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El conjunto monumental de Giza explicado (página 24)




Enviado por ramon ramonet riu



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Los Templarios quedaron muy afectados al conocer la muerte en cautiverio de su Gran Maestre. Muerto Odón debían elegir una nueva cabeza suprema y no podían equivocarse. Se exigieron que no hubiese intervenido antes en la política de la corte de Jerusalén tan marcada por deslealtades. Dado que no se pusieron de acuerdo, no tuvieron más remedio que nombrar un cargo de Gran Maestre interino, en cuyo período la orden del Temple había sido gobernada eventualmente por el arzobispo de Bourges, llamado Philippe Berruyer, tío de Odón de Saint-Amand. Dicho alto cargo de la jerarquía eclesiástica, como Gran Maestre templario tan sólo fue un cargo interino. Su destino fue ser un "segundón", pues ya había desempañado anteriormente el cargo de Maestre de Hispania y Provenza.

La elección de Arnau de Torroja supuso una derrota para los partidarios del enérgico Odón (según Melvillé: "La Vie des Templiers", p.107). Arnau de Solsona fue llamado Arnaud de Toroge (1181-1184) por los caballeros francos a los que capitaneó. La historia informa al menos de que mi biografiado dejó constancia de varios logros diplomáticos de máxima urgencia, pues ya en 1181 consiguió la firma de un tratado de paz en Antioquía Guillermo de Tiro, 22.7, ps. 1015-1016), y con igual éxito firmó otro tratado semejante en Acre tres años más tarde ("Eracles", vol. II, ps. 2-3. Se trata de la traducción al francés de la obra de Guillermo de Tiro, nacido hacia 1130 en Palestina. Dicho cronista del rey escribió durante su reinado. A él se debe las primeras informaciones sobre las órdenes de Sión y del Temple, acabando su obra antes de 1173).

En efecto, Arnau de Torroja lo primero que consiguió al llegar a Jerusalén y ser cabeza de las órdenes de Sión y del Temple, fue poner fin a los conflictos que tenían con la orden hermana de los hospitalarios, exponiendo claramente que las ordenes religiosas armadas como ellos todos debían dar ejemplo de hermandad y tolerancia, especialmente de cara a los enemigos musulmanes. Así consiguió la reconciliación, siempre antes fracasada, y ello por la experiencia que tenía Arnau en el suelo patrio (J. Forey "The templars in the Corona of Aragon", Oxford; U.Pres, London 1973 p. 420-431). Firmaron la paz con cláusulas y condiciones, tal como la harían con un verdadero enemigo, y posteriormente aquella concordia todavía fue confirmada por escrito papal (J. Miret Sanç: "La casa dels Templers…" Barcelona 1910, p.113).

Arnau de Torroja al salir elegido cabeza de la "Orden con dos cuerpos" se comprometió a propiciar el entendimiento con el rey Balduino IV de Jerusalén y con los hospitalarios, pues ambas órdenes monástico-militares, fuese por avaricia, orgullo, o ambición, el caso es que en aquel periodo rivalizaron entre si. El mismo Papa de Roma se vio obligado a amonestar a ambas órdenes por sus continuas rencillas entre ellos, así como por luchas internas en el seno de cada Orden. Tan en discordia vivían, que donde fuese que en Palestina se encontrasen templarios y hospitalarios, entre ellos mismos incluso se atacaban. Bajo el mandato de Arnau de Torroja, en cambio, ambas fuerzas religioso-militares se comprometieron a respetarse y acentuar su humildad. Sin duda fue un mérito de Arnau de Torroja, dado que existe una carta donde se lee que el sumo Pontífice le felicitó por haberlo conseguido. El nombramiento de Arnau es evidente que dio los esperados frutos pacificadores, ya que el día 5 de enero de 1182 el pontífice Lucio III, al renovar las disposiciones de la bula de su predecesor Alejandro III, lo dejó muy claro al referirse a él como: Dilectus filius Arnaldus. Se vuelve a encontrar por última vez a Arnau de Torroja en funciones, en un acto que presidió el patriarca Heralcio de Jerusalén, en 1183, con motivo de un acuerdo entre los monjes de la abadía de Nuestra Señora de Josafat.

Como Gran Maestre de las órdenes de Sión y del Temple, tuvo un poder político-espiritual de máximo alcance, pero lo más imperioso sería cultivar la entonces muy zarandeada moral de los caballeros de su Orden, de lo cual pienso ofrecer una síntesis en un futuro. De sus creencias y conocimientos heterodoxos, al mundo tan sólo trascendieron indicios y muy veladamente. Incluso después de abolirse la Orden de los templarios, remitiéndose a sus iniciáticos saberes, siguieron siendo fundadas centenares de órdenes de presuntos neotemplarios, practicantes de discretos rituales que resultaron ser capaces de llegar hasta nuestro siglo. El espíritu de los fundadores de la Orden de Sión y luego el de la Orden del Temple, se mantuvo, siendo ello posible gracias a rememorar, sobre todo, la gran eficacia y efectiva comunión entre sus correligionarios.

ARNAU DE TORROJA Y SALADINO "EL UNIFICADOR"

Presentar lo mejor posible a Saladino será una forma de penetrar en el pensamientos de Arnau de Torroja, ya que ambos procurarían conocerse bien. Saladino se interesaba por todos los cambios en el Reino Franco, y más aún por el nuevo Gran Maestre de las órdenes de Sión y del Temple, siendo gracias a su buen servicio de espionaje por lo que finalmente triunfó. Por su parte Arnau debió de admitir que dicho enemigo era digno de ser temido, sin dejar de reconocer que se le consideraba un hombre de honor incluso por los cristianos. Con guerreros kurdos y turcos, y posteriormente egipcios, formó el núcleo duro de su ejército, siendo capaz de recuperar Jerusalén después de que lo hubiesen ocupado casí un siglo los cristianos. Saladino desde 1169 fue visir de El Cairo y pacificador de Egipto al anular la dinastía fatimí, el año siguiente ya había recuperado el castillo de La'Aqaba (la bíblica Elath) en la costa del Mar Rojo. Al ser una muy transitada ruta de caravanas entre Siria y La Meca, era una estratégica posición, por lo cual en 1182 aquel castillo fue atacado por Renaud de Ch⴩lion.

Reinaldo era un hombre que había viajado a Tierra Santa relativamente hacía pocos años, y según él: un buen patriota debía matar musulmanes como fuese. Quien habría debido frenarle era Heraclio, otro recién llegado para ejercer de gran Patriarca en Jerusalén, pero que demostró ser un iletrado y además un libertino, pues incluso hizo ostentación pública de la belleza de su novia.

La personalidad de Saladino mereció numerosos libros, y en estas páginas interesa mucho al haber coincidido tan carismático líder musulmán, en el espacio y en el tiempo, con Arnau de Torroja. Saladino debió sentir un gran respeto por mi biografiado con el que, previsiblemente se debería enfrentar. Arnau por su parte supo de la fama de Saladino y sin duda que, a pesar suyo, en el fondo lo admiraría. Sería imposible demostrar hoy por hoy que ambos se entrevistaron con objeto de procurar entendimiento mutuo, así como pactar treguas, pero probablemente así debió de suceder aunque al parecer con pocas consecuencias, exceptuando la paz que consiguió en todas partes.

Si de Arnau de Torroja ya no se recuerda nada, en cambio Saladino pasó a la historia como uno de los mayores líderes del Islam entre 1138 y 1193. De origen kurdo (unos desdeñados tanto por árabes como por turcos), finalmente con sus victorias elevó la dignidad de todo el mundo musulmán. Haré un breve repaso a su vida que remite a los años de la decadencia de Costantinopla.

Aunque el visir de El Cairo, llamado Shawer, utilizó a unos y a otros con tal de poder aferrarse a su trono, no sería él el beneficiario final de tan repetidas alianzas con los francos, sino aquel joven treintañero que ha pasado a la historia como Yusuf, al que llamaban Saladino (Salah-al-Din, significando "la justicia de la fe"). Se recuerda de él que fue un hombre piadoso, gentil y por cierto un excelente jugador de polo, ya que desde joven mereció el alto honor de figurar en el equipo de Nuradín, su sultán, que en aquel tiempo era la máxima autoridad en el mundo islámico. Saladino además de ser un gran experto en caballos, también era un sobresaliente estratega militar, pues consiguió reunificar el Islam hasta disponer de un ejército de 60.000 hombres, de ellos la mitad jinetes, para cruzar el río Jordán el mes de Junio de 1187 y expulsar a los cristianos de Palestina (aunque regresaron en 1229 y 1244; pero eso no me extenderé en referirlo porque Arnau de Torroja murió varios años antes).

Saladino empezó las campañas de Egipto como acompañante de su tío, el mejor de los generales del turco sultán Nuradín que dominaba el sur de Siria, pero al final el tío Shirkuh, quizá cansado de los devaneos del visir egipcio al cual acababa de restablecer en el trono, lo mató proporcionándole una gran comilona (18.1.1169), quedándose después con el trono y los bienes del difunto. Le sirvió de poco a Shirkuh quitarlo de medio porque él también murió a los pocos meses y quedó como cabeza del ejército sirio el joven general Saladino.

A la muerte del legítimo califa fatimí de Egipto, en el mes de septiembre de 1171 Saladino fue elegido el quinto sultán de Egipto en seis años. Probablemente lo nombraron por considerar que sería un joven fácil de manipular, pero ignoraban la personalidad del hombre con quien estaban tratando. Inicialmente Saladino gobernó en El Cairo con disimulada rebeldía, pues se negaba a obedecer al sultán Nuradín, su jefe natural, por creerse él mismo predestinado para liberar Jerusalén. Nuradín no pudo aceptar que un subordinado suyo en El Cairo se comportase como su igual y lo amenazó con acudir allí para castigar personalmente su osadía, …y ello a pesar de que Saladino, previniendo la reacción de Nuradín, le había enviada cartas de su fingida sumisión. Era el año que además el califa de Bagdad había concedido a Nuradín la dignidad de sultán de Siria y Egipto, pero hasta su muerte en mayo de 1174 Saladino se resistió a obedecerle.

