebal, la mitad de España moría, muerta por la
otra mitad. No sabíamos que había comenzado la
matanza y ese día, como siempre, mis hermanos, mis primos
y los chicos tomamos chocolate. Cuando hubo pasado tres
años, Bebo, Chichita y yo supimos el día final
porque entró Justo Vega y llorando lo dijo, ya no en mi
casa natal sino en el departamento alquilado de Rosario donde
vivíamos y yo, la niña que era entonces y hoy
evoco, sé que sentí dolor por las lágrimas
de Justo, por el silencio de mi padre y porque no pude aliviarlo
con juegos en las
calles del pueblo, que ya no estaban, y todavía yo no
tenía con quién jugar" (23).

"El 26 de octubre del año 1855 –escribe
Roberto Zehnder- abandonamos Basilea, adonde hemos llegado antes
del mediodía en omnibus. (N. Del A. Probablemente sea
algún tipo de diligencia que lo llevaba desde su pueblo de
origen hasta una ciudad importante como lo es Basilea), y nos
alojamos en una hostería de nombre "El Buey colorado".
(…) La mitad de los pasajeros del "Lord Ranglan" fue trasladado
en un barco a vapor chico a Santa Fé y alojados al norte
de la ciudad; mientras la otra mitad abandonaba el puerto de
Buenos Aires tres días antes de nosotros y llegaron al
puerto de Santa Fé al mismo minuto para anclar. En el
barco se encontraron Guillermo Hübeli, Ricardo Buffet,
Buchard Griboldi, como viajeros del "Lord Reglan" (N. Del A.:
Lord Raglan)" (24).

El belga Carlos de Mot fue el responsable de la segunda
colonización de Sunchales, provincia de Santa Fe. Roxana
Lusso lo evoca en un trabajo que transcribo parcialmente, en el
que afirma: "El gobernador de Santa Fe, Mariano Cabal, con su
obra de gobernar poblando, buscó a hombres de empresa para
llevar a cabo sus proyectos, entre
ellos estaba Carlos de la Mot o de Mot, de nacionalidad
belga, de origen noble, a quien le encargaron la
colonización de Los Sunchales. De Mot concibió
la empresa de
traer agricultores de Europa y afincarlos alrededor del Fuerte,
en las mismas tierras de la colonización anterior. El 18
de mayo de 1868, se firmó el contrato de
colonización con Carlos de Mot, y el 16 de julio de ese
año se estableció la segunda colonización de
Los Sunchales. Después de firmado el contrato con el
gobierno de la provincia de Santa Fe, Carlos de Mot se
trasladó a Europa a buscar las familias de agricultores.
Después de un año, apareció con los primeros
colonos, italianos, franceses, suizos, ingleses,
españoles, alemanes y algunos belgas. (…)"
(25).

Dennis Clifford Crisp, hijo de ingleses, relató:
"Mis padres vinieron a la Argentina en 1910. Mi padre era
empleado de La Forestal y se radicó en el Chaco
Santafecino. Yo nací en Guillermina y mi hermano (que es
veterano de la RAF) en Tartagal, así que mi primer idioma
fue el guaraní" (26).

El nombre de la localidad "El Trébol"
"surgió durante la construcción del ramal del Ferro
Carril Central Argentino que partió de Cañada de
Gómez hacia Las Yerbas, el cual fue financiado con
capitales de origen británico, siendo esta empresa
subsidiaria la encargada de la denominación de las
estaciones que iban surgiendo. Seguramente el recuerdo de su
patria natal, provocó que tres estaciones seguidas
recibieran el nombre de los símbolos de la Gran Bretaña.
Así surgieron "Las Rosas" por las
rosas rojas y blancas del escudo de Inglaterra; "Los
Cardos" en recuerdo de Escocia; y "El Trébol" en homenaje
a la flor típica de Irlanda" (27).

Notas

1 S/F: Para todos los hombres del mundo que quieran
habitar el suelo argentino. Buenos Aires,
Clarín.

2 Fernández, Roxana: "Protegen lugares
históricos vinculados a los inmigrantes", en
Clarín, Buenos Aires, 19 de abril de 1999.

3 Weinstein, Ana E. y Toker, Eliahu: La letra
ídish en tierra argentina Bío-bibliografía de sus autores
literarios. Buenos Aires, Milá, 2004.

4 Gerchunoff, Alberto: "Autobiografía", en
Alberto Gerchunoff, judío y argentino. Selección y
prólogo de Ricardo Feierstein. Buenos Aires, Milá,
2001.

5 Feierstein, Ricardo: op cit

6 Cociovich, Noe: Génesis de Moisésville.
Buenos Aires, Editorial Milá, 1987.

7 Korin, Moshé: "Personajes de la Historia del
Scholem Aleijem DR. JONAS KOVENSKY, En el recuerdo", en
www.scholem.com.ar.

8 Fistemberg Adler, Felipe: Moisés Ville.
Recuerdos de un pibe pueblerino. Buenos Aires, Milá, 2005.
112 págs. (Testimonios). Págs. 12-13.

