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El conjunto monumental de Giza explicado (página 22)




Enviado por ramon ramonet riu



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La tumba del rey David en el Monte Sión ya en vida de Jesucristo se había convertido en un edificio particular y pertenecería a algún rico seguidor del Mesías, pues a partir del siglo II dC. era aún un tranquilo barrio de gente noble. Desde el siglo V la piedad cristiana hizo de las ruinas del Monte Sión un centro de gran devoción, convirtiéndola de nuevo en un templo religioso considerado Madre de todas las iglesias. El caso es, que ni siendo además el lugar del "milagro de Pentecostés", cuando sobre la cabeza de los apóstoles ardieron "lenguas de fuego", se evitó que aquel edificio se incendiase en dos ocasiones los años 614 y el 965.

Las murallas de Jerusalén fueron de nuevo derribadas por el califa Al-Aziz el 975 dC., pero cuando Saladino se apoderó de la ciudad, prolongó las nuevas murallas del Monte Moria hasta incluir aquel sagrado montículo del Monte Sión porque tenía reputación de ser la Tumba de David (1 Re.: 2,10). Ésta se sigue creyendo ubicada debajo de la sala llamada "El Cenáculo", mostrándose hoy allí un gran cenotafio en recuerdo del bíblico soberano de Israel.

Los primeros cruzados habían encontrado en ruinas y sin murallas la predominante cima del Monte Sión, allí tan sólo había una modesta iglesia bizantina, a la cual hicieron una solemne procesión previa al asalto de Jerusalén en 1099. Poco después se restauró el templo de "Santa María del Monte Sión", siendo desde entonces uno de los principales lugares de culto de Tierra Santa, y a cuyo alrededor Godofrredo de Bouillon mandó levantar una muralla almenada dándole el nombre de Santa María del Monte Sión y del Santo Espíritu (M. de Vogüé "Eglises de l'Ordre de Notre-Dame de Sion"). Ésta fue la primera casa central de la orden de Sión, y luego también la del Temple que fue en realidad "su brazo armado". Allí residieron los llamados "Chevaliers de l'ordre de Notre Dame de Sion" (según el historiador Vincent, en su obra "Histoire de l'ancienne imagen miraculeuse de Notre Dame de Sion").

En cuanto al "Cenáculo" mismo, es cuanto ha quedado de la iglesia bizantina hecha construir por Godofredo de Bouillon. Los cruzados anteriores a la fundación de la Orden del Temple la llamaban simplemente "Santa Sión", siendo una comunidad heredera de la cristiana más antigua (At.: 2-15). Godofredo antes de la victoriosa toma de Jerusalén había sido benefactor, sino fundador, de la Orden de Sión, para la cual en 1070 también se erigió un monasterio en su propiedad de las Ardenas. Una vez en Jerusalén los monjes calabreses que allí se enclaustraron igualmente mantuvieron incorporadas al catolicismo fragmentos de las tradiciones bizantinas, griegas y egipcias.

Los primeros cruzados concibieron la idea de reunir todos los santuarios cristianos de Jerusalén bajo un nuevo monumento en forma de cruz. El Santo Sepulcro fue reparado y una edículo puesto encima. Pero las naves no podían tener la misma proporción y el nuevo edificio tuvo que ser limitado mediante pequeños oratorios. Desde un pasadizo se podía bajar a la capilla de Santa Elena y la Cripta del Encuentro de la Santa Cruz. Los primeros cruzados decoraron tan santas paredes con piadosas inscripciones en latín. La nueva basílica fue consagrada por el obispo Fulcherio el día 15 de julio del 1149, que era el 50º aniversario de la conquista de Jerusalén, tal como se lee en una inscripción latina grabada en bronce sobre la puerta principal:

"Este santo lugar ha sido santificado con la sangre de Cristo, por lo que nuestra consagración no añade nada a su santidad. Sin embargo, el edificio que cubre este lugar santo ha sido consagrado el 15 de julio por el Patriarca Fulcherio y por otros dignatarios, en el año IV de su patriarcado y en el 50º aniversario de la captura de la ciudad, la cual en ese momento brillaba como oro puro. El año 1149 del Nacimiento de Cristo."

Aparte de la toma de Jerusalén en 1099, los otros dos hechos culminantes de las Cruzadas (la victoria de Saladino en Hattin, y la posterior victoria de Ricardo "Corazón de León" en Arsuf) sucedieron después de muerto mi biografiado. Al vivir Arnau sus gestas entre dos Cruzadas, la historia pasó por alto los años de convivencia más profunda entre las dos culturas religiosas, e incluso en las revistas especializadas es vergonzoso cómo se ignoran allí las batallas ajenas a la serie de cruzadas oficiales de los europeos. Me costó bastante investigar el dicho periodo vivido por Arnau de Torroja porque fue como una larga serie de cruzadas del rey de Jerusalén contra Egipto, y ello se realizó exactamente entre la segunda y la tercera Cruzadas de gran renombre. Al presentar los frutos de mi esfuerzo claro está que no puedo ofrecer pruebas definitivas e irrefutables, pero el contexto y las lógicas deducciones ayudarán a hacer una biografía que de otro modo sería imposible. Como no hay referencias históricas de mi internacional paisano, escribo el presente ensayo con aspiraciones de que parezca una biografía.

Expongo siempre mis opiniones para que sirvan de inspiración en futuras hipótesis de trabajo de los historiadores con título, y así quizá alguno pueda presentar alguna elaborada biografía suya. Todo lo que he escrito puede ser mucho más afinado, que duda puede caber de ello, aunque nadie que no haya sido la sombra de mi biografiado, tampoco pasará de ofrecer puntos de vista subjetivos.

Arnau de Torroja llegó a Palestina con gran afán para hacer méritos a fin de no defraudar a su familia, y aunque pueda parecer que por tratarse del periodo entre dos grandes Cruzadas no debió de tener muchas oportunidades, sucedió que los cristianos fueron llamados a intervenir repetidamente en ayuda del visir de El Cairo. Cuando el rey de Jerusalén ocupó militarmente aquella capital, en lugar de ver a los expedicionarios francos cual invasores de Egipto, se les consideró verdaderos protectores de la paz. Por su parte los francos (a quienes llamaban "franys"), por aquel entonces aún veían a los egipcios como a unos buenos clientes, puesto que les pagaban muchos dinares por permanecer en su capital.

El rey de Jerusalén Amalrico I se introdujo en Egipto aprovechando la confusión política que en aquel momento se vivía en el califato fatimita de Foulques. Al serle pedida ayuda por el visir usurpador llamado Dirgham, (otro personaje olvidado por la historia) el flamante rey de Jerusalén, un joven melenudo alto y delgado, que sólo en apariencia era un hombre piadoso, había ordenado hacer los preparativos para invadir Egipto con mucho afán de protagonismo. En aquella primera ocupación seria del año 1163 (pues habían tenido contactos con anterioridad), también participó Arnau de Torroja, por entonces quizá ya terminado su adiestramiento. Los propiamente caballeros templarios residentes en la casa-madre del Monte Sión en tiempos de Aranau de Torroja serían unos 300, sin contar a los sargentos (que eran la segunda categoría dentro de la Orden), ni las tropas auxiliares, así como a los escuderos y demás sirvientes. Los propiamente caballeros eran nobles muy escogidos para ser iniciados a conciencia y entretanto hacían de mensajeros a fin de que funcionase la comunicación jerárquica con otros mandos subalternos dispersos por encomiendas y castillos del sector. En el Monte Sión los jóvenes nobles europeos que recibieron todo tipo de enseñanzas al mismo tiempo que Arnau de Torroja, tuvieron en común con él su probada bravura al entrar en combate, gracias a lo cual se les podía instruir acerca de una superior manera de llevar a cabo con éxito mayores empresas.

Al haberse criado Arnau de Torroja en una sociedad rural, en el siglo XII más que hoy, convivió muy cercano a los animales domésticos. De entre los más cotizados de la pirámide alimentaria en el centro de Cataluña, estaba (y sigue estando) el cerdo. Puedo imaginarme lo sorprendente que debió de parecer a mi biografiado el conocer la altísima simbología geométrico-matemática de la estrella de doce puntas. Cuando recibió las primeras clases de simbología iniciática en la casa-madre de Jerusalén, los dos triángulos concéntricos, pero invertidos, supo que configuran la llamada Estrella de David (y "Sello de Salomón" si tiene inscritos hexagramas). En consecuencia Arnau no podría dejar de pensar en la doble hilera de seis tetillas a cada lado del vientre de las cerdas alíneadas. Era en aquellas doce urbes donde la Naturaleza se había mostrado desde siempre sabia y generosa, pues brindó antes que nadie el "numero de la plenitud" en el animal básico para la subsistencia; …y para colmo cada tetilla vista de perfil ya daba la misma cantidad de triángulos que la dicha estrella de seis puntas, o sea, la misma que con los siglo pasaría a identificar la bandera de Israel. Con razón los musulmanes se negaban a comer "galufo" (cerdo), debió de pensar. En todo caso, Arnau valoró inmediatamente el triángulo y la estrella que, según le decían, era la base misma del intelecto humano. Los prehistóricos que habitaron la zona donde él había crecido, aún los apreciarían más a los cerdos, no en vano los sacrificaron ritualmente en sus altares en forma de toro hueco que son llamados dólmenes porque decapitados por los siglos los ingleses los creyeron mesas de gigantes.

A lo largo de los años que los templarios dominaron Tierra Santa llegaron a tener allí 24 castillos, desde los cuales fueron capaces de dar protección a las tres grandes capitales que, a parte de Jerusalén fueron, de sur a norte, Acre (en la costa Palestina), Trípoli y Antioquía (Siria), porque la isla de Chipre fue una posesión posterior. La Orden también tenía senescales (más tarde llamados comendadores) en Acre y Antioquía de quienes dependieron las demás encomiendas y castillos regionales. Fue en las dos citadas ciudades donde Arnau de Torroja dejó constancia de sus últimas actividades como sabio arbitrador de conflictos (En Antioquía, véase "G.T."; 22.7, p.1015-016; y en Acre, véase "Eracles", vol. II, p. 2-3.