Con su insumisión al sultán Nuradín, Saladino estuvo en clara rebeldía y era inminente una guerra entre ambos líderes musulmanes. Entonces coincidió en morir el rey Amalrico I prematuramente en Jerusalén en 1174, con el consiguiente altibajo en toda la Palestina cristiana. A pesar de ello, Saladino lo único que hizo fue conquistar Baniyas. Nuradín en cambio fracasó en su empeño de quitar Jerusalén a los francos y se tuvo de conformar con conquistar Damasco y la parte de Siria central, si bien por entonces obtuvo del califa de Bagdad la nominación de sultán de Egipto, Palestina, Nubia, y en 1175 sultán de la Cirenaica.

Saladino desde el año 1171 había abolido el califato de Egipto y se erigió primer sultán aiubí de aquel país, donde se preparó para guerrear contra su propio soberano, pues Nuradín ya le había avisado que iba a castigarle, pero que murió muy oportunamente pocos días después (15 de mayo de 1174) de un paro cardíaco. Aquello fue el fin de la dinastía selyúcida que había durado un siglo.

Saladino tuvo una idea del mundo muy superior a la que tenían sus correligionarios contemporáneos. Al rico país de Egipto Saladino lo veía como la mejor fuente de ingresos para sus guerras contra ocupación de los europeos cristianos, pero también contra los sectas musulmanes disidentes que en su tiempo dividían todo el Islam. Él quiso que El Cairo fuera el núcleo de un renacimiento cultural, así como la despensa necesaria para la unificación de sus correligionarios a fin de lograr la expulsión de cristianos de Tierra Santa. En el fondo Saladino defendió tanto una cultura como un territorio, y para sus fines substituyó la burocracia fatimí por un sistema feudal que dio a sus oficiales militares control directo sobre las regiones agrícolas de todo Egipto.

Saladino habría peleado contra el heredero de Nuradín, pero públicamente presumía de querer protegerlo. El hijo sucesor de Nuradín, después de un lógico rechazo, acabó por reconocerle su autoridad en el país de los faraones. Así y todo, sólo faltó que hubiese disturbios políticos en Siria y en Yazira, para que Saladino con su ejército se impusiese también en Damasco. De hecho desde que salió de El Cairo para luchar contra los cruzados en Siria, ya nunca volvió a la capital del Nilo.

Dejó Egipto bajo el gobierno de su hermano Al-Malik al-Ádil, y marchó a capitanear personalmente la guerra contra los cruzados. Conquistó la ciudad de Trípoli en 1172 y el Yemen en 1173, atacando por primera vez Jerusalén en 1174 animado por las disputas sucesorias de la familia del difunto Amalrico I. Saldino con anterioridad no había querido participar en las campañas contra Jerusalén ordenadas por Nuradín (1171-1173) con objeto de sitiar el Reino Franco entre dos estados musulmanes.

Saladino era el líder musulmán al que el nuevo Gran Maestre Arnau de Torroja debió tratar de pactar, o si no era posible, debía esforzarse en derrotarlo. No lo creería imposible, pues Saladino ya había sido vencido en 1177 en la gloriosa batalla de Montgisard, cerca de Ramala (Gaza) gracias al coraje de los templarios, porque allí hicieron gala de una rápida evolución de su caballería, por lo cual a Saladino le forzaron a firmar la paz,… paz que él aprovechó para dominar parte de Mesopotamia y hacerse con la muy bien fortificada Alepo. Pues una cosa es que no fuese fanático y sintiese respeto incluso por los cristianos, y otra diferente es que Saladino no rentabilizase sus desgracias para convertirlas en ventajas. Hay una prueba de ello.

Saladino sentía miedo por la secta de los "hashahashin" al mando de un líder quien pensaba como los sufíes pero en versión negativa. Ciertamente llegaron a herirle en dos ocasiones en 1175, y no lo mataron gracias a que Saladino siempre iba cubierto con una cota de malla debajo de su capa, tal como copió de los francos. Para protegerse Saladino había creado un cuerpo policial que lo protegía de las canalladas de amigos y enemigos. Una decisión suya inesperada fue cuando cambió de actitud y procuró tener por aliado a los "hashahashin" utilizando eventualmente a sus sectarios, quizá como otra forma más de minar la resistencia de los francos con los que mantenía constantes refriegas. En efecto hizo un extraño pactó con la secta de los "hashahashin" (vizaries ismaelitas) que por aquel tiempo estaban en su apogeo. Y lo más extraño de todo fue que Saladino en 1176 renunció a destruirlos, levantando el sitio de su principal castillo, lo que quizás obedecía al temor que sintió por sus temidas maldiciones psíquicas (telebulia) capaces de hacerle daño incluso a distancia.

La historia de dicha secta de los "hashahashin" la escribieron sus enemigos y merece poca fiabilidad, pero subsistieron en la figura del carismático Aga-Kan. En sus últimos tiempos (siglo XIII) el señor del castillo de Alamut en Siria era llamado Sinán y también "el Viejo de la Montaña", del que aún hoy se dice que drogaba a sus adiestrados asesinos prometiéndoles alcanzar el Paraíso si morían. (La secta ismaelita de los "hashahashin" fueron masacrados en 1268 por Balbeys que vivió entre 1223 y 1277, cuando gobernó el mundo islámico con brazo de hierro).

Aunque Saladino comenzó su carrera en el Egipto fatimií, intentó reeducar a los egipcios para que aceptasen la ortodoxia Sunní, y sus sucesores consolidaron Egipto como el centro de dicha fe. En El Cairo admira todavía hoy la ciudadela construida por Saladino sobre la colina Mokattam. Es llamada Salah Eddín El-Ayubi, y tiene la ciudad de El Cairo extendida a sus pies. Toda la fortaleza se hizo para disuadir a los cristianos de nuevas ocupaciones y fue elevada en vida de Arnau de Torroja, y éste a buen seguro que se se hiría informando de una tan magnífica defensa para la ciudad que había conocido años antes.

Mi biografiado debió saber también que, a pesar de todo, la mayor aportación de Saladino en Egipto fue de tipo cultural pues hizo edificar la universidad (Madrasa) donde se interpretaba la religión y el dogma shií en lugar de la ley islámica. Con este fin convocó en El Cairo a profesores sunnís del Este para proveer de personal sus nuevas escuelas. Durante once años mando construir cinco universidades y una mezquita. Sin embargo en tales centros de cultura, además de la religión, se enseñaba: administración, matemáticas, geodesia, física y medicina. Y es que Saladino, en El Cairo no edificó ningún palacio fabuloso, pues quiso que fuese una ciudad comercial y procuró hacerla un polo cultural sin recintos privados. Todo lo que dispuso fue para disfrute de sus habitantes, por cuyo espíritu abrió las estancias del palacio Al-Qahira y vendió su fabuloso tesoro, incluido un rubí de 2.400 quilates y una esmeralda como un puño, así como la biblioteca espléndida de los califas, con cuyo dinero pagó a sus tropas turcas.

Saladino era generoso y nada avaricioso llegando a recordarle cual máximo representante de la nobleza caballeresca del islam ("Futuwa", muy anterior a las de los francos). Corría la idea de que para él: el oro valía tanto como la arena. Saladino fue recordado cual personaje de la caballería romántica medieval, debido a que sus admiradores más ardientes fueron los propios biógrafos cristianos, al elegirlo modelo de virtudes humanas como también hicieron los propios árabes, a lo cual contribuyó el que, cuando tomaron Jerusalén en 1099, los cristianos habían pasado a cuchillo a todos los habitantes, fanfarroneando muchos años de su masacre. En cambio cuando Saladino en 1187 conquistó Jerusalén, no mató a los defensores. La creyó una ciudad santa, entendiendo que su victoria fue la consecuencia de su guerra justa.

Cuando Arnau de Torroja estuvo a la cabeza de los religiosos con espada, Saladino casí había conseguido unificar a los egipcios sirios y mesopotámicos contra los francos en gran medida gracias al infame comportamiento de Reinaldo, regente del condado de Trípoli, quien atacó naves sarracenas saqueando sus puertos y caravanas como haría cualquier pirata. Cuando el rey Balduino IV de Jerusalén firmó una tregua con Saladino, hubo un periodo de entendimiento mútuo, pero en 1181 Reinaldo de Ch⴩llon atacó una caravana de musulmanes que iban de Egipto a Siria y Saladino lo consideró un acto muy ofensivo, por lo que declaró rota la paz.

El malvado Reinaldo exasperó hasta el límite a Saladino, que lo acosaba sin tregua, por lo cual reclamó ayuda al rey Balduino de Jerusalén, quien el mes de setiembre de 1182 defendió Alepo y logró hacer retroceder a Saladino. Otra cosa es que, ante la mediocridad de Guido de Lusignan, la ciudad de Alepo cayése poco después en poder de Saladino como una fruta madura.

En 1182 la lepra había debilitado tanto que al joven rey Balduino ("le Mesel") que se decidió coronar rey al hijo de su hermana Sibila y del conde de Monferrat, y le llamó Balduino V. Fue el principio del fin, pues cuando el Estado Franco de Palestina quedó cercado, la expulsión de los europeos de Tierra Santa a todos les parecía ser cuestión de meses.

ARNAU VIVIÓ SUS ÚLTIMOS AÑOS SOPORTANDO REGENTES RIVALES

Aunque Arnau de Torroja en España ejerció además de recaudador a fin de enviar dinero al centro supremo de su Orden en Jerusalén. Tanto esmero debió de desarrollar también en dicha tarea que, como sabemos, llegó a ostentar el máximo poder universal de los templarios siendo en poder comparable a un verdadero rey, aunque mucho más internacionalmente reconocido. Es hora pues de olvidarse de su cargo de recaudador y tratar de verlo como un poderoso gobernante.

