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Inmigración y literatura (página 7)



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Entre Ríos

Muchos de los inmigrantes que se dirigieron a Entre
Ríos, se hospedaron en los Hoteles de Inmigrantes de Basavilbaso (1) y
Villa Domínguez. De este último se dijo: "Se trata
de un galpón ubicado frente a las vías del
ferrocarril y que fue el primer destino de los colonos, derivados
desde ahí a las parcelas que los asignó la Jewish
Colonization Association" (2).

En 1891, Mauricio Chajchir llegó a la Argentina.
Luego de pasar unos días en la "Casa del Inmigrante"
porteña y un tiempo en
Miramar, los inmigrantes fueron conducidos a Entre Ríos:
"En 8 carretas tiradas por tres yuntas de bueyes nos trasladaron
a los lotes que después se llamaron Rosh-Pina. Era un
día de mayo, de mucho calor y
sofocante. Se acomodaron a los gringos en las carretas, mujeres,
hombres, niños,
cachivaches, leña y además 8 chapas de zinc para
cada familia, para
hacer las viviendas, porque en el lugar no había
absolutamente nada. Todos iban arriba en las carretas. (…) No
había alambrado alguno. La primera carreta volteaba los
cardos altos que crecen en tierra virgen.
La última ya marchaba por una huella. (…) Se armaron las
carpas, una para cada familia. A eso de la medianoche se
largó a llover. Por suerte no era fría. El temporal
siguió como unos ocho días. Cuando paró el
temporal, la JCA mandó maderas de sauce y blanquillo,
también paja. Un capataz con varios peones empezaron a
hacer los ranchos. Las paredes tenían que hacerlas los
mismos colonos con adobes o de chorizos según el gusto.
Algunos se ingeniaron para hacer las paredes cortando
directamente de la tierra
húmeda y colocándolos con las raíces y
pastos que aún tenían. Y estos transformados en
paredes seguían creciendo" (3).

En sus páginas autobiográficas (4),
Alberto Gerchunoff se refere a la colonia entrerriana a la que se
trasladan luego de que el padre es asesinado. Allí
manifiesta un profundo gusto por el folklore: "En
Rajil fue donde mi espíritu se llenó de leyendas
comarcanas. La tradición del lugar, los hechos memorables
del pago, las acciones
ilustres de los guerreros locales llenaron mi alma a
través de los relatos pintorescos y rústicos de los
gauchos, rapsodas
ingenuos del pasado argentino, que abrieron mi corazón a
la poesía
del campo y me comunicaron el gusto de lo regional, de lo
autóctono, saturándome de esa libertad
orgullosa, de ese amor a lo
criollo, a lo nativo que debió, más tarde, fijar mi
inclinación mental. En aquella naturaleza
incomparable, bajo aquel cielo único, en el vasto sosiego
de la campiña surcada de ríos, mi existencia se
ungió de fervor, que borró mis orígenes y me
hizo argentino".

En El árbol de la gitana, de Alicia Dujovne
Ortiz, los Dujovne "Se vistieron de negro riguroso, él con
un hongo redondito en la cabeza, ella con un pañuelo y, de
inmediato, se encontraron extraños. Parecían
vestidos con ropa ajena. La crispación del hombro o la
cadera hacía chingar la falda o la chaqueta. Se las
habían puesto miles de veces, pero lo que ahora las
hacía diferentes era la actitud de los
cuerpos con el adiós adentro: nadie se para del mismo modo
cuando parte para siempre. Al marcharse perdían su familia
y su país pero también su nombre. Nadie más
los llamaría Dujovne con el matiz exacto de la e, esa e
tan ambigua, de origen tártaro, que se desliza entre la e
y la y, mientras la lengua, casi
pegada al paladar, deja pasar el aire. Lo
sabían tan bien, que ya apartaban de sus rostros, como
espantándose una mosca, la tentativa de explicar
cómo se pronunciaba el apellido, admitiendo de entrada que
Dujovnie se volviera Dujovne, con una e castellana sosa y
desabrida como matse sin té. (…) No se iban solos a la
Argentina Sara y Samuel. La caravana rumbo al Sur era nutrida,
vibrante y esperanzada. Muchos otros Dujovnes con sus perdidas
letras finales viajaban para afincarse en aquel sitio del mapa de
forma nadadora, pero trunca, sin brazos ni piernas: Entre
Ríos" (5).

María Arcuschín escribió De Ucrania
a Basavilbaso (6) obra en la que rinde homenaje a sus antepasados
y a quienes llegaron a América
en busca de un futuro mejor, al tiempo que narra su propia vida
en el seno de la colectividad judía entrerriana. Recuerda
los relatos familiares sobre la razón que los llevó
a emigrar: los antepasados "Fueron casa por casa, puerta por
puerta alertando sobre el peligro del próximo pogrom y la
urgencia de partir hacia América en busca de libertad y de
paz". En la obra se observa la incidencia del momento
histórico y el ámbito geográfico en los
personajes; la presencia de la autora en el texto; la
religión y
la
educación, el trabajo y
las diversiones, como así también las reiteradas
agresiones que sufrieron los judíos
de esa provincia, y las consecuencias que trajeron a la autora y
su familia.

Deborah, la protagonista de Letargo –novela con la que
Perla Suez fue Finalista del Premio Mundial de Literatura Rómulo
Gallegos en 2001-, recuerda "las historias que le contaba su
bobe, recolecciones que llevan al lector una gran distancia en el
espacio y el tiempo, a la ciudad de Odessa a fines del siglo
diecinueve. En aquel entonces, la familia de
su abuela huyó de los pogroms del Zar Nicolás II,
buscando refugio en Lyon, Francia antes
de emigrar a la Argentina, donde se establecieron en una de las
colonias agrícolas de Entre Ríos, como miles de
otros judíos refugiados, incluso los antepasados de la
autora" (7).

"En el año 1857 llegó el primer
contingente de inmigrantes que se ubicó donde hoy es la
Colonia San José en la provincia de Entre Ríos.
Eran terrenos del General Justo José de Urquiza, quien no
tuvo problemas en
destinarlos a la colonización". Estos pioneros valesanos,
saboyanos y piamonteses, originariamente destinados a Corrientes,
sufrieron desventuras: "Fueron ubicados en el Ibicuy, al Sur de
la provincia, pero al ver que eran terrenos inundables e
impropios para la agricultura,
remontaron el Uruguay en
barcazas y fueron radicados en mejor lugar, o sea, el actual, con
el beneplácito de Urquiza. Mientras Sourigues trazaba las
concesiones, el grupo
recién llegado improvisó viviendas debajo de los
árboles
mientras que las mujeres se alojaron en el galpón que
Spiro tenía en la costa. Esto ocurría en julio de
1857, bajo el rigor del invierno" (8).

En 1857, Antoine Bonvin emigra desde Valais, y se queja
amargamente del engaño de que ha sido víctima.
Desde Buenos Aires lo
trasladan en vapor al Ibicuy: "Llegamos al tercer día; se
nos desembarcó en una vasta llanura que no tenía
más que un poco de buen terreno; no se veían
ahí más que grandes pantanos o bosques, pero de
madera toda
espinosa. El agua era
mala y llena de toda clase de
insectos; un país muy malsano donde jamás nadie
podía prosperar. Se tenía peligro de verse devorado
por las bestias feroces, tal como el tigre, los cocodrilos y
otros. Puedo decir que en este momento estábamos todos
desesperados de vernos engañados de esta manera.
Reclamábamos inútilmente la promesa que nos
había sido hecha antes de nuestra partida: pero todo eso
ya era inútil, ya no se podía más escapar,
uno se creía exiliado en esta isla. (…) Al 13°
día llegamos al puerto; se nos desembarcó en un
bosque donde hemos quedado más de cuarenta días
esperando que se organicen para instalarnos en la colonia: a una
legua del bosque, en uno de los más hermosos lugares que
se pueda ver, en medio de vastas praderas de un admirable verdor
con pastos en abundancia, el suelo
fértil y país muy sano…" (9).

A Entre Ríos se traslada el gallego Francisco
Izquierdo, quien escribe en 1882: "Los primeros días que
pisamos la playa de Colón formado en ese entonces por un
verdadero bosque salvaje, sin más habitantes que los
nativos de semejantes sitios, sin entrar en los detalles de las
especies porque creemos que el lector se dará cuenta de la
clase de habitantes, y puede imaginarse cuál sería
la primera impresión después de un viaje terrible
en el mar, y los trasbordos cuando se navegaba puramente en
buques de vela, teniendo para calmar nuestra primera mala
impresión que recurrir al librito o contrato lleno de
ofertas por el General Urquiza, en vista de los cuales nos
resignábamos en parte pues el tiempo pasaba y nos
encontrábamos como tribus salvajes, apiñados bajo
los árboles, con nuestros hijos, sin más techo que
el de la naturaleza, y ni una visión de simples ranchos en
una estancia de algunas leguas a nuestro alrededor, teniendo de
voz solo cuando la visita de uno que otro poblador de los
alejados contornos" (10).

Manifiesta Alejo Peyret, en 1878: "Hace veinte
años, os encontrábais acampados en la selva que
cubría la margen del Uruguay, en el lugar donde hoy se
levanta la villa Colón. Hacía frío; un sol
de invierno calentaba a duras penas vuestros miembros ateridos,
el pampero silbaba en la arboleda y de noche la helada
hacía tiritar hasta las piedras. Nada se había
preparado para recibiros. Os fue necesario tomar vuestras hachas
para talar el monte y cortar paja a fin de prepararos albergue,
construir algo parecido a una tienda de campaña apoyada al
tronco de los algarrobos y ñandubays en un recoveco del
terreno. Un hacha y una azada bastan al hombre para
domar la naturaleza y conquistar al mundo. Y bien. A pesar de
aquellos sinsabores, recuerdo que vosotros estabais contentos y
pletóricos de esperanzas. La alegría reinaba
soberana en vuestros vivaques y las canciones resonaban en la
espesura del bosque" (11).

"En 1857, al llegar a nuestro país el primer
grupo de ‘Alemanes del Volga’, fue suscripto, entre
ellos y el Comisario General de Inmigración –Juan Dillon- un convenio
de radicación sumamente alentador, que fue un gran
aliciente para la instalación, en la Argentina, de un gran
número de familias de aquellos agricultores alemanes que,
en el siglo XVIII, habían emigrado a Rusia,
asentándose en la cuenca del Volga. El convenio les
otorgaba tierras fiscales (6 millas de campo), manutención
por un año, madera para construir sus casas, arados,
bueyes, vacas lecheras y la semilla necesaria. Sin embargo, no
fueron necesarias demasiadas facilidades para que este pueblo
esforzado y emprendedor de empeñosos labriegos, se
arraigara definitivamente en el campo argentino" (12).