En el asedio del playero castillo de Ascalón, que contaba con 53 torres de defensa, en fecha 16 de agosto de 1153, mientras cuarenta caballeros templarios penetraban por una brecha abierta en la muralla, otros tantos de la misma Orden desde el exterior evitaron que los simples cruzados pudiesen seguirles y menguar el botín del improvisado saqueo. Fue una temeridad que fracasó y les costó la vida, siendo después todas sus cabezas cortadas y enviadas al sultán de Egipto como regalo y con ellas solicitarle ayuda. Como ésta no les llegó, los de Ascalón pactaron rendirse a condición de sarvar su libertad y pertenencias. Ascalón fue entregado a las principales órdenes religioso- militares. Desde 1130 desde la base de Amanos tuvieron custodiada la frontera con el actual Norte de Siria.

LAS GESTAS DE ARNAU DE TORROJA EN LA MISMA PALESTINA

Mi biografiado debió de desembarcar en Tiro el año 1161, que fue un año de preparativos bélicos del rey de Jerusalén siempre obsesionado por invadir Egipto. Al morir en El Cairo Al-Faiz, fue sucedido por Al-Adid, cuñado de Hafidh, último califa fatimita. Los visires rivales buscaban aliados donde fuese ("History of the World", 1907, Vol. 8, pp. 43ff). En días sucesivos a su llegada a Palestina las informaciones dadas al joven Arnau de Torroja durante la travesía marítima le fueron siendo ampliadas, empezando por el contexto de las relaciones entre los musulmanes y el Reino Franco de Jerusalén. Por entonces sólo podían limitarse la información a una década antes, y otras pocas después de la Segunda Cruzada terminada exactamente en 1149. En cuanto a la Tercera Cruzada y posteriores, ya no interesan a estas páginas porque, aunque mi biografiado la deseó y procuró propiciar, lamentablemente no la vivió.

En Tierra Santa, Arnau desde su llegada sin duda tuvo oportunidad de dar muestra de valor y sentido común, e incluso quizá desplegar ciertas dotes de estrategia militar, aunque el éxito o fracaso de cualquier conflicto bélico siempre fue responsabilidad final del Gran Maestre. Los caballeros templarios, que duda cabe que acusaban algo de sus altos mandos, dado el "esperit de corps" nunca antes experimentado en la Edad Media por otros ejércitos. Con razón se ha escrito que constituían la "Quinta Columna" de la cristiandad, pero es que los resultados se pueden extrapolar, ya que al dar seguridad a las vías de comunicación, fomentaron el libre comercio y definitivamente aquello fue el principio del fin del abusivo sistema feudal, o sea de los señores y sus derechos ancestrales.

Los musulmanes les reconocerían la utilidad de tener un Estado, ya que así ni con la muerte de los reyes de Jerusalén los cristianos no luchaban entre ellos mismos. Para los musulmanes era una cosa extraña, puesto que para ellos al morir un visir, califa, o sultán, padecían luchas internas para merecer sucederlo. Es decir, mientras que lo primero que previnieron los europeos al ocupar Palestina fue institucionalizar la monarquía, los musulmanes eran incapaces de un sistema como aquel, ni viendo lo útil que era. Es paradójico, porque en tierra de Israel emergieron instituciones monárquicas entorno al siglo X a.C., cuando se separaron los dos reinos de Israel al norte (capital Siquem), y el reino de Judá en el sur con capital en Jerusalén. Claro que los hebreos supieron bien que eran un puente natural entre las dos grandes potencias de la antigüedad, Mesopotamia y Egipto. La explicación es que, a partir del siglo IX, los seguidores del Profeta perdieron el control de su destino. Los grandes líderes que los gobernaron los años que Arnau vivió, ya fueron incluso de origen turco (como Nuradín), o bien kurdo, (como Saladino, según Amin Maalouf "Las Cruzadas vistas por los árabes").

Arnau de Torroja en el país de Nuestro Señor Jesucristo se encontró, pues, inmerso en un mundo exótico donde las emociones afloraban por doquier. Su extrañeza puede incluso ser seguida, así como su nostalgia, dado que en 1162 se constata que, por primera vez, él no pudo asistir a una reunión general de su familia en la ciudad de Solsona con motivo de la consagración del nuevo templo románico de Santa María, del cual queda aún visible su ábside. Lejos de los suyos, a Arnau lo imagino recitando mentalmente, en lengua vernácula, la canción del trovador Guillem de Mur, que le fue contemporáneo:"- Es el meu camí el que em porta amunt i avall, el que avui m'ha fet l'ànima més rica".

También supongo que debió de sorprender gratamente el comprobar que allí los cristianos se aliaban con los musulmanes. De hecho la unión de los egipcios con los francos fue el detonante para que el sultán Nuradín de Damasco fuese contra la capital del país del Nilo, donde el rey de Jerusalén y el visir de El Cairo, uniendo sus tropas le harían frente en varias ocasiones, como veremos más adelante.

Inicialmente el rey les había dado un ala de su palacio, justo encima de lo que habían sido las cuadras del Templo de Salomón, allí donde los musulmanes con los años emplazaron su mezquita de Al-Aqsa en la cual cabían cientos de personas. Aun así, al cabo de una década los templarios no llagaban ni a ser veinte caballeros en total. Después de otros tantos años trabajando afanosamente en el desescombro del subsuelo, que al fin debió ser cual un gigantesco termitero, paradójicamente enseguida lo cegaron porque sus referencias histórica y acerca de tesoros de religión antiguos ocultos bajo tierra no fuese hallada. Hay unanimidad en reconocer que a los templarios su esfuerzo les dio secretos frutos, por lo que será especulado en una segunda parte este libro, ya que, dentro de lo posible, pretendo escrutar completamente el pensamiento de mi biografiado y paisano Arnau de Torroja, porque no he de negar que su trayectoria me fascina. Un cronista de tiempos del rey Amalrico I de Jerusalén, escribió acerca de los templarios:

"…Han crecido tanto ahora, que en esta orden hoy hay cerca de 300 caballeros que usan las capas blancas, además de los hermanos, quienes son casí incontables. Se dice que tienen posesionesinmensas aquí y en Ultramar, de modo que ahora no existe una provincia en el mundo cristiano que no haya concedido sobre los hermanos antedichos una porción de sus mercancías. Se dice hoy que su abundancia es igual a los tesoros de los reyes.Porque tienen jefaturas en el palacio real al lado del Templo del Señor, y se llaman Los Hermanos de la Milicia del Templo"

Jacobo de Vitry (1170-1240), otro cronista de la época que llegó a ser obispo de Acre entre 1216-28, y predicador de gran reputación en la primera mitad del siglo XIII, escribió la siguiente fuente histórica de los primeros templarios. Además de confirmar lo dicho por Guillermo de Tiro dio más detalles :

"El rey, sus caballeros y el señor patriarca se llenaron de compasión por estos hombres nobles que lo habían abandonado todo por Cristo y les concedieron ciertas propiedades y beneficios para subvenir a sus necesidades y por el alma de los donadores. Y como no tenían iglesia ni lugar en que habitar que les perteneciesen, el rey les alojó en su palacio, cerca del Templo del Señor. El abad y los canónigos regulares del Templo les dieron unterreno no lejos del palacio para su servicio; y por esta razón se les llamó más tarde templarios".

Haré un poco de historia para intentar transmitir a los que lo ignoren la importancia que tuvo y tiene aquel exacto lugar de Jerusalén distinguido con la llamada Cúpula de la Roca, construida en el año 636 con su iniciática planta de diseño octogonal. Era la principal iglesia para todas las religiones hasta que los Cruzados la hicieron exclusivamente suya. A partir de entonces la capital de Alá y de Yahvé también lo sería de Jesucristo, el Hijo de Dios,…Pero sólo hasta 1187, pues, aunque Jerusalén fue reconquistada en 1229, se perdió definitivamente en 1244, cuando regresaron los turcos expulsados diez años antes.

En 1142 la Cúpula de la principal explanada de Jerusalén fue distinguida con el título de Templo del Señor ("Templum Domini") y coronada por una gran cruz de oro macizo que en todas las ocasiones que Arnau de Torroja vivió en Jerusalén estuvo visible cual una grandiosa jaula de dorada, atrayendo las miradas sobre aquella peña sagrada para las tres distintas devociones con sus fulgurantes destellos más de lo que se conseguiría con unos fuegos de artificio. Su planta octogonal fue un patrón que les habría de servir para construir templos en todo Europa. Exactamente en España quedan muestras en las iglesias templarias de Montsacro (Oviedo), Santo Sepulcro (Torres del Río-Navarra), Vera Cruz (Segovia), Nuestra Señora del Temple (Zaragoza), y la iglesia templaria mejor de todas, Eunate (Navarra).

La actual Cúpula de la Roca ya era el templo principal en Jerusalén, y cerca hoy sigue estando la mezquita de Al-Aqsa. Los monjes del Santo Sepulcro (que sería la tumba principal de Jesús), les dieron a los templarios fundadores un terreno contiguo a los muy espaciosos establos del rey Salomón al SW. de la explanada que en realidad los templarios sólo desescombraron y abovedaron a fin de recobrar el trazado subterráneo de calles del periodo herodiano. La residencia del rey de Jerusalén que les autorizaba, estaba entonces donde está hoy la famosa mezquita de Al-Aqsa, y él mismo rey se la cedió a los templarios y edificaron en el extremo opuesto un claustro y la sala que formaba ángulo recto. Los primeros nueve templarios los excavaron durante otros nueve años. A mediados del siglo XX se limpiaron y se hicieron accesibles buena parte de dichos túneles (antes calles), y en 2007 se divulgó que era aquel el verdadera ubicación del antiguo Templo de Salomón, porque se descubrió una gran cisterna rectangular que estaba incluida en su interior.