9 S/F: en Dolinsky, Dina: Rincones.. Buenos Aires,
Editorial Milá, 2004. 64 p.

10 Ottone, Antonio, dir.: Un amor en Moisés
Ville. Abril de 2001.

11 S/F: "Un amor en Moisés Ville", en
Película Cinemark archivos/Cinemark-Ottone.htm

12 Frejtman, Teodoro R.: "Donde moran los
ángeles".

13 Pedroni, José: Hacecillo de Elena. Santa Fe,
Colmegna, 1987.

14 Masjoan, Lía: "Nosotros. Contratiempos y
alegrías de inmigrantes húngaros", en El Litoral on
line. Santa Fe, 4 de mayo de 2002.

15 Wolf, Ema y Patriarca, Cristina: La gran
inmigración. Buenos Aires, Sudamericana, 1991.

16 Britos, Orlando: "Historias de Crespo", en
Bienvenidos al mayor portal regional,
www.unespacio.com.ar.

17 Chumbita, Hugo: Ultima frontera. Vairoleto: Vida y
leyenda de un bandolero. Buenos Aires, Planeta, 1999.

18 Wolf, Ema y Patriarca, Cristina: La gran
inmigración. Buenos Aires, Sudamericana, 1991.

19 Romano, Eduardo (Selecc. prólogo y notas): El
cuento argentino 1930-1959* antología L. Gudiño
Kramer, J.P. Sáenz y otros Buenos Aires, CEAL, 1981.
Capítulo, pág. 83.

20 Fornaciari, Dora: "Reportajes periodísticos a
Syria Poletti", en Taller de imaginería. Buenos Aires,
Losada, 1977.

21 Bieganski, Enrique: "Rosario III", en La
Nación Revista, Buenos Aires, 24 de abril de
2005.

22 Abriata, Alberto: "Rosario (I)", en La Nación
Revista, Buenos Aires, 24 de abril de 2005.

23 Onega, Gladys: Cuando el tiempo era otro. Una
historia de infancia en la pampa gringa. Buenos Aires,
Grijalbo-Mondadori, 1999.

24 Zehnder, Roberto: "Anotaciones durante mi
inmigración, de Suiza a la República Argentina, por
Roberto Zehnder, colonizador", en
hugozingerling[arroba]educ.ar.

25 Lusso, Roxana: "Segunda colonización de Los
Sunchales", en www.sunchanet.com.ar.

26 Castrillón, Ernesto y Casabal, Luis: "Un
argentino en Birmania", en La Nación, Buenos Aires, 6 de
junio de 2004.

27 S/F: "Origen y fundación", en
www.eltrebol.gov.ar.

Santiago del Estero

En 1875 –señala Hugo Mataloni,
basándose en Comisión de Inmigración,
publicación oficial de ese año-, "La
Compañía de Córdoba recibe a los inmigrantes
que son destinados a Santiago del Estero, Tucumán, Salta,
Jujuy, La Rioja y Catamarca. El viaje a estas provincias se hace
en tropas de carros ‘enyantados’ tirados por mulas, y
que salen de Córdoba formando caravanas de 10 hasta 15 y
20 carros… Los caminos que pasan son excelentes…
(decían las crónicas de la época). La
seguridad de los
viajeros está arriba de toda ponderación… El
inmigrante viaja con toda comodidad en los vehículos pues
lleva consigo todo su equipaje; y como los carros son espaciosos
hay en ellos una especie de camarote en que el viajero pone su
cama como en un buque, y lee o duerme mientras se marcha, cuando
no prefiere adelantarse a caballo por ambos flancos del camino,
cazando o corriendo a caballo por las praderas y preciosos
bosques que se presentan en todo el recorrido. A la hora de comer
se hace alto, y se encienden los fogones para los asados y
demás comidas en conjunto. El viaje de este modo, saliendo
de Córdoba, dura 10 días a La Rioja y Catamarca, y
varía entre 12 y 15 días a Tucumán,
según el estado de los ríos" (1).

Los sirio-libaneses "comienzan a llegar a mediados del
siglo diecinueve, pero arriban con mayor intensidad a partir de
1896, radicándose en colonias fundadas entre ese
año y 1903. Se establecieron en Buenos Aires,
Córdoba, Santa Fe y Misiones. Más tarde llegaron al
Noroeste, a Santiago del Estero y a Cuyo (2) y a la Patagonia
fronteriza (3).

Les costaba hablar catellano a los árabes que
vivían en el interior: "en Tucumán y en Santiago
del Estero los legisladores de origen árabe llegaron a ser
mayoría. Cuenta Enrique Oliva –Francois Lepot- en La
vida cotidiana que en una sesión de la Cámara en
una de esas provincias, un diputado expresó: ‘Bara
explicar este broyecto, cedo la balabra al baisano Abraham, que
habla mejor la castilla’ " (4).

Gillian Charmion Ash "nació en Sotuhhampton, en
uno de los viajes que
recibía cada tres años su padre por ser empleado
del ferrocarril en Argentina. Los Ash conocieron destinos como La
Banda, Santiago del Estero, y Villa Constitución, Santa Fe. Claude se
entretenía con el cricket. Su madre, Lilwen, galesa, a
duras penas logró hablar castellano. Gillian, hija
única, se crió en esa atmósfera sajona"
(5).