"El arribo de la primera columna realmente numerosa de
alemanes del Volga a la provincia entrerriana tuvo lugar (…)
entre el 5 y el 6 de enero de 1878. (…) Después del
accidentado arribo al puerto de Buenos Aires, las autoridades
permitieron al contingente alojarse en el Hotel de Inmigrantes donde, de acuerdo a las
memorias
obtenidas, fueron muy bien atendidos. (…) A raíz de la
demora en la asignación de los lotes, un grupo de
Wiesenseiter –que luego se agruparían aquí en
Valle María- decidió adelantarse a los hechos y,
retirándose del campamento provisorio donde el resto
practicaba aún su ‘resistencia
pasiva’, comenzaron a construir viviendas
subterráneas con techo de paja, a la manera de las
zimlingas de los tártaros, reiterando la misma respuesta
de sus antepasados en 1763. Posteriormente, una vez aclimatados,
el término siguió siendo, para los más
viejos, sinónimo de tapera –según la
denominación criolla- asimilando las funciones de
viviendas provisorias que ambas cumplían. En ese momento
tales construcciones fueron, al mismo tiempo, una manera de
protesta ya que las levantaron en el área que deseaban
para su futura aldea, cuya construcción todavía les era negada
por Navarro" (13).

"Un modesto testigo criollo de la época de la
inmigración masiva a la provincia de Entre Ríos,
vio de esta manera a los alemanes recién llegados:
‘Vimos llegar la cantidad de inmigrantes como quien ve
llegar la langosta, le via (sic) ser franco; parecía una
invasión. Pero se nos dijo que el gobierno les
había entregado la tierra. Ultimamente no perdimos nada
porque la tierra era de los estancieros y habrán tenido
sus arreglos (…). Había que dejar la tierra a los nuevos
dueños. (Pero) mienten si dicen que los peliamos (sic).
(…) Los colonos son gente buena y tengo muchos amigos entre
ellos, pero pa’ comprenderlos con la jerigonza que hablaban
(…); bueno, le hablo de los viejos y no pa’ ofenderlos"
(14).

Don Pedro Goette, alemán del Volga,
relató: "En Diamante nos esperaban con carros los colonos
de Valle María y San Francisco (…). (Una vez en la
primera de estas aldeas) … me convidaron con el primer mate. Yo
creía que esto era tabaco y que
debía fumarse en una pipa bastante diferente de las que
usábamos (en el Volga). Chupé fuerte, como es
natural. Las consecuencias (fueron) una formidable neblina que
produje con mi resoplido al sentir la quemazón. La gente
se moría de risa. Para ellos, el mate ya había
desalojado el té de China que
tomábamos en Rusia" (15).

Víctor Dorsch recuerda sus años escolares,
en Entre Ríos, a principios del
siglo XX: "Nosotros asistíamos a las dos escuelas, por la
mañana a una y por la tarde a otra (…).
Regresábamos de la escuela al caer
la tarde, y tras una breve pausa para ingerir algún
alimento, había que entregarse a la tarea de hacer los
deberes para la escuela castellana, tarea que se prolongaba hasta
bien entrada la noche. Y a la mañana éramos los
primeros de la casa en abandonar la cama (para) memorizar la
parte que se nos había asignado del catecismo, en idioma
alemán, por supuesto. La tarea de memorizar, que se
prolongaba a lo largo de todo el año escolar, nos
resultaba terriblemente engorrosa y, como es natural,
disminuía nuestra posibilidad de obtener las mejores notas
en (…) la escuela castellana" (16).

Sara Chambelain de Eccleston vivió en
Paraná. Fue una "educadora norteamericana contratada por
el gobierno para la
organización de la enseñanza normal. Nacida en Lewisburg,
Pennsylvania, el 8 de abril de 1840, se graduó en el
instituto para mujeres anexo a la Universidad de
Bucknell en 1858. Durante la Guerra de
Secesión prestó servicios en
un organismo semejante a la Cruz Roja y en 1866 se casó
con Charles Frederick Eccleston, militar, del que enviudó.
Se especializó en jardines de infantes y en 1883 vino a la
Argentina. Poco después de su llegada, en
compañía de un grupo de colegas, se trasladó
a Paraná, en cuya Escuela Normal organizó, por
iniciativa de José María Torres, el Departamento
Infantil, que empezó a funcionar el 4 de agosto de 1884.
Regresó a su patria por la enfermedad del hijo, y a su
vuelta a la Argentina, en 1887, organizó el jardín
de infantes de la Escuela Normal de Concepción del
Uruguay. En 1889, de nuevo en Paraná, se
desempeñó en la Escuela hasta 1897. (…)"
(17).

Isabel King integró el "grupo contratado por el
gobierno, que llegó a Buenos Aires en 1883 para la
organización de la enseñanza normal
para mujeres. Se había graduado en ciencias de la
educación y actuó en Indianápolis hasta
su viaje a la Argentina. Enviada a la Escuela Normal de
Concepción del Uruguay, Entre Ríos, colaboró
con la directora, Clementina Comte de Alió, dando a su
tarea un sentido humanista y espiritual. Después de tres
años, pasó a la escuela de Goya, Corrientes,
sostenida por la Asociación de Amigos de la Educación, con
categoría de normal de maestras y título
válido para la provincia. En 1898 volvió a la
escuela de Concepción del Uruguay, cuya dirección ejerció hasta 1904, cuando
enfermó, muriendo en el curso del mismo año en
Buenos Aires" (18).

En Larroque se afincó Victoriano de Miguel, el
padre de María Esther de Miguel. En Un dandy en la corte
del rey Alfonso, la escritora refiere a propósito de unas
monedas, el motivo que llevó a su padre a emigrar y la
situación económica en la que debió hacerlo:
"todas habían pertenecido a mi papá, quien vino de
España
por no hacer la conscripción en Marruecos. Llegó
con una mano atrás y otra adelante, en su maleta un
mantón de mi abuela y… Y nada más. ¡Ah,
sí: las monedas!" (19).

Entrevistada por Cristina Pizarro, María Esther
de Miguel contó: "por parte de madre era más bien
de las colonias que rodeaban a Basabilbaso, las moscas (…) mi
papá tenía la usina de Larroque, la usina
eléctrica. Yo me acuerdo de que en mi casa había un
gran diploma que decía ‘A Victoriano de Miguel,
(así se llamaba) benefactor del progreso argentino’
porque él había dado esa fuente. A mí y a mi
hermana nos decían en Larroque "las chicas de la luz", cosa que
nos divertía mucho. Éramos las chicas de la luz. A
mi casa le decían ‘El palacio de colores y de
luces’ porque teníamos mucha luz y porque
‘Como no pagan la luz, tiene encendido todo’ (…) mi
casa era un barco porque al caer la tarde se oía chuc chuc
chuc que era el ruido de los
motores, como
tenía muchos vidrios de colores, desde el jardín
miraba. Yo en mi casa de la infancia era
muy muy feliz. Porque era un espacio muy alegre" (20).

El pedagogo y paleontólogo Pedro Scalabrini
(Como, 1848; Buenos Aires, 1916) "Llegó a la Argentina a
los diecinueve años, desarrollando su labor docente en
escuelas de la provincia de Corrientes y en el Colegio Nacional
de Concepción del Uruguay. En Entre Ríos, en 1886,
también fundó y dirigió el Museo de
Paraná. En Buenos Aires promovió activamente la
fundación de museos escolares y el estudio de la historia natural.
Donó sus colecciones de objetos, producto de
sus expediciones arqueológicas, al Museo de Entre
Ríos, a la Escuela Normal de Paraná y al Museo
Escolar Sarmiento" (21).

En Entre Ríos hay una nutrida comunidad
lombarda. En "Historias de aquí y de allá" (22),
Armida María Monti de Famin relata: "Mis padres, ambos
oriundos de la Lombardía, Teresa Bellatti nacida en Colico
– Como, Antonio Emilio Monti nacido en Morbegno –
Sondrio, llegaron a América en el año 1920. Primero
arribó papá y, luego, a los tres meses, cuando
logró instalarse con casa y trabajo,
llamó a mamá. Ella trajo consigo a la
pequeña Elda, de tan solo tres años, única
hija por entonces. En el año 1914, siendo muy joven,
defendió a su Italia natal
durante la Primera Guerra
Mundial. De esa experiencia, guardaba muchas anécdotas
que solía contarnos a menudo. Recuerdo una muy emotiva, ya
que con gran coraje salvó la vida de un compañero
más joven, quien presa de una crisis
nerviosa, quería salir corriendo en medio de las balas del
enemigo; papá nos relataba cómo lo había
tomado con fuerza del
cuello y lo había obligado a quedarse inmóvil, con
lo que había logrado su propósito: evitar una
muerte segura.
Por su valentía y amor a la patria, fue premiado por el
Presidente de la República Italiana con el título
de Cavaliere dell’Ordine de Vittorio Veneto, el 13 de marzo
de 1968. Asimismo, la Casa D’Italia de Paraná, Entre
Ríos, le otorgó el Diploma de Honor en su
condición de excombatiente de la Primera Guerra Mundial en
las filas del Ejército italiano. (…) Con mucho
sacrificio lograron construir el porvenir de la familia. Siempre
añoraron a su amada Italia. En el fondo del
corazón, todos supimos que papá sufrió mucho
el desarraigo. Fue el único de siete hermanos que
dejó su país. La
comunicación entre ellos siempre fue fluida: las
cartas iban y
venían. Hubo algunas visitas, aunque escasas, de
allá hacia aquí. Ellos nunca volvieron a pisar
suelo italiano. Nosotros seguimos conectados con los parientes
que han sobrevivido. Nuestro cariño por la Italia de los
nonos no se perderá jamás".

En esa provincia conoce Javier Villafañe a un
extraño personaje: "Un día, caminando por las
calles de Gualeguaychú, entré en una
librería. Allí conocí a Carolus Günge,
un pintor alemán, ex combatiente de la guerra de 1914.
Vivía en una canoa y se ocupaba de alimentar a los
peces de esos
grandes ríos de la Mesopotamia
argentina. Con él nos dedicamos a recorrer los puertos
fluviales del Uruguay y la Argentina, haciendo títeres
para los pobladores ribereños. Por supuesto,
navegábamos en la canoa de Carolus. (…) Pasado un
tiempo, (…) Carolus se fue a vivir río arriba;
años después moriría de lirismo, reumatismo
y pena en un pueblo perdido de esas latitudes" (23).

Notas

1 www.clavis.com

2 Londero, Oscar: "Un recorrido por las primeras
colonias judías de Entre Ríos", en Clarín,
17 de diciembre de 2000.

3 Chajchir, Mauricio: "Viaje al país de la
esperanza: Relato de un viajero del Pampa", en La Opinión,
Buenos Aires, 8 de agosto de 1976, reproducido en
Asociación de Genealogía Judía de Argentina,
Toldot # 8. Noviembre de 1998.

4 Gerchunoff, Alberto: "Autobiografía", en
Alberto Gerchunoff, judío y argentino. Selección
y prólogo de Ricardo Feierstein. Buenos Aires,
Milá, 2001.