A Arnau de Torroja, en toda su gloria, puedo imaginármelo, sólo cuando la solemnidad del acto lo requería, con su cetro y vestido con un hábito impresionante, que él luciría por ser alto de talla, con un porte impecable. En tales ceremonias se presentaba acompañado de su séquito, lo que le acabarían de dar el tono de autoridad que ostentó como Gran Maestre, al mismo nivel que los grandes soberanos, tanto europeos como del otro extremo del Mediterráneo. Sin duda en la cúpula del mando supremo de la orden los templarios cuidaron mucho el efecto imponente para dar una imagen de gran sobriedad, y ello siguió siendo válido después de separarse de la orden-madre de Sión.

En la intimidad tendrían también sus debilidades, pero a cada caballero templario se le reconoció el valor de un guerrero, la gallardía del noble y la bondad de un monje;…monjes, aunque que en realidad no eran. Imperiosamente en los actos oficiales se moverían con gran cuidado de no parecer ni feroces, impulsivos, ni mostrar otra debilidad que la oración exige a todo religioso,… aunque ciñéndose una espada.

Tal es el cuadro que me complace imaginar y seguramente me quedo corto, aunque me condiciona la humildad que emana de mi protagonista y paisano. Sin duda hay que reconocerle que hoy día sigue siendo el hombre más socialmente encumbrado y de máximo prestigio internacional nacido en Solsona. Esta es una aproximación de la época cuando, con los años, él ya habría enriquecido mucho su inicial espiritualidad. Le pasa normalmente a todo el mundo, pero en Arnau de Torroja podemos creer que su evolución fue sobresaliente.

Es cierto que los grandes maestros, incluso los provinciales, dispusieron también de asesores de la propia Orden en todos los campos que era necesario para tomar las decisiones más difíciles con máximas garantías. Arnau de Torroja además se carácterizaría por su gran prudencia y sentido de la oportunidad, lo cual era exigible a quien debía llevar a buen fin no sólo para la gloria de su Orden, sino para el bien de la cristiandad entera. Su mayor éxito no obstante fue llegar a convencer al rey de Jerusalén de la necesidad de pactar una tregua de dos años con Saladino (con el cual debió de tratar y parlamentar hasta 1182), lo cual fue un gran logro del muy diplomático Arnau de Torroja, y lo consiguió tan pronto fue nombrado Gran Maestre.

Los conocimientos del Gran Maestre de las órdenes de Sión y del Temple, sobrepasaban mucho a cualquier otra orden militar del siglo XII (y se le exigía que el fuese el más experto en simbología iniciática), puesto que los musulmanes que combatían también hacían alarde de conocer bien al enemigo de turno, con óptimos resultados. Sin duda que Arnau y Saladino el jefe de los musulmanes enemigos congeniaron bien a nivel particular, así como seguro que también despreciaron al mismo tipo de nobles que les fueron contemporáneos. Lamentablemente sólo Saladino vio reconocido su mérito por la Historia, pero ello no significa que deba ser olvidado Arnau de Torroja de quien, al menos desde 2007, ya tendrá dedicada esta pseudobiografía.

Ambos mandatarios tenían un aspecto físico completamente diferente. Saladino era más bien bajo de estatura, muy vivaz y de ojos y cabello negro, luciendo una barba corta. La diferencia de edad aún era más considerable, pero tenían en común su interés por el estudio de la Genealogía propia de la cultura de cada uno. Ambos honestos líderes compartieron también las muy elevadas ideas humanistas de los sufíes.

Por mucha diplomacia que desplegase Arnau de Torroja siendo Gran Maestre de la Orden del Temple de Jerusalén, él no debió permanecer al margen de los acontecimientos tan intrigantes por motivos de la sucesión que alteraron aquella corte en 1182. Las familias de nobles cercanos al rey Balduino IV pugnaban entre sí para sucederle en el trono, siendo en el período de tales intrigas cuando más agobiado vivió Arnau de Torroja, …en momentos puntuales, seguramente cabiló mucho más por ello que si encontrase en medio de una batalla.

Por Joscelin de Courtenay y su hermana (madre de Balduino IV, y abuela de Balduino V, y cuyas intrigas de entonces podrían presentase cual precursoras de las atribuidas a la famosa Lucrecia Borgia), sabemos de las nefastas influencias que recibía el leproso rey Balduino IV de Jerusalén. Con la elección de 1180, los diferentes bandos acabaron de tomar sus posiciones y en tal estado llegó Arnau de Torroja a la máxima jerarquía de la más poderosa de las órdenes militares de su época, con su mente esperanzada de buscar el entendimiento entre todos ellos. En principio los templarios y el clero católico estaban de parte del patriarca de Jerusalén y de la familia Lusignan, porque el rey había disgustado a los poderosos de la Iglesia católica.

Entre tanto Saladino tuvo serios problemas y durante muchos meses dejó en paz al Rey de Jerusalén yéndose a guerrear entonces contra los fanáticos correligionarios musulmanes de Damasco. Saladino al principio confiaba mucho en la caballería egipcia que luchaban cuerpo a cuerpo respaldados por sus arqueros, pero dicha táctica no servía ante los brutales choques de la pesada caballería de los francos. De hecho Saladino no obtuvo grandes victorias hasta variar su estrategia; la nueva consistió en aprovechar la agilísima movilidad de sus arqueros turcos a caballo. Inicialmente atacó Mosul ayudado por el selyúcida líder de Anatolia, Kijil Arslan II, evitando que pudiera unirse a los de Alepo.

En cambio, en la Palestina cristiana los políticos se peleaban divididos en bandos rivales, unos a favor de pactar con Saladino y otros en su contra. El primero era capitaneado por Raymundo de Trípoli, quien ocupó Damasco, que conservó para si, y también Alepo, una ciudad que en 1183 también puso bajo su control Saladino (cuando arquitectónicamente aún no tenía el aspecto tan impresionante que le dio su hijo años más tarde). Entró en Alepo con gran pompa, y desde entonces Siria y Egipto ya fueron un mismo Estado.

Como el rey leproso además estaba ya casí ciego, lo más sensato fue dar la regencia de Jerusalén al conde Raymundo de Tiro, aunque Inés consiguió evitarlo imponiendo como su regente a Guido de Lusignan, quien popularmente era motejado: "el guapo esposo de la princesa", pues se vio despreciado por todos los barones. En efecto, al poco tiempo, dada su incompetencia supina, el cargo se delegó de nuevo en Raymundo de Tiro. No quedaba más remedio que hacerle renunciar al poder, y el propio rey enfermo lo consiguió cuando ambos disputaron, por lo cual, con un simple pretexto, el rey leproso en 1183 volvió a retomar el poder delegado en un tan nefasto personaje. Gracias a dicha estratagema, la armada real se salvó de un desastre seguro. Sus errores fueron tan grandes cuando fue regente, que de no haber intervenido el ejército del conde de Trípoli a tiempo, Saladino habría podido dar el paso definitivo en octubre de 1183. El rey leproso, a fin de evitar que una vez muerto él Guido se perpetuase en el poder, en noviembre del mismo año nombro rey con plenos poderes a su sobrino aún muy niño, siendo llamado Balduinito, el cual reinó al mismo tiempo que él.

Raymundo de Trípoli esperaba que por su amistad con Saladino, éste le ayudaría a recuperar el poder que había ostentado antes en Jerusalén. De hecho, el rey Balduino se sentía mejor protegido por él, y ambos coincidían en tener a Guido de Lusignan por un falso cristiano. A pesar de todo, como era su cuñado, eligió a Guido como regente, a sabiendas que todos los condes de Tierra Santa lo veían como un extranjero. Raymundo y Guido habrían peleado entre si de no haberlo impedido el propio rey, que mandó interponer una cruz entre ambos. Después les hizo jurar que colaborarían y sólo pelearían contra musulmanes. Posteriormente fueron los propios barones quienes nombraron al que debería ser su regente, recayendo la responsabilidad de nuevo en el conde de Raymundo de Trípoli, sin duda el más capaz para gobernar. Entonces tenía 34 años y era partidario de pactar con el carismático Saladino. Por ello de nuevo fue elegido para la regencia a condición de que templarios y hospitalarios, si llegaba el caso, defendiesen los castillos cristianos que fuesen atacados. El ansia de poder político de la Orden de San Juan del Hospital desequilibró más aún la relación entre las órdenes militares de Palestina. Fue en ese contexto cuando Arnau de Torroja aceptó la mediación dque le encomendaron el papa Lucio III y el rey Balduino IV a fin de poner término a tan desastrosas luchas fratricidas.

En 1184, la situación política degeneró todavía más, cuando Reinaldo de Ch⴩lion con el beneplácito de los Templarios y de los Hospitalarios, asoló por su propia iniciativa las posesiones de los musulmanes en Transjordania. Arnau siendo en tal período Gran Maestre, dió testimonio inequívoco de una gran sagacidad. Decidió negociar una tregua con Saladino a pesar de la firme decisión de éste de vengar las matanzas de Reinaldo de Ch⴩lion. Dicha tregua con Saladino fue rota por culpa de los saqueos del depuesto Guido de Lusignan en 1183 sin que el rey Balduino, ya con muy poco poder, pudiese reprobárselo. Saladino, en venganza, atacó Damieta deportando 1.500 cristianos que naufragaron durante la batalla en la costa egipcia.

Saladino cada vez capitaneaba mayor número de líderes musulmanes y aprovechó la división interna en la corte de Jerusalén para ocupar Galilea. El señor del otro lado del Jordán, llamado Renaud, pidió ayuda urgente a Balduino y fue admirable el extraordinario coraje entonces del rey leproso dando órdenes mientras sufría estoicamente su dolor. Saladino debió retirarse de aquella orilla del Jordán el mes de julio. En agosto del mismo año se había empeñado en dividir en dos el Reino Franco de Jerusalén y atacó Beirut en octubre, como otro intento de separar de Palestina el condado de Trípoli. De nuevo el rey Balduino acudió con los caballeros de las órdenes religioso-militares de refuerzo, y Saladino volvió a renunciar a sus planes. A pesar de su estado yacente, en setiembre Balduino viajó a Alepo como una forma tradicional de permanecer siempre en alianza con alguna ciudad Siria. Al cabo de un año debió de acudir otra vez allí para defenderla.