Notas

1 Mataloni, Hugo: La inmigración entre 1886-1890.
Su proceso hasta
el gobierno de Gálvez. Santa Fe, Colmegna,
1992.

2 S/F: Para todos los hombres del mundo que quieran
habitar el suelo argentino. Buenos Aires,
Clarín.

3 S/F: "Viaje a la tierra de uno", en Clarín,
Buenos Aires, 27 de septiembre de 1998.

4 Pandra, Alejandro: "En busca de la esperanza", en El
Tiempo, Azul, 7 de septiembre de 2003.

5 Giubellino, Gabriel: "Naufragó en un ataque
nazi a los 3 años y busca a otros sobrevivientes", en
Clarín, Buenos Aires, 25 de noviembre de 2004.

Tierra del Fuego e Islas del
Atlántico Sur

Algunos europeos se establecían en Tierra del
Fuego. Eleonora Britten de Lewis "fue la primera mujer que
vivió en la Argentina austral. En 1870 llegó con su
esposo, James Lewis, y su hijo Guillermo a Río Gallegos.
Desde allí se dirigieron a Ushuaia en una goleta a vela,
pasando por las Islas
Malvinas, donde los esperaba Tomás Bridges, con quien
iban a establecer una misión evangélica. Instalados
en la primitiva población de la Tierra del Fuego, el
primer hijo del matrimonio Lewis,
nacido allí, recibió el nombre de Ushuaia. La
señora Lewis colaboró con su marido en la atención del establecimiento misional, y
contribuyó al progreso de la colonia indígena"
(1).

Otros inmigrantes eran los empleados en la
Penitenciaría. Lo afirma el alcaide mayor retirado Horacio
Benegas: "A principios de siglo, los primeros guardias eran
gallegos o yugoslavos, traídos a la Argentina para
trabajar en las cárceles. Muchos llegaban al puerto de
Buenos Aires y seguían viaje al penal de Ushuaia; otros
paraban en el Hotel de los Inmigrantes y eran destinados a
unidades de acá" (2).

El bisabuelo de Emi Pechar fue "un yugoslavo que
llegó a la Argentina a buscar un futuro, que fue
carpintero de la cárcel de Ushuaia y que luego
trabajó una porción de estas tierras hasta
ganársela" (3).

Rosa Damiana Fique, nieta del primer argentino que en
1887 se estableció en Ushuaia, recuerda a los italianos
que llegaron a la ciudad alrededor de 1950: ‘-Daba gusto
verlos, venían de una guerra y de pasar hambre, pero no
dejaban de sonreír y de cantar… Sí, los italianos
dieron vuelta al pueblo con su alegría" (4).

"Alberto María De Agostini nació en
Pollone, pequeño pueblo de Piamonte, en las
cercanías de Biella, el 2 de noviembre de 1883. "Punta
Arenas fue la base de partida para las primeras exploraciones de
Alberto De Agostini, quien no por casualidad mostró muy
pronto su interés
por la cordillera fueguina conocida como Cordillera Darwin"
(5).

Polidoro Segers vivió en Tierra del Fuego: "Iba
don Ramón
Lista a explorar aquellas regiones y a sentar definitivamente
nuestra soberanía sobre ellas. Necesitaba un
médico. Ningún profesional criollo quiso
arriesgarse en esa "patriada". El poeta Olegario V. Andrade,
padre político de Lista, lo exhortó e embarcarse y
Segers no se hizo de rogar… Con los conocimientos
científicos que poseía no le pareció
imposible ser "cirujano de segunda" en la expedición… Y
en noviembre de 1886 lo tenemos sobre el Villarino rumbo a Tierra
del Fuego. Como capellán iba el padre José Fagnano,
salesiano. Se hicieron grandes amigos. Cuando pisaron tierra
firme en San Sebastián, y los 25 hombres de Lista y del
capitán Marzano hicieron fuego sobre los onas, dejando
sobre la virgen tierra fueguina veintiocho cadáveres, el
sacerdote y el médico se levantaron, coléricos, en
nombre de la justicia y de la humanidad. En su interesante obrita
‘Hábitos y costumbres de los Onas’ describe
don Polidoro la impresionante muerte de un joven de dieciocho
años, atrincherado en una roca, con sólo su arco…
Recibió veintiocho balazos, sin contar el tiro de gracia.
Su perro estuvo llorando toda la noche al lado del heroico ona.
Cuando a la mañana siguiente fueron el capellán y
el médico para enterrar el cadáver del mancebo,
vieron un espectáculo macabro: el perro se había
comido todo lo que pudo de su amo, como para que esos despojos
queridos no cayeran en manos enemigas…

Desde aquel día, siempre que había que
vérselas con indios, eran Segers y Fagnano los encargados
de parlamentar. La primera vez que les tocó la no
fácil misión, se vieron en figurillas cuando
toparon de buenas a primeras con una tribu. Estaban ambos
perplejos. Entonces el médico -narra Fagnano-
comenzó a hacer piruetas, a dar saltos y otras
niñerías. Fue la salvación de ambos. Los
indios bajaron sus arcos y se acercaron, riendo, a los
embajadores. Desde entonces fueron los amigos de los onas. (…)"
(6).