5 Dujovne Ortiz, Alicia: El árbol de la gitana.
Buenos Aires, Alfaguara, 1997. 293 pp.

6 Arcuschín, María: De Ucrania a
Basavilbaso. Buenos Aires, Marymar. 1986.

7 Buchanan, Rhonda Dahl: "La madriguera de la memoria en
‘Letargo’ de Perla Suez", en Feierstein, Ricardo y
Sadow, Stephen A. (comp.): Recreando la cultura
judeoargentina / 2 Literatura y artes plásticas. Buenos
Aires, Editorial Milá, 2004.

8 Vernaz, Celia: La Colonia San José. Santa Fe,
Colmegna, 1991.

9 Bonvin, Antoine: "En el Ibicuy", en Vernaz.

10 Izquierdo, Francisco: en Vernaz, Celia: La Colonia
San José. Santa Fe, Colmegna, 1991.

11 Peyret, Alejo: "Palabras de Alejo Peyret en el
21° aniversario de la fundación de la colonia San
José (22 de julio de 1878)", en Vernaz.

12 S/F: Para todos los hombres del mundo que quieran
habitar el suelo argentino. Buenos Aires,
Clarín.

13 Weyne; Olga: El último puerto. Del Rhin al
Volga y del Volga al Plata. Buenos Aires, Editorial Tesis /
Instituto Torcuato Di Tella, 1986.

14 ibídem

15 ibídem

16 ibídem

17 Sosa de Newton, Lily:
Diccionario
Biográfico de Mujeres Argentinas. Buenos Aires, Plus
Ultra, 1986.

18 ibídem

19 Miguel, María Esther de: Un dandy en la corte
del rey Alfonso. Buenos Aires, Planeta, 1999.

20 Pizarro, Cristina: "Con María Esther de
Miguel", en El Tiempo, Azul, 14 y 21 de septiembre de
2003.

21 Varios autores: Enciclopedia Visual de la Argentina.
Buenos Aires, Clarìn, 2002

22 Monti de Famin, Armida María: "Historias de
aquí y de allá", Boletín lombardo, N° 1,
Marzo de 2005.

23 Medina, Pablo: "Historias de ida y vuelta", en
Villafañe, Javier: Antología. Obra y
recopilaciones. Buenos Aires, Sudamericana, 1990.

Formosa

"Al efectuar el reconocimiento de las riberas
formoseñas en 1879, Luis Jorge Fontana tuvo en cuenta las
exigencias de la estrategia
militar, el comercio y la
colonización. En el informe
presentado al gobernador del Chaco, Lucio V. Mansilla, indicaba
que el lugar elegido para la fundación de una villa y el
establecimiento de una colonia era precisamente Formosa, apto por
la calidad de las
maderas y de los pastos y porque allí podrían
prosperar diversos cultivos. Apenas instalado el pueblo fueron
radicándose familias de inmigrantes, especialmente de
italianos y austriacos. El gobernador José María
Uriburu afirmaba que los primeros colonos "a su llegada a Formosa
han sufrido epidemias, viviendo meses enteros en carpas al lado
de la barranca; se los colocó en los peores terrenos, y a
fuerza de constancia y laboriosidad han hecho poblaciones en
donde hoy (1898) con los mayores recursos nadie
quiere establecerse". Los informantes coinciden en señalar
que al llegar a la villa la mayoría de los inmigrantes
vieron frustradas sus esperanzas; la amargura y el
desánimo los atrapó al ver el monte y las
sabandijas y comprobar la soledad que los rodeaba. No
faltó en ese momento que alguna mujer cayera
víctima de una estado
depresivo. Los que aún poseían un poco de dinero
regresaron, pero el resto quedó para afrontar con
valentía la nueva vida. El objetivo del
viaje era "hacer la América ahora estaban en ella". Al
quedar desalojada Villa Occidental en 1879 algunos italianos
pasaron también a la nueva capital de la
Gobernación del Chaco: Formosa. (…) No todos los
inmigrantes que llegaron a Formosa sabían leer y redactar,
algunos apenas sabían firmar y otros no escribían
sus nombres. El flujo de estos extranjeros se produjo ya sea en
forma individual o conjuntamente con sus familiares. Los nuevos
matrimonios, gestados en tierra formoseña, quedaron
conformados entre los mismo miembros de la colectividad, dejando
numerosos descendencia. Los hombres no buscaron sus esposas en la
villa porque era muy pequeña y en un principio era
considerada como un asentamiento militar. La vida familiar se
genera y se desarrolla en la colonia, logrando en la villa
satisfacer otras necesidades (comerciales y religiosas
principalmente". (…) De acuerdo con los rastreos efectuados ha
sido comprobado que los inmigrantes procedían de las
siguiente regiones: Piamonte, Lombardía, Véneto,
Tirol. Friuli-Venecia Julia, Toscana, Abruzos, Liguria, Trentino,
Marcas,
Cerdeña, Basilicara, Sicilia, Emilia-Romaña,
Capañia y Calabria. En cuanto a las provincias quedan
registradas Turín, Venecia, Udine, como Belluno, Gorizia,
Milán, Trento, Génova, Roma, Bérgamo
Nápoles, Trieste, Teggio Calabria, Alejandría y la
Spezia. El emigrante italiano trabajó en Formosa como
agricultor, constructor, ganadero, comerciante, hotelero,
industrial, carpintero, empleado público, de
compañía fluvial o de comercio, oficial de
ejército o de policía, obrajero, técnico,
maestro, músico, médico, zapatero, cocinero,
farmacéutico, empleado en la construcción del
ferrocarril, agrimensor, herrero, sastre, ladrillero, contador,
agrónomo, carbonero, artesano, jornalero, constructor
naval. Etc. Las mujeres también trabajaban en la chacra en
la huerta, el tambo, en los quehaceres domésticos, como
parteras, cocineras, modistas y en los trabajos más
variados ayudando al hombre. Aún no se ha elaborado un
estudio más profundo del papel de la mujer en la
vida formoseña" (1).

Notas

1 S/F: "La colonia Formosa", en
www.formosa.gov.ar

Jujuy

En esa provincia vivió Jeannette Stevens, "una de
las educadoras venidas a la Argentina por iniciativa de
Sarmiento. Había nacido el 13 de noviembre de 1845 en
Moira, estado de Nueva York. Llegó el 12 de septiembre de
1883 en compañía de otras trece maestras y la
enviaron a la Escuela Normal de Catamarca, fundada cinco
años antes por su compatriota Clara Armstrong. Allí
permaneció un año, hasta que fue a Jujuy a fundar
el establecimiento del que se la designó directora y
profesora. La inauguración tuvo lugar el 4 de julio de
1884, en homenaje a los Estados Unidos.
Cuando la primera promoción de maestras salió de la
escuela, Miss Stevens obtuvo licencia para visitar su
país, pero regresó a la Argentina con renovado
entusiasmo, que la impulsó a fundar un jardín de
infantes anexo a la escuela. En 1890 solicitó
autorización para implantar la enseñanza religiosa
en la escuela, que le fue concedida, pero las autoridades que
regían el país en 1903 consideraron que esa medida
contrariaba el espíritu de la ley 1420 y la
enfrentaron con la opción entre su carrera y la obediencia
a las leyes, o su
retiro de la escuela. Ella eligió lo segundo y dejó
su escuela para dedicarse a la enseñanza de las
niñas recluidas en el Asilo del Buen Pastor de Jujuy,
donde continuó hasta su muerte, ocurrida en esa ciudad el
28 de septiembre de 1929. Una escuela de Jujuy fue bautizada con
su nombre" (1).

En Jujuy se afincó el yugoslavo evocado por
María Edith Lardapide Olmos en "Historia de vida": "Don
Milo tomó contacto con la empresa de
Joseph Kennedy y allí tuvo una importante responsabilidad: hacían el trazado de las
líneas férreas en el inmenso altiplano boliviano,
donde, cuando cae el sol, pareciera
poderse tocar con las manos. Sus empleados eran nativos
aimaráes y quichuas" (2).

En "El mundo, una vieja caja de música que tiene que
cantar", Héctor Tizón describe al "Turco": "Con la
negra barba cortada a golpes de tijera, el pelo sucio, abundante
y revuelto de tal manera que pueda encajar dentro del
pasamontaña y mantenerse allí por días y
noches y días y sobre todo con su andar cauteloso,
asentando con seguridad la
planta de los pies evoca sin lugar a dudas largas
travesías de camelleros en los arenales de Yemen, o en las
faldas de Sinaí, o quién sabe dónde.
Descendiente por rama directa de uno de los Reyes Magos
–afirma que de Melchor- su abolengo se encuentra hoy
podrido y desnaturalizado pero aún recorre con su hato a
cuestas toda la Puna, cargado de quincalla y porquerías.
Con sus mejillas abultadas y tensas por la coca se lo distingue
en los caminos, omnipotente y grasoso, penetrando en todas las
casuchas y haciendo un hijo en cada una. Este habitante de los
desiertos y de los vientos practica la fornicación con
entusiasmo y con fe –como un acto ritual y hospitalario o
una prueba divina de la existencia- en las pacíficas
indias. A esto deniomina mestizaje. Palabra que tiene para
él un extraño sonido
húmedo hondo y musical a un mismo tiempo. Alardea
además de no haberse mojado el cuerpo en treinta y cinco
años" (3).

Notas

1 Sosa de Newton, Lily: Diccionario Biográfico de
Mujeres Argentinas. Buenos Aires, Plus Ultra, 1986.

2 Lardapide Olmos, María Edith: "Historia de
vida", en El Tiempo, Azul, 8 de junio de 1997.

3 Tizón, Héctor: "El mundo, una vieja caja
de música que tiene que cantar", en Hernández,
J.J., Tizón, H., Blaisten, I. y otros: El cuento
argentino 1959-1970 antología. Buenos Aires, CEAL,
1980.

La Pampa

En 1910, los alemanes del Volga fundaron Santa
María. "Pese a su nacimiento tardío, esta colonia
conservó con decisión muchas de sus antiguas
tradiciones. El diseño
de su planta, por ejemplo, fue el rigurosamente establecido desde
siempre: una sola calle dividida en medio por otra, con las casas
dando su frente a la calle principal. Cada casa, a su vez,
poseía fondos de 500 metros en los que se encontraban
jardines, huertas y establos (…)".

Alejandro Guinder, descendiente de un pionero pampeano,
escribe: "Nuestros chacareros fueron vilmente explotados, (…).
Se les daba una lonja, (…) 100 o 200 hectáreas cubiertas
de caldenes y sucias de piquillines y chañares; el colono
contratista debía limpiarlas y podía luego trabajar
para dos cosechas. Cuando estaban limpias les daban otra parcela
(…) sucia para limpiar, y así. Cuando todas (las
hectáreas de la estancia, de enorme extensión)
estuvieron limpias, el señor Larrague hizo tirar a la
calle de un día para otro, allá por los años
1930, a todos los 30 colonos, sin ninguna indemnización,
habiéndose quedado con las cosechas en muchos casos sin
pagar siquiera lo convenido en procentaje. Así fueron
tratados muchos
de los agricultores vendios del Volga; con familias de 12 o
más hijos debieron cargar sus herramientas y
muebles y demás en sus carros y carritos, sus arados y
sembrados e irse a una calle vecinal a hacer una Hütte
(choza) techada con paja puna, para su familia con sus hijos
menores de edad" (1).