El edificio islámico de Al-Aqsa estaba construido sobre el monte Moria, de cota inferior a la del monte Sión. En un ángulo de la actual explanada del Templo de la Cúpula fue la primera sede de los nueve caballeros templarios de los cuales no se sabe en que más, aparte de excavar, inviertieron su tiempo los primeros seis años de su asentamiento en Jerusalén. Al parecer vivieron de limosnas hasta que en 1125 el poderoso Hugo de Champagne se enroló en las órdenes de Sión y del Temple, pàsando desde entonces a ser conocida su existencia en Europa. En 1129 ya eran la más famosa orden de toda la cristiandad, a pesar de haber fracasado su intervención militar en Damasco.

Los primeros nueve nobles caballeros templarios estuvieron autorizados para recuperar de aquel subsuelo reliquias que pasaron a ser custodiadas por la Orden de Sión, que era nada menos que la Orden promotora y madre de la del Templo. Por su carácter secreto, hay que suponer también que fue otra novedad que pronto sorprendería a Arnau de Torroja. En efecto mi biografiado de pronto se encontró -como muchos lectores hoy- con que estaba afiliado además del Temple en otra orden, la muy discreta llamada "del Monte Sino", hermanada con la del Temple y más poderosa que ella, pero que exceptuando el Gran Maestre, sus miembros permanecían en Francia, país que por cierto tuvo su mínima extensión en 1180, cuando Felipe II Augusto sucedió a Luís VII en el trono.

Las órdenes de Sión y del Temple tuvieron un sólo mandatario, coincidiendo en ser Arnau de Torroja el último que las dirigió conjuntamente ambas antes de su división en independientes. En éstas páginas sólo interesan los tiempos que ambas convivieron en armonía en el cuartel general de Santa María de Sión. Jerusalén contó en total con siete puertas, pero la puerta al Monte Sión no es ninguna de las principales, porque la muralla que vemos en Jerusalén (excepto los restos del antiguo Templo), las construyó siglos después Solimán el Magnífico. Cuando Arnau de Torroja recibió su instrucción e iniciación tras los muros de Santa María de Sión, la fortaleza más cercana era la llamada Ciudadela de David por el lado norte, y estaba a mitad de camino del Santo Sepulcro, que era tenida por la verdadera tumba de Cristo (hoy siete disputan en el mundo dicho mérito, y una estaría en Japón).

Los antiguos líderes de Palestina que más le interesarían a Arnau, vivieron a partir del sultán Zangi, de origen turco que dominó Mosul y Alepo (aunque ésta última no era -ni mucho menos- la fortaleza que edificó años después un hijo de Saladino). Zagri, cansado de ver como los musulmanes siempre guerreaban entre ellos, decidió someter a su autoridad personal los líderes de Irak y Siria. El valor simbólico de Edesa les hizo conquistarla en noviembre de 1144. Rescatarla fue la misión de la Segunda Cruzada en 1148, cuyo primer fallo fue que, en lugar de recuperar Edesa, atacaron Damasco con intención de saquearla, pero sin conseguirlo. En la catedral de Edesa, apostillaré que fue donde finalmente se guardaba la Sabana Santa,…Que los bizantinos años después se llevaron a Constantinopla (existe un cuadro del siglo X que la reprodujo en el momento de ser besada por su emperador).

Al sultán Zangi de Damasco le sucedió en 1146 su hijo Nuradín, un turco sunita que se propuso acabar primero con los chiitas y después les llegaría el turno a los francos, quienes bajo el rey Balduino III vivían muy divididos entre si. El zenguita Nuradín después que en 1154 se apoderó de Damasco, codició el rico país de los faraones, por lo que a la menor excusa, como dije, envió allí a su mejor general Shirkuh al saber que la madre del dicho rey de Jerusalén, llamada Melisenda, había fortificado la ciudad "Tres veces santa" para privar la entrada a su propio hijo.

Lo más defraudador que le pareció al joven Arnau de Torroja
fue el hecho vergonzoso de que en 1156 los cruzados casí estuviesen a
punto de ser expulsados de Tierra Santa,… y nada menos que el día de
la vigilia de Pentecostés!. Las tropas de Siria, al mando del sultán
Nuradín, mataron o hicieron prisioneros a unos seiscientos caballeros
templarios. Incluso el rey Balduino de Jerusalén fue perseguido y salvó
la vida al refugiarse en el castillo de Belines. Por suerte el conde Terry de
Alsacia obligó al sultán Nuradín a pactar una tregua el
año siguiente y además obligó al gobernador de Damasco
a pagar un tributo para mantener la paz ¿Quizá ayudó a
conseguirlo el hecho de que Siria aquel año sufrió el más
grande y desastroso terremoto de su historia?

Para colmo las órdenes militares de templarios y hospitalarios no querían someterse a la autoridad del rey Balduino III, ni cuando en 1152 éste se impuso a su madre, … y es que por si fuese poco, ambas órdenes monástico-militares también estaban enemistadas entre si. Los hospitalarios además se mostraron especialmente ofensivos con el Patriarca de Jerusalén desde que éste intentó reprenderles por asaltar el templo del Santo Sepulcro sin tener piedad para con los feligreses allí reunidos, a los que masacraron. Bajo Balduino III (1144-1162), casado con Teodora Comnena, el reino de Jerusalén alcanzó su mayor dimensión después de la captura de Escalón (1153), si bien el principado de Edesa le fue arrebatado en 1144.

La paz con los francos enojó enormemente a Nuradín de Siria, aunque éste rápida y ladinamente, dio un giro su estrategia. Pretendiendo triunfar sin guerra, el dicho sultán de Damasco no sólo confirmó lo pactado, sino que pagó a los francos un plazo de dinero extra a lo previamente acordado. Al saberlo los árabes entendieron que Nuradín los había traicionado. Como fuese, Siria estaba neutralizada y tanto Nuradín, como los francos sólo veían Egipto como el único lugar donde plantearse las próximas batallas. Si Egipto quedaba para los musulmanes, los francos temían ser aislados como hoy Israel en un mundo de musulmanes. En cuanto al interés de Nuradín por Egipto, se explica por el odio que, no siendo él de origen musulmán, sentía contra aquella estirpe de fatimitas. Según cierto autor árabe, eran una dinastía ismailita y Saladino los anuló haciendo que todos los egipcios se pasasen al bando de los sunies.

Entre Jerusalén y Jericó los templarios tenían un castillo y una torre, y otro castillo en el monte "De la Cuarentena"; si bien el más famoso estaba en el llamado Vado de Jacob, a orillas del río Jordán (fue excavado en julio de 2006). Sucedió que André de Montbard, siendo Gran Maestre templario, ayudó eficazmente al rey Balduino III a vencer al sultán Nuradín en Panéas.

Después el rey licenció a sus soldados y entró en Jerusalén. El derrotado Nuradín sabiendo el rey de los francos en desventaja, le tendió una emboscada junto al lago Méron (o H묦eacute;) en el Vado de Jacob junto al río Jordán. Era el día 19 de junio de 1157, muriendo todos exepto unos noventa que encarcelaron en Damasco. Sólo Balduino III y unos pocos salvaron sus vidas huyendo, entre los cuales el Gran Maestro Eudes de Saint-Amand y Bertrand de Blanchefort , quienes estuvieron encarcelados durante tres años en Damasco hasta que Manuel I el emperador de Bizancio (1143/1180) pagó un elevado rescate por la libertad de 6.000 prisioneros pero el Gran Maestre Odón no aceptó ser rescatado y sufrió prisión hasta su muerte.

Los templarios supieron que el rey Amalrico I había castigado muy duramente a una docena de templarios, acusándolos de no haber luchado hasta morir en la defensa del dicho castillo (En 1179 Balduino IV de nuevo debió aceptar que en el mismo lugar Saladino destruyese la fortaleza de Beaufort, llamado "el Chatelet"). Como en 1158 en la toma de Baniyas recordaban a otros trescientos caballeros templarios muertos, y en 1165 murieron otros sesenta en la toma de Harenc, si los caballeros de la Orden lograron que al fin todo su prestigio se mantuviese intacto, fue gracias a su gran victoria contra las tropas de Nuradín en La Bocquée (Sur de Alepo). Fue el año 1163, y creo que debió de ser allí donde Arnau de Torroja tuvo la mejor oportunidad de hacer méritos de guerra, los cuales finalmente habrían de servirle para ser elegido cabeza de las órdenes de Sión y del Temple. Repetirlo es una exigencia argumental, muy insistentemente advertida a lo largo de estas páginas, a fin de que aquel lector casual que tan sólo decida leer por encima este escrito, sepa cual es mi mejor argumento.

ARNAU DE TORROJA EN EL CAIRO (ENTRE LA 2ª Y 3º CRUZADAS)

Me interesa especialmente el conflictivo periodo entre los propios francos de Palestina, que fue cuando en la patria catalana de Arnau de Torroja el Conde de Barcelona se independizó del rey de Francia, y luego, llamándose Alfonso II, fue nombrado además Rey de Aragón. Son hechos coincidentes con las estancias que Arnau de Torroja hizo en Egipto. Por entonces los cairotas estaban divididos en varias facciones que se peleaban para hacerse con el poder. Las intrigas palaciegas al entorno del niño heredero de trece años, Al-Adid, el último descendiente legítimo del califa fatimí de El Cairo, provocaron sangrientas luchas nobiliarias al ser varios los aspirantes al cargo de visir. El ganador fue Shawer, un seguidor de la religión shií, cuya estirpe fundó la ciudad de El Cairo (que ellos llamaban "Mish"). Aquella dinastía se tenían por descendientes de Fátima, la hija del profeta Mahoma y esposa de Alí, inspirador del shiismo (la estirpe fatimí eran oriundos del Norte de África y gobernaron Egipto desde el año 966 hasta el 1171).