"Thomas Bridges fue uno de los fundadores de la
Misión evangélica anglicana en Ushuaia y su
Director por muchos años, (…) ocupa lugar destacable
entre lo pioneros fueguinos, establecidos en estas tierras en
1871. La estancia Harbenton fue la primera estancia de la Isla
Grande de Tierra del Fuego, fundada en 1886 por Thomas Bridges,
dándole dicho nombre como recuerdo del pueblo natal de su
esposa, situado en Inglaterra" (7).

En Soy Roca, biografía novelada
escrita por Félix Luna, el protagonista se refiere a un
viaje que hizo en 1899: "Nos detuvimos en la desembocadura del
río Santa Cruz, visité alguna estancias de los
alrededores, casi todas de ingleses, y seguimos a Río
Gallegos, donde me hospedé en la casa del gobernador.
(…) Cuando íbamos llegando a Ushuaia me llamaron la
atención, en cierto punto de la costa, rebaños de
ovejas y construcciones muy prolijas entre macizos de flores y
espacios de césped; me dijeron que era la estancia de
Thomas Bridges, el pastor anglicano que anteriormente
había estado a cargo de la Misión en la isla; en
1886 renunció a su puesto y se vino a Buenos Aires a
solicitar tierras allí. Me lo presentó el senador
Antonio Cambaceres y lo recomendaba calurosamente el perito
Moreno. Tuve el gusto de promover, pocas semanas antes de dejar
la presidencia, una ley concediéndole 20.000
hectáreas en propiedad en Harberton, a unas quince leguas
de Ushuaia hacia el este. Bridges había fallecido meses
antes pero su estancia era la mejor de la isla, superando en
actividad a la que había establecido al norte, en
Río Grande, el asturiano José Menéndez. Me
dieron ganas de visitar Harberton y lo hice en el acorazado de
río ‘Independencia’, más chico que el
‘Belgrano’. Allí fui recibido por la viuda del
antiguo misionero y su familia. En el jardín tomamos el
té con sandwiches y frutillas de la zona con crema. Fue
una tarde gloriosa para Gramajo, que decía estar harto del
rancho del ‘Belgrano’… Por un momento no me
pareció encontrarme en el confín del mundo sino en
una casa de Sussex, o más bien, de Devon-shire, de donde
era oriundo Bridges. Después visitamos los campamentos de
los indios yaganes y onas que trabajaban en el establecimiento.
Al menos aquí no se los perseguía, como
había hecho aquel aventurero rumano Julio Popper, que en
tiempos de mi concuñado instaló un lavadero de oro
en el norte de la isla, y como también lo hacían,
según los rumores que había escuchado, algunos
capataces de Menéndez" (8).

Carlos Pellegrini, protagonista de la novela
histórica escrita por Gastón Pérez
Izquierdo, recuerda a Bridges: "Un predicador inglés, Mr.
Thomas Bridges, había pasado una larga temporada en la
Tierra del Fuego como misionero de la Iglesia Anglicana y de paso
criando lanares que había introducido desde las Islas
Malvinas. Estaba en Buenos Aires preparándose para
embarcar a Inglaterra –y disfrutar una temporada de sus
buenos negocios– de
manera que no rehusó una invitación de la Sociedad
Literaria Inglesa para pronunciar una conferencia sobre su
inquietante experiencia" (9).

En Tierra del Fuego vivieron el reverendo Dobson y su
esposa, personajes de Fuegia (10), novela de Eduardo
Belgrano Rawson. En esa obra, un sacerdote afirma acerca de los
anglicanos: "Pobres diablos. ¿Cómo no van a
sentirse desengañados? Ya sabemos cómo hacen para
reclutarlos. ¿Acaso no les pintan todo esto como un
paraíso repleto de aldeas? Me imagino las fantasías
que traen. ¿Y qué encuentran a su
llegada?".

La viuda del reverendo Dobson evoca los planes que
hacìan sobre la emigraciòn, alentados por noticias
tendenciosas: "Despuès de pasar una tarde en la
Uniòn Misionera, volvìan a casa con su marido por
un sendero de gramilla perfumada. Llevaba seis meses de casada
con Dobson. Hicieron un alto en el parque y abrieron un paquete
de bollos. Charlaron del futuro viaje a Sudamèrica. Dobson
dibujò la misiòn sobre el papel de los bollos.
Habìa un grupo de canaleses entonando sus himnos y un
paquebote en el horizonte. Los canaleses figuraban como
‘naturales amistosos’ en todas las publicaciones del
Almirantazgo, de modo que agregò un nativo haciendo
cabriolas. Su mujer le suplicò que dibujara una huerta.
Dobson puso la huerta y metiò algunas ovejas. Estuvo
tentado de añadir el cementerio, pero desistiò a
ùltimo momento. Ella estudiò bien el dibujo y
concluyò que nada faltaba. Tratò vanamente de
hallarle algùn parecido con su aldea de Sussex. Pero igual
le propuso: ‘Pongàmosle Abingdon’.
Pensò emocionada: ‘El Señor es mi
pastor’ ".

Vivieron asimismo los escoceses que se dedicaron a la
cría de ganado. Leemos en un pasaje de la misma novela:
"Cuando les resultó evidente que habían echado mano
a los mejores campos del mundo, los criadores de toda la isla
resolvieron cruzar sus mediocres ovejas con padrillos europeos.
Para entonces ya nadie soñaba con transformar a los
lugareños en sus pastores perfectos. En realidad, a los
parrikens les sobraban condiciones para el puesto: corrían
treinta kilómetros de un tirón, podían
dormir al sereno en invierno y resistían sin probar bocado
como el más bruto de los galeses. Pero nada
aborrecían más en el mundo que el trabajo de
ovejeros, de modo que los criadores olvidaron por fin el asunto y
junto con los padrillos importaron pastores de Escocia, quienes
trajeron hasta los perros".