En Jacinto Arauz viven los descendientes de Antonio
Cuculicchio, el peón –luego, actor- de la
compañía de los Podestá que dio origen al
personaje de Cocoliche.

Alberto Cortez escribe, a propósito de su
canción "El abuelo", acerca de la emigración de sus
mayores, que se establecieron finalmente en La Pampa: "De alguna
manera esta canción que viene es una historia de ida y
vuelta. ¿Por qué?, pues simplemente porque mi
abuelo se fue de emigrante y después de casi una vida yo,
su nieto mayor recorrí el camino de regreso, ese camino
que él no pudo realizar a lo largo de su larga vida, a
pesar de su inmensa nostalgia. Murió a los ochenta y
algunos años. Los hermanos Eladio y Germán
García era viajantes vendedores de empresas
porteñas. Allí en Trenque Lauquen conocieron a las
hermanas Laburu, se enamoraron y después de un
relativamente corto noviazgo se casaron y se fueron a vivir a
Buenos Aires. La Argentina en aquellos años de principio
de siglo era una esperanza que ofrecía amplios horizontes
para los jóvenes con ganas de trabajar y hacer fortuna.
Los hermanos García habían dejado España y
especialmente Galicia ya que esta "sua terriña" natal no
podía ofrecerles más que una vida azarosa bastante
cercana a la miseria. Germán, Eladio y David, los tres
hermanos García, se embarcaron en Vigo, como todos los
gallegos emigrantes con destino a Buenos Aires. Al llegar se
emplearon como viajantes en una empresa de
tabacos y "El abuelo" y su hermano Germán en uno de sus
viajes de
ventas a las
poblaciones del interior, conocieron, noviaron y se casaron con
dos hermanas de origen vasco, Doña Julia Laburu, mi abuela
y Doña Leonor Laburu. Estas hermanas vivían con su
familia en Trenque Lauquen, hoy una floreciente ciudad de la
provincia de Buenos Aires. Ya casados regresaron a la capital.
Como en aquella gran ciudadano se veían las cosas claras
como para hacer dinero pronto Eladio, mi abuelo y su joven esposa
Julia emprendieron viaje hacia el oeste en busca de organizar un
pequeño comercio en algún pueblo de los que se
fundaban aprovechando la riada de gente que buscaba trabajo en el
ferrocarril en construcción. Recaló primero en
General Villegas, ultima población de la provincia de Buenos Aires y
allí las cosas no le fueron del todo bien y como
consecuencia de aquel fracaso, malas siembras y peores negocios,
desalentado, decidió internarse más al oeste.. Pero
antes, quiso con ayuda de sus hermanos regresar a Galicia con
toda la familia y así lo hizo. Nadie en la familia supo
explicarme las razones de ese regreso. Seguramente su exultante
juventud de
entonces más los fracasos s los que antes hice referencia
convocó una tormenta de dudas de que a lo mejor en
España podría salir adelante, pero no fue
así. Permaneció allí un par de años
viviendo a expensas de la familia y en esa breve estancia
nació mi padre en Pungín provincia de Orense, una
aldea a escasos quince kilómetros de la capital
provincial. Al año del nacimiento de mi padre el abuelo su
mujer y su prole volvieron a Argentina para no regresar
jamás a España. En realidad en la canción yo
digo que nunca volvió a España sin embargo como se
ve no es totalmente cierto. Claro que este regreso no quise
tomarlo en cuenta, porque se produjo a muy poco tiempo de haber
emigrado y por circunstancias, por mi desconocidas. Ya de regreso
a Argentina retomó su éxodo hacia el oeste hasta
llegar a una naciente población (apenas un caserío)
que por entonces se llamaba Villa Jardón en honor a la
familia que había donado los terrenos para su
fundación. Más tarde las tendencias reivindicadoras
de la cultura indígena de la zona lograron cambiar el
nombre de Villa Jardón por el actual: Rancul. Allí
se instaló comprando, siempre con ayuda de sus hermanos
una casa en la que muchos años después, el 11 de
marzo de 1940 nacería yo. Montó un negocio en donde
se vendía de todo para la gente del campo. (…) Sin
embargo pese a ser un gallego de pura cepa y ejercer su
galleguidad en casa siempre se habló castellano a
diferencia de mis abuelos maternos que en su casa, entre los
abuelos mi madre y sus hermanas se hablaba en piamontés.
No me extraña que yo haya salido con una cierta tendencia
a la nostalgia. (…)" (2).

La comunidad portuguesa de esa provincia festeja el
Día del Inmigrante. En 2005, el Centro de descendientes
portugueses de La Pampa invita a la Fiesta en la que "se
realizarán distintas disertaciones en la que nuestra
comunidad tiene la oportunidad de presentarse".

La familia del ucranio David Rotstein se
estableció en La Pampa. Sus descendientes recuerdan que
"David contaba historias de ‘banquetes’ en que se
compartía un pan frotado con ajo o los gajos de una
naranja (…) En 1913 se voló el techo de la escuela
primaria y ésta quedó inutilizada. Los Novick
pudieron mandar a sus hijos a estudiar a otro lado pero David
tuvo que abandonar. Para aportar a la familia, se conchabó
para cuidar ovejas en una chacra cercana. Una anécdota de
su primer día de trabajo: el dueño de la chacra lo
dejó a la mañana con las ovejas, galleta y una
botella de agua y dijo
que lo venia a buscar al anochecer. David esperó hasta que
decidió que no lo venían a buscar y decidió
volver caminando a Villa Alba. En ese
entonces no había caminos sino huellas. Enseguida se hizo
noche cerrada, pero el sentido de orientación que siempre
tuvo lo ayudo a llegar. Esto tomó largo tiempo y, mientras
tanto su empleador llegó, en carro o sulky, a buscarlo. Al
no encontrarlo, volvió al pueblo. Tampoco estaba en su
casa (estaba en tránsito, caminando de vuelta) así
que para cuando llegó había una gran alarma
esperándolo. David tenia gran preocupación por no
poder seguir
estudiando, un sentimiento que lo persiguió hasta su
vejez. Pedro
Novick, que sí pudo continuar, trataba de enseñarle
cada vez que era posible. Su amistad
entrañable continuó el resto de sus vidas"
(3).

En la biografía de Juan
Bautista Bairoleto, Hugo Chumbita relata que Elías Farache
hostigaba al gringo, hijo de piamonteses. "Entre los milicos
abundaban estos turcos, que en realidad eran árabes, o
hijos de, famosos por lo bravos" (4).

Notas

1. Weyne, Olga: op. cit.

2. Cortez, Alberto: "El abuelo", en
www.albertocortez.com.ar. Reproducido en
www.galespa.com.

3. Rotstein, Enrique y Fabio: "Fanny Dubroff y David
Rotstein", en www.math.bu.edu/people/ horacio/
anc-cast.htm

4. Chumbita, Hugo: Ultima frontera.
Vairoleto: Vida y leyenda de un bandolero. Buenos Aires, Planeta,
1999.

La Rioja

Chilo Parisi cuenta que en La Rioja, "Los paisanos
italianos que vivían en el barrio de Vargas, se
reunían en cada casa todos los domingos para jugar a las
cartas: Tresette, Biscambra y Patrón y Sotto
(patrón y subalterno). Estos juegos eran
típicos de Italia. (…) En estos encuentros se
estrechaban vínculos de parentesco, amistad y
camaradería, siendo los juegos muy cordiales y
tomándolos como en entretenimiento, de paso contar
anécdotas pasadas durante la 1° Guerra Mundial
(1914-1918) en la que combatieron todos estos paisanos. Estas
narraciones, las hacían cuando se tomaban un breve
descanso, en la que el dueño de casa invitaba a todos los
presentes a comer unas ricas sopresattas, salchichas y un buen
queso, acompañado con un pan recién horneado, todo
ello, preparado y servido por el anfitrión, en la que no
faltaba la damajuanita de vino tinto. Cuando se iniciaba el
juego del
tresette o la brisocla y finalizado el mismo, se daba comienzo al
Patrón y Sotto en la que venían amigos a
divertirse, viendo cómo se jugaba este juego tan especial
y distinto de otros. Los visitantes podían beber en
cualquier momento, no así los jugadores. (…)"
(1).

Carlos Saúl Menem es "hijo de
Mohibe Akil y Saúl Menem, inmigrantes radicados en la
provincia de La Rioja (…) Su padre, nacido en Yabrud, Siria,
llega a La Rioja cuando contaba 17 años en plena
época inmigratoria. Trabaja intensamente hasta labrarse un
próspero porvenir, sostenido por un espíritu recto
y enérgico y una tenacidad imbatible. Regresa a Siria,
donde conoce a Mohibe Akil, su futura esposa. Vuelven casados a
La Rioja y permanecen juntos, hasta el final de sus días"
(2).

Escribe Luis Alazraki: "La inmigración del primer
judío sefardí, originario de Esmirna, a la ciudad
de La Rioja, se produjo aproximadamente en el año 1900.
Con la llegada de familiares y otra gente constituyen la Sociedad
Israelita de Beneficencia de La Rioja. Seguramente debe haber
datos del
movimiento de
activistas de esa época, que yo vagamente recuerdo; a
ellos pertenecía mi abuelo Alejandro Bolomo y
participó de comisiones directivas en la sociedad
Sirio-Libanesa de La Rioja y cargos representativos en la
Municipalidad.