En septiembre de 1183, un año y medio después de la muerte del heredero de sultán Nuradin, por tercera vez el rey Balduino IV, muy esforzadamente, lleno de llagas y sin apenas ver nada, acudió a Siria para defender Alepo, como siempre transportado en una litera. Consiguió la victoria, aunque Alepo al cabo de otro año cayó de nuevo en manos de Saladino como una fruta madura. Entonces aquel líder musulmán empezó realmente la reunificación de las provincias islámicas dispuestas a echar a los cristianos de Palestina. Los francos debieron también empezar a reaccionar, siendo lo primero apartar de la corte definitivamente a Guido de Lusignan. A pesar de todo, en primavera de 1184 los nobles se sublevaron cuando el rey leproso intentó, sin éxito, que Guido se separase de su esposa Sibila. Después de muchas protestas ante la corte judicial, el rey leproso sólo consiguió quitar al conde Guido la ciudad de Jaffa, la cual volvió a la jurisdicción real.

Los doce años que Reinaldo de Ch⴩lion pasó en la cárcel de Damasco lo volvieron un ser monstruoso, de quien decían que con entrañas de judíos alimentaba sus jaurías de perros. Una vez libre recuperó el señorío de la fortaleza de Kerak (la má importante al norte de Petra). A partir de 1182 capitaneando a los más revoltosos nobles de Palestina dominó con su flota todo el sur del Mar Rojo como bucanero, abordando navíos musulmanes, cual si quisiese limpiar el mundo de seguidores del Profeta. Tal era el belicoso defensor de Jerusalén, que además procuraba anexionar a su condado las posesiones sirias de Nuradín. Ello fue así hasta que Saladino se las quitó en 1183. Reinaldo hablaba árabe con fluidez y era un descendiente del conde franco que había expulsado a los moros del sur de los Pirineos (el santificado Gil, de sobrenombre "nariz-corta"). Por cierto, Reinaldo tenía una faz morena cruzada por una gran cicatriz que lo afeaba mucho, y para colmo una gran nariz aguileña.

Después de recobrar su libertad, Reinaldo de Ch⴩lion no paró de dar quebraderos de cabeza tanto a los moros como a los cristianos del reino de Jerusalén, porque influyó en el rey y su familia, procurando hacerle romper todas las treguas con los musulmanes a los que atacó siempre que pudo. La conducta de Reinaldo hizo rabiar a los árabes, hasta decidirlos a llamar a la Guerra Santa, un hecho que obligó a los franys de Palestina a pedir ayuda al "Basileus" tan pronto pudieron. Saladino sintió por Reinaldo más odio que nadie.

Guido de Lusignac escuchaba los consejos de Ch⴩lion, y si uno era malo el otro era peor. El caso es que entre ambos desgobernaron el Estado Franco en Palestina, dando mayor vigor a la unificación del mundo árabe. El muy impetuoso caballero Guido era tan orgulloso como incapaz, como ya lo había advertido Raymundo de Trípoli, quien a pesar de ello le debió entregar el cargo de regente porque en la votación la mayoría de nobles feudales le fueron desleales. Reinando con una extravagante conducta atacó incluso la Meca y Medina con las máquinas de guerra, por lo que los árabes tuvieron el mayor éxito al hacer un llamamiento a la "guerra santa". Incluso los emires andaluces le ofrecieron entonces ayuda de todo tipo a Saladino. Cuando los caballos de los cristianos defecaron en las más sagradas mezquitas del islam, las quejas de los infieles ante el rey de Jerusalén tampoco les sirvieron de nada.

Además de los citados condes regentes y otros aspirantes a mandatarios, Arnau debió de parlamentar con otros nobles francos, como por ejemplo Aimerico de Lusignan (hermano de Guido), Joscelin de Courtenay conde de Edesa (1159- 1200), quien por cierto se llevó a su ciudad la Sabana Santa de Turín (La "Sindone", que fue botín de guerra de los bizantinos en la Cuarta Cruzada 1200).

Fue más o menos cuando Arnau empezó a dirigir a los templarios en diciembre de 1180, cuando Felipe II Augusto, rey de Francia, sucedió a Luís VIII quien se enfrentó a los Plantagenet incrementando el odio entre Enrique II y su hijo Ricardo (el tercero de los ocho que tuvo), al cual el rey francés capturó de regreso de la Tercera Cruzada. Una vez libre, Ricardo "Corazón de León" le hizo guerra sin cuartel a su propio padre hasta su muerte (1199).

Del año 1180 lo más dramático (porque es una mancha que el Vaticano dificilmente podrá hacerse perdonar), fue el comienzo de una cruzada espiritual contra los cátaros del Languedoc francés, dada la imposibilidad de los párrocos católicos de frenar el auge que experimentaron desde 1175. En el Vaticano justificaron el acoso de los herejes porque la unidad de la "Barca de Pedro" se tambaleaba. Los cátaros en 1165 celebraron un coloquio con los representantes católicos.

Las más altas jerarquías de la iglesia hereje debatieron con los abades y las más altas jerarquías eclesiásticas acerca del dogma de la fe. Por otra parte los cátaros incluso osaron celebrar en 1167 el primer concilio de una Iglesia del Sur de Francia, que contó con la presencia del hereje "Pope" bizantino llamado Nicetas;…y todo ello sucedió siendo Arnau el máximo responsable de las órdenes de Sión y del Temple allí era Arnau de Torroja. Los templarios muy prudentemente nunca se dedicaron a exterminar cátaros. En cambio la Iglesia católica para acabar con ellos convocaría dos concilios en Letrán (1139-1179), dictándose la persecución de herejes, sin respeto alguno por el derecho patrimonial del Conde de Toulouse del Languedoc, cuyas posesiones primero invadieron y finalmente arrebataron para que Francia pudiese tener por fin acceso al mar Mediterráneo. Tal fue el precio del genocidio medieval en la Cataluña Norte.

Durante 1183 Alfonso II castigó militarmente los castillos del actual Sur de Francia pertenecientes al conde de Toulouse, de forma que éste solicitó la paz (Fue una renovación de la que habían firmado en 1176). Esta vez se citaron ambos soberanos a orillas del río Ródano en 1184, pero tampoco fue un acuerdo respetado, porque Alfonso II encontró muchos apoyos para volver a guerrear contra Toulouse. Para Arnau de Torroja la pena quizá fuese el saber que en la dicha coalición faltaban los de Montpelier, dado que en aquella ocasión se pusieron al lado de Toulouse del Languedoc ¿O quizá hayamos de suponerle tanta nobleza de corazón como para, aunque fuese lo habitual, bajo ningún concepto aceptar que se rompiese un pacto firmado entre dos soberanos?

LA ÚLTIMA TRAVESIA DE ARNAU DE TORROJA LE LLEVÓ A MORIR EN EUROPA

Hubo autores que opinaron que la muerte de Arnau de Torroja en Verona fue debida a que lo envenenaron. Tal hipótesis encontraría su justificación más plausible al tener en cuenta la larga mano del intrigante rey de Castilla (Alfonso VIII que había sido coronado en 1158), puesto que en Valencia, por su orden, primero intentó que se le revolucionasen en su contra el Conde de Urgel y otros, pero al seguir todos ellos fieles a Alfonso II, el mismísimo conde Ermengol de Urgel fue asesinado por sus colaboradores, pues era otro gran consejero y particular amigo del rey catalano-aragonés (Otro Conde Ermengol, llamado "el Peregrino", en el siglo XI antes de nacer Arnau de Torroja ya había viajado a Tierra Santa).

Mientras Arnau ejercía de mando supremo de los templarios en Tierra Santa, en Provenza el hermano del rey Alfonso II de Aragón fue asesinado el día de Pascua cerca de Montpelier por instigación del conde Raymundo de Toulouse. Era el día cinco de abril de 1181, cuando Arnau ya residía en el otro extremo del Mediterráneo. Ni así, es de creer que no siguiese muy de cerca la evolución de los hechos políticos, …que tan sólo geográficamente hablando había dejado lejos. Por ejemplo, Arnau también supo que el rey Alfonso II había capitaneado en persona un ejército que partió de Montpelier. Con la intención de vengar la muerte de su sobrino conde de Provenza, y para restablecer el Orden incendió y arrasó el castillo de Forques, así como ocupó también la ciudad de Toulouse y otros castillos vecinos. Después de dar el trono de Provenza a su otro hermano Sancho (Sanç), Alfonso II se dirigió a Burdeos para entrevistarse con Enrique II Plantaget. En 1182 aún debió regresar de nuevo con su ejército a Provenza para ayudar a su hermano Sanç, y posteriormente se comprometió a ayudar al rey inglés en la lucha contra su revoltoso hijo, al hacerle la guerra aliado con el conde de Toulouse. Por cierto que Ricardo II, a pesar de ser entonces vencido, y de haber sido siempre muy rebelde a su padre, a la muerte de éste heredó su trono.

La mayor pena que puedo adivinar en mi biografiado, debió de ser cuando a finales del mes de septiembre de 1184 el papa Lucio III le informó en privado y anticipadamente, que proclamaría la dicha bula "Ad Abolendam" con objeto de acabar con los cátaros, entonces llamados albiguenses, por lo que, en efecto, la historia recuerda de que bárbaro modo los herejes Valdenses fueron los primeros librepensadores en ser expulsados de la ciudad de Lyon (Fr.). Como los cátaros, los valdenses se habían dispersado primero por todo el Languedoc, por Cataluña, Lombardía y el alto valle del Ródano. Con tal argumento a continuación presentaré a Arnau de Torroja como la primera víctima indirecta de la embrionaria Inquisición. Era previsible que al matar a tantos librepensadores, los religiosos anularan irremediablemente los avances sociales conseguidos durante milenios. El decreto papal presuntamente lo mató de pena.