La misma palabra "califa" ya indicó que se trata de la familia descendiente del Profeta. Al recibir tal jerarquía un califa lo primero que hacía era procurarse un buen visir, al cual otorgaba los plenos poderes, o al menos el control de los asuntos, incluidas las finanzas. El califato en el siglo XII ya era una institución decadente, porque se limitaba a lo religioso cediendo poder a un plenipotenciario (a veces llamado sultán) de naturaleza militar. Los problemas sucesorios dividían entonces más que hoy a los diferentes facciones de musulmanes. Ello hizo posible que en 1099 entrasen en Jerusalén capitaneados por Godofredo de Bouillon. Su antiguo sueño de conquistar militarmente Egipto, lo siguieron teniendo también sus sucesores, Balduino I y Balduino II, cuando ocuparon sucesivamente el trono de Jerusalén. Al fin, al ser nombrado Rey de Jerusalén Amalrico I, éste lo intentó cinco veces en seis años, … y en tres de ellas eventualmente lo consiguió. Que la tal empresa era difícil, lo corrobora el que en 1250 (durante la V Cruzada) fracasó otra vez más la campaña inicialmente exitosa de Jean de Brienne, y luego aún volvería a fracasar el corsario catalán Bernat de Vilamarí, quien durante cuatro años (1450-1454) saqueó el delta del Nilo y la costa de Palestina partiendo de la isla Castellroig, en el sur de Anatolia.

Resumiré tan oscuro periodo de la capital de Egipto, comenzando por los nueve meses de lucha del visir Shawer contra un usurpador llamado Dirgham. En El Cairo era constante la debilidad de los visires, y catorce de ellos murieron víctimas de intrigas y golpes de estado. El último que sucedió a los citados, fue el llamado Shawer quien evitó romper tan fatal destino gracias a tener la protección del rey de Jerusalén.

El visir Shawer de El Cairo en prevención hizo matar a cuantos descendientes acreditados legítimamente podían reclamarle el trono. Así y todo fue depuesto a los ocho meses por su chambelán Dirgham, el usurpador visir que controló las fuerzas de Egipto durante tan sólo nueve meses, siendo aquel un periodo el más oscuro y complejo de su historia. Las crónicas son contradictorias, de forma que deben ser estudiados mes por mes y detallando en dos columnas las divergentes versiones escritas por partidarios de cada bando. En muchos libros actuales aún se ignora la existencia del visir Dirgham, y aquellos que le recuerdan informan mal.

El insubordinado Dirgham, quien había confraternizado con el rey Amalrico I durante nueve meses por razones de vecindad y mutua protección, viendo que Egipto, una vez desaparecido Shawer, parecía estar estabilizado, hizo que los francos se fuesen de El Cairo dejando allí tan sólo una simbólica compañía de caballeros. Pero después que el grueso del dicho ejército franco hubo partido, Dirgham fue informado que el ex visir Shawer no sólo había logrado huir, sino que regresaba a Egipto para atacarlo con la ayuda de un ejército sirio. Sucedió que cuando el ex visir Shawer de El Cairo se refugió en la lejana Siria musulmana pudo convencer al sultán Nuradín quien confió el éxito de aquella campaña, destinada a reinstalar a Shawer como visir en El Cairo, a su mejor general el kurdo Shirkuh (Chouh). O sea, aquel que creían muerto durante su huida, regresaba, y tan fuerte que rápidamente recuperó su antiguo cargo de visir.

Dirgham, queriendo derrotar de una vez por todas a Shawer debió enfrentarse a los sirios que lo acompañaban, pero salió derrotado de tal empresa y escapó para refugiarse en Bilbeys. Allí, en su apurado asedio, Dirgham solicitó la ayuda urgente del rey Amalrico I, por lo que el rey de Jerusalén tuvo la excusa idónea para ser oficialmente protector en el rico país de los faraones. Se movilizó a fin de salvar al asediado visir Dirgham, todavía legítimo comandante de las tropas fatimiis del joven califa Al-Adid, …pero los cristianos llegaron tarde a Bilbeys donde Dirgham, pocos días antes, viendo que los francos se retrasaban y no podría resistir el asedio, intentó escaparse sólo. Al ser descubierto lo mataron sus propios hombres y su cadáver quedó abandonado a los perros callejeros.

Shawer, el repuesto visir de El Cairo, hizo que el ejército sirio que lo había ayudado acampase en Fustat, en el exterior de las murallas y con excusas les impidió entrar en El Cairo. Shawer temía que el general Shirkuh quisiese arrebatarle su poder en Egipto, por lo que, en doble juego, en secreto pidió ayuda urgente al rey Amalrico de Jerusalén. Había utilizado a los sirios y creyó que podría hacer lo mismo con los francos de quienes ya conocía su inminente llegada. Al llegar a Egipto (27 de febrero de 1163), con diplomacia pero muy firmemente, obligó al ejército sirio que ocupaba la fortaleza de Bilbeys a regresar de nuevo a Damasco, yéndose muy enfadado general Shirkuh por tan manifiesta ingratitud.

El rey Amalrico I (en francés, Amaury +1174) fue nombrado Rey de Jerusalén el 18 de febrero de 1163. Era hijo de Foulques y hermano de su heredero Balduino III (+1162). Entonces Amalrico contaba apenas 27 años de edad. Reinando aún Balduino III, la Alta Corte (Haute Cour) en asamblea negaron el trono al dicho Amalrico a menos que éste repudiase a su esposa Agnes por consanguinidad, lo cual fue un argumento insuficiente para Amalrico I cuando aquel año sucedió a su hermano en el trono de Jerusalén. Su parienta Agnes siguió teniendo el título de Condesa de Jaffa y Ascalón, recibiendo lógicamente una pensión por ello. El hijo de Agnes, legitimado por la Iglesia, por nacer antes de casarse ella con Hugh de Ibellin, hizo posible los veinte años de influencia que tuvo aquella dama en la corte de Jerusalén.

Sabiendo que en Egipto los líderes fatimís estaban matándose entre ellos, Amalrico I al ser rey de Jerusalén tuvo la osadía de intentar conquistar dicho país, ordenando su primera gran campaña contando con el beneplácito del nuevo califa que se hizo con el poder. Con más voluntad que otra cosa, Amalrico I intentó invadir Egipto con desigual fortuna (1163, 1164, 1167, 1168 y 1169), siendo en las dos primeras cuando lo consiguió más pacíficamente.

El joven califa Al-Adid de El Cairo, quien antes de ser juguete de los sirios y los francos lo había sido de los turcos, devolvió oficialmente el poder al visir Shawer quien, engreído, olvidó sus promesas a los sirios que lo habían ayudado. Se peleó con el general Shirkuh, y además se mostró desagradecido con su jefe el benefactor Nuradín de Damasco. Semejante osadía fue posible porque en realidad él había pactado casí simultáneamente su protección con los francos del reino de Jerusalén, guiándose por el interés que habían demostrado los cristianos por el país del Nilo en vida de su difunto visir contrincante.

Como en todas las campañas bélicas de la Península Ibérica, donde todos los reyes del siglo XII siempre contaron con la ayuda del Gran Maestre del Temple y de Sión, Amalrico I de Jerusalén lo tenía aún más asumido llegándose a creer, por su inexperta juventud, que tenía a las órdenes militares de Palestina completamente a sus órdenes. La estrategia de batalla en todas partes las planificaban y llevaban a cabo los templarios siguiendo los deseos del rey con el que colaboraban, y el Gran Maestre del Temple Bertrand de Blanchefort en 1163 estaba al frente del ejército franco que ocupó El Cairo con el beneplácito del antiguo visir que ya había derrotado al que lo apartó nueve meses del poder de Egipto. A rey muerto rey puesto, pensaría Amalrico I, y ayudó a su nuevo aliado comprometiéndose éste al pago de un fuerte tributo anual. Tan sólo se exigió a los francos que dejasen una guarnición simbólica guardando las puertas de la mayor capital a orillas del río Nilo

El rey Amalrico en 1163 vio de nuevo una oportunidad para vengarse del sultán Nuradín de Siria y se movilizó; para ello reforzó su ejército con tropas de las órdenes monástico-militares. El país de los antiguos faraones tenía un poderoso atractivo para los francos que en vida de Arnau de Torroja dominaban Palestina como si fuese un apéndice de Europa. En la primera ocupación de Egipto intervino Arnau de Torroja siguiendo al Gran Maestre general de la Orden del Temple, y amigo, Bertrand de Blanchefort . Fue la única ocupación de Egipto que puede considerarse casí pacífica, al haber sido solicitada la protección de los francos, e incluso remunerada espléndidamente, porque se trataba de frenar la anarquía existente en la populosa capital fatimí de El Cairo.

El ejército del rey Amalrico de Jerusalén lo formaban extranjeros a los que se concedía una renta o un feudo; por lo que el rey tenía a sus órdenes una cosmopolita tropa formada por caballería ligera de turcos, arqueros maronitas del Líbano, y una infantería armenia y siria. En total eran unos veinte mil hombres, de los cuales sólo unos cientos fueron realmente caballeros a los que les reforzaron continuamente expedicionarios cruzados que llegaban de Europa.

Amalrico I lanzó una fuerte ofensiva ocupando El Cairo con relativa facilidad en 1163, en la cual participó el Gran Maestre Bertrand de Blanchefort ya nombrado para la más alta jerarquía (1156-1169) a los pocos días de morir su predecesor André de Montbard. Aquella fue la primera campaña importante de los francos en Egipto, resultando una ocupación relativamente pacífica en la cual Bertand de Blanchefort fue el máximo estratega, y aunque no hay ningún documento que corrobore la estrecha amistad que aviso aquí, probablemente Arnau de Torroja entonces incluso pudo haber sido su asistente personal.

Si se dudase que Bertrand de Blanchefort estuvo en la ciudad de El Cairo en 1163 formando parte del ejército del rey Amalrico I de Jerusalén, él mismo lo escribió de su puño y letra el mes de octubre de 1164 al rey Luís VII de Francia, de quien Blanchefort era amigo desde que desembarcó en Palestina con objeto de capitanear la Segunda Cruzada, acompañado de su erudita esposa Leonor duquesa de Aquitania. En el escrito de Bertrand de Blanchefort al rey de Francia le informaba de su campaña de Egipto en 1163 (está reproducida en el libro de J. Mestre Godes "Los templarios" Barcelona 1.999 p. 148-159). Entre otras cosas le explicó que, estando en Egipto, supieron que el sultán Nuradín hizo atacar ciudades del Norte de Siria, por lo cual debieron de salir muchas tropas para acudir a liberar Antioquía y Tiro. Hayque suponer que para la defensa de Jerusalén había unos 15.000 infantes (franys), aparte de la caballería que serían unos 20.000 caballeros más. En cuanto a la orden de Sión y del Temple, no eran un número importante, pero si las mejores fuerzas de choque y muy aptos para desplegar la estrategia de combate idónea.