Sulko Romero Roberts es "un estanciero de 58
años, descendiente de españoles e irlandeses. Sus
tierras están en Río Grande, Tierra del Fuego,
cerca de la estancia Sara, de la familia Braun, dueños de
setenta mil hectáreas y sesenta y dos mil ovejas"
(11).

En Tierra del Fuego vivió Julius Popper. El
fotógrafo y explorador nació en Bucarest en 1857 y
falleció en Buenos Aires en 1893. "Estudió Ingeniería en Minas en París y
realizó múltiples viajes por el resto de Europa,
Oriente Medio, América del Norte, México y Cuba.
Establecido en la Argentina, en 1866 viajó a Punta Arenas,
Chile y descubrió oro en la bahía de San
Sebastián, sobre el océano Atlántico. En
1887 realizó una muestra con sus
fotografías tomadas en Tierra del Fuego, junto a mapas, armas, utensilios
indígenas y muestras de arenas auríferas.
Fundó la Compañía ‘Lavaderos de Oro
del Sud’ " (12).

También a las Islas Malvinas
llegaron pioneros escoceses: "En 1842 llegaron dieciocho
pobladores, en 1849 treinta y en 1859 otros treinta y cinco, con
sus respectivas familias. El último contingente
llegó en 1867. Poco a poco colonizaron todas las islas.
Estos escoceses trasladaron a las Malvinas sus costumbres, entre
otras la de criar ovejas, no vacunos. Sus descendientes forman la
gran mayoría de la población malvinense nativa, de
la población estable actual, porque las Malvinas tienen
también una población inestable, de origen no
escocés sino inglés: son los funcionarios y los
militares" (13).

Notas

1 Sosa de Newton, Lily: Diccionario Biográfico de
Mujeres Argentinas, Buenos Aires, Plus Ultra, 1986.

2 Messi, Virginia: "Los últimos días de la
cárcel de Caseros", en Clarín, Buenos Aires, 8 de
noviembre de 2000.

3 S/F: "Usted es nuestro protagonista", en
Aerolíneas Argentinas Magazine. Buenos Aires, Mayo
2004.

4 Sotelo, Sergio (texto) y
Pessah, Daniel (fotos): "Estampas
del fin del mundo", en La Nación Revista, 15 de agosto de
2004.

5 S/F: Cuadernos Patagónicos – 2 El padre
De Agostini y la Patagonia, en www.tecpetrol.com

6 Entraigas, Raúl Agustín; "Polidoro
Segers, el primer médico de Tierra del Fuego", en Museo
del Fin del Mundo. Biblioteca Virtual,:www.Tierra del
Fuego.org.ar.

7 Yess, Soledad: "Tierra del Fuego y sus
topónimos", en www.misionorg.com.ar.

8 Luna, Félix: Soy Roca. Buenos Aires,
Sudamericana, 1991, pp. 322-3.

9 Pérez Izquierdo, Gastón: La
última carta de Pellegrini. Buenos Aires, Editorial
Sudamericana, 1999.

10 Belgrano Rawson, Eduardo: Fuegia. Buenos Aires,
Sudamericana, 1990.

11 González Toro, Alberto (texto) y
González, Ricardo (fotos): "La Patagonia de Kirchner", en
Clarín Viva, Buenos Aires, 2 de noviembre de
2003.

12 Varios autores: Enciclopedia Visual de la Argentina.
Buenos Aires, Clarín, 2002.

13 Gallez, Pablo: "Malvineros, ingleses, escoceses y
argentinos", en La Nueva Provincia, Bahía Blanca, 18 de
febrero de 1999.

Tucumán

Amadeo Jacques (París, 1813; Buenos Aires, 1865),
"En Francia, estudió en el Liceo de Borbón y en la
Escuela Normal de París; dictó clases en Amiens y
Versalles y, a los 24 años, obtuvo el doctorado en Letras
en La Sorbona. Poco después se graduó como
Licenciado en Ciencias
Naturales en la Universidad de París. Luego de ejercer
la docencia en otras instituciones francesas, en 1852 se
trasladó a Montevideo, Uruguay, y
más tarde se estableció en Entre Ríos, donde
se dedicó a la daguerrotipia y a la agrimensura. En 1858
fue nombrado director del Colegio de San Miguel de
Tucumán, donde desarrolló una obra renovadora de
los sistemas
pedagógicos. En 1860 se dedicó al periodismo,
publicando proyectos de reglamentos sobre instrucción
pública en diarios de la provincia de Tucumán. Por
ofrecimiento del vicepresidente de la República, Marcos
Paz, fue director y, años más tarde, rector del
Colegio Nacional de Buenos Aires. En esa función
transformó la enseñanza, introduciendo las nuevas
ideas cientificistas que provenían de Europa y
planeó la educación primaria, secundaria y
universitaria. Fue un renovador de la enseñanza en la
Argentina". (1).