Quiero recordar mis vivencias de adolescencia y
juventud (entre los años 40 y 50), donde la colectividad
judía de La Rioja estaba integrada por cerca de 35
familias, con la particularidad de que casi todos eran
originarios de Izmir y no había casamientos mixtos. Las
fiestas tradicionales como Purim, Pesaj, Rosh Ashaná y Iom
Kipur, se recordaban puntualmente cada año y se
hacían en casas de familia, reuniones plenas de
alegría y tradición. No había hogares
pobres, pues se actuaba como una sola familia, con costumbres
traídas de Turquía y practicadas desde 500
años atrás, prácticas como la de convidar a
quien llegaba a un hogar de djidiós con las tradicionales
dulceras de plata turca, dotadas de tenedores y cucharas para
deleitarse con sharope y otros dulces muy variados
(mogadós, mostachudos, shanmalí, etc). Todo era
alegría, se bailaba la turna, se cantaba el Hatikva con la
letra en ladino (Viva, viva, Palestina, muestra tierra
prometida, etc.). Lo más notable es que todos
sabían hablar hebreo y los servicios religiosos se
realizaban puntualmente, sólo se requería un mohel
(1) para los britmilá (2) que eran traídos de
Córdoba o Buenos Aires. El tiempo fue pasando y esta
comunidad creció, las familias de Rafael Esquenazi, Leon
Alazraki, Salomón Danon, Luis Kaen y Jacobo Bolomo
tuvieron 7 hijos cada una y llegó a constituirse una
comunidad importante para La Rioja. Había un cementerio,
personería jurídica, y una sede social importante.
Ya en los años sesenta, había aproximadamente 60
familias; los vendedores ambulantes se habían transformado
en comerciantes y éstos en empresarios. En lo que a mi
familia respecta, mi madre se propuso que todos sus hijos fueran
profesionales y hubo que trasladarse a ciudades que tuvieran
universidades. Yo permanecí en La Rioja en el negocio de
mi padre y mis hermanos finalizaron sus estudios universitarios.
En 1973, a pesar del status de mis padres en La Rioja,
tomé la decisión de trasladarme a Córdoba
con mi familia, donde resido hace 32 años. Visito
periódicamente mi ciudad natal, donde viven ahora,
sólo diez familias judías. Pero para cerrar esta
nota, quiero rendir un homenaje a Don Alejandro Bajar (Bojor),
persona baja,
delgada, de ojos saltones y muy inquieto. Tenía
habilidades para tratar dislocamientos, que trataba con paciencia
y habilidad. Como yo tuve muchos golpes, recuerdo cómo me
los curó. En esa época, había pocos
profesionales y se pusieron celosos de él, e hicieron una
demanda por
práctica ilegal de la medicina. Don
Bojor fue citado a declarar y les dijo: "Señor jefe
político, yo le digo… yo no curo por curar, curo por
hacer sajú (del hebreo: hacer el bien).(1) capacitado para
hacer la circunsición / (2) circunsición"
(3).

Notas

1 Parisi, Chilo: "El Padrono y Sotto de los Paisanos",
en El Independiente, La Rioja, 1° de junio de
2003.

1 S/F: "Biografía", en
www.carlosmenem.com

2 Alazraki, Luis: "Sefardíes argentinos de La
Rioja", en SEFARaires, N° 44. Buenos Aires, Diciembre de
2005.

Mendoza

Alcides J. Bianchi es el autor de Valentìn, el
inmigrante (1), obra en la que relata la vida de su padre,
exitoso empresario
afincado en Mendoza. Don Valentín nació en Fasano,
Italia, en 1887. Se dedicó a la docencia hasta
que una carta de su
hermano lo decide a emigrar a la Argentina. Tenía
veintidós años. El hijo evoca ese viaje lleno de
ansiedad e incomodidades, con las ratas caminando por encima de
la cama del pasajero. En nuestro país, el italiano
desempeñó distintos oficios, destacándose
por su facilidad para la contabilidad y
su excelente caligrafía, que le valió el apodo de
"el gringo de la letra bonita". Fue empleado contable y rematador
de lotes, hasta llegar a su ocupación definitiva: la de
bodeguero. Formó familia en San Rafael, donde nacieron sus
hijos. Hizo que los hijos mayores –una hija y el autor de
la biografía- estudiaran para poder continuar con el
emprendimiento paterno. A partir de ese momento, comenzó a
viajar periódicamente a Fasano, donde, ya viudo, pasaba
temporadas con su hermana, a quien no había visto durante
décadas. Bianchi encontró la muerte en
una ruta de su pueblo, en 1968.

A Mendoza se dirigían muchos inmigrantes. Relata
Alcides J. Bianchi: "La nueva familia que se agregaba al barrio
era de apellido Sartorato. La formaba el matrimonio y sus
dos pequeñas hijas. Aquella mañana de la templada
primavera de 1930, tal acontecimiento despertó entre los
vecinos curiosidad, a pesar de ser en esa época cosa
común la llegada de extranjeros, sobre todo de italianos y
de españoles. Mamá, que era íntima amiga de
la señora Antonieta (esposa de Chinellato), cruzó
la calle para saludar a sus parientes recién llegados. Yo,
curioso, fui con ella para conocer la nueva gente, que se
radicaba en el barrio. En mis escasos diez años de vida,
observaba silencioso el encuentro de ambas familias, que con
efusivos abrazos se saludaban emocionados. Antonieta
invitó a mi madre a aproximarse al grupo, para presentarle
a su hermano y cuñada, quienes provenían justamente
de la zona de su ciudad natal: Baldoviadene" (2).

Durante la primera guerra mundial, en Mendoza, "En San
Rafael, que contaba con una colectividad italiana bastante
representativa, se produjeron escenas de verdadero patriotismo.
Especialmente los italianos de la alta Italia, oriundos de zonas
fronterizas, salieron a la calle portando banderas de su
país y realizaron desfiles en los que iban cantando viejas
canciones guerreras. (…) El gobierno de Italia lanzó una
proclama solicitando la inmediata incorporación de todos
aquellos compatriotas que quisieran presentarse como voluntarios,
quienes deberían regresar a su país cuanto antes.
Muchos fueron los que lo hicieron, sobre todo aquellos que
ostentaban un grado importante como reservas del ejército
italiano" (3).

Bianchi recuerda a los trabajadores inmigrantes: "Los
dos heladeros de mi preferencia eran: uno, el italiano ‘Don
Chichillo’, que se ubicaba en la esquina de la
ferretería de los Marín; y el otro, el
portugués ‘Lurdeos’, cuyo sobrenombre provenia
de su forma de expresarse al ofrecer los helados, con la
típica ruleta de la suerte, donde uno pagaba cinco
centavos, y tenía el derecho a dos tiros de ella.
-¡Chicos!, a probar suerte, van a sacar tantus heladus como
lurdeos míos –y levantando su rústica mano
derecha mostraba sus dedos en pantalla". El almacenero de Rama
Caída era árabe: "El personaje más
importante del lugar, Don Julio el almacenero (único
negocio del lugar), nos dio la bienvenida en su dificultoso
idioma, como buen paisano árabe. –Aquí
‘baisano’ Julio da bienvenida, ‘baja…
baja’, basen al almacén
–invitó ceremonioso". Bianchi recuerda asimismo al
médico de San Rafael, que también era inmigrante,
pero no especifica de qué origen: "Por razones de salud –el problema
asmático de mi madre-, y por indicaciones del doctor
Teodoro Schestakow, los fines de semana o bien en vacaciones de
verano, debía ella viajar a un lugar montañoso y de
altura, lejos de la ciudad, cuyo aire puro tenía las
cualidades curativas para su afligente mal. –Señora,
no dejar de ir a montañas, si quiere mejorar- le
decía terminante el médico, en su entreverado
idioma" (4).

El pintor Carlos Alonso nació en Tunuyán,
Mendoza, en 1929. Tuvo "como abuelo materno a Salvatore
Lisandrello, un siciliano de Siracusa, y su abuelo paterno era
Sandalio Alonso quien vino de León. España. Ambos
llegaron a nuestro país en 1914" (5).

Alamos talados (6) fue distinguida en 1942 con el Primer
Premio de Literatura de Mendoza, el Primer Premio Municipal de
Buenos Aires y el Primer Premio de la Comisión Nacional de
Cultura. Marcela Grosso y Marta Baldoni señalan la
importancia de la inmigración en la novela: "El
poder se ve amenazado por la presencia de lo otro, del elemento
extraño: el inmigrante, figura que genera tres efectos
correlativos: a) el enfrentamiento entre gringos y criollos, b)
la exaltación del linaje y la hispanidad, c) el rechazo
del progreso y las nuevas costumbres" (7). La clase alta,
representada fundamentalmente por los abuelos, se mostraba
bondadosa con los criollos y los inmigrantes, en general, aunque
había excepciones: "El inmigrante aparece descalificado,
caricaturizado (…) o mirado con simpatía, en tanto se
ciña al mandato de la abuela y no compita en el circuito
de producción económica. Decir
‘gringo’ es un insulto (…) El atributo
‘criollo’, en cambio, tiene
connotaciones positivas (…) se convierte en una
abstracción, en un símbolo de pureza racial y
moral" (8).
Cuando la anciana señora se ve obligada a talar los
álamos, allí está un inmigrante,
posibilitando que el lector saque conclusiones sobre la personal postura
del autor: "Con el pie en el estribo de su auto rojo, el turco
hacía anotaciones en una libreta. Uno, tras otro,
caían los álamos de mi adolescencia" (9). Grosso y
Baldoni sostienen que "La presencia invasora del inmigrante
aparece metaforizada por el coche rojo del turco, que recorre el
texto en varios capítulos". Acerca del propietario del
vehículo comentan: "Claras son las connotaciones
demoníacas que despliega este personaje (…) Las
aspiraciones comerciales del turco, que exceden a las del
agricultor contratado, lo convierten en una amenaza, un peligro
para el sistema. La
compra de la vid y de la madera es sustituida por la idea de
usurpación, de estafa: el turco no compra sino que
‘se leva’. Caída, atropello,
usurpación, tala, profanación, son los efectos del
ingreso del inmigrante en el sistema, que es quebrado sin
posibilidades de restauración" (10).

Fausto Burgos, en El gringo, reitera a lo largo de la
novela la acusación que los nativos hacen a los
extranjeros: "’¿No son ustedes los que nos vienen a
quitar la tierra y el vino y el pan y todo? Los peones blancos
miran con cariño y con lástima a quien esto dice y
comentan: ‘Povero nero’, ‘povero chino’,
‘é una bestia’". Para la familia del
protagonista, ser inmigrante es una vergüenza que se debe
ocultar, tratando de parecerse en lo posible a los nativos de
clase alta: ‘Usted no es un gringo –afirma el yerno
que vive a expensas del italiano-; usted ya puede llamarse
criollo; ya tiene títulos para ello’. Uno de los
peones asegura también que Contadini ya es criollo, pero
lo hace en otro sentido: ‘De esas cubas hay que sacar el
orujo pa’ llevarlo a las prensas –explica al yerno.
Mire vea, ¿y quién saca el orujo?,
¿quién se mete en la cuba sabiendo
que adentro de ella puede parar las patas? El peón
criollo, señor; el gringo tiene miedo, el gringo no se
mete a descubar ni por equivocación. Mi patrón no
es gringo; mi patrón es ya criollo; él es capaz de
ponerse a descubar también" (11).

El humorista Quino es "nieto de una comunista militante
e hijo de republicanos exiliados". Acerca de sus mayores,
expresó: "Mi abuela era una militante que vendía
los bonos del
partido. Mi padre no quería que lo hiciera. Y se armaban
unas trifulcas terribles en mi casa. Cuando era niño,
escuchaba radios de Moscú y de Pekín. Pero
también admiraba a Bing Crosby y estaba enamorado de
Mirtha Legrand. Yo tenía diez años" (6). Quino
expresó: "Nací en Mendoza en una familia andaluza,
en un barrio donde el panadero era español,
el verdulero, italiano, el otro comerciante, libanés. A
los primeros argentinos los conocí en la escuela. Todos
mis parientes eran españoles. Desde chico tuve una
visión muy amplia. Quizás por eso a Mafalda la
quieren tanto en tantas culturas distintas" (12).