Tanto en la primera gran la expedición de Egipto, como después en la veloz ayuda de Antioquía, Arnau de Torroja debió de luchar junto a su amigo y superior Bertrand de Blanchefort , siendo quizá su probable consejero en sus difíciles gestiones y estrategias de campaña.

Estando junto al río Nilo, durante aquellos meses de ocupación pacífica de El Cairo, ambos nobles amigos encontrarían tiempo para poder admirar muy de cerca el conjunto monumental de las pirámides de Giza en 1163. Por entonces éstas todavía estaban recubiertas de pulido mármol blanco y con escritos en toda su superficie. De ello dejó constancia en 1180 el cronista árabe llamado Abd el-Latif, añadiendo su opinión particular que si tales jeroglíficos se hubiesen copiado, habrían llenado 10.000 pergaminos. De hecho aquellas losas preciosas de recubrimiento de la más perdurable de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo las hizo arrancar el sultán Al Qaerá cuando un terremoto devastó el Cairo en 1356, empleándose todas en restaurar edificios públicos, primero, y privados después.

Arnau de Torroja al desembarcar en Antioquía también habría admirado el llamado "pilar de Pompeyo" de granito color rosado, de 25 m. de altura y 9 m. de circunferencia (había sido erigido allí en honor del emperador Diocleciano cuando en 297 d.C. ya era el único vestigio del muy antiguo templo egipcio llamado Serapheum). Al llegar los sirios ambos personajes ya habían salido hacia el norte para liberar las principales ciudades atacadas en agosto, siendo ayudados en aquella reconquista por los de Triplo y Antioquía. Es decir, al atacar los sirios ambos no estaban ya en El Cairo, paradójicamente por ser los miembros más eficientes de las fuerzas de choque del los francos, y porque como templarios deseaban buscar siempre el mayor peligro en las batallas "para mayor gloria de Dios".

El rey Amalrico I de Jerusalén al llegar a Siria pidió la paz tan pronto pudo cobrar alguna ventaja, porque se sintió abrumado por las miles de bajas, y además los más nobles del país se habían hecho cautivos, entre los cuales Balduino de Antioquía y Raymundo de Trípoli. Este último permaneció encarcelado una década en la prisión de Damasco. En consecuencia el rey Amalrico I de Jerusalén tomó la regencia del condado de Trípoli en nombre del muy noble Raymundo. Allí el rey de Jerusalén no pudo actuar contra ningún vasallo, ni ordenar la confiscación de sus bienes, y tampoco podía menguar los privilegios de la Iglesia, ni los de las órdenes militares; y en cuanto a las colonias de mercaderes occidentales, éstas se habían enquistado en el Reino Franco de "Outremer" cual pequeños Estados independientes. Los reyes de la Ciudad Santa organizaron una corte según la del estado francés de donde procedían, nombrándose todos los cargos a voluntad del rey. El ejército fue la única institución vital del Reino Franco y estaba formado por todos los vasallos que tenían algún feudo.

Bertrand de Blanchefort , además de valeroso guerrero y estratega, también dejó el recuerdo de haber sido hombre piadoso y justo. A pesar de ser el Gran Maestre, cumplía la norma aceptada por todos los caballeros de la Milicia de Cristo: ser siempre los primeros en entrar en combate y los últimos en dejar el campo de batalla. Bertand de Blanchefort reformó en profundidad la Regla que inicial de los templarios, adaptándola a su época y concretando las jerarquías de la Orden, así como disponiendo que ni él ni otro Gran Maestre pudiesen modificar nada que afectase a la Orden del Templo sin someterla a la aprobación del Capítulo General. Como Blanchefort entonces era buen amigo de Arnau Torroja, es posible que éste incluso le ayudase a mejorar el borrador de lo propuesto previamente al capítulo. Dicha redacción de la Norma del Temple fue seguida de otra Regla Latina escrita por Etienne de Chartres, patriarca de Jerusalén (1128-1130) y tuvo diversas traducciones (incluso fue redactada en catalán después del 1267). Aquel año 1163, a pesar del grave cisma del papado, se celebró el Concilio de Tours, presidido por el papa Alejandro III, y en cuyas sesiones se trató de la gran extensión que estaba adquiriendo el catarismo en las tierras del Languedoc y Gascuña. (también entonces se empezó a construir la catedral de Notre-Dame de París).

La ocupación de El Cairo por francos y templarios en 1163 coincide con la proclamación de una sorprendente bula papal titulada: Omne Datum Optium, la cual benefició enormemente las arcas de la Orden doble de Sión y del Temple. Explícitamente se les autorizaba a quedarse con los botines de los enemigos vencidos. En la historia de la orden religioso-militar de los templarios los asuntos económicos fueron de su máximo interés,… aunque económicamente en el Reino Franco de Jerusalén no tuvieron grandes recursos, ya que la Iglesia y los mercaderes de las colonias occidentales quedaron libres de tributos, limitándose los reales ingresos a los derechos aduaneros y a la tierra. Por tal motivo se aprovecharían hasta el máximo el derecho de botín y de confiscación.

Para los francos se trató de una ocupación que les abría a los mercados de Oriente y por parte del sultán sirio oponente, Nuradín, se trataba de devolver a la verdadera fe a los musulmanes sunnís de Egipto. Sucedió que Nuradín cuando atacaba en Siria a los francos a fin de dividirles, concibió una iniciativa nunca antes imaginada; él mismo expulsaría a los cristianos de Palestina empleando el recurso de la "guerra santa". Aquella iniciativa contra el rey de Jerusalén hasta entonces había sido inconcebible. Nuradín, no obstante, tan sólo se limitó a quebrar el flanco occidental del Reino de Jerusalén con la toma de los castillos de Paneas, Subeiba y Baniyas, esta última en el norte de Palestina cuya población había sido arrasada por él mismo en 1157 sin tomar la fortaleza. Era la posición más avanzada del Reino Latino, siendo estratégica por controlar la ruta de Damasco hasta la costa.

En su segundo intento Nuradín logró conquistar la fortaleza de Baniyas, y sin temor a despertar las iras de Bizancio, ocupó también Antioquía. Además aprovechó para atacar la provincia de Trípoli, a cuyo castillo acudieron rápidamente los templarios, entre los cuales probablemente también estuvo Arnau de Torroja. En dicha campaña, si en un principio venció Nuradín junto a Biga, después, gracias a muchos cruzados recién llegados de Europa, lo derrotaron en la batalla de Harenc, donde perecieron sesenta caballeros templarios.

Nuradín no se quedó mucho tiempo quieto porque no le bastaba con gobernar el sur de Siria (el norte pertenecía Manuel de Bizancio), Alepo y Mosul en Mesopotamia. El sultán Nuradín de Siria en 1164 había procurado hacer caer en desgracia al visir Shawer ante el propio sultán de Egipto sin conseguirlo. Al saberlo Amalrico I, rey de Jerusalén, decidió tomar ventaja de aquella situación aliándose con el atemorizado visir Shawer, con quien ya habían tenido relación antes (y posteriormente en 1167 ambos aún volverían a ser aliados). En realidad el rey de Jerusalén en 1164 se lanzó a aquella empresa por haberlo animado el nuevo Gran Maestre de los hospitalarios llamado Gilbert d'Assailly. La intención de Amalrico I era ocupar el país por las armas, y la excusa oficial fue: que los fatimís de Egipto se habían retasado en el pago acordado para su protección de El Cairo (60.000 piezas de oro).

Una vez liberado Bohemundo, príncipe de Antioquía, el rey de los francos de Jerusalén Amalrico I estuvo libre de su cargo de regente y decidió la expansión de su reino conquistando Egipto, pero entonces el visir Shawer ya había sido otra vez derrocado. Lo repusieron en su trono por lo cual el gran líder unificador Nuradín, desde Siria al conocer aquella campaña de los francos quedó anonadado.

Nuradín, pues, en 1164 envió de nuevo un ejército para expulsar a los francos de Egipto, donde guerrearon el rey de Jerusalén y el sultán de Damasco, uno a favor de un aspirante al trono de visir de El Cairo y el otro a favor de su contrincante. Nuradín estaba muy resentido y el mes de mayo de 1164 mandó a Shirkuh, su mejor general de origen kurdo. Guillermo de Tiro, contemporáneo de los hechos, lo describió más bien bajo y entrado en años, siendo distinguible por un parche en el ojo debido a cataratas. Era un guerrero vigoroso, capaz, ético y ecuánime, algo poco común en aquel tiempo. Shirkuh cabalgó veinticinco días hacia Egipto (abril de 1164), siendo guiados por varios beduinos que conocían los oasis y arroyos cercanos al mar Rojo, porque la sed les era más temida que cualquier enemigo.

El primero de mayo los francos ya estaban ante los muros de El Cairo. También hacían el camino hacia Egipto el general Shirkuh y nueve mil sirios, aunque procuraron no ser descubiertos por temor a retrasar su misión. Siguieron el río Jordán hasta el Mar Muerto, para después, atravesando el Sinaí, llegar a las murallas de Bilbeys, las cuales conservaron después que fueron tomadas.

También acudió el rey Amalrico I que salió con otro ejército de Ascalón en la costa mediterránea. Era el límite máximo del Reino Franco (cerca de Gaza), y había sido fatimí hasta que los cruzados la tomaron el mes de agosto de 1153. Aunque no tenía fuentes, fue el único lugar donde proveerse de agua potable de un río subterráneo al hacer la ruta ente Egipto y Mesopotamia. Aquel castillo de los cruzados garantizaba las comunicaciones hacia el sur, siendo otro principal de la Orden el de Tiro en el Mediterráneo (norte de Palestina).