Mary E. Conway (Boston, 1848) "Era hija de James Conway
y prima del escritor Hugo Conway y vino a la Argentina durante la
presidencia de Domingo Faustino Sarmiento, para cooperar en su
obra en el campo del normalismo. Luego de estudiar castellano
cuatro meses en Paraná, fue destinada a la Escuela Normal
de Tucumán y realizó allí una meritoria
labor, respaldada por su ilustración. Cuando la escuela se
afianzó, hizo renuncia de su cargo y se instaló en
Buenos Aires, donde fundó el prestigioso Colegio
Americano. Allí dictó cátedras y
pronunció numerosas conferencias, en las que desarrollaba
los temas más diversos con gran facilidad de palabra. Este
colegio estuvo instalado en tres edificios distintos, el
último de los cuales se encontraba en Carlos Pellegrini y
Juncal. Allí murió su fundadora el 3 de agosto de
1903" (2).

A Tucumán viajó, muy a su pesar,
José Wanza, que escribe en 1891 una carta que envía
"a la redacción de El Obrero, de un contenido tan
valioso que no podemos resistir la tentación de
reproducirla: "Aprovecho la ida de un amigo a la ciudad para
volver a escribirles. No sé si mi anterior habrá
llegado a sus manos. Aquí estoy sin comunicación con nadie en el mundo.
Sé que las cartas que mandé a mis amigos no
llegaron. Es probable que éstos nuestros patrones que nos
explotan y nos tratan como a esclavos, intercepten nuestra
correspondencia para que nuestras quejas no lleguen a conocerse.
Vine al país halagado por las grandes promesas que nos
hicieron los agentes argentinos en Viena. Estos vendedores de
almas humanas sin conciencia, hacían descripciones tan
brillantes de la riqueza del país y del bienestar que
esperaba aquí a los trabajadores, que a mí con
otros amigos nos halagaron y nos vinimos. Todo había sido
mentira y engaño. En B. Ayres no he hallado
ocupación y en el Hotel de Inmigrantes, una inmunda cueva
sucia, los empleados nos trataron como si hubiésemos sido
esclavos. Nos amenazaron de echarnos a la calle si no
aceptábamos su oferta de ir
como jornaleros para el trabajo en plantaciones a Tucumán.
Prometían que se nos daría habitación,
manutención y $20 al mes de salario. Ellos se
empeñaron hacernos creer que $20 equivalen a 100 francos,
y cuando yo les dije que eso no era cierto, que $20 no
valían más hoy en día que apenas 25 francos,
me insultaron, me decían Gringo de m… y otras
abominaciones por el estilo, y que si no me callara me iban hacer
llevar preso por la policía. Comprendí que no
había más que obedecer. ¿Qué
podía yo hacer? No tenía más que 2,15
francos en el bolsillo. Hacían ya diez días que
andaba por estas largas calles sin fin buscando trabajo sin
hallar algo y estaba cansado de esta incertidumbre. En fin
resolví irme a Tucumán y con unos setenta
compañeros de miseria y desgracia me embarqué en el
tren que salía a las 5 p.m. El viaje duró 42 horas.
Dos noches y un día y medio. Sentados y apretados como las
sardinas en una caja estábamos. A cada uno nos
habían dado en el Hotel de Inmigrantes un kilo de pan y
una libra de carne para el viaje. Hacía mucho frío
y soplaba un aire heladísimo por el carruaje. Las noches
eran insufribles y los pobres niños que iban sobre las
faldas de sus madres sufrían mucho. Los carneros que iban
en el vagón jaula iban mucho mejor que nosotros,
podían y tenían pasto de los que querían
comer. Molidos a más no poder y
muertos de hambre, llegamos al fin a Tucumán. Muchos iban
enfermos y fue aquello un toser continuo. En Tucumán nos
hicieron bajar del tren. Nos recibió un empleado de la
oficina de
inmigración que se daba aires y gritaba como un
bajá turco. Tuvimos que cargar nuestros equipajes sobre
los hombros y de ese modo en larga procesión nos obligaron
a caminar al Hotel de Inmigrantes. Los buenos tucumanos se
apiñaban en la calle para vernos pasar. Aquello fue una
chacota y risa sin interrupción. íAh Gringo!
íGringo de m…a! Los muchachos silbaban y gritaban, fue
aquello una algazara endiablada. Al fin llegamos al hotel y
pudimos tirarnos sobre el suelo. Nos dieron pan por toda comida.
A nadie permitían salir de la puerta de calle.
Estábamos presos y bien presos. A la tarde nos obligaron a
subir en unos carros. Iban 24 inmigrantes parados en cada carro,
apretados uno contra el otro de un modo terrible, y así
nos llevaron hasta muy tarde en la noche a la chacra.
Completamente entumecidos, nos bajamos de estos terribles carros
y al rato nos tiramos sobre el suelo. Al fin nos dieron una media
libra de carne a cada uno e hicimos fuego. Hacían 58 horas
que nadie de nosotros había probado un bocado caliente. En
seguida nos tiramos sobre el suelo a dormir. Llovía, una
garúa muy fina. Cuando me desperté estaba mojado y
me hallé en un charco. íEl otro día al
trabajo! y así sigue esto desde tres meses. La
manutención consiste en puchero y maíz, y no
alcanza para apaciguar el hambre de un hombre que trabaja. La
habitación tiene de techo la grande bóveda del
firmamento con sus millares de astros, una hermosura
espléndida. íAh qué miseria! Y hay que
aguantar nomás. ¿Qué hacerle? "Hay
tantísima gente aquí en busca de trabajo, que
vejetan en miseria y hambre, que por el puchero no más se
ofrecen a trabajar. Sería tontera fugarse, y luego,
¿para dónde? Y nos deben siempre un mes de salario,
para tenernos atados. En la pulpería nos fían lo
que necesitamos indispensablemente a precios
sumamente elevados y el patrón nos descuenta lo que
debemos en el día de pago. Los desgraciados que tienen
mujer e hijos nunca alcanzan a recibir en dinero y
siempre deben. Les ruego compañeros que publiquen esta
carta, para que en Europa la prensa proletaria
prevenga a los pobres que no vayan a venirse a este país.
íAh, si pudiera volver hoy! "íEsto aquí es
el infierno y miseria negra! Y luego hay que tener el chucho, la
fiebre
intermitente de que cae mucha gente aquí. Espero que
llegue ésta a sus manos: Salud.a …" (3).