Por una muy extraña casualidad, aquel instrumento eclesiástico de terror, además de provocar indirectamente la muerte de Arnau de Torroja, también habría de condenar seis siglos más tarde a Cayetano Ripoll, otro hijo de Solsona, que fue la última víctima de las llamadas Juntas de Fe parroqiales, sucedáneas del Santo Oficio en España. El bueno de Cayetano Ripoll fue quizá demasiado arbitrario para ejercer de maestro de escuela en la ciudad de Valencia. Fue detenido, encarcelado, sentenciado:"Hereje pertinaz y acabado", siendo quemado en una plaza pública el 26 de agosto de 1826. No murió en vano. Tiene el mérito de haber hecho reaccionar a los diregentes europeos, en especial de Francia e Ingleterra que, apoyados por la prensa internacional, censuraron, con fuerte sentimiento de hostilidad, la pasividad del rey Fernando VII. Definitivamente se fustró cualquier intento de justificar la ejecución de Cayetano Ripoll, y en consecuencia el soberano abolió para siempre las Juntas de Fe en cada parroquia de España.

Volviendo ya al Gran Maestre Arnau de Torroja, éste falleció después de recibir una tan abominable como inesperada noticia. Le sería comunicada cuando se entrevistó con el pontífice Lucio III (1181-1185), puesto que en Verona era allí donde residieron los Papas por aquellos años mientras que, paradójicamente, los Antipapas ocuparon la "Silla de Pedro" en Roma. Arnau de Torroja, en cuya persona las cortes de ultramar tenían su esperanza puesta, generosamente se había ofrecido para viajar a Occidente como embajador del rey de Jerusalén, a fin de exponer la situación ante su único superior jerárquico, nada menos que el Sumo Pontífice, si también lo acompañaban el Patriarca y el Gran Maestre de la orden del Hospital, como así fue. El temor principal era que si Saladino algún día daba por concluido el pacto firmado con el Rey de Jerusalén, en Jerusalén se produciría una verdadera matanza y sería el fin del Estado Franco en Palestina. Embarcaron todos con sus séquitos y gentes de armas para hacer la larga travesía por mar hasta Venecia.

Arnau de Torroja debió de desembarcar bien, porque continuó el viaje hasta la ciudad de Verona, y puesto que allí él falleció el día 30 de septiembre del año 1184, cabría pensar, como es opinión generalizada, que quizá no pudo soportar el estrés de la misión encomendada y le debió de fallar el corazón muriendo fulminado.

En resumen, estando Arnau de Torroja en Verona, el nuevo Pontífice recibió nada menos que al Rey Federico I de Alemania. Es obvio que quienes delegaron a Arnau de Torroja a pedir ayuda aprovechasen la circunstancia de ir hasta allí a fin de exponer a todos la gravedad de los acontecimientos en el Reino Franco de Palestina. Arnau tan pronto llegó pudo ser informado, en reunión particular con el Pontífice, de la presió por parte del Emperador cuya intención era de hacerle promulgar inmediatamente, por bula pontificia, la investigación (luego llamada "Inquisición") contra todo tipo de herejes.

En efecto, el común acuerdo entre el pontífice Lucio y el emperador Federico I "Barbarroja" en Verona (seguramente la misma semana que murió Arnau de Torroja), hizo que fuese proclamada la constitución Ad Abolendum, anatemizando a los cátaros valdeses y demás librepensadores religiosos de Europa, quedando la represión al arbitrio de la potestad secular para que aplicase el castigo correspondiente. Era el fin de todos las ilusiones para las que se habían esforzado enormemente los defensores de una verdad "diferente". Aconsejado y hasta quizá forzado por el rey Federico I, el Papa dictó que todos los eclesiásticos visitasen las parroquias sospechosas una o dos veces al año y que, bajo juramento de la buena gente, denunciasen a los herejes. Y en caso de encontrarse alguno, castigarle.

El Decreto "Ad Abolendum"

"A todos los que no temen sentir o enseñar de otro modo que cómo predica y observa la sacrosanta Iglesia Romana acerca del sacramento del cuerpo y de la sangre de nuestro Señor Jesucristo, del bautismo, de la confesión de los pecados,del matrimonio o de los demás sacramentos de la Iglesia; y en general, a cuantos la misma Iglesia Romana o los obisposen particular por sus diócesis con el consejo de sus clérigos, o los clérigos mismos, de estar vacante la sede, con el consejo y,si fuere menester, de los obispos vecinos, hubieren juzgado por herejes,nosotros ligamos con igual vínculo de perpetuo anatema".

Era el mes de octubre de 1184 cuando se celebró en Verona dicha dieta (es más exacto que considerarlo que un concilio), en el cual el Sumo Pontífice ordenaba incluso a los laicos que persiguiesen a los herejes. Debió de resultar muy exasperante para Arnau de Torroja, el saber, anticipada e irrevocablemente que todos los poderes públicos tenían obligación de colaborar bajo pena de excomunión con la Inquisición, cuando aún no se llamaba así. A los obispos se les concedía plena autoridad, lo mismo que si fuesen legados apostólicos. Ciertamente entonces la animadversión debida contra los herejes todavía no instituyó ningún tribunal, ni se prevenía matar a nadie que pensase diferente, sino sólo se castigaban con el humillante destierro y la confiscación de sus bienes.

Nuestro hombre supo al instante de ser informado que era un golpe fulminante contra los heterodoxos vecinos de los montes Pirineos, con los cuales las órdenes de Sión y del Temple compartieron secretas ideas respecto al credo ortodoxo (de todo ello cual en una "2ª Parte" de esta investigación me dedicaré a recopilar). Si yo no conociese bien a Arnau de Torroja, podría opinar que, habiendo quedado de sopetón tan defraudado, incluso pensase en suicidarse; no obstante es más lógico creer que, al recibir de su único superior jerárquico un tamaño disgusto de imprevisibles consecuencias, al Gran Maestre a las pocas horas le fallase su viejo corazón. Es decir existe un mayor motivo mucho más capaz de haberle causado la muerte; el haber sabido por boca del Sumo Pontífice que los librepensadores del Norte de los Pirineos serían perseguidos a partir de octubre.

Arnau de Torroja en lo sucesivo, por su voto de obediencia, debió comprometerse formalmente a perseguir a unas personas con las que las órdenes de Sión y del Temple probablemente compartían veladamente unas creencias heterodoxas, que al fin también los hacían a sus misma Orden perseguible. No se debe pensar que los templarios tuvieron una fe simplona; no fueron tan inocentes, porque contactaron con otras fuentes de criterio más amplio y más antiguo. Arnau en aquella audiencia previa con el Papa (que debía esperar como el más féliz encuentro), recibió un fortísimo golpe bajo; y por si era poco, de todo cuanto él ansiaba proponerles como delegado del rey de Jerusalén, ni el pontífice ni el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, le resolvieron nada de nada.

El pontificado de Lucio, el que fuese antes un pobre monje cisterciese, tan sólo resultó tener renombre memorable por dicho encuentro con Federico I en Verona, cuando éste hizo numerosas concesiones al Vaticano, comprometiéndose a perseguir a los cátaros y a los valdenses. Pero las cosas entre el Papa y el Federico I al poco tiempo dejarían de ir bien, porque a pesar de haber recibido más de lo que concedió, el Pontífice no le dejó coronar a su hijo Enrique IV.

El resto de la delegación, a pesar del contratiempo de representó el fallecimiento de Arnau, y probablemente ignorantes de tan privilegiada como puntual información, continuaron el planeado muy largo peregrinar por los reinos de Europa, sabiendo que ya no contaban con el comisionado mejor dotado para gestiones diplomáticas. Es bien conocido que fracasaron en sus gestiones estrepitosamente, puesto que igual que ante el Papa y el Emperador, ni en la corte de Francia ni en la de Inglaterra se les hizo el menor caso. La comitiva de embajadores regresó -quizá con el cadáver de Arnau- muy desolados. Es de toda lógica suponer que, con una semejante tristeza, los caballeros de Sión y del Temple conocieron la grave noticia de su desamparo, que recibieron junto con los restos de su máximo y auténticamente último Gran Maestre, al que solemnemente rindieron las protocolarias honras fúnebres.

La conmoción de su traspaso llegó pronto al resto de templarios de Europa, acuartelados desde Portugal hasta Hungría, y ni que decir tiene que, por ser su más alta jerarquía, y por ser catalán, se honró su memoria muy especialmente en la Corona de Aragón, donde el rey había sido un buen amigo suyo. Sin duda Arnau de Toronja recíprocamente también admiraba al conde-rey Alfonso II, de quien Arnau quizá fuese su mejor garante a nivel internacional, tal como lo había sido antiguamente de su padre.

La inesperada muerte de Arnau de Torroja una vez más empeoró mucho la relación de las órdenes militares entre ellas, notándose muy especialmente en tierras de Palestina. Su sucesor como Gran Maestre allí, fue un anglo-normando llamado Gerard de Ridefort, nombrado a principios del año 1185, aunque al parecer entre los dos fue nombrado el Gran Maestre Frai Terrico (según el investigador Sans i Travé, actual director general de Patrimoni de la Generalitat, y director de l'Arxiu Nacional de Catalunya).

Fue nefasto el liderazgo de dicho caballero Ridefort, porque llevó a la Orden tan amada por Arnau de Torroja a su más humillante derrota, en gran parte debida a su personal cobardía, porque además de plantear una pésima estrategia de combate, Gerard de Ridefort, aquel día de mala memoria, resultó ser el único que salvó la vida en la batalla. Bajo su mandato las órdenes co- hermanadas de Sión y del Temple se separaron aquel mismo año de forma oficial y para siempre. Se hizo en un solemne acto dentro de los muros del castillo de Gisors (Fr.), simbolizando la dicha escisión con una muy gráfica ceremonia consistente en cortar un olmo de 800 años. Era el año 1188, el mismo en que murió Saladino, lo que me remite de nuevo a Jerusalén.