Escribe Francisco Montes: "San Rafael es un valle
hermoso, fecundo y ubérrimo al sur de Mendoza. Es un
vergel cultivado de viñas, frutales y chacras donde se han
nucleado colonias de andaluces y especialmente
alpujarreños. Este lugar y el valle de Tulum en la
provincia de San Juan, son los sitios a donde han ido a parar
más naturales de aquellas hirsutas montañas
andaluzas". Montes reúne, en Leyendas y Aventuras de
Alpujarreños, algunas historias que tienen como personajes
a estos inmigrantes (13).’

El pintor Fernando Fader nace "en Burdeos, Francia, en
la casa de su abuelo materno, Pedro Adolfo Bonneval, en la calle
Nauville 10, el once de abril de 1882". Ignacio Gutiérrez
Zaldívar escribe: "Fernando Fader en un reportaje que le
realizara el recordado José León Pagano en la
década del 20, manifiesta que es "mendocino", pese a que
había nacido en Francia y en todos sus documentos y
partida de casamiento, figura como nacido en Buenos Aires. Conoce
Mendoza cuando contaba cuatro años y pese a vivir tan
sólo doce años en Mendoza, su amor y cariño
hacia la provincia le hacen manifestar que él es
mendocino" (14).

Zdravko Ducmelic (Vinkovci, 1923; Buenos Aires, 1989)
"Estudió pintura y
dibujo en
Zagreb. La II Guerra Mundial (1939-1945) lo alejó de sus
actividades. Estuvo prisionero en campos de concentración
nazis. Viajó después por Europa y, en
1946-7 estudió en la Academia de Bellas Artes
de Roma y, en 1947-49, en la Academia de San Fernando, en
Madrid. Se
radicó en Mendoza en 1950 y, un año después,
realizó su primera exposición
en Buenos Aires. Fue profesor y
Director en la Escuela de Arte de la
Universidad de Cuyo. Ilustró Laberintos, con poemas de
Jorge L. Borges"
(15).

Alfredo R. Bufano (Córcega, 1895; San Rafael,
1950) "Nació en Francia pero vivió desde
niño en Mendoza. No alcanzó a terminar sus estudios
primarios por tener que colaborar con el sostén de su
familia. Adolescente, se trasladó a Buenos Aires, donde
desempeñó diversos trabajos, desde lustrabotas
hasta periodista. En esta ciudad entró en contacto con los
círculos literarios, colaboró en varias revistas y
publicó sus primeros trabajos. Luego se trasladó a
San Rafael, Mendoza, donde trabajó como profesor de
literatura en la Escuela Normal y escribió la mayor parte
de su obra. Su poesía, fresca y sencilla, exalta la
naturaleza cuyana. Escribió, entre otros libros: Poemas
de provincia (1922), Tierra de huarpes (1926) y Romancero (1932).
Durante sus últimos años, realizó en
misión
cultural una extensa gira por el norte de Africa,
España y otros países europeos. De este
acercamiento a otros horizontes y formas de vida nacieron sus
últimos libros: Junto a las verdes rías (1950) y
Marruecos (1951), en los que su lirismo adquirió una
serena madurez expresiva". (16).

Fueron perseguidos los Flichman en su tierra, cuenta una
inmigrante afincada en Mendoza. En Rojos y blancos, Ucrania,
Rosalía de Flichman evoca el entorno en el que se
desarrolló su infancia. Las persecuciones, la revolución, la guerra civil, las
violaciones y los asesinatos –a los que se suman las
inundaciones y el tifus- son el cuadro con el que Rosalía
debe enfrentarse a muy corta edad: "Los blancos están en
la ciudad, persiguen sin cesar a los judíos. Matan a los
hombres, se apoderan de las mujeres jóvenes y hasta de las
niñas. Estoy cansada de tanto horror. Y los cambios
continúan. Hoy los blancos, mañana los rojos. Como
somos despreciables burgueses, estos invaden la casa y nos
reducen a dos habitaciones. El hambre se hace sentir, duele".
Afirma que ella y su familia eran perseguidos en su país
de origen por dos motivos: su condición de judíos y
de burgueses. Si estas dos causas motivaron la amenaza constante
a la que estaban sometidos, también significaron la
posibilidad de radicarse en nuestra tierra, ya que la madre se
apoyó "en instituciones
judías que ayudan a los emigrantes fugitivos que salen de
Rusia", y el hecho de ser pudientes les permitió una
salvación que a otros estuvo negada (17).

Norah Lange evocó momentos de su vida en las
obras Los dos retratos, Personas en la sala y Cuadernos de
infancia. En esta última, el espacio tiene una importancia
fundamental: a la existencia feliz en Mendoza se contrapone una
vida de apagada tristeza que tiene como escenario la casa de la
calle Tronador, a la que se trasladan cuando muere el
padre.

Notas

1. Bianchi, Alcides J.: Valentín el inmigrante.
Santiago de Chile, Edición
del autor, 1987.

2. Bianchi, Alcides J.: Aquellos tiempos… Buenos
Aires, Marymar, 1989.

3. Bianchi, Alcides J.: Valentín el inmigrante.
Santiago de Chile, Edición del autor, 1987.

4. Bianchi, Alcides J.: Aquellos tiempos… Buenos
Aires, Marymar, 1989.

5. Gutiérrez Zaldívar, Ignacio: "Los
inmigrantes", Catálogo de la muestra de Alonso y Marchi en
Casa FOA 2000, Desembarcadero y Hotel de Inmigrantes. Buenos
Aires, Octubre-Noviembre de 2000.

6. Arias, Abelardo: Alamos talados. Buenos Aires,
Sudamericana, 1990.

7. Grosso, Marcela y Baldoni, Marta: "Guía de
trabajo para el profesor", adjunta a Arias, Abelardo: Alamos
talados. Buenos Aires, Sudamericana, 1990.

8. Ibídem

9. Arias, Abelardo: op. cit.

10. Grosso, Marcela y Baldoni, Marta: op.
cit.

11. Burgos, Fausto: El gringo. Buenos Aires, Tor,
1935.

12. Reinoso, Susana: "Quino: ‘ Los adultos
están arruinando a los chicos’ ", en La Nación,
Buenos Aires, 7 de diciembre de 2003.

13. Montes; Francisco: "El desafío", en Leyendas
y Aventuras de Alpujarreños, en Unisex. Buenos Aires,
Bruguera. 163 pp.

14. Gutiérrez Zaldívar, Ignacio: Fader en
casa. Buenos Aires, Zurbarán Ediciones, 2003.

15. Varios autores: Enciclopedia Visual de la Argentina.
Buenos Aires, Clarìn, 2002

16. ibídem

17. Flichman, Rosalía de: Rojos y blancos,
Ucrania. Buenos Aires, Per Abbat, 1987.

Misiones

"El 1° de julio de 1897 llegó al puerto de
Buenos Aires el vapor Antoñina, cargado con catorce
familias integradas por sesenta y nueve personas. Diez familias
eran ucranias y cuatro polacas. Llegaban con sus muebles, sus
semillas y sus arados. (…)Se embarcaron en el puerto de Buenos
Aires en un viaje de una semana hasta Posadas y de ahí los
llevaron en carretones del Ejército al interior de la
provincia durante otra semana de viaje. Ellos dieron nacimiento a
la ciudad de Apóstoles, en Misiones, bajando el monte a
puro machetazo. (…) ‘El 27 de agosto de 1897, hace cien
años, este grupo llegó a la antigua
Reducción Jesuita de San Pedro y San Pablo
Apóstoles, donde se les dieron dos lotes por familia, cada
uno de 25 hectáreas, a pagar durante diez años a un
valor de un
peso por mes’ (…) Los comienzos para los inmigrantes
ucranios no fueron fáciles: los campos estaban repletos de
inmensos termiteros que atacaban los sembrados, como os que
aún se pueden ver en los campos correntinos. Los ucranios
tuvieron que instalarse en carpas que les facilitó el
gobierno y refugios hechos con ramas. Más trabajo les
costó preparar los campos con plaguicidas e insecticidas
que el gobernador Lanusse les vendió a pagar en cuotas. La
intensa fe cristiana del pueblo ucraniano organizó la
construcción de una iglesia en
cada asentamiento" (1).

Poco después, con destino a Apóstoles,
desembarcaron en la Argentina veinte familias polacas. "Luego de
permanecer algún tiempo en el legendario ‘Hotel de
los Inmigrantes’ arribaron al puerto de Posadas, y desde
ahí marcharon a pie durante varios días hasta la
recién fundada Colonia de Apóstoles, recorriendo
los 80 km que los separaban de su destino tras los carros que
transportaban sus pocas pertenencias. Fueron tiempos
difíciles para esos hombres, mujeres y niños que no
estaban acostumbrados al abrasador calor tropical y a los
mosquitos que laceraban su piel. Debieron
esperar dos años para poder comer pan, ya que las hormigas
y los carpinchos diezmaban los plantíos de maíz. Se
alimentaban principalmente con mandioca, porotos, batata y
aprovechaban la abundancia de animales
silvestres que les proveían de carne. Enfermedades como el
paludismo y el
cólera
y las picaduras de serpientes segaron las vidas de muchos hijos
de aquellos primeros colonos, y los productos
logrados no siempre compensaban los sacrificios realizados"
(2).

" (…) el inicio de la inmigración organizada lo
debemos situar en el invierno de 1897 con la llegada de unas 14
familias polacas y ucranianas procedentes de la región de
Galitzia. Arribaron al puerto de Buenos Aires, fueron recibidos
en La Plata y desde allí fueron enviados a
Apóstoles, Misiones. Así comenzó el primer
proyecto de
colonización agrícola efectivo desde la
expulsión de los jesuitas.
Luego se sumaron otros grupos de colonos
y se establecieron en distintas localidades: San José,
Azara, Cerro Corá, Bonpland, Yerbal Viejo, Gobernador Roca
y más tarde llegarán a fundar Colonia Wanda al
norte de la provincia" (3).

En esa misma provincia, los Spasiuk alternaban el
trabajo manual con la
música: "En Apóstoles, un humilde pueblito a 50 km
de Misiones, Juan (el tío) y Marcos (el padre) se
concedían una pausa en la carpintería, tomaban cada
uno su violín y su guitarra y, sobre un tablón,
afloraban polcas, valses, rancheras, chacareras y rumbas, como
una necesidad de recrear la música que sus antepasados
habían importado de Ucrania y de Europa del Este
(4).

En "Van-Houten", cuento que toma su tìtulo del
apellido del protagonista, aparece un "belga, flamenco de
origen", al que "se le llamaba alguna vez
Lo-que-queda-de-Van-Houten, en razòn de que le faltaba un
ojo, una oreja, y tres dedos de la mano derecha. Tenìa la
cuenca entera de su ojo vacìo quemada en azul por la
pòlvora. En el resto era un hombre bajo y muy robusto, con
barba roja e hirsuta. El pelo, de fuego tambièn,
caìale sobre una frente muy estrecha en mechones
constantemente sudados. Cedìa de hombro a hombro al
caminar y era sobre todo muy feo, a lo Verlaine, de quien
compartìa casi la patria, pues Van-Houten habìa
nacido en Charleroi" (5).