En Egipto y en Siria a partir de dicha ofensiva supieron a que atenerse, y entonces el sultán Nuradín, el 11 de agosto de 1164, a fin de dividir a los francos, repitió la estrategia del año anterior y reuniendo todas sus fuerzas atacó varias fortalezas cercanas a Alejandría (Panéas, etc.) obligando a Amalrico I a acudir de nuevo a Siria en su ayuda. Allí los francos fueron derrotados en la batalla de Harim a pesar de la muy gran movilización general en toda Palestina. Murieron unos diez mil de francos y entre los presos figuraban: Jocelin III, Ramón III, y el joven Bohemundo III que sucedió al cautivo príncipe Renaud.

El día primero de setiembre del mismo año el rey de Jerusalén ya estaba preparado para otra campaña contra Egipto. Con un nuevo ejército partió de la costera Ascalón, situada entre Jerusalén y Gaza, ciudad ésta donde una guarnición de templarios guardaba la frontera desde veinte años antes. Amalrico I hacía el camino de El Cairo con los mejores tres mil barones de su reino, y un ejército de más de 12.000 soldados y otros tantos jinetes, entre los cuales estaban los caballeros de San Juan del Hospital. Súbitamente la crecida del Nilo inundó el asentamiento de toda la armada franca en septiembre de 1164 que sitiaba Bilbeys (la antigua Pelousa), llave del río Nilo. Sucedió que los sitiados lograron romper varias presas y las aguas arrasaron violentamente el ejército franco obligándoles a retirarse con miles de bajas.

Todavía el día 2 de diciembre de aquel mismo año 1164 el rey Amalrico I concentró sus tropas de nuevo en Ascalón, el tradicional punto de partida hacia Egipto, más convencido que nunca que merecía la pena apoderarse de las muchas riquezas del país del sur. Ocupó Bilbeys (ayudado por la orden de los caballeros de San Juan del Hospital), donde Shirkuh, estaba atrincherado y mantuvo en su poder tres meses. Amalrico I asedió dicho castillo hasta que los sirios de Nuradín fueron incapaces de seguir resistiendo y pactaron su retirada.

REGRESO DE ARNAU DE TORROJA A CATALUÑA (ENTRE 1165 Y 1180)

Como que yo tampoco podría narrar cuanto aconteció realmente, mi sistema de trabajo consistirá en analizar el contexto que enmarca los hechos. No se puede dudar que Arnau de Torroja también fue un hombre de gran prudencia y místico para los tiempos en que vivió. Comprensiblemente se sintió atraído por la gran novedad que fue era formar parte de los monjes enrolados en una fraternidad a fin de adiestrarlos en el arte de la guerra. Para alcanzar ser promovido a Gran Maestre incluso sólo de una determinada provincia, la persona aspirante debía haber demostrado muchos méritos, pero también destreza y desenvoltura en cargos de responsabilidad. Es un hecho que Arnau de Torroja regresó de Palestina después que hubo hecho allí los méritos suficientes. Su vuelta a Cataluña no significa que se desinteresase de cuanto sucedía en Tierra Santa. Se le desplazó porque fue designado a ser Maestre provincial tan pronto aquel cargo quedase vacante, lo cual sucedió en 1165, al cabo de aproximadamente un año. Era la responsabilidad máxima que fuera de Palestina era otorgado por las órdenes conjuntas de Sión y del Temple, y Arnau debió de hacerse cargo de la comandancia de las tropas y los numerosos bienes templarios en esta orilla del Mediterráneo. (A Arnau de Torroja en el cargo de Maestre provincial le sucedió otro noble catalán llamado Girbert Arnal, quien desempeño dicha dignidad durante los otros siete años siguientes, según Laureà Pagarolas "La comunidad del Temple de Tortosa"-p.351).

Arnau de Torroja consta investido Gran Maestre de las órdenes de Sión y del Temple para Provenza e Hispania en 1166, y poco después estaba en la Tortosa donde había batallado en sus primeros tiempos. En Tortosa exactamente el día 13 de octubre del año 1166 Arnau de Torroja compró terrenos para su Orden en Lérida. El año siguiente consta haciendo el pago de los mismos por 1.200 morabatines de oro, que recibió el rey catalano-aragonés Alfonso II. Los dos años siguientes ambos personajes repitieron semejantes transacciones cada vez por 5.000 morabatines.

A Arnau de Torroja se le encuentra haciendo gestiones administrativas y asistiendo en actos de burocracia junto a los soberanos y nobles generosos para con su Orden religioso-militar, pero ni ello ni las campañas o la simple revisión de las solicitudes de los voluntarios aspirantes, no le harían olvidarse de ejercer su influencia en discreto beneficio de su ciudad natal. El abad de Santa María de Solsona, seguramente por consejo de Arnau de Torroja, expuso una propuesta al capítulo de mojes y reunidos en capítulo tuvieron la iniciativa (insólita en su tiempo) de abrir una escuela pública, además de la que funcionaba para educar a los hijos de los nobles y aspirantes a sacerdotes. Arnau había estudiado de niño en ella, siendo por ello que lo creo impulsor de la, digamos, "escuela para pobres", porque había podido saber que ya funcionaban en las grandes capitales europeas.

Durante aquellos años de proximidad gozosa a su familia y ciudad, Arnau dejó constancia de haberles favorecido a todos, porque recíprocamente en 1175 su sobrino hizo donaciones de bienes a las órdenes de Sión y del Temple con el propósito de también él pasar a residir en Palestina. La donación de Ramón II Señor de Solsona a la Orden no puede ser ajena al regreso de su tío Arnau de Torroja. Tanta generosidad sólo podía responder al hecho emotivo de conocer bien los acontecimientos y las motivaciones explicadas por un testimonio familiar directo del que no se dudaba que tenía información completa de primera mano.

Los miembros del linaje Torroja se distinguieron más por su diplomático arte que no por su belicosidad, si bien estuvieron, todos y siempre, allí donde los intereses de la Corona de Aragón los reclamaban. Por ello sus firmas aparecen en los sitios de Almería Tortosa y Lérida. En esta última los hermanos Arnau y Guillem firmaron el día 9 de agosto de 1151 el acta de Consagración de la Catedral, junto al obispo de Sant Ruf d'Avignon, por cierto una comunidad muy relacionada con los monjes agustinianos de Solsona. Dos años después la comunidad de monjes de Solsona por influencias de los citados ya hicieron una reforma interna, redistribuyendo rentas y creando tres pabordías más la creación de funciones como: el prior, sacristán,etc. Al menos nueve monjes hacían vida en común en el edificio de la canónica y comían en el refrectorio. A la antes citada comunidad de Sant Ruf d'Avignon hay que tenerla en cuenta, porque también proporcionaron los picapedreros que en el Ampurdán gerundense edificaron la iglesia de Vilabertrán (cerca de Figueras-Ge.), otra comunidad monacal de la cual, con los años, fue abad superior Pere de Torroja. Exactamente lo nombraron en 1163, que fue también el de la consagración del templo románico de Santa María de Solsona, lo cual hace evidente unas conversaciones previas de los familiares para adjudicarlo.

En cuanto a la estructura del templo estrenado, hay que decir que se le dotó de una magnífica cripta románica, como la que existe aún en la iglesia de Sant Esteve d'Olius, a orillas del río Cardener (5 km. lejos), donde el conde de Urgel acabó teniendo su castillo-palacio debido a la inseguridad de los muros de su catedral en Seo de Urgel. Solsona era, de hecho, la sede episcopal de Urgel, y muchos sus aguerridos condes dispusieron ser enterrados en la cripta de Santa María de Solsona del siglo XII. (Durante años intenté concienciar a los responsables para que lo investigasen, entrando en ella desde el exterior del ábside de la catedral, dado que hoy está muy elevado respecto a la carretera que limita el zócalo a la altura de la cripta).

El todavía más antiguo templo románico tuvo su entrada cara mediodía, quedando la población muy baja extendida hacia el sur alrededor de las únicas fuentes del sector hoy destinado a huertos particulares junto al río Negro, habitualmente con un ínfimo caudal de agua.

ÁRBOL GENEALÓGICO DEL LINAJE TORROJA DE SOLSONA

ECARD +1097 (Hijo del Conde Miró) = Majença____________Bernat = Valença; Berenguer; Pere (religioso); Gombau; Guillem; Sicard=Berenguela de Puigvert___________________________Ramon de Torroja=Ermesenda; Berenguer; Guillem (obispo de Barcelona); ARNAU (Gran Maestre); Ponç_________________________________Ramon II de Torroja=Gaia de Cervera; Guillem; Pere; Berenguer; Ramon

El arte románico empezó a manifestarse en Sant Pere de Roda (Cabo de Creus-Ge.) hacia 1022 expandiéndose en abanico muy rápidamente. Su razón de ser era la veneración de reliquias y allí habían sido escondidas las del mismísimo San Pedro Apóstol (abra este enlace). En el siglo XII que tratamos, el llamado "segundo románico" talló mejores y mayores piedras en los templos, que también presentan más amplios claustros y portadas amplias como la de Santa María de Ripoll, cuya ornamentación del tímpano es agobiante incluso. En vida de Arnau de Torroja, en fin, los europeos construyeron más templos cristianos que nunca.

La habilidad diplomática de los Grandes Maestres era fundamental para el auge de la Orden. Ellos alternaron socialmente con el Papa de Roma y los monarcas católicos europeos. Aunque no tuvieron ni trono ni fronteras, ejercieron un mayor alcance de poder y estuvieron infiltrados en todos los estados por donde se distribuyeron. Los condados occitanos tenían convenida la "paz y tregua" firmada en febrero de 1173 con el regente Guillermo de Torroja por la duración de una década, en la cual Raymundo de Toulouse se comprometió a retirarse de Provenza pasado dicho período. De aquellas interminables luchas entre ambos condados separados por los Pirineos, a la postre sólo salió beneficiado el rey inglés Enrique II casado con Leonor de Aquitania, la hija única heredera de Guillermo IX, considerado "primer trovador".