Cuando en 1185 murió el rey Balduino IV, a la edad de 25 años y sin haberse casado, dejó el Reino Franco sumido en graves discordias, y para colmo militarmente habrían sido casí impotentes si se hubiese dado el caso de ser atacados por Saladino. A Balduino IV le sucedió su sobrinito de 11 años de edad, que fue Rey de Jerusalén bajo la tutela del conde Raymundo III de Trípoli. Éste, en calidad de regente de Balduinito, firmó un tratado de paz por cuatro años con Saladino. Al morir el rey-niño al año siguiente (1186), los partidarios de la guerra eligieron a Guido de Lusignan ( 1186-92), el cual gobernó conjuntamente con la reina viuda Sibila.

También en 1185 Saladino se casó con la viuda del sultán Nuradín y gobernó Siria legalmente, realizando él el sueño que seguramente su antiguo sultán Nuradín había contagiado a su viuda. Es decir, lo que no había conseguido su primer marido, lo consiguió el segundo. Saladino al conquistar Jerusalén no pasó la población residente a cuchillo sin miramientos, como en 1099 habían hecho los cruzados. Él fue clemente con los vencidos, limitándose a pedir rescates por los regios mandatarios francos en fecha 2 de octubre de 1187. (Para este asunto léase: Stevenson, "Brundage", ps. 159 a 163). Saladino al tomar Jerusalén fue magnánimo hasta el punto de permitir a diez caballeros de la Orden del Hospital que siguiesen allí cuidando enfermos .

En cuanto a la incongruente familia Plantagenet, Ricardo III fue coronado rey de Inglaterra siendo treintañero (1189), después de morir sus dos hermanos sucesivamente herederos del trono. De hecho Ricardo desde los diecisiete años había heredado Aquitania de su madre Leonor (1172). El muy conflictivo rey de Inglaterra fue un personaje de alta talla y larga cabellera rubia, que destacó tanto por ser agresivo como por ser trovador. Se casó con la hija del rey Sancho IV de Navarra. Lo paradójico fue que consiguió ser coronado a pesar de que en vida de su padre había intentado desposeerlo del trono capitaneando rebeliones en su contra con la ayuda de su madre Leonor de Aquitania, cuando ya habiía sido de nuevo repudiada por su segundo regio marido,… aquella vez por serle infiel.

Concluiré esta primera parte dedicada a Arnau de Torroja, remitiéndome a un muy insólito comportamiento del conde-rey Alfonso II, porque el mismo año que traspasó su amigo Arnau de Torroja el conde-rey cedió a los templarios toda la ciudad de Tortosa, a sabiendas que con su tan generosa donación perjudicaba el patrimonio del gran senescal de Cataluña, que era el Señor de Montcada, con quien los templarios no mantenían buena relación. No fue la única muestra de simpatía de Alfonso II por los templarios, pues en beneficio de la canónica de Santa María de Solsona consta que en marzo de 1186 el soberano de la Corona de Aragón, probablemente a fin de dejar constancia para siempre de su agradecimiento por sus amigos y consejeros de la familia Torroja de manera póstuma, el dicho soberano catalán solicitó formar parte de la hermandad de la canónica de Santa María de Solsona, localidad que recordaré una vez más que fue la cuna de Arnau y también la mía,… pero era realmente muy alejada para el conde-rey Alfonso II, porque tal privilegio se debe entender que se lo debía a la canónica de la comunidad religiosa de la Iglesia de Barcelona o a la de Zaragoza.

Falta apostillar que en el siglo XIV los enemigos de los templarios no pudieron aniquilar a toda su Orden, porque su gran flota naval en Portugal y en la Rochele (Fr.), o en la misma Provenza, al ser condenada la Orden en Francia, sus numerosos barcos desaparecieron secretamente cargada con sus tesoros (de todo tipo), para inmediatamente dirigirse a la costa de Escocia, en cuyo país el soberano estaba enemistado con Francia y con el Papa de Roma, motivo por el cual sabían que allí nunca serían perseguidos. (Otros imaginan que, por conocer anticipadamente la existencia del Nuevo Mundo, los caballeros templarios incluso pudieron haber hecho una tan larga travesía mucho tiempo antes de Colón).

Los templarios fueron absueltos de herejía, según consta en un pergamino descubierto el año 2002 por Bárbara Frale. El documento jurídico se extendió en la ciudad de Chinon (diócesis de Tours-Fr.) el día 20 de agosto de 1308, aunque el pontífice Clemente V evitó que fuese posteriormente divulgado debido a la fuerte presión que ejerció el Rey de Francia (de mala memoria) sobre su autoridad, empeñado en quemar vivos al gran Maestre Jaques de Molay y a G. Charney el día 18 de marzo de 1314 ante la catedral de Notre-D⭥. R. Ramonet Riu. (C) 27.07.2007

BRUNISENDA DE FOIX-CASTELLBÓ-CARDONA

Desde mi niñez cada año por la fiesta mayor tradicionalmente hice cola, como la mayoría de mis conciudadanos, para besar los pies de la imagen de Nuestra Señora del Claustro, la patrona de Solsona (llamada en vernáculo "Mare de Déu del Claustre "). Cuando alcancé a tener conciencia de persona adulta, entendí que con tan devoto gesto, yo además homenajeaba a todos los antepasados que me precedieron en su devoción. Posteriormente, mi natural curiosidad me llevó a investigar las circunstancias que habían llevado aquella tan bien esculpida imagen hasta la capilla lateral que ocupa dentro de la catedral de la ciudad de Solsona (provincia de Lérida).

Al estudiar los hechos históricos acontecidos, supe que también habían sido fieles devotos suyos muchos miles de personas muertas durante las nueve sucesivas cruzadas (hechas para exterminar a unos herejes que, después de todo, tambén eran gente bautizada), seguidas después por una muy cruel persecución inquisitorial en la vertiente norte de los Pirineos durante los siglos XII y XIV. En realidad tan sólo se salvaron de la masacre y de la Inquisición aquellos que fueron protegidos por los condes de Foix, y al mismo tiempo fueron vizcondes de Castellbò que actualmente es un villorrio a pocos kilómetros de la Seo de Urgel. El obispo de dicha ciudad durante muchas décadas tuvo su sede en Olius del Solsonés, justamente debido a los antes citados muy graves conflictos de las persecuciones religiosas. De aquellos avatares resultó no sólo que Solsona construyese una catedral gótica, sino que en la Seo de Urgel aún conserven su primitivo templo románico.

El año 2005 divulgué una síntesis de mi exhaustiva investigación, escrita en lengua catalana, en una website a fin de avisar acerca de mis descubrimientos para contribuir con ello a la celebración del cincuentenario de la solemne coronación de la Patrona de Solsona (el mes de octubre del año 2006), que es la imagen de piedra oscura representando a una matrona sedente, coronada, la cual se presenta ricamente vestida para servir de asiento a su divino hijo que está sentado en sus rodillas. Se la conoce hoy como la Mare de Déu del Claustre

Antes de seguir, plantearé un silogismo de mi invención, porque enmarcará lo hasta ahora expuesto, y al mismo tiempo servirá para comprender mejor lo que desarrollo después: Así como el mal es fruto de la inconsciencia, el Bien ha de surgir por actuar en conciencia; …empezando a notar sus beneficios en un acto tan simple como lo es el respirar.

Pretendo dilucidar la razón por la cual la condesa Brunisenda (en latín Brunicinda) de Foix, que era vizcondesa de Castellbò, nacida en el castillo de Ramón Folc IV de Cardona, (exactamente en su residencial palacio fortificado de Arbeca de Segarra, provincia de Lérida), deseó ser enterrada en la iglesia de Solsona en lugar de las dichas localidades. Brunisenda fue monja del monasterio de Santa María de Solsona, y deseó reposar allí a pesar de haber sido Condesa de Foix y vizcondesa de Castellbò. Gracias a la noticia de su defunción, o sea, su óbito, escrupulosamente registrado en el martirologio del monasterio de Santa María de Solsona, sabemos que se enclaustró en aquella comunidad femenina. Gracias a la noticia de su óbito se constata, también, que en fecha 22 de marzo del año 1293 la hermandad monástica de Santa María de Solsona aún existía. Por otra parte, si doña Brunisenda hubiese sido tan sólo monja de nombre (Soror Nostra, escribieron) sin residir allí, el enigma de su traslado difunta aún resultaría ser un mayor enigma al representar mucho mayor trabajo.

A fin de no confundirla con otras damas llamadas Brunisenda, como la quinta hija de Roger Bernat III de Foix-Castellbò muerta en 1339 en el Perigod, u otra hija homónima de Ramón III de Cardona y Juana d"Urgel, etc., etc., transcribo a continuación la noticia del óbito de doña Brunisenda de Foix-Castellbò y Cardona, tal como consta en el libro del muy erudito reverendo Mn. Domingo Costa Bofarull titulado: "Memorias de la ciudad de Solsona y su Iglesia " (vol. I p.66- Apéndice XI- Ed. Balmes 1959): "XI kal. aprilis anno Domini MCCXCIII obiit nobilissima Domina Brunicin. Dei Gratia Comtisa Fuxi et vicecomtissa Castriboni soror nostra".

Según san Benito: "El monasterio es como una escuela mínima al servicio del Señor ". En realidad no hubo monjes ni monjas durante los tres primeros siglos del cristianismo, pero después surgió un afán aislacionista entre los fieles, considerándose dicha iniciativa como un don divino. De hecho, al relajarse la fe hizo falta a ciertos individuos el gozar de un retiro espiritual, y algunos anacoretas, por su austeridad, alcanzaron un gran carisma y devoción. Vestir los hábitos en sus últimos años de vida, fue norma entre los soberanos y nobles del periodo medieval, pues si morían siendo monjes esperaban haberse hecho perdonar sus pecados. En los conventos se los admitió, no ya para formarlos con vistas a su bautizo, sino para que, como bautizados, se transformasen en "adultos hijos de Dios".