Acerca de ese texto, escribe Eduardo Romano: "Quiroga
trazó, en Los tipos, varios notables perfiles con relieve. Entre
ellos, y el lector emplazó una primera persona muy
autobiográfica, directamente vinculada con la acción,
según se aprecia ya en ‘Van Houten’:
‘-¡Ya vé! –me dijo, pasándose el
antebrazo mojado por la cara aún más mojada- que
hice mi canoa. Timbó estacionado, y puede cargar cien
arrobas. No es como esa suya, que apenas los aguanta a
usted’. O que tiñe el relato con su propia
subjetividad: ‘Yo siempre había tenido curiosidad de
conocer de primera fuente qué había pasado con el
ojo y los dedos de Van Houten. Esa siesta, llevándolo
insidiosamente a su terreno con preguntas sobre barrenos,
canteras y dinamitas, logré lo que ansiaba’. Que el
personaje mismo le contara tres cruentos accidentes de
los que había salvado la vida –ya que no la
integridad- por milagro. La impersonal desaprensión de Van
Houten, quien se limita a comentar con un ‘¡Bah…!
¡Soy duro!’ cada uno de esos relatos, da la pauta del
poder autodestructivo de esos tipos quiroguianos, producto en
parte de observar a ciertos habitantes de la zona,y en parte
remoción de sus propios fantasmas
interiores" (6).

En Mis dos abuelas. 100 años de historias, Nora
Ayala relata que su abuela criolla, que vivía en Misiones,
tenía prejuicios contra los extranjeros. "Nosotros no
vinimos a matarnos el hambre como los gringos
–decía-, estuvimos siempre acá". La venta de la casa
del Tata proporciona otra evidencia de su actitud; la vivienda
"fue comprada por una familia turca, aunque Gerónima
hubiera preferido que no cayera en manos extranjeras, pero ellos
fueron los que pagaron y no había nada que hacer". Se
rumoreaba que los compradores habían encontrado
allí un cofre con monedas de oro;
escuchemos a la criolla: "Teniendo en cuenta que los turcos que
habían llegado al país poco tiempo antes, si bien
eran gente trabajadora y honesta (a pesar de ser extranjeros) no
podían tener dinero como para hacer semejante inversión, el rumor tenía visos de
realidad" (7).

El ingeniero Walter Rathhof llega a Misiones con un
contrato: " ‘¿Cómo vine a para acá?
Hace tres meses ni sabía que existía este lugar.
¡Misiones!’ Apenas si había visto el nombre de
Argentina en el mapa. En Alemania no
conocía a nadie que hubiera andado por esta parte del
mundo, pero bastó una propuesta para dejar la familia, el
empleo
seguro, la
patria, los amigos, por la aventura. (…) Allá era un
ingeniero más, sin mucha experiencia entre tantos otros,
en cambio acá estaba todo por hacer. ¡Y justo
puentes! Si hubiera sabido que alguna vez tendría que
hacer puentes, tan lejos y sin poder consultar con nadie, hubiera
prestado más atención a aquel viejo profesor que siempre
hablaba de los de la India y de la
China. Después de todo, los que tendría que hacer
acá tendrían más en común con esos
que con los prolijos puentes de hierro que
diseñaba en la facultad. Además, había que
hacer todo desde el principio, ni siquiera las mensuras estaban y
los lugareños medían las distancias en tiempo: dos
días de barco, un día de a caballo (8).

Luna, una inmigrante turca centenaria, "A los 17
años conoció a su marido, uno de los pocos al que
sus hermanos –celosos ellos- dejaron acercarse.
Víctor tenía hermanos en la Argentina que lo
mandaron a buscar. Y ella se venía con él, pero en
calidad de novia, jamás. De ninguna manera, le dijo su
tía. Así fue como se casaron y pasaron su luna de
miel en un barco rumbo a nuestro país. Fue un mes de
viaje. Una inolvidable luna de miel junto con… su suegra.
Sí, Luna dormía con su suegra en un camarote y
Víctor en la bodega, con los demás hombres.
‘Nos veíamos en la cubierta y de noche, cada uno a
su lugar". Estuvo a punto de volver a su tierra: "Corría
el año 1921 y Luna, casada con Víctor desde
hacía dos años, no lograba quedar embarazada.
Vivía en Posadas, Misiones, pero su marido decidió
mandarla de vuelta a casa. Así, dice la centenaria Luna,
se acostumbraba en su país: la mujer que no tenía
hijos se tenía que ir, y ella se iba, nomás. Con la
valija y un pasaje en mano marchó sin chistar a la
estación ferroviaria de Posadas. Pero, cosas del destino,
el tren ya había partido. Fue cuando volvió con su
marido a su casa que quedó embarazada". "Progresamos con
mucho sacrificio –recuerda. Vivíamos en Posadas y mi
marido andaba por los campos con un canasto en el que llevaba
lencería para vender. Después pudimos poner nuestro
propio negocio de venta de ropa y trabajamos muchísimo".
Su experiencia se vuelve narraciones: "Recuerda cuando en su
casita de Posadas llenaba un bracero con carbón por las
noches, lo dejaba en medio del cuarto y reunía a sus
chicos en torno de
él. ‘Les contaba historias de cómo
vivíamos en Turquía, el viaje en barco a la
Argentina o simplemente cuentos‘
" (9).

En 2005, el diario Armenia publicó esta noticia:
"El domingo 6 de marzo, la Colectividad Armenia de Misiones
celebró el primer aniversario de su fundación. La
reunión tuvo lugar en las instalaciones del Club
Español de Posadas. Allí, asociados y miembros de
la Comisión Directiva compartieron un asado
acompañado por excelente música armenia y en un
cálido ambiente
familiar. El evento tuvo repercusión en Posadas, pues el
diario ‘El Territorio’ se hizo eco del mismo
publicando una nota alusiva a la celebración. Pablo
Hatserian, presidente de la comunidad armenio-misionera,
agradeció la presencia de todos, augurándoles un
año pleno de trabajo, en unión y cordialidad para
poder alcanzar los objetivos
previstos" (10).

"Desde el lejano oriente, un puñado de japoneses
iniciaron la peregrinación que culminó en
Oberá en octubre de 1921. La inmigración japonesa
en la Argentina data de principio del siglo XX y tuvo como primer
paso el Frente a la casa. El arco a la entrada se asemeja al que
se utiliza en los templos de oración. El 12 de octubre de
1921 llegó a Oberá, junto a su familia, Tokuyi
Kairiyama. Fue él quien alentó a sus compatriotas
para que se afinquen en esta región del país.
Atentos a su ofrecimiento arribaron junto a sus esposas y algunos
con sus hijos: Iumatsu Kairiyama, Takei Sudo, Kunigoro Kamada,
Kataro Otaka, Kinso Suyama, Kikujiro Nishimura, Kakuso Kamada,
Juji Watanabe, Jiro Minoura, Pedro Héctor Higa, Gungi
Nakatsuka, Ken Takakura, Fukikesa Komatsu, Hihashi Miyauchi,
Minoru Higa, Suenaga, Nakabayashi, Goto, Araki, Ogawa, Kisaiti,
Kanno, Mori, Sato, Saito, Okuda, Ohashi y Harada Los japoneses se
dedicaron principalmente al cultivo de yerba mate y té y
al poco tiempo incursionaron en su industrialización. En
1953 la comunidad fundó el Club Japonés que
cobijó a más de 300 socios. Con este antecedente,
en 1980 la numerosa colectividad se sumó a la Fiesta en la
que trabajaron casi todas las familias asociadas al club con sede
en Los Helechos, una localidad vecina a Oberá. Casi un
cuarto de siglo después, la colectividad construyó
su casa típica en el Parque de las Naciones. La misma
representa una vivienda tradicional nipona, a la que dotaron de
un techo curvo, propio de los templos de aquél pais
oriental. La parquización típica que rodea la
construcción fue trabajo de Harvo Hishikiori y Alberto
Araki. La casa funciona como sede cultural japonesa en
Oberá. (…) Una de las plazoletas de la transitada
avenida Libertad de Oberá lleva el nombre de Japón.
En ella existe una gran lámpara de piedra, comunes en las
plazas y parques de aquel país asiático. La misma
fue diseñada por el ingeniero parquista Yasvo Inomaia. La
plazoleta tiene similares características del
Jardín Japonés de Buenos Aires, creación del
mismo artista" (11).

Notas

1. Skliarevsky, Fernando: "Misiones, Cien años de
inmigrantes", en La Nación
Revista,
Buenos Aires, 14 de octubre de 1997.

2. S/F: Folleto del Museo Histórico Juan
Szychowski. Apóstoles, Misiones.

3. S/F: "Inmigración Introducción", en
www.elaguilablanca.com.ar.

4. Gaffoglio, Loreley: "Trato de ser lo mejor de lo que
soy", en La Nación, Buenos Aires, 17 de diciembre de
2000.

5. Quiroga, Horacio: "Van Houten", en Los desterrados-
El regreso de Anaconda. Buenos Aires, Losada, 1997.

6. Romano, Eduardo: "Horacio
Quiroga", en Historia de la literatura
argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980.

7. Ayala, Nora: Mis dos abuelas. 100 años de
historias. Buenos Aires, Vinciguerra, 1997.

8. Ayala, Nora: op. cit.

9. S/F: "Una mamá que hoy celebra sus 100
años", en La Nación, Buenos Aires, 20 de octubre de
2002.

10. S/F: "Primer Aniversario de la Colectividad Armenia
de Misiones", en Armenia, Buenos Aires, 31 de marzo de
2005.

11. S/F: "Sol de oriente, amanecer misionero", en
Federación de Colectividades,
federacion[arroba]fiestadelinmigrante.com.ar.

Neuquén

"En la esquina de las calles San Martín y Coronel
Suárez, en pleno centro de Junín de los Andes, se
encuentra el museo privado de Don Moisés Roca Jalil, quien
es uno de los pioneros del pueblo. En este museo podrás
admirar más de 400 piezas con un excepcional contenido
histórico, que datan de la época en que funcionaba
la Casa de Ramos Generales ‘La Flor del día’
".

"En el año 1900, Simón Roucouz (apellido
original), padre de Don moisés, llegó a
Neuquén proveniente de Mairuba (Líbano) donde se
instaló y comenzó con la actividad comercial un
año más tarde. Tiempo después se casó
y decidió trasladarse al sur de la provincia,
permaneciendo en San Ignacio entre los años 1911 y 1914,
donde continuó con el comercio. En ese período
nacieron Mario, Raquel, Angela y Jose, los primeros hijos del
matrimonio. Luego se trasladó con su familia a Quilquihue
y en 1918 se instaló definitivamente en Junín de
los Andes, donde también continuó con la misma
actividad. Aquí abrió la "Primer casa de ramos
generales, acopio de frutas, compra y venta de hacienda" en el
lugar donde actualmente se encuentra el Hospital de la ciudad. En
el año 1929 se construyó el edificio de la esquina
de San Martín y Cnel. Suárez y un año
más tarde comenzó a funcionar con el nombre de "La
Flor del Día, de Simón Roca Jalil". Allí
nacieron sus hijos más chicos: Moisés y Genfierzna.
Este comercio estuvo en actividad hasta el año 1982, fecha
en que cerró sus puertas como tal. Actualmente funciona
como Museo. El museo cuenta actualmente con más de 400
piezas, entre las que se destacan: Matras de distintos colores,
cinchas, fajas, ponchos, etc. • Piezas de madera y
alfarería mapuche. • Piezas de la época de la
conquista del desierto. • Armas de la misma
época. • Un documento firmado por Julio A. Roca.
• Espuelas, estribos, aros, bombillas y frenos
antiquísimos. Planchas a gas, una cafetera
de 1950, tinta para plumas, etc." (1).