Cuando en octubre de 1179 estalló la rivalidad entre los condes de Barcelona y Toulouse del Languedoc, Arnau no quedó ajeno a los viajes del soberano catalán con objeto de que los revolucionarios nobles volviesen a su obediencia. Allí Alfonso II aceptó la sumisión jurada del vizconde de Carcasona y Besiers por unos castillos,… que años después se perdieron al atacarlos los cruzados, debido a que todos en la bella y muy tolerante ciudad de Minerba eran herejes cátaros. Pero por entonces tal ataque aún nadie podía imaginárselo, y el conde de Carcasona recobró la tranquilidad. No le preocupaba que su adversario el emperador "Barbarroja" hubiese sido coronado en Arles el verano anterior. A la dicha ceremonia tampoco asistió el conde de Provenza, y en cambio sí que estuvo agasajánolo el conde de Toulouse del Languedoc.

Cuando falleció el rey de la Corona de Aragón su hijo heredero tan sólo contaba once años de edad, por lo que hay que imaginar al obispo Guillermo, hermano de Arnau de Torroja, manejando los hilos de la política internacional. Lo hizo muy acertadamente por tener un muy amplio punto de vista político, gracias a su contacto regular con su hermano Maestre provincial de las órdenes de Sión y del Temple, el entonces ya muy experimentado Arnau. Ambos hermanos procuraron conseguir un amplio hiterland que incluyese a los más poderosos estadistas de cada vertiente de los Pirineos, a fin de dominar la zona intermedia entre Castilla y Francia, para lo cual los inteligentes Torroja contaron con el apoyo del rey Enrique II de Inglaterra. Arnau de Torroja debió ceder a los intereses políticos a pesar de saber que el Plantagenet, ebrio de poder, creyó poder ejercerlo sobre la Iglesia de Roma, pero al no conseguirlo (porque se le opuso Tomás Becket en 1164), se separó del bando católico cuando el pontífice Alejandro III lo excomulgó por asesinar al arzobispo de Canterbury cuando regresó de su refugio en Francia. Al pasar los años Arnau fue informado de las muertes sucesivas de los dos hijos herederos de Enrique II Plantagenet, pero lo que nunca en su vida habría podido imaginar es que el trono de Inglaterra finalmente lo heredase el tercer rebelde hijo Ricardo, principal protagonista en la tercera Cruzada a Tierra Santa.

En cuanto a su participación en el periodo de reconquista peninsular, hay que recordar que el peso de mayoría de estrategia de ataque se confiaron a las órdenes de Sión y del Temple, y ello lo recordó poéticamente el trovador Marcabrú cuando cantaba: En Espaigna, sai, lo Marques E cill del temple Salamo Sofron lo pes E.l fais de l'orguoill paganor.

La promesa hecha a las órdenes de Sión y del Temple en noviembre de 1169 fue de entregarles los castillos valencianos de Oropesa y Chivert. Se ignora exactamente en cuantas campañas de la Península Ibérica pudieron participar entonces las órdenes de Sión y del Temple en dirección sur. Está documentado que los templarios recibieron bienes en Horta (1174), en Encinacorba (1175), y el castillo de Montornés en 1181, así como la real garantía hecha en marzo de 1182, incluyendo derechos de señorío en Tortosa, Ascó y Ribarroja, junto con la mitad del botín real, y lo recibieron en compensación a la defensa de las fronteras fluctuantes. En tierra leonesa el rey Fernando II en 1178 dio a la Orden del Temple el muy maltrecho castillo de Ponferrada como recompensa de su participación en sucesivas campañas en Extremadura donde arrebataron a los moros muchos castillos.

Posteriormente, en tiempos de reconstrucción de Pons-Ferrata, un noble caballero templario, extraviado cuando regresaba derrotado de Alarcos (1184), encontró una imagen de la Virgen Negra dentro del tronco de una encina. Por cierto que, en tierras leonesas, las encomiendas de la Orden del Temple estuvieron siempre muy cerca de zonas mineras. Curiosamente mucho de lo entonces reconquistado fue dado a la órdenes de Montjoi, fundada en 1173 por el leonés conde de Sarria, y a la de Calatrava en 1179, pues en el fondo Alfonso II hizo lo posible para poder prescindir de aquellas tropas monástico-militares. Todas las demás tropas podían ser mejor controladas que los templarios,…quienes por cierto entonces en Tierra Santa, por cuestiones de honor, se habían alejado del rey de Jerusalén.

DOS EMPERADORES: BIZANTINO Y ALEMÁN (ENTRE 1165 Y 1180)

El Imperio bizantino, siendo escisión del romano, era de religión cristiana. Su emperador Manuel Comneno (1143-1180), al comprobar que no se hacía caso a su convocatoria de cruzada contra los griegos, en 1149 expulsó a los normandos de Corfú con ayuda de los venecianos con quienes comerciaba habitualmente. En 1152 la situación internacional sufrió un revulsivo cuando Federico "Barbarroja" fue nombrado rey de Alemania (no confundirlo con el otomano que siglos después pirateó por el Mediterráneo). Referente al rey de Inglaterra, se casó con Leonor de Aquitania, y en Oriente Próximo se "despertó" el sultán Nuradín (1146-1174), de origen mazdaita no musulmán. Éste en 1161 peregrinó a La Meca para reforzar su autoridad en la conquistada Siria, después de tomar Damasco sin resistencia (1154). En lo religioso tuvieron gran trascendencia las muy severas normas que san Bernardo de Claraval había dictado para dotar de una regla monástica a los caballeros templarios. Dichas disposiciones resultaron ser más trascendentes en Clairvaux (Fr.) que la muerte de tan influyente religioso en 1153. Manuel Comneno en 1158 firmó la paz concluyendo las campañas bizantinas en Occidente. En 1169 se alió con los genoveses y con Venecia consolidó un acuerdo comercial, enviando de forma regular sus galeras al puerto de Alejandría. En tiempos del Dux Sebastiano (1172-1178) aún tuvieron trato comercial con Egipto, al cual período llamaron "Paz firmísima", cuando sus mercancías eran enviadas asiduamente, porque en Alejandría los latinos compraban barato y vendían caro, consiguiendo Venecia un trato especial entre los europeos hasta tiempos del hijo de Saladino.

El día 10 enero de 1162 el rey Balduino II de Jerusalén fue asesinado en Beirut. Arnau de Torroja supo que su viuda era nada menos que la hija del emperador Manuel I Comneno de Bizancio, el cual avanzó al frente de su ejército hasta Antioquía recibiendo la sumisión del príncipe Reinaldo. Poco tiempo después el rey Balduino III de Jerusalén se postró igualmente ante el emperador para jurarle lealtad. Definitivamente el Imperio Bizantino fue la única potencia occidental capaz de proteger los estados francos de Palestina, pues el carismático sultán Nuradín de Damasco los amenazaba, pero así no se atrevió a atacarlos. La balanza de poderes era muy fluctuante en la política internacional del dicho periodo, y a partir de 1169 Federico "Barbarroja" aún vio como la antes aliada república de Venecia, que fue la mayor potencia comercial del Mediterráneo, se convirtió en su enemiga irreductible. Manuel de Bizancio por su parte, desde 1170, no pudo ya contar con las flotas de Génova y Pisa que desde entonces ya le hacían competencia, ni con la ayuda del Papa que, para colmo, aquel año se había reconciliado con "Barbarroja". Bizancio se vio obligada a comerciar con los musulmanes del Próximo Oriente, a los que antes había tenido como un mercado secundario.

Como fuese que cada rey de Jerusalén reconocía la soberanía imperial de Bizancio, las alianzas matrimoniales hicieron que el emperador "Barbarroja" estuviese muy molesto con Manuel Comneno por que había sometido primero Croacia y después Servia (1172), aunque en aquella ocasión "Barbarroja" no intervino. Lo que temió el nuevo emperador de Bizancio no fue a "Barbarroja", sino el que se consumase la alianza entre Enrique, hijo del dicho emperador, con Constanza, como finalmente sucedió.

Federico I "Barbarroja" (1152-1190) participó a las órdenes de Conrado II de Baviera en la Segunda Cruzada que fue un fracaso. Al cumplir 30 años heredó el trono siendo un experimentado diplomático y militar partidario del Papa (güelfo), por lo cual en 1154 penetró en Italia destruyendo a cuantas ciudades gibelinas se le oponían. A Roma llegó cuando acababan de elegir al pontífice Adriano IV (1154-1159), por cierto el único Papa inglés de la historia, con el cual mantuvo una tirante audiencia, dado que la Roma paupérrima que le ofrecía en realidad era una muy ruinosa ciudad a la cual tan sólo su ejército era capaz de devolver el orden. Al año siguiente fue coronado en la basílica de San Pedro del Vaticano. A partir de entonces tuvo la ilusión de reconstruir el Imperio Romano y al parecer obtuvo victorias sosteniendo sus talismanes preferidos; en una mano la Biblia y en la otra la lanza con la que el soldado Longinos traspasó el pecho de Jesucristo crucificado, la cual tanta suerte había reportado a Carlomagno. Tan pronto "Barbarroja" regresó a Baviera supo de que Milán se le había revolucionado, y en 1158 ya estaba de nuevo allí con un muy gran ejército que la sitió por hambre durante dos años.

En vida de Arnau de Torroja los antipapas se sucedieron en Roma casí con la misma regularidad de los Pontífices legítimos, éstos residentes principalmente en la ciudad de Aviñon (Mediodía de Francia). Empezó con el antipapa Celestino II, quien por cierto fue un cardenal que en 1124 se sentó en la Silla de Pedro un sólo día. Tal bicefalia entre Roma y Aviñón en el gobierno de la Iglesia católica, lejos de servir de escarmiento, aún se agravó con la tricefalia que se dio en los siglos XIV y XV.

El nuevo sucesor en la silla de Pedro, a cuya elección se había opuesto "Barbarroja", se llamó Alejandro III (7.9.1159). Su pontificado fue extraordinariamente largo y para empezar rompió relaciones con el emperador "Barbarroja", pero como a éste algunos cardenales lo apoyaban, empezó entre ambos un conflicto de grandes proporciones con consecuencias políticas. Se eligió un antipapa llamado Victor IV, y los soberanos del mudo civilizado tuvieron que elegir en medio de muchas amenazas de todo tipo.