El naturalista Abraham Willink (Frisia,1924 – San Miguel
de Tucumán, 1998) era "licenciado en Ciencias
Naturales egresado de la Universidad Nacional de la Plata en
1944, se especializó en entomología. En la
Universidad de Tucumán ocupó diversos cargos: fue
profesor, director de la Fundación y del Instituto
‘Miguel Lillo’ y decano de la facultad de Ciencias
Naturales. También fue investigador del CONICET y
presidente de la Sociedad Entomológica Argentina.
Formó parte de varias instituciones científicas del
país y del exterior y obtuvo numerosos premios"
(4).

En 2002, Guadalupe Henestrosa mereció el V Premio
Clarín de Novela por Las ingratas Novela sentimental. Una
de las gallegas que presenta en esa obra, se establece en
Tucumán: "Griseldo Salazar había perdido los brazos
a los dieciocho años: un trapiche azucarero se los
había arrancado sin ninguna dulzura. Desde entonces
llevaba un poco más abajo del codo unos muñones
llenos de cicatrices. Después de varios meses en el
hospital entre láudano y enfermeras, los médicos lo
habían puesto en las calles de San Miguel de
Tucumán sin manos para llevar el atadito de ropa, lo
único que tenía en el mundo. (…) Todo se hizo
rápido, con un trámite civil y una bendición
del padre Agapito. No hubo almuerzo de festejo porque Griseldo no
comía en público: cuando estaban a solas, Socorro
le colocaba una gran servilleta en el cuello y lo alimentaba como
a un bebé. (…) Roca colaboró con la compra de
mercaderías, y hasta Cachito dio una mano para cargarlas
en la caja del camión. Unos días después de
la boda el asunto estaba resuelto, y Socorro, convertida en la
señora de Salazar, estaba lista para instalarse en el
lejano Norte e iniciar una nueva vida entre las sierras. No
podía ni siquiera pensar en el futuro: los ojos y el
aliento sólo le alcanzaban para contemplar un día a
la vez" (5).

Notas

1 Varios autores: Enciclopedia Visual de la Argentina.
Buenos Aires, Clarìn, 2002.

2 Sosa de Newton, Lily: Diccionario Biográfico de
Mujeres Argentinas. Buenos Aires, Plus Ultra, 1986.

3 Wanza, José: "Carta de un inmigrante" (a) El
Obrero; Nº 36, del 26/9/1891. Tomado de: José
Panettieri, Los Trabajadores. Biblioteca argentina fundamental.
Serie complementaria: Sociedad y Cultura/18.
Centro Editor América
Latina. 1982. Págs.101a 104. En
www.clarin.com.ar.

4 Varios autores: Enciclopedia Visual de la Argentina.
Buenos Aires, Clarìn, 2002.

5 Henestrosa, Guadalupe: Las ingratas Novela
sentimental. Buenos Aires, Suma de Letras Argentinas, 2005. 264
pp.

…..

Al norte y al sur, al este y al oeste, se dirigieron los
inmigrantes, en busca de un lugar donde establecerse, donde
trabajar y criar a sus hijos. Muchos de sus descendientes siguen
viviendo en la provincia elegida por sus ancestros, y es
frecuente encontrarlos trabajando en el mismo rubro que sus
antepasados, en empresas que
crecieron a través de los años.

V
Actitudes

En 1910, el nicaragüense Rubén
Darío escribió "Canto a la Argentina", en el
que expresa: "¡Argentina, región de la aurora!/
¡Oh, tierra abierta al sediento/ de libertad y de
vida,/ dinámica y creadora!" (1).

El doctor Alberto Sarramone, autor de varios libros sobre
la historia de la inmigración en nuestro país
–algunos de ellos traducidos al francés-, afirma que
"La noción exacta y actual de emigración, en
general, tiene dos referentes direccionales: emigración en
un sentido estricto, cuando se busca significar la salida de
personas o grupos de un país o región.
Inmigración, noción relacionada con la
recepción de población externa en un país o
región determinado", y señala que "ambas tienen su
origen en el régimen de libertad instaurado a partir de la
revolución
francesa, con el reconocimiento de los derechos del hombre y del
ciudadano y entre ellos el de emigrar, consagrados en la
constitución del 31 de octubre de 1791. Con anterioridad,
no se podía hablar de las formas modernas de
emigración, que requieren como notas definitorias para la
existencia plena del fenómeno, estar en un marco aunque
sea imperfecto de libertad" (2).