Visto que en Solsona hubo monasterios masculino y femenino, recordaré sus sucesivos templos románicos anteriores a la actual catedral gótica, que fue consagrada el año 1330. Con anterioridad, dichos templos románicos fueron consagrados los años: 916, 977, y el tercero tuvo dos fases, una en 1070 y otra en 1163, durante el señorío de Ramón de Torroja.

En el siglo XII, cuando el preclaro hijo de Solsona, el Gran Maestre Universal de la Orden del Temple y de Sión, Arnau de Torroja regresó eventualmente a Cataluña (entre 1164 y 1280), se había de registrar la extinción de cuatro condados catalanes de forma natural. Primero fueron los de Besalú y Cerdaña, y posteriormente los de Rosellón y Pallars Jusà. Todos sus patrimonios pasaron a la Casa de Barcelona sin el menor litigio jurídico ni violencia. Ello fue posible por el cuidado en conservar los documentos acreditativos, y el reconocimiento oficial de las respectivas líneas de sangre de cada uno de dichos linajes hereditarios.

Con esta referencia resalto la importancia de la genealogía en la Edad Media, y en el caso de las familias de Foix-Castellbò y Trencavel de Carcasona hubo una línea de sangre judía que permaneció oculta. Para demostrarlo, me referiré primero a los condes Trencavel, que fue el príncipe, Supremo Nasí, de los judíos de Septimania, por ser heredero de Theodorico de Toulouse. Éste dirigente religioso había sido solicitado por el padre del emperador Carlomagno a los judíos de Bagdad. Cuando, con el paso de los siglos, en la Septimania los judíos fueron impopulares, su príncipe (Supremo Nasi) Ramón Roger III Trencavel, siendo joven se exilió a Barcelona, donde los judíos en aún eran bien considerados, todo lo contrario que en sus posesiones del sur de Francia .

Sabiéndose portadores de la sangre del linaje del rey David, los condes occitanos convertidos al catolicismo, al menos en apariencia, asumieron, tan bien como los nobles Torroja, señores de Solsona, la rica influencia espiritual que en su tiempo predicaban los cátaros;… aquellos que empezaron a ser perseguidos por considerarlos herejes por disposición pontificia. Se decretó el último mes de vida de Arnau de Torroja. Éste, que era hijo del Señor de Solsona constructor del Castellvell, desde que en 1180 fue nombrado en Jerusalén Gran Maestre universal de las órdenes hermanas del Temple y de Sión, siempre ayudó a los cátaros encubiertamente, como también a los judíos.

LA CRIPTA DE SOLSONA SIGUE ENVUELTA EN EL MISTERIO

Me interesa tanto la cripta de la primitiva iglesia románica de Santa María de Solsona, que a punto estuve de titular estas páginas "LA CRIPTA MISTERIOSA". Lo evitó la prioridad de atender a los altos ideales espirituales de la condesa Brunisenda de Foix-Castellbò, porque incluso ella misma merece una investigación (algo que me sobrepasa), y más aún es merecedora de nuestro recuerdo.

Establecido ya que existió doña Brunisenda de Foix-Castellbò, y que Solsona tuvo dos comunidades monacales, hay que remitirse a un enigma colateral: ¿Conserva su primitiva cripta románica la catedral de Solsona en la actualidad? Es muy evidente que la tuvo, pues existen mayores motivos para haberla construido en aquel templo románico de Santa María de Solsona, que en la iglesia del castillo de Cardona, o la de Olius. Actualmente estas últimas siguen exhibiendo bellísimos espacios subterráneos del más puro arte románico, que tal parecen ser los joyeros de los templos que los tienen. Las obras de la construcción de la catedral de Solsona, en 1163, dejaron la cripta subterránea (desde la cual metafóricamente se supone que es allí donde germina la simiente que acabará dando las más altas bóvedas de todo templo gótico), exactamente bajo el suelo de la actual sacristía, o sea, entre el ábside románico y el del la catedral gótica que abraza el altar mayor.

Se averiguó que hubo un traslado de restos mortuorios dentro de la catedral, pero sin relación alguna con la cripta. Sólo una vez se puede leer que la cripta fue rellenada con tierra entre 1624 y 1628, al reforzar el ábside gótico de la actual catedral. Pero aun así, nunca se mencionó su contenido, y mucho menos el sepulcro de doña Brunisenda. Tampoco se sabe nada de los de los dos sepulcros de los condes de Urgel que consiguieron ver cumplidos sus deseos de ser enterrados allí. Fueron Ermengol IV (+1092), su hijo Ermongol V (+1102), y ni siquiera se encontró referencia alguna de que sus restos fuesen antes movidos. Ser enterrados en la cripta de Santa María de Solsona lo desearon igualmente varios otros condes de Urgel, pero al morir muy lejos, nunca los trasladaron.

Haciendo historia, recordaré que al rendirse los defensores cátaros de Montsegur el año 1244, previamente a su salida lograron salvar los símbolos de su fe, siendo el principal la imagen románica hecha de piedra, la cual fue nombrada Patrona de la ciudad de Solsona, debidamente regenerada representando a la Virgen María con su Hijo. Con la dicha imagen, que los cátaros llamaban "Mani", también pusieron a salvo sus otros tesoros espirituales, siendo el más famoso de ellos el "Libro del Amor", el cual dejó de ser referenciado justamente después del año 1244. Según creyeron los más puros de los cátaros heterodoxos, se trataba de un evangelio especial porque lo habría escrito el propio Jesús de Nazaret.

Según la investigadora Kathleen McGowan, que a partir de su novela "La Esperada" dedicó una trilogía al linaje de David después de haberse refugiado en tierras del Sur de Francia, revelaba enseñanzas sobre el verdadero Amor, al cual texto se añadieron dos anexos: Las "Profecías de la hija de María Magdalena", seguido de los "Hechos de los Apóstoles".

A la cripta de la catedral de Solsona, sobre la que en la juventud de Arnau de Torroja se construyó el templo gótico actual, quizá existan más vestigios del pasado que los despojos de los condes de Urgel allí enterrados. Siempre he clamado en vano para que se la hiciese de nuevo accesible, ya que podría haberse escondido allí algún pergamino trascendental capaz de esclarecer conceptos básicos de unas creencias mal conocidas. Se debería resolver el enigma de si existe o no algún escondite ignorado en la primitiva cripta, puesto que sólo haciéndola accesible revalorizaría mucho la catedral de Solsona y de la ciudad, por no decir de todo el patrimonio cultural de Catalunya. Además sería fácil y económico, dado que por el exterior se descalzó el ábside dos metros al construirse una carretera, con lo cual sólo se necesitaría horadar la piedra a nivel de suelo para llegar al tan discutido espacio y recuperar las tumbas de los nobles antes citados, y otros que quizá nos sorprendiesen. Quizá se evite hacerlo precisamente por el temor a controversias que un tal hallazgo podría representar. En cualquier caso, investigar aquel sellado espacio sagrado subterráneo a fondo, acabaría también con este tipo de especulaciones y sospechas. Porque las hay; a pesar de que los eclesiásticos las ignoren, al haber sido siempre excesivamente respetados por sus feligreses, y por ello desconocedores de muchas cosas.

El ilustre sacerdote Mn. Antoni Llorens de Solsona, después de la guerra de 1939 estuvo presente cuando los encargados de la restauración de la catedral de Santa María de Solsona abrieron el espacio donde estuvo la cripta, y nos dejó escrito su testimonio, aunque su posterior empeño en que se investigase a fondo nunca tuvo éxito. El sondeo que presenció sólo perforó 2,22 m. de profundidad desde el nivel del suelo de las baldosas de la sacristía. Escribió en su libro: "Solsona i el Solsonès en la Història de Catalunya", que en lo más profundo pudo ver una columna cuya base era un elevado zócalo. Es indignante que se renuncie a investigar algo que, culturalmente hablando, enriquecería a todo el mundo.

El motivo principal de este escrito es, no obstante, tratar de dilucidar el por qué doña Brunisenda deseó hacer depositar su cadáver en Solsona. Después del repaso de las circunstancias históricas que siguen más abajo, sospecho que sólo pudo motivarlo el que ella, al igual que Esclaramonda de Foix, casada con el vizconde de Cardona (los dos hermanos habían celebrado un doble enlace), también era muy devota de la imagen de la actual Patrona de Solsona, la cual fue esculpida en 1163 en Toulouse de Languedoc por el maestro Gilabertus ¿Quizá fue porque doña Brunisenda era la última buena conocedora del simbolismo cátaro que impregnó la dicha imagen de piedra negra de la Virgen y el Niño, actual patrona de Solsona? Recordaré que milagrosamente se apareció en el pozo que actualmente está en el centro de los claustros de la catedral. Seguramente sería escondida el año en 1244. Fue el mismo año de la rendición del emblemático castillo de Montsegur, en la vertiente norte de los Pirineos, de donde lograron escapar cuatro personas llevándose el tesoro espiritual del catarismo. Pasaron cincuenta y dos años antes de construirse alrededor de aquel pozo, los claustros románicos de la iglesia de Santa María de Solsona; es decir, fueron empezados en vida de una Brunisenda.

Confiemos en que cuando una pregunta está bien planteada, lleve en si misma la respuesta. O al menos, se atisben los ignorados motivos, del mismo modo que necesito comerme una vaca entera para apreciar si el filete sabe bien. Así pues, ante la imposibilidad de demostrar documentalmente lo que había en la mente de doña Brunisenda de Cardona/Foix/Castellbò, expongo un repaso cronológico de los acontecimientos que le tocó vivir, pero antes es necesario tomar perspectiva y presentar otros hechos históricos acontecidos en su familia durante su juventud.

LAS FAMILIAS DE FOIX-CASTELLBÒ EMPARENTADAS CON CARDONA Y TORROJA

El Señor feudal de Solsona era el vizconde Ramón Folc IV de Cardona (1227-1241), quien había participado en la batalla de las Navas junto al rey Pedro II, y al año siguiente también participó en la batalla de Muret. En cambio, el año 1229 Ramón Folc se enemistó con el rey Jaime I y se negó a acompañarle en la conquista de Mallorca.