Notas

1 S/F: "Museo Privado de Don Moisés", en
www.intertournet.com.ar.

Río Negro

En "Historia de Bariloche" (1), relatan Helena Aizen y
Claudio Tam Muro: "Nasario Lefipán y su esposa Carmelita
Quidulef fueron los primeros pobladores de lo que es hoy San
Carlos de Bariloche. Desde Estados Unidos llegó Jarred
Jones para instalarse en las cercanías del Fortín
Chacabuco y desde el sur de Chile los alemanes José
Tauschek, Jorge Huber y Carlos Whiederholdt. Enrique Neil, Jorge
y Ralph Newbery, los españoles Fermín Salaberry,
Manuel Domínguez son algunos más de los nombres que
podríamos mencionar, otros no quedaron registrados por la
historia, pero entre todos fueron dando vida a un pueblito que
con el tiempo se transformó en lo que vemos
hoy".

"Jarred Jones, llegado desde Texas, se instaló en
1889 en las cercanías del Fortín Chacabuco.
Después de dedicarse un tiempo al tráfico de ganado
en pie a Chile, decidió establecer una explotación
ganadera en tierras que antes habían pertenecido a Modesto
Inacayal (hasta que el cacique fuera tomado prisionero en 1884 y
su gente desalojada). Junto con Enrique Neil, un compatriota,
puso un almacén de Ramos Generales en el nacimiento del
Limay. El Perito F. Moreno, que gozó de la hospitalidad y
colaboración del norteamericano en sus campañas,
intercedió en retribución para que el gobierno
concediera a Jones las 10.000 hectáreas que este
había solicitado en compra. En 1908, con el titulo en
mano, Jones tendió el primer alambrado. George Newbery y
su esposa Fanny Taylor se
establecieron hacia 1894 al este del lago Traful donde fundaron
la estancia La Primavera dedicándose a la ganadería
y a la explotación maderera".

"En 1895 Carlos Wiedherhold, un comerciante
alemán llegado desde el sur de Chile, fundó una
casa de comercio "La Alemana" en lo que es hoy el Centro
Cívico de
Bariloche. Aprovechando las vías lacustres, en un lugar en
aquel entonces muy aislado, inició un importante
intercambio comercial con el país vecino a través
del paso cordillerano Pérez Rosales. Paso que a pesar de
sus dificultades resultaba mucho más rápido y menos
costoso que cualquier otra ruta de acceso a los centros cercanos
(…) A fines del siglo XIX los hermanos Goye, Camilo, Felix, y
Maria viuda de Felley con sus hijos, llegan a la zona del Nahuel
Huapi para radicarse en Colonia Suiza. Procedentes del
cantón de Valais, en la Suiza Francesa habían vendo
primeramente a Chile donde estuvieron casi 10 años.
Enterados de la oferta de
tierras (ley del hogar) a inmigrantes, las solicitan atravesando
la cordillera cerca de Las Lajas. Hacia 1902 llega un sobrino,
Eduardo Goye, pero por el Atlántico el que se suma al
grupo familiar. Otros apellidos Suizos se agregan , Mermoud,
Cretton, Jackard así como Fotthoff y Neu , trabajadores
incansables del agro. Molían los granos a mano y se
cultivaba lo necesario: trigo, avena, frutales y hortalizas. El
tambo proveía de leche,
manteca, y queso, productos todos estos que se consumían o
se llevaban a Chile en embarcaciones construidas por ellos
mismos. También los pobladores de Bariloche encontraban
aquí muchos productos de granja".

En La matriz del
infierno (2), Marcos Aguinis
relata: "Rolf había tenido que viajar en tren a la austral
Bariloche. (…) El almanaque que colgaba en la vasta cocina del
conventillo donde bebió café
antes de dirigirse a la estación terminal le
recordó que ya era el 11 de febrero de 1930. Don
Segismundo, mientras sorbía ruidosamente de su
tazón, trató de infundirle ánimo y le
aseguró que Bariloche era bellísimo, que
encontraría allí los panoramas disfrutados en su
infancia, en las vecindades de la Selva Negra. Muchos inmigrantes
austríacos, suizos y alemanes la había elegido por
su semejanza con la tierra natal".

Max Tepp nació en Hamburgo en 1891; "se
radicó en 1924 en la Argentina, donde fundó una
escuela alemana en la Patagonia, y
dirigió el colegio alemán en Bariloche. Fue
director de la Goethe-Schule y luego del Colegio Pestalozzi.
Editó revistas y publicó numerosos artículos
sobre el paisaje y la botánica argentinas y sobre pedagogía. (…)" Tradujo al alemán
el Martín
Fierro. "Lamentablemente, la traducción de Max Tepp nunca llegó a
ser publicada". (3).

En el Hotel de Inmigrantes nació, en 1947,
Américo Fiorentini. Su hermana Aurora, afincada en
Bariloche, escribe: "Ni bien llegué a la Argentina, junto
a mis padres, en 1947, tuvimos que quedarnos más de un mes
en el hotel de inmigrantes, cerca del puerto de Buenos Aires. Mi
padre, profesor italiano en el exterior, enviado por el Gobierno
italiano, tenía que presentarse en la Dante Alighieri de
Santa Fe para asumir su dirección y mi madre
también, como maestra. Mi madre estaba embarazada de 8
meses y a nuestra llegada resultó claro que el bebé
no tenía intenciones de esperar demasiado para nacer.
Trámites, mudanzas, trabajo no formaban parte de sus
planes y por lo tanto ellos tuvieron que esperar a que naciera
antes de retomar sus obligaciones.
Mi hermano, de nombre Américo, nació 15 días
después de nuestra llegada y mi madre salió en los
diarios porque, como siempre, la prensa
está a la caza de noticias algo
extrañas. Puesto que en la Argentina está en vigor
la ley de la sangre para lo
que se refiere a la ciudadanía, los periodistas anunciaron que
una inmigrante italiana, apenas llegada, había donado un
hijo a su patria de adopción.
Es de notar que el sensacionalismo no es un invento actual"
(4).

En Río Negro se establecieron los inmigrantes que
evoca Iaacov Kaspin, en Mi colonia rusa: "Locev y sus
compañeros fueron a despedirse del Ministro, quien
después de desearles buen éxito y
prosperidad a los nuevos colonos, les otorgó como gesto de
buena voluntad por parte del Gobierno, pasajes gratis en tren y
vagones para transportar el equipaje personal y demás
artículos necesarios para instalarse en Roca
(5).

El poeta Jacobo Fijman (1898; Buenos Aires, 1970) "En
1902 viajó a la Argentina, estableciéndose con su
familia en Buenos Aires y después en Río Negro. En
1917 se graduó de profesor de francés. En 1921 fue
internado por primera vez por problemas mentales. La segunda
internación se realizó en 1942, en el Hospicio de
las Mercedes (hoy Hospital Borda), donde permaneció hasta
su muerte. Allí escribió numerosos poemas y
dibujos.
Vinculado al grupo Martín Fierro, se considera a su
poemario Molino rojo (1926) como un antecedente del surrealismo
argentino por la riqueza onírica de sus metáforas e
imágenes. Ese mismo año viajó
a París, donde conoció a André Breton"
(6).

En 1997, Germán Sopeña comentó el
libro de una
irlandesa nacida en Londonderry en 1922 y emigrada en 1945 a la
Argentina. En el momento en que escribe el periodista, la
inmigrante vivía en El Bolsón, Río Negro.
Nos referimos a Maggie Pool, y a su obra, Where the devil lost
his poncho (7), publicado en Edimburgo por The Pentland Press. A
criterio de Sopeña, "Su relato tiene poesía,
emoción y reflexiones de fondo. Su escritura no
pretende más que contar las cosas como sucedieron. Pero en
cada página late la observación fina de alguien que
descubrió un mundo nuevo, lo hizo propio y lo vivió
con intensidad en todo lo que hubo de malo y de bueno durante
más de medio siglo". La autora llega a la Argentina "no
bien terminada la guerra, como modesta secretaria de un organismo
británico, casi con lo puesto y con sólo 12 libras
esterlinas, que era la máxima cantidad de dinero que se
permitía sacar de Inglaterra en
aquel momento de crisis. Queda deslumbrada por la riqueza que ve
en Buenos Aires, por el tamaño de los bifes y los postres
de un simple restaurant, donde se come lo que ninguna familia
inglesa veía desde hacía años". La
prosperidad cede paso a una realidad distinta: "luego
vendrán los años difíciles del peronismo, de la
falta de democracia,
del terrorismo, de
los gobiernos militares, de la guerra de las Malvinas y,
como tremendo final, de la hiperinflación, que Pool describe con la
visión del economista que subyace en toda ama de casa".
Sin embargo, la evaluación
de su vida en América es muy positiva. Agrega
Sopeña: "Nada disminuye su amor por su segunda patria. Con
los años se traslada a vivir a Bariloche y, por fin, al
valle de El Bolsón. La Patagonia la atrapó y parece
ser su punto de residencia definitiva en su larga vida iniciada
–allá lejos y hace tiempo pero al revés que
Hudson- en Irlanda y Escocia. ‘Aquí está el
paraíso’, resume sobre el final. Lo transmite con la
certidumbre de quien ha sabido ver mucho más allá
de las vicisitudes de la vida cotidiana" (8).

Notas

1 Helena Aizen, Claudio Tam Muro: "Historia de
Bariloche", en www.bariloche.com.ar, 1992.

2 Aguinis, Marcos: La matriz del infierno. Buenos Aires,
Sudamericana, 1997.

3 Kaufmann, Marion: "El Martin Fierro y sus traductores"
(traducción), en Argentinisches Tageblatt, Buenos Aires,
27 de abril de 1991

4 Fiorentini, Aurora: "Recuerdos de una emigrante
italiana".

5. Kaspin, Iaacov: Mi colonia rusa. Buenos Aires: Mila,
2006

6 Varios autores: Enciclopedia Visual de la Argentina.
Buenos Aires, Clarìn, 2002.

7 Pool, Maggie: Where the devil lost his poncho.
Edimburgo, The Pentland Press, 1997.

8 Sopeña, Germán: "Tierra lejana", en La
Nación, Buenos Aires, 13 de julio de 1997.

Partes: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15, 16, 17, 18, 19, 20, 21
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