Entretanto en Jerusalén se vivía relativamente en paz, pues por su parte el rey Balduino que padecía lepra, hizo los suficientes pactos para evitar mayores enfrentamientos con los musulmanes. Al morir y quedar sólo su heredero Balduinito en manos de un regente, el peligro fue inminente para quienes vivían bajo administración de los francos. Justo en el descrito contexto Arnau de Torroja cobró allí protagonismo como líder general de la mayor fuerza de choque existente en el mundo medieval.

ARNAU DE TORROJA ELEGIDO CUARTO "MAESTRE PROVINCIAL"

Arnau de Torroja es bien evidente que no habría hecho una tan rápida ascensión dentro de las órdenes de Sión y del Temple, de no haber contado con la recomendación de su hermano Guillermo, ex canónigo de la catedral de Seo de Urgel y obispo de Barcelona. Guillermo de Torroja fue también un muy gran diplomático, político y valeroso guerrero, el cual, como todos los prelados de su tiempo, contaba con sus propios hombres de armas. El fue sin duda impulsor de la muy meteórica ascensión de su joven hermano en la más prestigiosa y temida organización político-religiosa de la Europa de su tiempo.

Ha sucedido que los historiadores de carrera, al no ser sus conciudadanos, su persona les interesó tan sólo relativamente, y confunden lo poco que los documentos antiguos informan de Arnau de Torroja a veces con algún otro Gran Maestre, pero aquellos que más afinan consideran Arnau de Torroja de una innata humildad. Particularmente creo que debió de ser más bien modesto en su austera forma de vida, que le impulsaría a un extraordinario espíritu de sacrificio, porque su hermano Guilermo de Torroja, y el espíritu de templarios en general, lo dejaron bien demostrado.

Quedarán pocas dudas de que los hermanos Torroja estuvieron privilegiadamente superdotados porque nos han dejado las prueba de sus hechos excepcionales. Así pues, aunque hayan quedado casí eclipsados por la Historia, no han de ser ignoradas por más tiempo sus exitosas gestiones de Estado, cada uno en su especialidad, resultando ambos muy capaces de mejorar diversos acontecimientos históricos en el curso de los pocos años que cada uno ostentó un poder absoluto. Tanto mi biografiado Arnau de Torroja, como su hermano Guillermo, estaban en el centro de hechos históricos que conocemos por exposiciones rigurosas y, como diría un castizo, estando en medio del "baile" ellos supieron muy bien bailar. A todo ello me complace ser yo, un hijo de Solsona, quien los reivindique, evitando con mi esfuerzo que haya de ser un investigador foráneo quien nos lo venga a explicar.

Al tratar de presentar a mi biografiado Arnau de Torroja, y una vez expuesto que su "trampolín" ostentaba la mitra de Barcelona, debo insistir (porque es mi caballo de batalla) en las muchas cualidades y méritos que se exigieron a todo caballero templario para merecer el nombramiento de líder supremo de dicha orden religioso-militar. Ser su Gran Maestre universal, adviértase que por aquel entonces aún significaba en realidad: ser la máxima jerarquía de las dos órdenes conjuntas de Sión (la madre), y la del Temple de Jerusalén, su efectivo brazo armado.

En principio es evidente que Arnau había recibido una educación realmente completa, digna de su noble cuna, y además contó siempre con la ayuda de un sabio hermano mayor que por su talento alcanzó los máximos cargos político-eclesiásticos de su país. Arnau al enrolarse para ser otro monje con espada, tal como era preceptivo, entregó su parte de la herencia sobre el castillo deTorroja a las órdenes de Sión y del Temple de Jerusalén (1156). Los templarios estaban entonces instalados ya en el castillo de Gardeny, que aún existe formando parte de Lérida capital y, por ignorados motivos, disputaron con los simples monjes del dicho convento. Y es que la Orden emprendió una muy vigorosa expansión, e incluso abrieron encomiendas en Tortosa y Lérida.

Con la aceptación a filas de Arnau de Torroja los templarios realmente demostraron ser sagaces y astutos, pues no en vano buscaron entre la flor y nata de los más modélicos jóvenes voluntarios que había en Europa, aunque debo recordar que por aquel entonces ya no eran "caballeros cruzados" pues la Segunda Cruzada ya se había terminado. Arnau de Torroja debió "quemar" tan peligrosa etapa iniciática en Palestina, pero no lo vivió como cuantos le precedieron en las campañas bélicas de Tierra Santa. Los propiamente cruzados de tiempos antes se habían enrolado sabiendo que tenían muy poco porvenir en su país, y porque dieron un crédito desmesurado a las noticias que se recibían de los que regresaron a Europa. Muchos otros no regresaron nunca a sus casas, porque en ellas antes eran pobres de solemnidad, y permanecieron en Palestina donde se casaron con mujeres sirias y armenias, o alguna sarracena bizantina, poseyendo allí incluso tierras. Su descendencia hablaba la lenguas del país, el cual gracias a ellos se vio enriquecido con la presencia habitual de niños rubios de tez clara y ojos azules, aunque los más de este aspecto fueron los hijos de los kurdos, unos muy duros combatientes quienes, entonces como hoy, siguen sin tener patria por estar divididos entre muchos clanes y en cinco países diferentes.

Arnau en Palestina se adaptó bien el prototipo de los tan temibles caballeros de capa blanca muy bien adiestrados, quienes luchaban y morían convencidos que hacían la voluntad de Dios para defender a la buena gente de los infieles sarracenos. Posiblemente verían su sacrificio como la coronación de su vida, de forma que si no la perdían pudieron creer que no habían dado lo suficiente. De mi biografiado Arnau de Torroja, como dije, debemos retener, sobre todo, que pudo demostrar haber hecho los suficientes méritos en Palestina y Egipto en 1163, siendo por sus gestas en campaña por lo que en 1166 fue nombrado Maestre Provincial de Provenza e Hispania tres años después. Puesto que Arnau fue "Magister", se puede asegurar que sin duda alguna vivió una densa vida de hiper-actividad y muy gran responsabilidad. Sería toda una autoridad político-militar de su tiempo a nivel internacional, cuyas decisiones a menudo costarían muchas vidas.

La suerte que corrieron los familiares de Arnau de Torroja en Solsona, aunque residiese muy lejos, le haría rezar más de lo exigido, porque dada su piedad cristiana estuvieron siempre en su pensamiento. En esta aproximación a su persona, dentro de lo posible expongo lo mejor que puedo el contexto de la época en que vivió, así como sus muy excepcionales circunstancias, pues todo ayuda para conocer su mente lo mejor posible. No haría falta decir que cuando Arnau de Torroja en su vejez ocupó por sus méritos la más alta jerarquía en las órdenes de Sión y del Temple, sus problemas aumentaron, pero si algo tenían claro quienes lo eligieron, era que los superaría desplegando una bien demostrada habilidad diplomática.

Antes de ser responsable del Temple en esta orilla del Mediterráneo, Arnau debió ser bien instruido acerca de la personalidad de sus predecesores así como de las circunstancias de la penetración de su Orden en Hispania. La primera referencia de templarios en Provenza y parte de España (que incluía la vertiente sur de los Pirineos) es de 1143, cuando Pere de Rovira se presentó como "Maestre Provincial de ciertas partes de Hispania", incluyendo primero Aragón y seguidamente Provenza, Valencia y las Islas Baleares, ayudándoles la política expansionista de los catalanes. En Navarra inicialmente también estuvieron, pero al poco tiempo su gobernante pasó a ser como una marioneta del rey de Francia. Un siglo después Provenza y España fueron provincias templarias distintas. Esteban Belmonte fue Maestre Provincial del Temple de las dos vertientes del Pirineo catalán en 1239; pero Raymundo Serra, que lo sucedió en mayo de 1240 en el gobierno de la Orden en el Rosellón, Navarra, Mallorca y Valencia, sólo fue titulado "Maestre de Aragón y Cataluña".

Los dominios del "Domus Templi" en principio se extendieron de sur a norte de Cataluña con sus principales encomiendas, o castillos, en Peñíscola, Tortosa, Miravet, Lérida y Monzón. Este último castillo que les habían prometido en 1143 no hay referencias documentales de que fuese templario hasta 1153, pero luego fue su cuartel general y el paradigma de sus construcciones militares. El castillo de Miravet les fue prometido a templarios también en 1143, y el castillo de Alcanadre en 1155, si bien el cuartel general de templarios en la Corona de Aragón fue Monzón, allí donde un siglo más tarde la propia Orden se encargó de la educación y custodia del rey niño Jaime I.

En 1156 Aymeric de Torroelles fue Maestre de Tortosa, y nueve años después lo fue del castillo de Miravet, junto al río Ebro, adquirido en 1153. Ambos castillos fueron comandados en 1165 por Guillermo Bernard, luego comendador de dos jurisdicciones de los templarios en Cataluña. Arnau de Torroja desde el mes de marzo de 1166 fue Gran Maestre de la orden del Temple en la Corona de Aragón, ejerciendo su máxima autoridad tanto para tierras de Provenza como de España. Dos años despues contribuyó a la conquista de Caspe, Calambra, Alfambra y Castellote.

Cuando ya mi protagonista era un veterano Maestre provincial, en 1176 participó personalmente en la conquista de Cuenca. En 1179 Alfonso II le entregó para la orden del Temple tierras en Palencia, Tierra de Campos. Asimismo, el año siguiente templarios obtuvo castillo de Villel.

Entre los caballeros templarios de capa y espada, hubo además agricultores, ganaderos, cirujanos y navegantes, porque llegaron a tener una flota distinguida con una gran cruz roja en su blanco velamen desplegado. Verlos acercarse inspiraba tanto miedo a los delincuentes como hoy pueda causar un guardacostas del ejército, pero siendo aquella insignia mucho más fácil de distinguir desde una gran distancia.

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