En 1246 el vizconde Ramón Folc V de Cardona, era el nuevo Señor de Solsona, y como tal extendió una carta de protección (Guiatge), firmada por muy numerosos nobles para proteger a la Iglesia y monasterio de Solsona y a todos sus vasallos. Era una comunidad religiosa de máximo prestigio, dado que el superior de aquellos monjes agustinianos firmó en Lérida como procurador del Obispo de Urgel. Es obvio, ya que el mitrado tenía su seo en Olius, junto al río Cardener, a sólo 5 km. de Solsona, debido a los continuos ataques de los Foix-Castellbò contra las posesiones eclesiásticas del Urgellet. En Olius del Solsonés el obispo tenía un modesto palacio donde vivió refugiado por miedo a sus enemigos del Alto Urgel. En Solsona los documentos eclesiásticos de entonces nunca preveyeron en sus ceremonias la ausencia del obispo de Urgel. A pesar de su huida de la capital del Alto Urgel, aquella población conservó el renombre indicativo de tener mitrado, pero en realidad el obispo ejercía sus funciones afincado cerca de Solsona, mediante representantes delegados para con los canónigos de su sede oficial (Y desde 1278 también para adoctrinar a sus fieles de los profundos valles de Andorra).

Solsona en los siglos XII y XIII tuvo una gran relevancia tanto su iglesia como su monasterio. A ella el conde Ermengol IX de Urgel en 1283, ante cuatro nobles actuando de testigos, otorgó muy generosos privilegios al prepósito Poncio de Vilaró de aquella comunidad y al resto de sus canónigos, confirmándoles todas las donaciones y libertades que tenían desde antaño. Asimismo, en 1287 el rey Alfonso II comisionó como embajador ante la corte de Inglaterra al monje de Solsona llamado Gilabert de Cruשּׁes, quien también fue enviado dos veces al Vaticano por asuntos de Estado. Para acabar de evidenciar la importancia de aquell comunidad del centro geográfico de Cataluña, recordaré que el prepósito del monasterio llamado Berenguer de Puigvert, representó al rey Alfonso II al firmarse en Provenza la llmada "Paz de Tarascon". Pero fue el superior llamado Ponç de Vilaró, Señor del actual municipio de Llanera del Solsonés, quien, al traspasar a mejor vida doña Brunisenda de Foix-Castellbò, y como si él dispusiese de toda su herencia, decidió emprender la construcción de una gran catedral gótica (9.9.1296), quedando la cripta desde entonces aislada en la actual sacristía, o sea, en el espacio entre los dos ábsides, el románico y el gótico que abraza el altar mayor de la gran nave de la catedral de Solsona. Por cierto, en sus bóvedas se revela un misterio que yo debo atribuir a la ingeniería de la orden del Temple de Jerusalén. Les recomiendo mi website clicando aquí.

Siguieron seis años de grandes mejoras sociales, pues en 1297 se promulgaron normas municipales para regular la convivencia entre los habitantes de las dos jurisdicciones de Solsona. Se alteró aquella paz, porque al construirse en Solsona unas nuevas murallas, el vizconde de Cardona quiso dejar sin protección el núcleo primitivo, o sea, aquel sector cuyos habitantes contemplaban el templo románico situado en lo alto de una colina. Quedaron fuera de las nuevas murallas, a pesar de ser donde aún hoy siguen manando las unicas fuentes de la naturales, y menospreciando el hecho de que aquellos subditos suyos vivían a orillas del río Negro.

LOS PROTECTORES DE LA MILAGROSA IMAGEN DEL CLAUSTRO

La primera y segunda donaciones que se conocen hechas a la negra Virgen del Claustro de la actual catedral de Solsona, están fechada en los meses de enero y mayo del año 1248. Hay que tener en cuenta que en aquella iglesia, cuando sucedió la milagrosa aparición de una escultura de piedra bellísima, ya era venerada una típica talla de madera representando a María y su divino Hijo, muy parecida a las toscas imágenes que se hacían en toda la zona sur de los Pirineos. Para desentronizar la dicha Virgen de madera, que era la titular, se necesitó un tiempo, y mientras ello no fue posible, la milagrosa imagen de piedra de color rojizo oscuro, ocupó un discreto lugar en una simple capilla cerca del pozo de su aparición.El año 1249 moría la mejor protectora que haya podido tener la imagen Patrona de Solsona. Fue doña Esclaramonda de Cardona-Foix-Castellbò (Esclarmonde-Esclaramunda en castellano). Esclaramonda estaba casada con el conde Roger IV de Foix-Castellbò, en quien recayó el título de príncipe Nasi de los judíos oriundos del Sur de Francia. Él era el único capaz de organizar el traslado, ocultación y recuperación de la imagen que es la actual patrona de Solsona. El día 27 de enero de 1252 el propósito Poncio de Vilaró, de la comunidad religiosa de Solsona, compró la zona de Riner, avalado por veinte fiadores, al conde Cabrera;…que posteriormente se enemistó con el de Foix-Castellbò seguramente por haber destinado a la zona tal cantidad de herejes occitanos perseguidos, que rebosaban lo límites territoriales establecidos por contrato.

Toda la comarca del Solsonés estuvo ocupada con tanta discreción como fue posible por los transterrados herejes. Muchos apellidos actuales de la ciudad de Solsona aún recuerdan aquellos emigrantes, y porque con la persecución de los protestantes hugonotes en el siglo XVI se repitió, al ser ellos herederos de las mismas ideas que doña Esclaramonda y doña Brunisenda llevaron en secreto absoluto. La nave gótica de la catedral de Solsona se inició el día 25 de mayo de 1299 por el empeño que puso en ello el prepósito Ponç de Vilaró (1265-1303). Él consiguió los fondos abiertamente del vizconde Ramón Folc de Cardona y del conde Ermengol de Urgel, pero encubiertamente aportó el conde Roger Bernat III.

La protección que los cátaros refugiados tuvieron por parte del superior de la comunidad monástica, o sea, el prepósito Ponç de Vilaró, es evidente también por el amor que éste sintió por la imagen milagrosamente sacada de Montsegur, llevada a Solsona donde fue escondida en el pozo al entorno del cual Ponç de Vilaró inició años después la construcción de los claustros. De hecho, Ponç de Vilaró desde que era joven estuvo muy implicado en la recuperación "milagrosa" de la imagen oculta en el modesto pozo cerca de su iglesia. Ponç de Vilaró acabó sus días en 1303 siendo obispo de la catedral de Vic (Osona), pero ni así renunció a que su cadáver permaneciese para siempre junto a la imagen de la Mare de Déu del Claustre, y en efecto tanto los sepulcros de él como el de su hermano más joven siguen a la imagen de Nuestra Señora del Claustro por todos las capillas donde ha ido siendo venerada.

Al hijo de Ponç de Vilaró, llamado Arnau, en 1283 el administrador del monasterio de Solsona (cellerer) llamado Ponç de Cap-de-Porc, le vendió terrenos de la comunidad religiosa que lindaban con la iglesia de Santa María, siendo lo más parecido a la creación de un mini-feudo pro-cátaro a su entorno. No hay que olvidar que un miembro de esta familia con el ignomioso apellido Cap-de-Porc, estuvo entre los últimos defensores del castillo de Montsegur (Ariege) antes de rendirse a Francia en 1244. Durante exactamente un siglo varios familiares suyos aparecen unidos a Jaime I y al conde de Toulouse del Languedoc. (Véase mi investigación en las "Actes del Primer Congrès d"Història de l"Església Catalana "; Vol. II, p.463-Solsona 1993).

Cuando el paborde Ponç de Vilaró el 11 de septiembre de 1283 fue obispo de Vic, Ramón Folc de Cardona (de pequeño llamado Ramonet, y de mayor: el Prohom), se le agrió mucho su carácter, afectando para mal a su relación con los religiosos del monasterio de Solsona. Se les enfrentó, alegando que era el heredero de Agnès de Torroja de Solsona, y pretendió tener derecho a reclamar las tierras de la iglesia de Santa María. Había olvidado de pronto los años que vivió con su repudiada madre en el Castellvell de Solsona, cuando extendía privilegios con tal de que se creyese en sus promesas. El más importante documento de entonces fue un acta de confirmación de privilegios que gozaban los habitantes de Solsona desde tiempos antiguos, firmado en mes de noviembre de 1314.

CÁTAROS QUE HUYERON DEL LANGUEDOC (MIDI FRANCÉS)

Varias décadas después de perder sus condados del Languedoc, los condes Ramón Roger III Trencavel y Roger IV de Foix-Castellbò se prepararon para promover una insurrección y conseguir recuperar sus antiguos dominios del otro lado de los Pirineos, a pesar de haberlos sometido voluntariamente antes a los reyes capetos de Francia. Lo consiguieron eventualmente, puesto que reconquistaron Carcasona el año 1240, pero, al ser vencido de nuevo Ramón Roger III de Foix, su aliado Trencavel acabó renunciando incluso al señorío de Béziers (1247) a cambio de una renta anual.

En abril de 1244 el cátaro Bernat de Alió insólitamente pactó varias veces con su eterno enemigo el obispo de Urgel, residente en Solsona. Entre la firmas consta la del cátaro Lupo de Foix, que fue hermano de Esclaramonda de Foix. Es muy insólito encontrarlo, dado que en la cercana Berga entonces los cátaros eran perseguidos con saña (19.5.1244). En Solsona la inquisición era muy poderosa, pues había excomulgado incluso al belicoso conde Roger IV a pesar de haber participado en año anterior en la reconquista de Valencia. Para nadie era secreto que ayudaban a los cátaros, pero si que tenían ascendientes judíos, pues incluso sus nombres lo evidenciaban.

Partes: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15, 16, 17, 18, 19, 20, 21, 22, 23, 24, 25, 26, 27, 28, 29, 30, 31, 32, 33
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