Ya hemos citado a Marcelo Bazán Lazcano, quien se
refiere a la Ley Avellaneda, de 1876, la cual proporciona la
definición de inmigrante (3). Pero –afirma Andrew
Graham Yooll- algunos europeos no se sentían incluidos en
esta definición, ya que "los británicos se negaron
tenazmente a ser categorizados como inmigrantes, lo que
significaba un descenso en la clase social" (4).

Félix Luna señala que "la política
de inmigración que llevaron adelante los gobiernos del
Régimen Conservador fue muy amplia y nada discriminatoria.
No se pusieron trabas a ningún tipo de inmigración.
Incluso Roca, durante su primera presidencia, nombró a un
agente especial de inmigración para que intentase desviar
hacia la Argentina a la corriente de judíos rusos que
huían de los pogroms, generalmente a Estados Unidos.
Precisamente en esos últimos años del siglo,
empezaron a instalarse algunas colonias de judíos en la
ciudad de Buenos Aires. La política era pues muy amplia y,
aunque en algún momento hubo voces que se levantaron para
protestar contra algún tipo de inmigración que
aparentemente no interesaría al país, en
ningún momento se sancionaron leyes
restrictivas" (5).

En "De políticos, santos y literatos",
señala Fernando Sorrentino: "Después del
derrocamiento, en 1852, de Juan Manuel de Rosas, se
sancionó, el 1º. de mayo de 1853, la
Constitución de la Nación Argentina. En el
"Preámbulo", los representantes concluyen diciendo que
'[…] ordenamos, decretamos y establecemos esta
Constitución para la Nación Argentina' tras haber
afirmado que lo hacen 'con el objeto de constituir la
unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz
interior, proveer a la defensa común, promover el
bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad para
nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del
mundo que quieran habitar en el suelo argentino'.

Ahora bien, cuando cualquier culto político
argentino de traje y corbata enfrenta una cámara de
televisión
o pontifica ante un micrófono de radio o se
desgañita en una barricada popular, una irresistible
fuerza
altruista lo impulsa a adoctrinar de este modo a sus oyentes: 'En
cuanto a la inmigración, ya se sabe que, según lo
estipula nuestra Constitución, la Argentina está
abierta a todos los hombres de buena voluntad que quieran habitar
el suelo argentino'.

Y si, de acuerdo con la versión evangélica
latina, San Lucas (2, 14) ha dicho 'Gloria in altissimis Deo, et
in terra pax hominibus bonae voluntatis', el opulento ocioso en
cuestión ha metido, velis nolis, al santo entre los
constituyentes de 1853, reemplazando el amplio atributo del mundo
por el muy restrictivo de buena voluntad.

Este traspié se debe, sin duda, a que -en su
versatilidad- los políticos argentinos pueden citar con
igual soltura los Evangelios y la Constitución nacional,
sin haber leído ni aquéllos ni ésta"
(6).

¿Qué sucedió con los inmigrantes
que llegaron a la Argentina? ¿Fueron aceptados o
rechazados? La actitud que toman no será la misma,
según el inmigrante sea anglosajón o italiano y
español, y según la clase social a la que
pertenezcan nativos y extranjeros. Aún dentro de la clase
dirigente hay divergencia: mientras que Cané (7) y
Cambaceres (8) alertan sobre el peligro de la inmigración,
Ocantos (9) y Zeballos (10) la ven positiva. Los personajes de
Fray Mocho entablan con el inmigrante una relación
cordial; los criollos de Arias y Burgos lo aborrecen.

Notas

(1) Darío, Rubén: "Canto a la Argentina"
(fragmento), en Obras Completas. Buenos Aires, Ediciones
Anaconda, 1949. 347 pp.

(2) Sarramone, Alberto: Historia y sociología de la inmigración
argentina.

(3) Bazán Lascano, Marcelo: en La Nación,
Buenos Aires, 19 de diciembre de 1999.

(4) S/F: "Los ingleses en la Argentina", en
Clarín, Buenos Aires, 18 de diciembre de 2000.

(5) Luna, Félix: Breve historia de los
argentinos. Buenos Aires, Planeta, 1995. Investigación
gráfica: Graciela García Romero y Felicitas Luna.
Fotografías: Graciela García Romero.

(6) Sorrentino, Fernando: "De políticos, santos y
literatos", en "El Misionario", El blog de Babab.com, Nº 31,
Invierno 2006-2007.

(7) Cané, Miguel: Prosa ligera. Buenos Aires, La
Cultura Argentina, 1919.

(8) Cambaceres, Eugenio: En la sangre: Buenos
Aires, Plus Ultra, 1968.

(9) Ocantos, Carlos María: Quilito. Madrid,
Hyspamérica, 1984.

(10) Zeballos, Estanislao: La rejión del trigo.
Madrid, Hyspamérica, 1984.

Partes: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15, 16, 17, 18, 19, 20, 21
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